Cuarta República
Germán Robles
09 de marzo de
2007
Cien días del gerente, ¿Qué más da?
Hace algunos meses cuando la vorágine electoral estaba en su punto más álgido, en el programa “Zona abierta” de Aguilar Camín había un panel de miembros y consejeros del IFE debatiendo sobre el papel del árbitro en la contienda y su postura en la certidumbre en las elecciones. Evidentemente se trataba de una estrategia mediática para reforzar la percepción persuadida de la cacareada “credibilidad” del instituto de los últimos años ante la inminente acción fraudulenta por venír.
Me llamo la atención de inmediato las palabras de una de las consejeras que peroraba: “No sé de que se asusta la gente (sic) si lo que está en juego no es el cambio de las estructuras y el sistema sino el de un sólo hombre”. Esa frase pareciera ser la quinta esencia de la casta maldita mexicana; la de la élite política y fáctica.
Al ver como todo el panel con naturalidad asentía esas palabras como ciertas, con sonrisa sarcástica y con el aplomo de quién cree decir la verdad; no tuve más que caer en la estupefacción lógica. ¿Si el juego democrático y la vía electoral no precisan para volcar un sistema económico o político e incluso social entonces para que diablos sirve?; ¿No son reglas para cambiar de rumbo sino de monigote? Es decir el sistema político mexicano y el electoral están diseñados para no cambiar de escenario sino de actor nada más.
Sino es la vía electoral -a saber de esta clase de personas y la derecha- ¿entonces como transformar de tajo al país?; ¿quieren una revolución armada para que la izquierda llegue al poder? Y es que la idea de un gobierno con profunda vocación social aterra al Stablishment mexicano; empero ellos mismos saben que con sus reglas aún llegando Andrés Manuel a la presidencia no pasaría de ser un hombre más en la estructura de su poder pues estaría lleno de candados.
Así la constante de los últimos gobiernos en particular los neoliberales es un estilo de gobierno frívolo y cosmético, de llana etiqueta y protocolo pero que no se la juegan palmo a palmo con las bases sociales para transformar radicalmente al país; se preguntarán ellos ¿para qué si así estamos todos bien? A cien días de arrancada la usurpación de Felipe Calderón y consumado el fraude electoral por el golpe de Estado; el balance que hacen los medios de comunicación sobre la primer centena de días y sus noches sólo reviste la anécdota para la oquedad de su labor periodística.
Si existe en principio un problema de origen; la legitimidad –poca cosa- ¿Cómo demonios realizar la valoración objetiva de algo que en el fondo no es? Los cien días como los doscientos y los años que vengan a millones de mexicanos les darán igual pues implican una usurpación y un mandato al servicio de las élites que financiaron fraudes electorales. El gerente adjunto de México es la personificación justa de que la vía electoral sólo sirve para cambiar de actor neoliberal y no de escenario y con fraude de por medio la característica más palpable ha sido un gobierno prendido de alfileres perceptivos, mediáticos y armamentistas vestidos de verde olivo.
Para Calderón no había más que arrancar con una estrategia policíaca, porque el mensaje que quería lanzar inmediatamente a sus opositores fue “Vean quién tiene las pistolas cabrones”. Es eso, el tema de seguridad es de segundo plano y una simulación; decir que no va al fondo en el combate al crimen y al narco es por demás ocioso. Han sido cien días de pagar facturas y acomodar a entenados políticos como al del grupo Jalisco que lo destapo en un rancho de Tlajomulco; el pago de facturas a grupos empresariales y ajedrecistas magisteriales como la Gordillo.
Cien días de cien “acciones y programas de gobierno” huecos, demagógicos y sin sustento presupuestal y administrativo; puro protocolo; y si no es así ¿como se explica usted que 9 de las acciones programadas para cien días se hayan despachado en 48 horas? Ha destacado el falso populismo compensando el desempleo y los bajos salarios dando continuidad a los programas foxistas de asistencia que han comprobado su ineficacia. Subsidios que sólo son una aspirina ante el apremio y el hambre de los más pobres. También el doble discurso y las torpes políticas públicas de "fusilarse" las propuestas obradoristas de campaña entre las que destacan bajar la nómina de los funcionarios de primer nivel, entre otras.
