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martes, agosto 04, 2009

Si el Presidente se roba una elección, ¿porqué no la gente va a secuestrar o traficar drogas?

Aún la derecha tiene claro que Calderón es un inútil conmpleto para la Nación.
El siguiente es un artículo de Yuri Serbolov, quien asesora a empresarios y políticos con resúmenes ejecutivos.

MEXICO Nuevo Modelo de País.
Por: Yuri Serbolov.

Dicen que cualquier tonto sabe cuál es el problema, pero que se necesita un genio para encontrar la solución. Todos sabemos que México está pasando por la peor crisis de su historia. ¿Cómo salir? ¿Qué hacer?

Se van a necesitar muchos genios, de todas las especialidades, de todos los sectores. El objetivo es encontrar el 20 por ciento de las variables críticas que pueden ofrecer el 80 por ciento de los resultados. México no puede darse el lujo de otros 3 años perdidos. Algunas soluciones que se implanten ahora pueden tardar 10 o 20 años en dar resultados. Urge¡ actuar. Pero ¿por dónde¡ empezar?

El cambio más importante que se requiere es un cambio de actitud y un cambio de mentalidad. Urge alinear a un comportamiento ético desde el Presidente de la República hasta a los grupos empresariales, sindicales, los medios de comunicación, los partidos políticos y a todo el gobierno federal, a los tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y sobre todo al judicial.

Sin ética no hay país. Urge acabar con la mentalidad de exacción que tienen los
gobernantes mexicanos, que no ven a México como su casa, sino como su botín.

Urge dejar de ser un país de cínicos, donde el que la hace nunca la paga y donde se privilegia el “haiga sido como haiga sido”. Hay que empezar por la Constitución. Tenemos actualmente una ley suprema tonta, que no separa principios de reglas y donde el modelo de país 2009 ya no tiene nada que ver con el espíritu de la Constitución Social de 1917.

Urge re-legitimar el marco legal. Pero antes de hacerlo es importante construir primero una Visión de Futuro Consensuada que sea el principio de un nuevo Marco Formal (marco consensual, marco legal, marco institucional y marco presupuestal). Si no alineamos esa mesa de cuatro patas, cualquier objetivo, cualquier proyecto nacerá muerto. Hay que empezar por lo primero: el Proyecto de Nación.

No podemos reinventar el país sin tomar en cuenta su historia, sus orígenes, sus luchas, sus conquistas. Urge retomar los ideales, los valores y principios que inspiraron a los fundadores de la patria. Pero igualmente hay que tomar en cuenta el contexto mundial y el colapso de los viejos paradigmas. Conciliar el presente crítico con nuestro pasado glorioso y los retos del futuro es la ecuación a resolver. Y hay que hacerlo ya. En urgencia, en excelencia y en interna paz. Antes de que las contradicciones estallen, antes que el país se sumerja en otro movimiento armado en 2010 al igual que los que vivimos cada 100 años, en 1810 y en 1910.

México no requiere otro baño de sangre.
México no requiere hacer un cambio violento.
México no requiere una revolución armada, sino una revolución pacífica. México no requiere que nuevamente mexicanos maten mexicanos por diferencias de ideas o de intereses tal como sucedió en la Reforma de 1858-60 o en la Revolución de 1910-17.

Esas dos gestas históricas que son el orgullo de la patria deberían darnos vergüenza, ya que no es un honor matar a nuestro hermano por diferencia de ideas o de intereses. Eso jamás lo debemos volver a hacer.

México ha sido producto de 5 guerras:
1. La guerra de la conquista de 1520-21.
2. La guerra de independencia de 1810.
3. La guerra de reforma de 1858-60.
4. La guerra de la revolución de 1910-17
No necesitamos una quinta guerra, aunque las condiciones se han dado y las contradicciones sociales, políticas y económicas nos están empujando hacia allá. El país está sumido en un mar de violencia. En lo que va del año se han realizado 4 mil ejecuciones. En lo que va del gobierno de Calderón se han registrado 12 mil 480 ejecuciones en los enfrentamientos entre bandas rivales del narco o de los pistoleros contra las fuerzas federales, lo que da un promedio de 13 decesos diarios (El Universal, 1o de agosto).

