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viernes, marzo 28, 2008

¿No que no?

Pablo Gómez
Milenio Público
28 de marzo 2008

pgomez@milenio.com

Hace apenas unos días, la mayoría de los columnistas del país, no pocos reporteros y los políticos del PAN y el PRI acusaron a López Obrador de “inventar” el intento privatizador de la industria petrolera. Algunos acusaron al perredista de tener “mucha imaginación”.

El debate sobre el petróleo está más abierto que nunca y el país se encuentra a la espera de la iniciativa que presentará el PAN en el Senado, probablemente dentro de unos doce días. El proyecto de Calderón no va a ser presentado por Calderón sino por su partido mediante una maniobra de vergonzosa agachada.

La iniciativa oficial busca otorgar a Pemex la capacidad para hacer toda clase de negocios con quien sea y sobre lo que sea. No se trata, en efecto, de privatizar el viejo Pemex, derruido tras dos décadas de ausencia de política petrolera, corrupción en gran escala y derroche de recursos, sino de privatizar todo lo nuevo, lo más rentable. Ah, pero los mismos articulistas y políticos que han acusado a López Obrador de tener demasiada imaginación van a decir que no se trata de una privatización sino de una “modernización”.

El argumento central del operativo privatizador, es decir, de la entrega de un recurso de la nación, se basa en que Pemex es corrupto e ineficiente. Sí, es cierto. Quienes han administrado este organismo público durante muchos años –los gobernantes priistas y panistas—no sólo se han abstenido de hacer algo para mejorar Pemex sino que han hecho todo lo posible para empeorar la corrupción y la ineficiencia. Ellos son los culpables de que México sea el único gran productor de crudo que no vende refinados sino que los tiene que comprar. Los sucesivos gobiernos han malgastado la renta petrolera. Los corruptos y los ineficientes han sido ellos mismos. Ahora, toda esa corrupción y esa ineficiencia se la echan en cara al país y le quieren pasar a México la factura entregando los nuevos negocios petroleros a las empresas trasnacionales y a uno que otro capitalista mexicano.

“Modernización” quiere decir, para Calderón, capacitar al gobierno para hacer negocios con empresas privadas, de tal manera que la nueva refinación, los nuevos ductos y los nuevos pozos, especialmente en el Golfo de México, sean compartidos con quienes están dispuestos a hacerle el favor a los mexicanos: ir por nuestro tesoro.

Como Pemex no puede y éste –se dice– es irreformable, entonces hay que pensar en la Exxon, la British, la Shell, la Total. Según la tesis calderoniana, la “modernización” de Pemex no será su reforma como organismo público, sino su utilización para compartir “el tesoro” con unos auténticos piratas de nuestros tiempos.

“Autonomía de gestión”, “directorado” energético, nuevo consejo de administración, flexibilidad, órgano de fiscalización “efectivo”, fabulosas inversiones. Todo esto se convertirá en los próximos días en la perversa máscara para tratar de llevar a cabo la privatización de la industria petrolera mexicana. Veremos de qué cuero salen más correas.

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