Cien días de escalada deliberada de precios a insumos elementales como la tortilla en una jugada perversa donde se vieron beneficiados grupos como Maseca, Bimbo y Minsa; con un lacerante aumento que fue vendido como un “equilibrio en el precio”. Renegaron que fuera un intervencionismo de estado, y lo fue finalmente favoreciendo a los más poderosos acaparadores. Cien días entre aumentos, pistolas, juegos perceptivos de legitimidad y más pistolas; queriendo hacer valer la estúpida idea de que si no fue por medio de las urnas, la legitimidad llegará con el desempeño; es inadmisible esa hipótesis y quién este conciente del fraude y el peligro de la derecha deberá desestimar por completo cualquier acción del gobierno usurpador; sean “buenas” o malas, sólo las acciones del Estado o las instituciones deberían someterse a juicio. Calderón esta desde origen descalificado.
¿A qué tipo de presidencia aspiramos?; la respuesta depende de que tipo de país queremos, el que sin duda es muy distinto al que hoy vivimos; la élite mexicana y sus medios lacayos caen en la autocomplacencia, en el juego hedónico del espejo, viéndose a si misma e importándole nada los reclamos sociales. Mientras millones de mexicanos regalan 45 puntos de ratting durante las tres horas que televisa les receto con la estupidez de producción “La fea más bella”; y entre que pasa el fútbol y otros distractores, a la vuelta de la esquina se balbucea el balance de cien días de gobierno, simulación que no significa nada, ni Calderón es legítimo, ni presidente, ni menos gobierno.
Germán Robles
09 de marzo de
2007
Cien días del gerente, ¿Qué más da?
Hace algunos meses cuando la vorágine electoral estaba en su punto más álgido, en el programa “Zona abierta” de Aguilar Camín había un panel de miembros y consejeros del IFE debatiendo sobre el papel del árbitro en la contienda y su postura en la certidumbre en las elecciones. Evidentemente se trataba de una estrategia mediática para reforzar la percepción persuadida de la cacareada “credibilidad” del instituto de los últimos años ante la inminente acción fraudulenta por venír.
Me llamo la atención de inmediato las palabras de una de las consejeras que peroraba: “No sé de que se asusta la gente (sic) si lo que está en juego no es el cambio de las estructuras y el sistema sino el de un sólo hombre”. Esa frase pareciera ser la quinta esencia de la casta maldita mexicana; la de la élite política y fáctica.
Al ver como todo el panel con naturalidad asentía esas palabras como ciertas, con sonrisa sarcástica y con el aplomo de quién cree decir la verdad; no tuve más que caer en la estupefacción lógica. ¿Si el juego democrático y la vía electoral no precisan para volcar un sistema económico o político e incluso social entonces para que diablos sirve?; ¿No son reglas para cambiar de rumbo sino de monigote? Es decir el sistema político mexicano y el electoral están diseñados para no cambiar de escenario sino de actor nada más.
Sino es la vía electoral -a saber de esta clase de personas y la derecha- ¿entonces como transformar de tajo al país?; ¿quieren una revolución armada para que la izquierda llegue al poder? Y es que la idea de un gobierno con profunda vocación social aterra al Stablishment mexicano; empero ellos mismos saben que con sus reglas aún llegando Andrés Manuel a la presidencia no pasaría de ser un hombre más en la estructura de su poder pues estaría lleno de candados.
Así la constante de los últimos gobiernos en particular los neoliberales es un estilo de gobierno frívolo y cosmético, de llana etiqueta y protocolo pero que no se la juegan palmo a palmo con las bases sociales para transformar radicalmente al país; se preguntarán ellos ¿para qué si así estamos todos bien? A cien días de arrancada la usurpación de Felipe Calderón y consumado el fraude electoral por el golpe de Estado; el balance que hacen los medios de comunicación sobre la primer centena de días y sus noches sólo reviste la anécdota para la oquedad de su labor periodística.
