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domingo, marzo 30, 2008

El Cardenal, sus 90 millones y las minorías

JORGE GÓMEZ NAREDO
La Jornada
30 de marzo, 2008

Juan Sandoval Iñiguez es el jeque, la pieza fuerte en el ajedrez, quien decide, ordena y tiene el bastón de mando en Jalisco. Es el cardenal septuagenario, el de los discursos de humildad y honestidad, el de los medios de comunicación (estaciones de radio, canales de televisión por cable, periódicos, espacios en radiodifusoras y televisoras abiertas). Es el purpurado que gobierna, que cumple 75 años y recibe como obsequio recursos millonarios del erario público para la construcción de un templo “turístico”; es el personaje que se incomoda y empuja a reporteros que lo cuestionan, que no deja que nadie lo “ofenda” en su casa, que guía a su grey por el camino de las grandes edificaciones. Es quien verdaderamente rige en Jalisco.

Emilio González Márquez es el peón que obedece, que recibe órdenes del cardenal y hace lo que la voz espiritual decide. Se supone que él, González Márquez, investido por la sociedad (son suposiciones) como gobernador constitucional del estado de Jalisco, debe ser el personaje prominente en la administración local que actúe siempre en beneficio de las mayorías, pero la realidad nos indica lo contrario: el Ejecutivo local se somete a los potentados, al empresariado, al poder del clero (en especial al del cardenal de los 75 años) y al de las televisoras.

Muchos periodistas calculan el dinero público que González Márquez ha desviado a las televisoras y al clero; hacen cuentas: 60 más 20 más 90 más otros 90: muchos, demasiados millones. Más de 200. Pero el gobernador ni se inmuta. Y tampoco se inmutan sus allegados y supeditados. Ellos están gobernando para que Dios esté contento, para que Dios se apiade de estas tierras, para que los mártires cristeros (que mataban, guerreaban y cometían tropelías) sean venerados en Jalisco como santos. ¡Esta administración parece salida de la Edad Media!

González Márquez se ve como un gobernante sagaz, inteligente, que sabe prontamente acallar los escándalos. Por eso justifica la donación de 90 millones de pesos a la Arquidiócesis de Guadalajara (vía una asociación civil) con argumentos bastante convincentes (convincentes para él, claro está): “Lo que yo escucho cuando se dice que el turismo religioso es un turismo importante en el mundo, con capacidad de compra y con deseos de visitar lugares nuevos, lo que yo escucho es derrama económica. Y éste es el interés que tiene el gobierno del estado para conocer el proyecto y para apoyar el proyecto de construcción del Santuario de los Mártires mexicanos de una forma decidida”. El gobernador escucha nítidamente lo que sucede en el mundo: el turismo religioso produce riqueza. También presta especial atención a lo que dicen el cardenal y el empresariado, quienes buscan transformar a Jalisco en una especie de parque temático de la época colonial. Incluso oye a las minorías, pero a éstas para repetirles que son minorías y que él manda (mandado, claro está, por los potentados encabezados por el ínclito cardenal de los 75 años).

El cumpleaños de Juan Sandoval Iñiguez: la élite local se arremolina en la morada de quien dirige la grey católica en Jalisco. El ambiente no puede ser mejor: en la mansión (que apareció fotografiada –con cardenal incluido– en una de las revistas donde las élites empresarial y política gustan verse retratadas) hay mariachi, chilaquiles, jugo de naranja, tamales, abrazos, rezos y risotadas. Los funcionarios públicos acuden raudos: alcaldes y diputados, regidores y secretarios de Estado. Todos contentos celebrando los años cumplidos de quien da órdenes, es el jefe de jefes y manda en Jalisco. Parecería una reunión de la mafia siciliana festejando el aniversario del capo di tutti capi; la diferencia es pequeña, mínima: acá, en Tlaquepaque, se dialoga sobre sermones y salmos..., ah, y también se habla en español y no en italiano.

Por ahí algunas minorías han dicho que el donativo del gobierno estatal para la construcción del Santuario de los Mártires constituye un delito. Son las minorías que no quieren que progrese Jalisco, que no le apuestan al turismo religioso y a la generación de empleos: son las minorías apocadas, retrógradas y resentidas. Pero no está de más una justificación, y ésa la da el Arzobispado de Guadalajara cuando arguye que el dinero no lo entregó el gobernador en las manos de Juan Sandoval Iñiguez, sino que todo fue a dar a una asociación civil llamada Pro Construcción del Santuario de los Mártires, la cual dirige el más amigo de los amigos del cardenal (cuando se trata de negocios): el empresario Juan Manuel Hernández. ¡No hay delito!, gritan y vociferan las autoridades terrenales y espirituales.

Pero hay unas minorías tercas, obstinadas y empecinadas: ¡recalcitrantes! Minorías que ven al gobierno estatal maniatado por intereses empresariales y religiosos, minorías que piensan en un turismo diferente al católico, y que también opinan (¡oh, gran sacrilegio!) que una parte de la elite clerical está formada por grupúsculos que se enriquecen al amparo de la fe y de la corrupción. Esas minorías rechazan a González Márquez y censuran a Juan Sandoval Iñiguez porque ambos se burlan de la sociedad, porque un desvío de fondos lo quieren transformar en una donación y un hecho de corrupción lo pretenden disfrazar como un acto de fe. Esas minorías tercas, obstinadas y empecinadas son las que actualmente representan la dignidad del pueblo de Jalisco.

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