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lunes, enero 08, 2007

Opinión - Jorge Antonio Hernandez Velazquez

Cambio mediático en seguridad, inercia en economía

La Jornada Jalisco - 08/01/07

El Operativo Tijuana es el segundo de los espectaculares despliegues con intencionalidad mediática del gobierno de Felipe Calderón. El primero fue el denominado Operativo Michoacán, y aunque arrojó resultados menores a lo esperado, tuvo éxito mediático y logró destacar algunos mensajes relevantes. El primer mensaje es que el nuevo gobierno no dudará en utilizar la fuerza, y fue simplemente un corolario del verdadero mensaje que se envió con el nombramiento de Francisco Ramírez Acuña en la Secretaría de Gobernación; el segundo mensaje es que Felipe Calderón toma distancia de su antecesor, Vicente Fox, a quien le preocupó más su popularidad en las encuestas que las demandas de los grupos que pedían la aplicación más contundente de la fuerza ante conflictos concretos. Ambos mensajes buscan el aval de la opinión pública y por eso la necesidad del despliegue mediático.

Un tercer mensaje, y que debería ser el más importante, es en realidad el menos claro, y es el dirigido al crimen organizado. Y es que cuando las tendencias en el consumo y tráfico de drogas se orientan hacia el crecimiento importante de las llamadas drogas de diseño, la incautación principal hasta el momento ha sido de drogas tradicionales como la marihuana. Jorge Chabat describió a principios de la década pasada una estrategia de la cooperación antidrogas entre México y Estados Unidos a la que denominó el enfoque del “espíritu olímpico”, porque lo más importante era competir y no ganar. Había una clara necesidad de resaltar los grandes esfuerzos para justificar el otorgamiento de la certificación de la lucha contra las drogas por parte de Estados Unidos, pero la intención era lograr el impacto en la opinión pública y no en las redes del crimen organizado. Al parecer la importancia mediática de campañas como los operativos Tijuana y Michoacán y los que le sigan podrían estar cayendo en esta estrategia. Espero equivocarme, pero los resultados habrán de hablar por sí mismos.

De cualquier forma, lo que resulta claro es que Felipe Calderón busca enviar mensajes en el terreno de la seguridad y el estado de derecho que todos pueden descifrar. Pero resulta, sin embargo, inquietante que en otro de los rubros en los que la administración pasada tampoco entregó buenas cuentas, Calderón ha decidido mantener la continuidad. Y es que, como reveló recientemente un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), México tuvo un desempeño económico menor que el del resto de la región latinoamericana aún en el último año de Vicente Fox, que por muchas razones fue el año menos malo de su administración, según los indicadores.

La continuidad en materia económica debería preocupar más al nuevo gobierno, pues el crecimiento logrado en 2006 se debió en gran medida al monto récord que han alcanzado las remesas enviadas por los mexicanos en el exterior, y que al finalizar el año rebasaron los 20 mil millones de dólares. Terminó la administración foxista y el prometido crecimiento sostenido de 7 por ciento nunca llegó y lo más cercano que estuvimos fue en el citado año pasado, en el que se alcanzó alrededor de 4.8 por ciento según cifras de la CEPAL.

Un crecimiento de tal magnitud no está nada mal dirían algunos analistas y defensores de la inercia y la continuidad del “proyecto económico”, pero lo cierto es que México se mantuvo por debajo del promedio de crecimiento de 5.3 por ciento que alcanzó la región de América Latina. Más aún, los países del continente que con mayor claridad se han apartado de las políticas promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que la nueva administración calderonista promete profundizar, resultaron ser los que más altas tasas de crecimiento lograron. Por ejemplo, de acuerdo con el mismo reporte, a lo largo de 2006, Cuba alcanzó un crecimiento promedio de 12.5 por ciento, Venezuela de 10 por ciento y Argentina de 8.5 por ciento.

Para los escépticos y críticos de las alternativas a las políticas promovidas por el FMI, la explicación de estos indicadores reside básicamente en que como apunta la propia CEPAL, en el caso de Venezuela, los precios internacionales del petróleo fueron un factor central de su crecimiento. Mientras que Argentina, que no recibió el apoyo económico del FMI para enfrentar su crisis más reciente, se benefició de las condonaciones que negoció directamente con sus acreedores para reducir su deuda externa.

No obstante, habría que destacar que México, al igual que Venezuela, se vio beneficiado por los precios internacionales del petróleo, y al igual que Argentina redujo el monto de su deuda, por lo que resulta aún más difícil tratar de explicar un crecimiento tan mediocre y que no obstante es el mayor registrado en el sexenio “del cambio”.

El mayor crecimiento de México en 2006 se explica en gran medida por los montos crecientes de las remesas a lo largo del sexenio y por los precios internacionales del petróleo como lo hemos explicado en otros artículos y cómo confirma la CEPAL, pero además, los procesos electorales locales y federal promovieron este crecimiento porque impulsaron el mercado interno por los montos aplicados en la publicidad de las campañas electorales y de las obras, programas y “logros” gubernamentales. Desde este punto de vista, podemos atribuir muy poco de este crecimiento a las políticas económicas gubernamentales y mucho del mismo a una situación coyuntural que hemos descrito en detalle en artículos anteriores.

Ante este panorama, resulta preocupante que en el camino hacia las denominadas “reformas estructurales”, el desprestigio de las reformas anteriores y la falta de claridad en la dirección de los cambios económicos incentiven al gobierno a mantener una peligrosa inercia. Esta inercia ya es observada en el planteamiento de los presupuestos de ingresos y egresos del nuevo régimen, en los que se conserva la lógica de planear la designación de presupuestos a las diferentes necesidades a partir de lo que se recauda y no de planear la recaudación a partir de lo que se necesita. Y es que cómo hemos explicado en este mismo espacio, los recursos excedentes generados por las ventas internacionales de petróleo, entre otros factores, tiene un efecto adverso que desincentiva la verdadera preocupación gubernamental por una reforma fiscal integral.

En conclusión, la información que arroja el informe más reciente de la CEPAL sobre el desempeño económico de América Latina, apuntala aquella afirmación del galardonado Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, que citamos en alguna otra ocasión, en el sentido de que los países que se han enfocado a diseñar sus propias estrategias de desarrollo son los que han logrado un mayor crecimiento.

Por lo que si México mantiene la inercia de seguir en el camino trazado desde instancias como el FMI, seguirá arrojando resultados mediocres y dependiendo de coyunturas externas favorables. En este sentido, para México el proyecto propio para generar una reforma fiscal que rompa con la amplia dependencia del gobierno de los recursos petroleros y que permita recaudar en función de las necesidades e incentive al mercado interno, es urgente. No hay que perder de vista que las oportunidades, al igual que la riqueza, contrario a lo que se puede pensar desde el gobierno, se crean.

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