De las cuatro guerras que conformaron al país, dos de ellas son “legítimas” porque se pelearon contra extranjeros. Pero dos de ellas fueron de mexicanos contra mexicanos. Esta ola de violencia que vive el país puede ser el preludio de una nueva guerra, tal como la revolución de 1910 empezó con robavacas, gavilleros o asaltacaminos que luego se convirtieron en líderes revolucionarios. Ojalá que logremos evitar que los capos del narcotráfico se conviertan en los nuevos líderes políticos o que sean, como ya sucede, quienes designen a los presidentes municipales, a los gobernadores de los estados o al mismo Presidente de la República, a jueces o diputados. Eso sería el fin de la República.

En ese cambio de actitud que requerimos, es importante, antes que nada, que recuperemos el valor y el respeto por la palabra. Urge que nos dejemos de mentir, que dejemos de falsear nuestra historia. Por ejemplo, es una vergüenza que le sigamos llamando Niños Héroes a unos jóvenes que ya tenían bigote y que fueron derrotados. Los podemos llamar Jóvenes Mártires y honrarlos, pero no podemos poner dos mentiras con letras doradas en las paredes de la Cámara de Diputados. Toda violación de principios, por insignificante que sea, por bienintencionada que parezca, se paga, tiene consecuencias. Y ese es solo un ejemplo. Urge recuperar la inteligencia y la decencia nacional, empezando por no mentirnos a nosotros mismos.

Por muchas máscaras que nos pongamos siempre enseñamos nuestro verdadero rostro, como dicen los expertos. México es un gran país, hermoso, con una situación geoestratégica privilegiada, con recursos estratégicos, con historia, con cultura, con una sociedad maravillosa, con valores, con ideales. No podemos permitir que el país se nos deshaga entre las manos. Que pasemos del 9º lugar mundial al 16avo como consecuencia de las demagógicas medidas neoliberales impuestas por los tecnócratas que han tenido como sirvientes al PRI y al PAN y que han estado tras el poder, tomando todas las decisiones desde De la Madrid, con Salinas, con Zedillo, con Fox y ahora con Calderón, sin nunca haber sido sometidos a la prueba democrática de las urnas.

No podemos permitir tampoco que la partidocracia se apodere del poder. Que hayamos tardado 71 años en acabar con la Presidencia Absolutista y que ahora tardemos 142 años en quitarnos la lacra de quienes han convertido a los partidos políticos en un botín, en el mejor negocio, usurpando la representación nacional, al grado de haber llevado al desprestigio y a la deshonra, al descrédito al IFE y al Tribunal Electoral, los cuales deben ser rehechos.

No podemos permitir que la educación, que es la necesidad estratégica prioritaria sea un botín en manos de una mafia sindical que mantiene un amasiato ideológicamente aborrecible, pero políticamente sostenible, entre Calderón y Elba Esther. Si renunciamos a la educación perdemos la posibilidad del cambio social y en vez de ciudadanos libres tenemos masas organizadas para votar y seguir el clientelismo político, lo cual es un jugoso negocio político, pero una dolorosa apuesta para la República.

No podemos permitir que la desigualdad, que la inequidad, que la brecha entre pobres y ricos se siga incrementando, que el mejor negocio del país sea fabricar pobres y luego exportarlos como braceros a los Estados Unidos, para bajarle aquí las presiones sociales y políticas y al mismo tiempo hacer un buen negocio financiero con el envío de remesas. México no puede darse el lujo de perder la sangre joven, a su población que tiene más coraje, al grado de arriesgar su vida, dejar a su familia, abandonar sus tradiciones, enfrentarse a otra cultura.

No podemos permitir que el país siga sin justicia. Que tengamos jueces sin ética que ofrecen sus resoluciones al mejor postor, que no buscan la verdad sino el interés y que no buscan la justicia sino el procedimiento. No podemos seguir teniendo una sociedad de la desconfianza, donde ya nadie confía en la palabra del otro, donde un papel vale más que la palabra, donde los derechos de los ciudadanos son pisoteados por empresas como Telmex o Bancomer que no respetan el tiempo y que hacen perderle al consumidor minutos valiosos en procedimientos absurdos y no inteligentes. No podemos tener un país de monopolios donde las autoridades están sometidas a los grupos de interés y de poder, en vez de velar por los intereses de la República y de sus ciudadanos.

No podemos seguir teniendo un país de inseguridad, un Estado fallido, donde el gobierno es incapaz de brindar seguridad a las personas y a sus bienes, donde ya no solo es secuestrado cualquier hijo de vecino, sino cualquier hijo de poderoso o de la étite. No es posible que el gobierno, a quien se le da el monopolio de la fuerza, sea retado a diario por grupos criminales, por mafias y por el crimen organizado, como el narco tanto nacional como extranjero, por los traficantes de personas o por los lavaderos de dinero.

