Luego de 35 años de vivir y trabajar en ese lugar los amagaron, los patearon y los tiraron al piso

Trabajadores muebleros originarios de Capacuaro, Michoacán, fueron desalojados del cruce de las calles Felipe Angeles y Esteban Alatorre Foto: ARTURO CAMPOS CEDILLO
EMILIANO DIAZ CARNERO - Jornada Jalisco
Con violencia, agresiones e insultos, llegaron policías de Guadalajara, junto con funcionarios de la Dirección de Vigilancia y Reglamentos a confiscar todas las pertenencias de los comerciantes purépechas que llevan más 35 años viviendo y trabajando en la calle Felipe Angeles y Esteban a la Torre, junto al cementerio municipal Felipe Angeles.
Sin aviso previo, a las seis de la tarde, las autoridades municipales tapatías se llevaron todas las pertenencias de las 40 familias purépechas.
“Se llevaron nuestros muebles que hacemos, nuestras herramientas de trabajo, se llevaron nuestro dinero, nuestras ropas, comida, los útiles de los niños, nos empujaron, nos insultaron. A algunos los patearon, a otros los tiraron al piso y los siguieron pateando. A una señora la patearon después de decirle que se fuera a chingar a su madre. A otro lo encañonaron con la pistola, le cortaron cartucho en su cabeza”, comentó Cristóbal Morales, originario del municipio de Uruapan, Michoacán.
Los comerciantes, que llevan más de 35 años trabajando y viviendo a lado del cementerio, comentaron que nadie les avisó nada, que la tarde de ayer la relación con los del Ayuntamiento era normal, como siempre ha sido.
“Así como mandaron las camionetas para llevarse las cosas, hubieran mandado gente para platicar y llegar a un acuerdo, pero no, llegaron sin avisar, a la mala. Me hubiera gustado que siquiera hubieran hecho algún aviso, pero nada”, explicó Francisco Angel afectado por el operativo.
La mayoría de las familias son de la comunidad de Capacauaro, ubicada en el municipio de Uruapan, Michoacán y ya llevan como tres generaciones trabajando y viviendo a lado del cementerio.
“Llegan y rompen lonas y se llevan todo. Estas eran nuestras casas, aquí trabajamos, aquí vivimos, aquí los niños van a la escuela, aquí comen, aquí pues, siempre hemos vivido. Nuestra principal preocupación son nuestros niños y mujeres, dónde van a dormir, con qué útiles van a ir a la escuela si se los llevaron, con qué vamos a comer mañana si se llevaron nuestro dinero y mercancías para vender”, continuó Francisco Angel.
A las seis de la tarde comenzó el operativo del Ayuntamiento tapatío para desalojar y confiscar los productos de los comerciantes purépechas. Los muebles se los llevaron a una bodega del municipio sin haberlos contabilizado y clasificado, nada más las iban subiendo a los camiones. Las casas y las pertenencias se las llevaron al tiradero de la calle Gobernador Curiel.
“Es un amortiguador para la economía, nosotros vendemos más barato que los empresarios y por eso nos quitaron las cosas. Muchos de los empresarios vienen y nos compran y después ellos los revenden más caros”, explicó José Guadalupe Morales, también del municipio de Uruapan.
Las familias comenzaron a bloquear la calle en espera de que alguien del Ayuntamiento se acercara para dialogar y dar una solución, mientras llegaban más de 20 camionetas de policías.
“Queremos que nos den una solución, es injusto todo esto. Queremos que nos regresen nuestras cosas, queremos saber qué va a pasar, pero no hay nadie que dé explicaciones, sólo hay policías”, comentó otro trabajador purépecha.
“Con este tipo de acciones el gobierno quiere que ya no trabajemos y nos pongamos a robar o a traficar. Por ejemplo, qué voy a hacer yo ahorita, no tengo nada, se llevaron todas mis cosas, así como me ve así me quedé, qué le voy a dar de comer a mi familia al rato y mañana”, declaró Manuel Angel.
A las nueve de la noche no había ningún funcionario del Ayuntamiento. Nicolás Lemús, encargado del operativo de la Dirección de Vigilancia y Reglamentos se escondía desde que llegó al lugar, a las seis de la tarde, sus compañeros lo cubrían y salió en una camioneta sin decir nada a las ocho de la noche.
Los oficiales les decían a los comerciantes que ellos tienen que atender primero los derechos de los que necesitan circular por la calle Esteban de la Torre, y que después atenderían los derechos de los purépechas. Al cierre de esta edición, se avisó que llegaron elementos antimotines al lugar para desalojar a las familias que ahí permanecían.
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