Si existe en principio un problema de origen; la legitimidad –poca cosa- ¿Cómo demonios realizar la valoración objetiva de algo que en el fondo no es? Los cien días como los doscientos y los años que vengan a millones de mexicanos les darán igual pues implican una usurpación y un mandato al servicio de las élites que financiaron fraudes electorales. El gerente adjunto de México es la personificación justa de que la vía electoral sólo sirve para cambiar de actor neoliberal y no de escenario y con fraude de por medio la característica más palpable ha sido un gobierno prendido de alfileres perceptivos, mediáticos y armamentistas vestidos de verde olivo.
Para Calderón no había más que arrancar con una estrategia policíaca, porque el mensaje que quería lanzar inmediatamente a sus opositores fue “Vean quién tiene las pistolas cabrones”. Es eso, el tema de seguridad es de segundo plano y una simulación; decir que no va al fondo en el combate al crimen y al narco es por demás ocioso. Han sido cien días de pagar facturas y acomodar a entenados políticos como al del grupo Jalisco que lo destapo en un rancho de Tlajomulco; el pago de facturas a grupos empresariales y ajedrecistas magisteriales como la Gordillo.
Cien días de cien “acciones y programas de gobierno” huecos, demagógicos y sin sustento presupuestal y administrativo; puro protocolo; y si no es así ¿como se explica usted que 9 de las acciones programadas para cien días se hayan despachado en 48 horas? Ha destacado el falso populismo compensando el desempleo y los bajos salarios dando continuidad a los programas foxistas de asistencia que han comprobado su ineficacia. Subsidios que sólo son una aspirina ante el apremio y el hambre de los más pobres. También el doble discurso y las torpes políticas públicas de "fusilarse" las propuestas obradoristas de campaña entre las que destacan bajar la nómina de los funcionarios de primer nivel, entre otras.
Cien días de escalada deliberada de precios a insumos elementales como la tortilla en una jugada perversa donde se vieron beneficiados grupos como Maseca, Bimbo y Minsa; con un lacerante aumento que fue vendido como un “equilibrio en el precio”. Renegaron que fuera un intervencionismo de estado, y lo fue finalmente favoreciendo a los más poderosos acaparadores. Cien días entre aumentos, pistolas, juegos perceptivos de legitimidad y más pistolas; queriendo hacer valer la estúpida idea de que si no fue por medio de las urnas, la legitimidad llegará con el desempeño; es inadmisible esa hipótesis y quién este conciente del fraude y el peligro de la derecha deberá desestimar por completo cualquier acción del gobierno usurpador; sean “buenas” o malas, sólo las acciones del Estado o las instituciones deberían someterse a juicio. Calderón esta desde origen descalificado.
¿A qué tipo de presidencia aspiramos?; la respuesta depende de que tipo de país queremos, el que sin duda es muy distinto al que hoy vivimos; la élite mexicana y sus medios lacayos caen en la autocomplacencia, en el juego hedónico del espejo, viéndose a si misma e importándole nada los reclamos sociales. Mientras millones de mexicanos regalan 45 puntos de ratting durante las tres horas que televisa les receto con la estupidez de producción “La fea más bella”; y entre que pasa el fútbol y otros distractores, a la vuelta de la esquina se balbucea el balance de cien días de gobierno, simulación que no significa nada, ni Calderón es legítimo, ni presidente, ni menos gobierno.
Lo que mal empieza mal acaba; Calderón entro con las pistolas y entre pistolas saldrá. Cien días y los que vengan… ¿y? Que más da. Al salir a la calle y ver el brutal atraso y desigualdad social; los cien días son cero, son nada. Allá aquel pobre pendejo que aplauda.
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