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lunes, enero 29, 2007

Opinión - Jorge Antonio Hernandez Velazquez

Economías emergentes y economías sumergidas

Jornada Jalisco

Brasil, China e India, como economías emergentes, acapararon la atención de los asistentes al Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza. Por su parte, México, pese a los esfuerzos del presidente Calderón por convencer a los grandes inversionistas de que “México, si no es la tierra prometida, sí es la tierra del futuro”, tuvo que conformarse con aparecer ante los grandes capitalistas como una “economía sumergida”. Sumergida en una serie de problemas de carácter multidimensional que se han vuelto evidentes para todo el mundo, excepto para el gobierno mexicano. Y es que México ha perdido terreno prácticamente en todos los rubros de competitividad internacional, debido a los profundos problemas sociales que se han desatendido, priorizando el combate a algunas de sus secuelas como lo es la inseguridad.


Brasil, el gigante sudamericano al que se suele comparar con nuestro país en el ámbito latinoamericano, mostró que ha generado un gran liderazgo regional a partir del crecimiento y profundización del Mercosur y que ha desarrollado alianzas estratégicas de las denominadas sur-sur con países de otras regiones que poseen niveles de desarrollo comparable o presentan áreas de oportunidad en sectores estratégicos. Tal es el caso de sus acercamientos por ejemplo con Rusia, India y China, considerados junto con Brasil como los integrantes del bloque de potencias regionales emergentes denominado BRIC y que hoy por hoy son vistas como los polos económicos de mayor desarrollo de los próximos años. México en cambio, no sólo ha desaprovechado la ya desarrollada red de tratados comerciales que lo colocan en términos formales como el país más abierto y diversificado al tiempo que es quizá el más dependiente de una sola economía en términos reales, sino que sigue sembrando distancias verbales con América Latina.

El presidente Calderón fue a Davos a buscar las inversiones que generen empleo y contribuyan al desarrollo del país. Pero son los indicadores y no los cantos de sirenas los que en teoría determinan que esto suceda en las mejores condiciones. Malos indicadores en general, significan alto riesgo para el capital y en consecuencia, la atracción de la inversión debe incentivarse a través de altas tasas de rendimiento y otro tipo de concesiones que se traducen en un alto costo. Buenos indicadores se traducen regularmente en garantía para los capitales y la seguridad ofrecida permite condiciones competitivas para la atracción de capitales. La competencia creciente por las grandes inversiones es un corolario de la globalización económica, por eso se multiplican a nivel internacional los indicadores de todo tipo que a decir de los expertos, determinan la conveniencia de invertir o no en una economía.

Desde las complejas calificaciones de riesgo país, hasta los simples datos de tasas de secuestros y muertes violentas, pasando por índices de globalización, de productividad, de competitividad, de desarrollo humano, de respeto por los derechos humanos, de opacidad y transparencia, de innovación, así como las tasas de financiamiento, de crecimiento económico, de natalidad, entre otros indicadores, todo es información central, que permite valorar los distintos destinos de la geografía de las inversiones globales.

En ese sentido, el retroceso de los indicadores del país en el último sexenio nos llevan a cuestionar si cuando el presidente Calderón asegura que México es la tierra del futuro… ¿se refiere a foxilandia como lo hizo su antecesor o va a trabajar en serio por sentar las bases necesarias para colocar a nuestras empresas, bienes y servicios en términos globales competitivos? Ojalá sea lo segundo, pero por lo pronto, las figuras de Ramírez Acuña en la Secretaría de Gobernación y de Carstens en Hacienda no auguran una mejora en indicadores de derechos humanos, transparencia ni crecimiento económico.

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