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martes, marzo 13, 2007

El regreso de la revolución en América Latina.


Por: Jorge Beinstein.

El capitalismo (en tanto civilización burguesa occidental) ha sido imperialista desde sus orígenes con las primeras cruzadas hace algo menos de un milenio, pasando por la conquista de América, África, etc.. Basó su reproducción ampliada en el largo plazo y a nivel mundial en sucesivas rapiñas periféricas; la declinación del poder imperial del capitalismo estaría señalando el agotamiento de la civilización burguesa devenida planetaria.

Ello plantea la cuestión de la reproducción capitalista en esas nuevas condiciones en especial en la periferia. Últimamente se ha puesto de moda el tema del “BRIC” (Brasil, Rusia, India, China) en tanto futuras grandes potencias, en realidad ese cuarteto es mucho menos poderoso de lo que la fantasía de los comunicadores quiere presentar. Todos ellos están atravesados por fuertes contradicciones internas sociales y regionales, son altamente dependientes de los mercados occidentales y disponen de sistemas estatales extremadamente corruptos. El resto de naciones periféricas expresan versiones más o menos pobres y subdesarrolladas de estos pretendidos “paradigmas”.

El destino del Imperio norteamericano se está jugando en Eurásia, más precisamente en Irak y en menor medida en Afganistán. Los efectos del fracaso estratégico de los Estados Unidos ya se hacen sentir en todas partes, por ejemplo en América Latina. Allí se combina el impacto del debilitamiento global estadounidense con el fin del auge neoliberal que precipitó una sucesión de rebeliones populares desde fines de la década pasada, expresiones radicalizadas del fenómeno de descontento general en la región. El mismo hundió en el desprestigio a la mayor parte de los dirigentes políticos tradicionales, no se trató de simples “crisis de representatividad” al interior de sistemas medianamente sólidos sino de manifestaciones de la degradación profunda de las instituciones y de los esquemas económicos vigentes.

Más aún, dicho deterioro aparece como el fin de la euforia liquidadora de una larga sucesión de experiencias desarrollistas más o menos populistas, democráticas, nacionalistas o pro norteamericanas que desde los años 1940 habían construido o expandido administraciones públicas, industriales, estructuras de educación y salud, sistemas de transporte, etc. En suma, diversas formas de modernización burguesa que al fracasar dejaron la vía libre al pillaje financiero planteando una crisis estructural cuya magnitud no tiene precedentes en América Latina. En ese sentido es válido afirmar que lo que hace agua no es solo el neoliberalismo sino la totalidad de la historia del capitalismo latinoamericano.

Semejante encrucijada no puede como es evidente ser superada por “reformas” de sistemas burgueses profundamente podridos. Sin embargo hasta ahora el panorama general es el de la conjunción paralizante de dos impotencias: en primer lugar de las elites dominantes para restaurar su legitimidad perdida y en segundo término de las masas sumergidas para barrer con esos regímenes. Tal vez la expresión más dramática de esta doble impotencia se produjo en Bolivia cuando luego de una sucesión de levantamientos populares desde el comienzo de la década la derecha demostró ser incapaz de gobernar pero las bases sociales insurgentes se detenían en la puerta del poder.

Prevaleció entonces una “solución intermedia”, ensayo reformista protagonizado por Evo Morales cuya verborragia se corresponde con la dimensión de la catástrofe pero cuyos actos concretos de gobierno son un pálido reflejo de su discurso. La nacionalización de los hidrocarburos no ha sido más que una simple reglamentación de la legislación neoliberal. la reforma agraria un reparto de tierras marginales dejando intacta la gran propiedad rural, además privatizó uno de los mayores yacimientos de hierro del mundo (Mutún) y mantuvo la política fiscal y de ingresos de la era conservadora.

Sin embargo un inmenso show indigenista y nacionalista le ha permitido hasta ahora preservar la gobernabilidad del régimen. Manifestaciones mucho o poco menos grotescas de esta corriente se estan produciendo con otros gobiernos progresistas de la región. Todos ellos se caracterizan por la preservación de los resortes básicos del subdesarrollo heredados de la etapa neoliberal clásica a los que recubren con actos mediáticos izquierdizantes. Se trata de soluciones transitorias a las crisis, es difícil que estos equilibrios puedan sostenerse durante largos períodos. En otros países donde la rigidez política ha sido mucho mayor ni siquiera se produjeron experiencias progresistas, en Colombia, Perú o México no es exagerado aventurar futuras turbulencias.

De todos modos hacia el final de los caminos centroizquierdistas y derechistas duros las crisis de gobernabilidad reaparecerán (están apareciendo) con un dramatismo muy superior al del primer lustro de la década actual.

Tomando en consideración ese horizonte de profundización de la crisis regional empujada por la acentuación de la crisis global, es posible localizar en el devenir histórico próximo la irrupción de nuevas y más extendidas insurgencias populares que pondrán (están poniendo) a la orden del día el tema de la revolución, es decir del cambio radical de sociedad. ¿Será ese período futuro el escenario de nuevas impotencias?, todo dependerá de la capacidad de aprendizaje de los pueblos, de sus sectores más avanzados. No se trata solo de aprender del pasado cercano sino de toda la experiencia revolucionaria del último medio siglo. En este punto corresponde hablar de la revolución cubana y de lo más reciente (y novedoso) como lo es la revolución venezolana o de la persistencia de la insurgencia colombiana.

Sin embargo me parece sumamente útil destacar las experiencias revolucionarias de los años 1960-1970 consideradas fracasadas desde una óptica “progresista” (es decir conservadora) pero que vistas en el largo plazo histórico podrían ser vistas como experiencias pioneras, primeros ensayos, de rebeldías mucho mayores que pueblan el futuro.

Jorge Beinstein es economista e intelectual revolucionario, doctor de Estado en Ciencias Económicas (Universidad de Franche Comté-Besançon, Francia), fue titular de cátedras de economía internacional y prospectiva tanto en Europa como en América Latina.
Actualmente es profesor titular de las cátedras libres "Globalización y Crisis" en las universidades de Buenos Aires y Córdoba (Argentina) y de La Habana (Cuba). Ha escrito diversos libros y artículos como:
- Larga crisis de la economía global
- La autofagia del capitalismo
- La declinación de la economía global
- Escenarios de la crisis global
- La Gran mutación del capitalismo
- La vida después de la muerte. La viabilidad del postcapitalismo
- Pensar la decadencia. El concepto de crisis a comienzos del siglo XXI

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