La Jornada Jalisco - 08/01/07
Al iniciar el año 2007 se puede sentir la intensificación de la crisis del sistema político; es decir, de las instituciones del régimen mexicano, del sistema electoral, del sistema de gobierno y del sistema de partidos, todo lo cual había garantizado la explotación y dominación de una clase social, la llamada burguesía capitalista, sobre los trabajadores de la ciudad, el campo y el mar.
El aspecto que considero necesario resaltar es cómo esta crisis resulta de llegar al límite de obligar a la mayoría de los mexicanos a pasar hambre, a sufrir de enfermedades curables, a ser objeto de muerte por vivir en condiciones de miseria y además desatar una ofensiva violenta para despojar de su tierra y sus recursos naturales a millones de indígenas, campesinos y pescadores, rompiendo sus formas de vida cotidiana y comunitaria.
La razón que sustenta esta política es la acumulación de capital, la ganancia, el dinero, no importa el costo ni la pérdida de seres humanos ni la destrucción de la naturaleza. Los capitalistas saben que esto conlleva riesgos, pero están dispuestos a todo con tal de satisfacer sus perversos deseos de acumulación que sólo muestra su incapacidad de satisfacer sus necesidades en forma sana, o pensemos para qué le sirve a los capitalistas acumular cientos o miles de millones de pesos.
Qué razón se encuentra en explotar el trabajo de los demás para acumular riqueza, en explotar hasta destruir la naturaleza para acumular dinero. Tendrá disculpa dejar en la miseria a millones de seres humanos sólo por el placer perverso de acumular y acumular. Raúl Páramo, en su nuevo libro El psicoanálisis y lo social, sostiene que existe una “psicopatología de la avaricia” que representa a nivel microsocial, individual, el alma del sistema capitalista. Seguramente el hecho de ilusionarse con sustituir la felicidad y la seguridad personal con la acumulación de dinero puede ser una idea generalizada gracias a la perversidad de la educación impuesta por la misma burguesía capitalista durante cientos de años, y con ello personas que justifiquen a los explotadores y al propio sistema capitalista y hasta aspirar a ser como ellos.
Por esta cuestión es que no es suficiente sólo combatir a los capitalistas, no es suficiente luchar contra la explotación y la dominación, no es suficiente hacer la defensa de la tierra y el territorio; también es necesario construir una forma diferente de relaciones sociales donde se inhiba el poder sobre los otros y la enajenación del trabajo. Es decir, una forma diferente de hacer política, de gobernar, de producir, de comunicación, pues el capitalismo produce la relación de dominación y al mismo tiempo la mentalidad que la justifica y legaliza.
Es imprescindible construir relaciones sociales con base en la satisfacción de las necesidades y el respeto a las diferencias de los sujetos, por ejemplo la diversidad de culturas de los más de 60 pueblos que habitan el territorio mexicano desde hace miles de años; es indispensable construir la democracia y gobierno en formas de autogobierno y servicio a la comunidad; será ineludible el cambio en la relación con la naturaleza.
Al iniciar 2007 también se puede observar, si se aprende a mirar diferente, a miles de colectivos, organizaciones y pueblos que luchan por la defensa de sus bosques y aguas, por la defensa de la tierra y su cultura, por educación, salud y servicios públicos en las ciudades, pero que al mismo tiempo están reconstruyendo el tejido social comunitario que el capitalismo ha desgarrado. Se empieza a mirar cómo se entrelazan y constituyen redes de saberes locales y solidaridad. Se está prescindiendo de los medios de comunicación de las empresas privadas; surgen por todas partes radios comunitarias, medios impresos y muchas formas de comunicación alternativas.
Se está superando el aislamiento que caracterizaba a los movimientos sociales y se crece la cantidad de personas involucradas en la resistencia anticapitalista. Eso mismo obliga a organizarse de otra manera, experimentando la autonomía. Hay entidades donde podemos afirmar que son grandes porciones de la sociedad en movimiento las que están superando los límites que representa el Estado como aparato de control y disciplina acorde con los intereses de la clase capitalista.
Además de los movimientos de la sociedad políticamente anticapitalistas, también existen porciones grandes de la sociedad en movimiento que podríamos llamar económicamente anticapitalistas, culturalmente anticapitalistas, que subvierten el orden y la legalidad impuesta por mercado y el Estado burgués. Las sociedades en movimiento, como las denomina Raúl Zibechi en su libro Dispersar el poder, tienen un “núcleo” duro, la familia, pues son las familias como tales las que están dando la base para resistir y construir en los movimientos sociales anticapitalistas.
En México, los zapatistas de Chiapas o los “appistas” de Oaxaca; en Brasil, los Sin Tierra; en Argentina, las asambleas barriales y los piqueteros, así como los cientos de fábricas tomadas y funcionando ya por varios años de manera autónoma y en poder de los trabajadores; en Bolivia las comunidades y barrios organizados en asambleas vecinales; en Venezuela, las redes que atraviesan todas las ciudades y comunidades rurales constituidas por cientos de miles de familias; son sólo ejemplos en los que se puede apreciar cómo las familias son ese núcleo duro que sostiene a dichos pueblos y comunidades en movimiento.
Sociedades en movimiento es otra forma en que se organiza la resistencia anticapitalista. Estamos haciendo referencia a millones de personas que están en los límites o al margen del sistema capitalista, contra y más allá, como ha sucedido en la historia cuando está dándose el cambio a una nueva sociedad.
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