La Feria
Cien días grises ante un pueblo agotado
Jornada Jalisco
En el horizonte de un país agotado y desgastado por la polarización de los recientes comicios, en el que la oposición no ha sido capaz de construir un discurso sólido y consistente, el presidente Felipe Calderón celebró en Tapachula, Chiapas, ante unas 5 mil personas sus primeros 100 días de gobierno y el cumplimiento de “100 acciones”.
Ha tenido suerte el Presidente. La gente, cansada de la confrontación electoral y sin saber qué hacer ante su arribo ilegítimo al poder, ha preferido la desesperanza a la contienda; la resignación a la protesta. Cree entender que los Carlos Slim están destinados a seguir apoderándose de los recursos del país, a seguir aglutinando capital con la complacencia de un gobierno que fomenta un sistema de reglas inequitativas. Ha tenido suerte Calderón. Ha navegado en un mar sin oposición; es cierto que en el Congreso algunos legisladores han criticado o polemizado con su gobierno; pero ni el PRD ni el PRI han sabido construirse como alternativas en momentos críticos, en los que millones de mexicanos esperaban que alguien marcara la dirección correcta para luchar contra el neoliberalismo.
Estamos hablando de un PRI descompuesto, dividido y que no logra maquillar su rostro, profundamente corrompido, para construirse a sí mismo como un partido nuevo, como una alternativa convincente. Ni Beatriz Paredes, su nueva líder, podrá resucitar ese Frankenstein. Pero, el PRD tampoco supo aprovechar la ventaja que le otorgó (aún herido) Andrés Manuel López Obrador. El discurso antineoliberal se quedó en estructura; las redes de organización se mantuvieron limitadas, las tribus no supieron cohesionarse, el líder moral no tuvo la estatura para apoyar a otro izquierdista, y, como la derrota es siempre huérfana, las facciones se arrojaron, unas a otras, la culpa de la caída del líder que parecía destinado a la presidencia. Oportunidad perdida.
Acciones reales: energía, carreteras y petróleo
Sin la presión de una oposición real, Calderón, se mueve con mesura. Con un programa inocuo, esterilizado y superficial, celebra sus primeros 100 días con modestia: “A pesar de adversidades, de mezquindad y de malos augurios (...) con aciertos y con errores, hemos cumplido”, afirma. Sabe muy bien que el tiempo, mientras se mantenga estable el país, corre a su favor. Aunque también entiende que este comienzo de sólo unas semanas “ha sido como de siete años”. El hombre de Michoacán ha tenido la suerte de que en esos 100 días sólo tres grandes marchas se hayan levantado contra su gobierno, pero debe entender que la fragilidad social que vive el país, tras la intervención de Fox en el proceso electoral, podría desgajarse en cualquier momento.
En cuanto a resultados, sus 100 acciones han logrado una magra cosecha social. Las más notorias han sido las que se dirigen a la búsqueda de la seguridad y al fortalecimiento de las Fuerzas Armadas (policías, Ejército, Marina), en cuya protección encuentra el mandatario la tranquilidad que perdió, luego de que las intervenciones abiertas de los empresarios y el gobierno foxista en los comicios, le arrancaron la legitimidad.
Las 100 acciones le han servido a Calderón para mostrar ante el país una especie de plan, de programa de gobierno; le han permitido construir una escenografía que le dé cierta forma a la medianía de su gobierno. Pero hasta hoy, el interior de esa construcción escenográfica se siente vacío, sin sustancia, sin consistencia. Es un gobierno que se ha sostenido apenas en las acciones programadas y realizadas por una Secretaría de Gobernación que, con mayor oficio y capacidad, ordena la reorganización de las policías, estructura los combates contra el narco y pretende poner orden en un panorama político difícil.
Acciones reales: energía, carreteras y petróleo
Muy distintas son las acciones “reales” del gobierno. Por lo pronto, el presidente ha decidido entregar –una vez más– las autopistas del país a empresas privadas. Naturalmente, se trata de un negocio. Si no fuera negocio, las empresas no las recibirían. Y, peor aún, las entrega para pagar un adeudo contraído con las empresas a las que otro gobierno se las recogió para “rescatarlas” porque, en su momento, las habían quebrado.
Igualmente, la embestida viene por el lado de una mayor “participación” de la “iniciativa privada” en dos industrias básicas para el país, la de la energía eléctrica y la del petróleo. En ambas, los esquemas privatizadores creados en los sexenios pasados se encuentran en franca operación. La generación de electricidad ya es permitida a las empresas privadas, quienes la venden al gobierno. En tanto que las grandes obras de infraestructura que requiere Pemex son construidas por capital privado a un altísimo costo para la paraestatal y para el país. Tan alto que el actual gobierno deberá cubrir en dos años 30 mil millones de pesos pon concepto de intereses y capital a las empresas que trabajaron para Pemex en el sexenio de Fox.
La cancha de un gobernador deportista
Por éstas y otras lamentables razones de verdadero peso, me parece intrascendente la polémica que ha despertado la supuesta construcción de una cancha de squash en Casa Jalisco. Total, si el gobernador Emilio González Márquez quiere hacer deporte en su residencia, tiene todo el derecho a hacerlo. Si va a costar 160 mil pesos la construcción de la cancha, que igual lo haga. Esa cifra es nada si con ello se evita el estrés de un gobernante y se mejora la toma de decisiones. El problema no es ese, amigos, el problema está mucho más arriba y ojalá que los periódicos hablen de él con el ahínco que lo hacen cuando Emilio (si es que lo hace) construye una cancha deportiva en Casa Jalisco. Y eso es todo por ahora, feliz semana y nos leemos mañana en esta misma Feria.
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