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lunes, enero 26, 2009

JORGE GÓMEZ NAREDO ::Tiempos de elecciones... y de mentiras, hipocresía y cinismo::

Foto: Cesar Huerta/Extensión Medios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

Hoy todo huele a elecciones, todo sabe a elecciones, en todos lados se miran elecciones. Los integrantes de los diversos partidos políticos hablan de elecciones, comen y discuten temas electorales y se acuestan en sus camas pensando electoralmente. Hay casos que invitan a la risa, ¡qué va!, a la carcajada: el jueves pasado se registraron como aspirantes a alguna candidatura del PAN personajes cercanos al gobernador Emilio González Márquez. La foto no podía faltar: todos muy sonrientes, todos juntos, con sus carpetas que indicaban su ingreso a la contienda interna en busca de una diputación federal. El otro bando del blanquiazul no se quedó atrás. Francisco Ramírez Acuña se registró hace algunos días: el “jefe máximo” busca una candidatura para seguir dando la vida por el pueblo de Jalisco, y lo hizo con su gente, mostrando su fuerza y su entereza; las fotos circularon ampliamente. Una guerra de imágenes, pues. Lo mismo sucedió con el registro, para contender por la alcaldía de Guadalajara, de Jorge Salinas Osornio; arribó con su hija en brazos, para que quedara claro que él es un padre de familia ejemplar. Sin duda, el show ha comenzado.

En tiempos de elecciones, a los candidatos les está vedado decir “no”. Todo se puede: prometer, por ejemplo, que se terminará con la inseguridad, que Guadalajara será la ciudad más bella del mundo si se vota por tal o cual candidato, que se trabajará por el pueblo, para el pueblo y siempre pensando en el pueblo. Las mentiras, las hipocresías y los cinismos se cuentan de a montón. Todo se puede en tiempos de elecciones.

Las desbandadas, también son características de estos tiempos. Por ejemplo, en Tlaquepaque, municipio gobernado por el PAN, ya han dejado su cargo 19 funcionarios (unos por licencia y otros por renuncia) que buscan colocación en algún puesto para el próximo trienio: todos a las precampañas y después a las campañas. Son tiempos electorales donde todo se vale. Nadie quiere quedar fuera.

No es un delito aspirar a un puesto de elección popular. Sin embargo, la lógica de ir saltando de aquí para allá se impone. Y no es que esa lógica sea, por sí misma, mala. El problema es que se pierde o se olvida lo más importante: ¿por qué se pelea un puesto de elección popular? La mayoría de quienes pretenden dichos puestos lo hacen para seguir escalando, para mantenerse en el poder o para lograr mejores beneficios personales. El pueblo, el servicio, la gente humilde, son sólo palabras huecas que se tienen que decir en los discursos cuando se va a pedir el voto.

Pero existe otro gran problema con las elecciones (y con eso que llaman “democracia”): el dispendio del dinero público. Un año antes de celebrarse las elecciones, todo gasto gira en derredor de ellas. Ejemplos hay muchos: en Guadalajara, durante más de dos años, pocas obras se hicieron, pero al faltar poco tiempo para las próximas elecciones, de repente, por todos lados, afloran los proyectos de construcción, para que la gente vea que los “gobiernos” sí trabajan y los sigan votando.

El dispendio no solamente se da en las “obras” de relumbrón (la mayoría de las veces están mal planeadas), sino en pactos y acuerdos. Un maestro de este arte es Emilio González Márquez. Sus donaciones han sido, o pagos de facturas, o pagos (adelantos, digamos) de recursos a empresas, individuos o asociaciones que podrían ayudar en momentos de elección; “yo te dejo hacer o te doy, y tú me das cuando haya elecciones”, es la regla en esta impoluta “democracia”.

Resulta extraño que González Márquez haya firmado con la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) un convenio de “blindaje electoral” y haya mencionado en su discurso: “Es responsabilidad del estado que no se haga mal uso de los recursos públicos, que quien tiene bajo su administración personas, que quien tiene bajo su administración recursos materiales o financieros, o programas sociales, no se ponga al servicio de un candidato o de un partido”. Y resulta extraño, porque Emilio González Márquez es un maestro en eso que dice combatir: ¿o cómo interpretamos el subsidio (y su infaltable campaña publicitaria) a los transportistas?, ¿cómo no pensar que la apertura del Macrobús (cinco meses antes de las elecciones) no busca ser una forma de propaganda política?, ¿cómo interpretar sus donaciones millonarias a las televisoras?

En su alocución durante la firma de convenio con la titular de la Fepade, González Márquez mencionó: “los programas, los servicios no los hacen los partidos, no los entregan los partidos, son recursos del pueblo, que se regresan al pueblo a través de la autoridad constituida”. Si esto es así, ¿por qué él se dedica a hacer dispendiosos gastos de los recursos que, se supone, son del pueblo?

No cabe duda: son tiempos de elecciones. Tiempos en que sucede de todo: discursos de “legalidad”, de “blindaje electoral” y de acuerdos de no agresión. Son tiempos de elecciones, de comidas para palomear candidatos, planear campañas y contender, no por un puesto que permita ofrecer trabajo y esfuerzo al pueblo, sino por un puesto que posibilite, en el futuro, seguir escalando en la “política” local, regional o nacional. Esa es la democracia que tenemos, la democracia que ellos, los de arriba, tanto defienden.

jorge_naredo@yahoo.com

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

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