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lunes, julio 23, 2007

Opinión - Enrique Mendez

Plaza Liberación

  • Charro, populista y persignado
  • Al 2012, de mano del cardenal
  • Las casas del gobernador

La Jornada Jalisco

Es difícil imaginar que el gobernador Emilio González Márquez dedica los miércoles a rezar inocentemente el rosario y estudiar la Biblia, al lado de los más representativos hombres del Yunque en el gobierno del estado, no sólo porque la formación teológica y filosófica de funcionarios no tendría que ser con la secrecía propia de las cofradías, sino porque en todo caso su obligación como recto caballero católico es asistir a misa los domingos.

Hasta donde se sabe, por ejemplo, los excesos que cometió el ex presidente Vicente Fox al rendir la figura presidencial de un Estado que constitucionalmente es todavía laico, a pesar del escozor que cauce en el panismo confesional, fueron en público y acudía a los templos a profesar su fe, y no armó una capillita en Los Pinos.

La supuesta formación religiosa que recibe el gobernador, sus colaboradores más cercanos y, de paso, las esposas tiene como espacio la casa de gobierno, que por definición es el domicilio de los gobernadores mientras ejercen su mandato, y no de González Márquez. Si se trata, como se ha querido explicar, de un asunto personal, por qué las catequesis no se llevan a cabo en uno de los tres domicilios que el panista tiene declarados como propiedades.

Porque, a pesar de lo que diga el secretario de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez, la Casa Jalisco no es “la casa” de González Márquez. Que se sepa, él no la ha comprado –ni podría– y en el registro público de la propiedad no aparece a su nombre, y dejará de ocuparla en menos de seis años.

En este caso, además, se trata de un ejercicio que lleva a cabo la derecha más recalcitrante en Jalisco, y por ello no puede considerarse que únicamente sea un cursito para reforzar el aprendizaje del Padre Nuestro o repasar las Escrituras.

Es cierto, sí, que uno de los objetivos del Instituto Bíblico Católico –que recién cumplió 30 años de su fundación– es la formación en la fe a través de la lectura y análisis de la Biblia, pero resalta el hecho de que la instrucción la ofrezca directamente el director de la institución, Jesús García Zamora, quien tuvo a su cargo la prefectura de Estudios del Seminario Mayor de Guadalajara, y es un personaje muy cercano al cardenal Juan Sandoval Iñiguez.

Así que, como se decía, el estudio de los pasajes bíblicos parece tener una intención de mayor envergadura, sobre todo si se toma en cuenta la influencia que el cardenal tiene sobre las decisiones políticas de González Márquez y la imposición de investigaciones como la del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, quien celebraba sus cumpleaños en la sede del instituto, al que consideraba como “un instrumento valioso para la diócesis”.

Y si parte de la “formación” del gobernador y sus acólitos proviene de un instituto al que Posadas Ocampo le prodigaba tantas atenciones, por qué no pagarle 50 mil pesos a un abogado para que investigue el crimen.

Las manos del cardenal, pues, están vinculadas con el proyecto personal del gobernador de disputar la candidatura presidencial del PAN en 2012 –en el que uno de sus principales rivales será Francisco Ramírez Acuña– y, en ese sentido, las clases tendrían como punto fino la formación de cuadros y planes de gobierno, que a su vez se sustentarían en las aspiraciones políticas y económicas de la Iglesia católica, así como los postulados de la democracia cristiana.

Además, para darse una idea de la orientación del instituto, hay que recordar que uno de sus impulsores fue el obispo emérito Antonio Sahagún López, quien participó en la guerra cristera pues –según su currícula– “personalmente ayudó con su familia a los combatientes con alimentos y parque”.

De hecho, las tardeadas religiosas de González Márquez violan el artículo 130 de la Constitución, así como diversas disposiciones de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en las cuales se establece que “el Estado mexicano es laico”, y Jalisco no es una ínsula.

Especialmente porque, todo hace indicar, eligió a su círculo cercano de funcionarios públicos por su catolicismo declarado y practicante, lo que rompe con el principio establecido en el segundo párrafo del artículo 2 de dicha legislación: “no podrán alegarse motivos religiosos para impedir a nadie el ejercicio de cualquier trabajo o actividad…”

Por si fuera poco, el primer párrafo del artículo tercero de la misma ley resalta que “el Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna”.

Así que, de cuajar esas aspiraciones, anticipemos un gobierno confesional, que devuelva a la Iglesia sus privilegios, termine por derrumbarse el Estado laico y que Jesús nos agarre confesados.

Del archivero

El Congreso de Jalisco y la Auditoría del estado tienen una tarea pendiente en la revisión de los bienes que Emilio González declaró como alcalde de Guadalajara, en febrero de 2004, y los que presentó en su declaración ya como gobernador, en marzo pasado. Especialmente tendría que explicarse la operación en que trasladó el dominio de un terreno adquirido “a plazos”, el 24 de septiembre de 2003 por un valor de un millón 237 mil 293 pesos, a nombre del ex alcalde y que ahora aparece a nombre de su esposa, Imelda Guzmán de León. Si se pasa por alto el detallito de que, en la declaración de este año, ella afirma que el terreno costó un millón 234 mil 293 pesos –3 mil menos– ninguna operación “a plazos” está exenta de intereses. ¿Y la plusvalía?

plazaliberacion@gmail.com

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