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martes, marzo 25, 2008

Opinión - Esteban Garaiz

La parábola del doctor Jalife

Publico

Por un descuido imperdonable, usted cerró su casa dejando las llaves dentro. Tiene necesidad de conseguir un cerrajero con la tecnología y la caja de herramientas necesarias para que usted pueda tomar posesión nuevamente de su casa. Puede contratar los servicios del cerrajero por el tiempo que invierta en abrir su casa y que usted recupere las llaves que son de usted. Pero usted opta por hacerlo socio de su casa y compartir con el cerrajero el beneficio de esta y así los dos saldrán ganando con ese tesoro de casa que es su patrimonio.

No, usted no lo haría. Pero tiene un administrador de la casa; él, por un descuido imperdonable, se quedó sin llaves y con la casa cerrada. Entonces, él toma la decisión de asociarse con el cerrajero y compartirá a nombre de usted, los beneficios de la casa que es patrimonio de usted. Y además no le informa a usted de estas talentosas operaciones.

Esta parábola es creación del doctor Alfredo Jalife-Rahme, pronunciada el 18 de marzo en el zócalo en voz de Jesusa Rodríguez.

Pemex no es la caja chica del gobierno federal. Es la caja grande. “Y ese es, justamente, el problema nodal —dijo Cuauhtémoc Cárdenas en Morelia el martes 18 de marzo—. La clave de las dificultades que hoy enfrenta Petróleos Mexicanos se encuentra en la sobrerregulación presupuestaria, que antepone un supuesto equilibrio de las finanzas públicas a las necesidades de una operación petrolera racional y de alta productividad para el país, y en la insuficiencia de inversión que impone un régimen fiscal confiscatorio”.

En otras palabras, las mías, el problema central de Pemex tiene un nombre: se llama Secretaría de Hacienda y Crédito Público. El problema central de Pemex se resuelve acabando con las terribles distorsiones del fisco federal, totalmente anómalas en un país de la OCDE. No es aceptable que 40 por ciento de los ingresos fiscales deriven de una sola empresa; no es aceptable que Pemex pague 74 por ciento de de sus ingresos por la venta de crudo y todavía más por otros conceptos; no es aceptable que Hacienda haya contado en los últimos años con excedentes no considerados en el presupuesto, dados los altos precios internacionales, y los haya dilapidado en gasto corriente, en vez de reinvertirlos en infraestructura, principalmente prospección de nuevas reservas probadas y en refinación para no tener que importar gasolinas a lo irresponsable por más de quince mil millones de dólares anuales, con lo que se ha generado un fuerte desequilibrio en la balanza comercial y, principalmente, una severa reducción en la autonomía energética de la nación.

“La dependencia fiscal y presupuestal del gobierno federal respecto de los ingresos petroleros —dijo también el ingeniero Cárdenas— constituye un lastre que impide al país contar con una industria moderna y capaz de autofinanciar su desenvolvimiento y, a través de este, contribuir a los programas estatales y al desarrollo nacional con un sentido más amplio”.

El deterioro deliberado de Pemex en los últimos 25 años ha contado con un instrumento fiscal eficaz y tramposo, que es claramente una perversión financiera: los “proyectos de impacto diferido en el gasto”, o sea los Pidiregas, por un monto superior, al día de hoy, a 50 mil millones de dólares, que son claramente obligaciones, o sea pasivos, con los que Pemex es una empresa técnicamente quebrada.

A mi entender, nadie ha formulado una definición intelectualmente satisfactoria del vocablo “populismo”, tan usado por los neoliberales cuando quieren detractar. Pero algunos economistas lo han simplificado numéricamente como el hecho de que un gobierno gaste más de lo que ingresa. En ese caso, los famosos Pidiregas son una forma perversa de populismo y en consecuencia Hacienda es hipócritamente populista: han obligado a Pemex a gastar más de los recursos que le asignan y por tanto a descapitalizarse. Los tales Pidiregas se multiplican como conejera y estrangulan las finanzas maniatadas de la empresa nacional. En tanto Hacienda se gasta irresponsablemente las altas utilidades de Pemex.

Es claro que los contratos de riesgo, además de prohibidos en la Constitución, no pueden ser la solución. Urge un serio debate nacional sobre los problemas reales de Pemex. Verdades a medias, reiteradas machaconamente, no contribuyen a un diagnóstico serio que nos lleve a la solución.

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::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Peje en 2008::

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