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lunes, octubre 01, 2007

Opinión - Jorge Gómez Naredo

Artículo aparecido en El Occidental, el 1 de octubre de 2007

El verdadero problema en el “viaducto” López Mateos

Jorge Gómez Naredo

Según la visión de quienes han gobernado Jalisco en estos últimos años, el auto es una especie de Dios no criticable al cual se le debe abrir grandes avenidas para que vaya y regrese rápidamente. El carro como principio y fin de la viabilidad de un proyecto de movilidad urbana. Autos y más autos, entre más modernos, más lujosos, más grandes, mejor: todo auto, siempre auto. Pequeños grupos sociales (con capacidad económica para adquirir vehículos privados) y gobierno (que está integrado por esos mismos grupos sociales pudientes) se unen y planean proyectos para hacer de Guadalajara una ciudad moderna. Piensan y piensan y son aleccionados por decenas de sesudos asesores y gritan, “sí, sí, sí, eso es lo mejor”, y entonces anuncian que harán más vías rápidas para que las zonas en donde viven (que son zonas, digámoslo, de “gente bien”) estén dotadas de vías rápidas para que las surquen sus grandes y lujosos autos.

El concepto clase social se ha escondido en el ámbito académico (salvo honrosas excepciones) y, en el político, la burla es constante cuando se osa mencionarlo. Pero en la construcción de la ciudad, quieran o no lo quieran los académicos posmodernos y los no tan sesudos políticos, existe una separación de clases que produce discriminación, racismo, exclusión y marginalidad. Un nuevo episodio de esta división entre quienes tienen y no tienen, es la idea de hacer de avenida López Mateos un viaducto para que quienes salgan de una colonia popis, puedan llegar rápidamente a otra colonia popis.

La Secretaría de Vialidad y Transporte, los fines de semana, ha implantado en la avenida López Mateos, de Las Rosas hasta Periférico, una especie de viaducto para que los autos puedan trasladarse rápidamente. Ello ha causado molestia entre varias organizaciones civiles y, especialmente, entre los peatones que ahora tienen unos cuantos segundos para cruzar la avenida, arriesgando, claro está, sus vidas.

Un viaducto o vía rápida representa una inversión mayor y no debe ser una ocurrencia de uno o dos funcionarios públicos. Avenida López Mateos no tiene la infraestructura de los viaductos Lázaro Cárdenas, en la ciudad de Guadalajara, o de Tlalpan, en la ciudad de México. Es una irresponsabilidad tratar de erradicar con medidas absurdas y peligrosas el fracaso que significó la “gran inversión” en vías rápidas en el sexenio pasado, con ese gobernador que todo lo que toca lo transforma en caos (y si no, vean cómo está hoy la Secretaría de Gobernación).

El problema de esta medida no es la falta de aviso a la ciudadanía en el establecimiento del viaducto. El verdadero problema es la carencia de un proyecto que ponga como fin principal el conformar un transporte público digno, económico y eficaz. Si se tuviera esto en Guadalajara, el uso del automóvil sería menor, pues las personas podrían transportarse rápida y decorosamente en autobús, en tren ligero, en tranvía, en metrobús o en otro tipo de transporte público o privado no motorizado (bicicleta, por ejemplo). Parecería que las autoridades, manejadas la mayoría de las veces por “gente bien”, pudientes, poseedoras de lujosos autos, no piensan en ello y apuestan a hacer más vías rápidas en lugar de potenciar el uso del transporte público.

La “brillante” idea de hacer de avenida López Mateos, de un día para otro, un viaducto, no solamente evidencia la incapacidad de las autoridades para planear una vía rápida (todo a la ligera, sin avisar, poniendo en riesgo la vida de los peatones), sino que, lo principal: demuestra que las autoridades panistas (y priístas y perredistas, porque todos, lo quieran o no, pertenecen a la clase que siempre se transporta en vehículo privado) no tienen idea de cómo hacer de Guadalajara una ciudad con un sistema de movilidad digno, eficaz y que trate de erradicar las diferencias entre quienes tienen auto y quienes, a duras penas, consiguen unos pesos para el trasporte público.

La separación de las clases sociales existe y la lucha entre éstas se manifiesta en medidas como la de establecer un viaducto en López Mateos de un día para otro. Todo esto potencia la marginación de los pobres, los cuales cometen el gran pecado de no ser ricos y, además, incurren en el ingente error de votar por el PAN, el enemigo de clase que se disfraza de amigo en cada elección.

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