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sábado, enero 10, 2009

Protestan más de 4 mil ocotlenses por el asesinato de Fernando López

Exigen destituir al alcalde, la disolución de poderes en Ocotlán y nombrar una Comisión Ejecutiva

Durante la marcha salieron a relucir denuncias por el estado represivo que impuso Absalón García

MAURICIO FERRER (Enviado)

La Jornada Jalisco

Miles de ocotlenses realizaron una marcha para repudiar el asesinato de Fernando López y exigir justicia
Miles de ocotlenses realizaron una marcha para repudiar el asesinato de Fernando López y exigir justicia Foto: ARTURO CAMPOS CEDILLO

ocotlan, 9 de enero.- Rudo y Cursi es la película más importante de la temporada en el municipio de Ocotlán, Jalisco, al oriente de Guadalajara. La proyectan en la sala 1 de los Cinemas San Felipe, los únicos de este poblado de 90 mil espectadores. Acá, en Ocotlán, ayer se vivió la cinta: el set fueron las calles principales y los protagonistas, unos 4 mil ocotlenses que salieron a las calles para repudiar el asesinato de un tercer personaje, El Nako, Fernando López Alejandre, a manos de policías municipales el 1 de enero pasado. Las 4 mil voces lanzaron un grito de protesta contra los antagonistas: el rudo y el cursi de una historia real.

El rudo: Filiberto Ortiz Amador alias El Pinto, quien hasta el miércoles pasado era el director de la policía municipal y cuyos métodos de seguridad pública instruidos a sus subordinados causaron la muerte del joven bajista de 21 años de la banda de rock pesado Arcadia Libre.

El cursi: el alcalde panista de Ocotlán, Absalón García Ochoa, quien destituyó a Ortiz del cargo el miércoles pasado, pero que hoy no salió a dar la cara ante una multitud que estrelló huevos contra la Presidencia Municipal.

“La madrugada del 1 de enero de 2009, la policía municipal de Ocotlán, Jalisco, disparó a mansalva sobre el vehículo que conducía el joven Fernando López Alejandre, de 21 años de edad, oriundo de Jamay, quien iba acompañado de David Briseño Ceja, vecino de La Barca, hiriendo de muerte al primero, golpeando y amenazando al segundo sin que hubiera de por medio una indicación oportuna para llamarles la atención por alguna infracción o delito”, fue la sinopsis escrita en una hoja de papel que circuló por la marcha silenciosa conformada por hombres, mujeres, niños y ancianos que portaban atuendos blancos y globos del mismo color por la calle Hidalgo, una de las principales de Ocotlán.

Al frente del puñado de personas, la familia de Fernando portaba una imagen, un recuerdo del joven roquero y un llanto.

El Nako era noble”, dijo una de sus tías. “Noble”, dijo otra. “Pacífico”, expresó una prima. “Sensible… humilde… no le importaba el dinero… ni el lujo… era cantante… tocaba el bajo… le gustaba Deep Purple y Black Sabbath”, decían sus familiares, uno tras otro.

A lo largo de la marcha, la gente de los negocios, escuelas y otros locales se asomaba a ver la expresión de indignación de un pueblo, plasmada en cartulinas y mantas: “¡Puta policía!”, “Me quitaron la vida por la espalda”, “Francisco Ramírez Acuña, ya no protejas asesinos”.

Tanto Absalón como El Pinto son gente cercana al ex secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña. Fueron dos protagonistas en los sucesos del 28 de mayo de 2004 en Guadalajara, donde la policía municipal y estatal se enfrentó con los llamados altermundistas, lo que terminó en encarcelamiento y tortura para decenas de ellos, según lo constataron las comisiones Nacional y Estatal de Derechos Humanos.

La sombra de Ramírez Acuña vuela sobre el poblado. A decir de los habitantes, Ocotlán sirvió de laboratorio para la instauración de una policía secreta cuando el panista era titular de la Segob; de ahí las razzias de El Pinto. Era común que grupos de policías irrumpieran en fiestas juveniles. Tácitamente había un toque de queda; después de las 10 de la noche los muchachos no podían juntarse en las esquinas porque eran “levantados” por los chicos de El Pinto, según recuerda Leonarda, una vecina de la Colonia 5, que está a unas cuadras de la casa donde vivía El Pinto, sobre las calles de Domingo Márquez y Reforma. Enfrente de dicha vivienda, en un terreno abandonado, unos 20 policías se juntaban a diario esperando las órdenes de su jefe, “echando nalga”, o bien, “para protegerlo quién sabe de quién”, dice Leonarda. De ese baldío sólo quedan una lona negra, algunos vasos de café y un diario en ruinas, pues El Pinto se fue desde el jueves.

“Asesino”, “terror”, “abogado del diablo”, son calificativos con los que recuerdan los ocotlenses a El Pinto. Y si lo traen a sus pláticas, es por experiencias en las que tuvieron que ver con él.

El 10 de julio de 2007, los muchachos de El Pinto llegaron con armas largas al comedor comunitario de Patricia Sánchez. A ella y a otras mujeres que ofrecen comida a desamparados las acusó de violadoras. Las corrió del lugar, en el que tenían 10 años ofreciendo tal labor. Ahora dan alimentos a los niños de la calle, en la calle.

Y de esas anécdotas hay muchas: que por lo menos 10 desaparecidos, que varios asesinados y que el tiro de gracia, característica en los cuerpos encontrados.

Hoy, los que quedan con vida en Ocotlán salieron a las calles. No aguantaron más. El homicidio del muchacho unió a los ocotlenses como nunca en la plaza principal: “ni siquiera el 15 de septiembre se llena así”, dijo un vendedor de chicharrones.

“¡Fuera Absalón! ¡Fuera Absalón! ¡Fuera Absalón!”, gritaban miles de gargantas al unísono. No quieren al edil. Mediante un oficio entregado el 7 de enero en el Congreso del Estado, un grupo de ocotlenses solicitó la disolución de poderes en el municipio. A cambio, piden el nombramiento de una Comisión Ejecutiva que gobierne Ocotlán.

Los jóvenes fueron los más inconformes, pues fueron los que más vivieron las andanzas de El Pinto; algunos empezaron a lanzar huevos a la Presidencia Municipal, otros más empujaron el portón de metal con agresividad para intentar entrar.

La familia de El Nako, como era conocido Fernando, pidió prudencia. La Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ) inició a enlistar las violaciones a las garantías individuales que los habitantes tenían que contar. Y Absalón… Absalón nunca salió.

Apenas el jueves pasado, tras la renuncia de El Pinto, el alcalde, enfundado en unos “tejanos” y una camisa a cuadros, saludaba a la entrada de la Presidencia Municipal a todo habitante que por ahí pasara. Quienes lo veían, lo dejaban con la mano en el aire y con la sonrisa en la cara, recuerda Juan Ignacio Ramírez Rodríguez.

Ocotlán no tiene un final feliz: asesinaron al Nako, el rudo huyó y el cursi permanece en el poder.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

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