No podemos seguir tolerando que las policías se conviertan en los principales
delincuentes, donde el cáncer corroa a las instituciones, donde la corrupción y la
impunidad sea la moneda de uso corriente en las transacciones de la sociedad y las empresas con los funcionarios públicos. No necesitamos vender Pemex o la CFE. No necesitamos vender la península de Baja California a los japoneses. No necesitamos someternos a los dictados chinos. No necesitamos más reformas que deformen las leyes sociales y que eliminen las conquistas de los trabajadores. No necesitamos más acuerdos bajo la mesa entre las fuerzas políticas simplemente para hacer los cambios que tengan el menor costo político para garantizar su permanencia en el poder o ganar la próxima elección.

Lo que necesitamos, lo único que necesitamos, es amar a México. Defender la república. Respetarnos a nosotros mismos, alinearnos a principios éticos, rescatar nuestros ideales históricos y construir una mejor patria para nuestros hijos.

No podemos poner nuestros intereses o privilegios por encima de nuestros principios, valores e ideales, porque pronto perdemos unos y otros. No podemos tener un Presidente de la República que más del 60% de la población cree que se robó la elección y donde las autoridades no pudieron demostrar nunca que hubo un triunfo legítimo, fuera de duda y de sospecha. Donde nunca se castigó a quienes alteraron los resultados electorales que en Internet estaba publicando el PREP, porque nunca hubo una nota al pie que explicara el tema de las inconsistencias y eso, se vea como se vea, es alterar los resultados electorales y haber engañado a la República y a la fecha nadie ha sido sancionado.

No es sano, no es legítimo, que el Presidente actual tenga apenas el 35.7% de los votos reconocidos, la cifra más baja para ningún presidente en la historia de México y que tenga menos votos absolutos que López Portillo quien en 1976, es decir hace 33 años, tenía 15.4 millones de votos, cuando a Calderón se le acreditan apenas 14.9 millones.

No es sano tener una política de suma cero donde el que gana lo gana todo y el que pierde no es tomado en cuenta, a pesar de que López Obrador tuvo apenas 233 mil votos menos que Calderón, apenas 0.56 décimas de punto porcentual.

No es sano que tengamos un Presidente que no tiene una mayoría política. Eso es un peligro para la república. Debemos separar al Jefe de Estado del Jefe de Gobierno, a fin de que éste último siempre tenga una mayoría política que lo respalde y que le permita gobernar. No podemos caer en la parálisis política y gubernamental, como sucedió en 1910 con Madero, lo que nos llevó a una revolución.

No es sano que los diputados que gobiernan la Cámara Baja y se apoderan de las comisiones sean los que llegan por la vía cómoda de la representación proporcional, que nunca se enfrentaron a la necesidad de conseguir un voto directo, de pasar por la prueba de las urnas.

¿Qué hacer? ¿Por dónde empezar? Podemos seguir haciendo el recuento de lo que está mal, de lo que no sirve, de lo que nos avergüenza, de lo que nos humilla, de lo que degrada a la República. Pero no es el objetivo construir un muro de lamentaciones, ni caer en el victimismo o en sacar un paño de lágrimas. El objetivo es Rescatar a la República.

Hay cinco cosas que se deben hacer inmediatamente y que deben convertirse en la Agenda Urgente:

1. Alinear al gobierno y a la sociedad, incluidos los partidos políticos, las empresas, los sindicatos, los medios de comunicación, las universidades y todo el sistema educativo y a las iglesias, a las fuerzas armadas y cuerpos policiacos a un comportamiento ético, donde se respete la palabra, donde se castigue la mentira, donde se castigue la corrupción, donde no haya impunidad, donde quien la haga la pague, donde los intereses y privilegios estén por debajo de los principios, los ideales y los valores. Como dijimos, sin ética no hay país. No podemos permitir que haya sospecha sobre la legitimidad del Presidente de la república porque un presidente débil debilita a la nación. No podemos permitir el cinismo del “haiga sido como haiga sido”. No podemos permitir que la única forma de hacer negocios en México sea mediante el “entre” con las autoridades. Al país le urge una renovación moral, pero no como la de mentiritas que ofreció De la Madrid y que sólo desgastó más la palabra y la credibilidad.

Ahora él mismo se escandaliza de la corrupción que él mismo prohijó, pues Salinas es su hijo político. Requerimos una cultura de “tolerancia cero” a la violación de principios, desde los comerciales que utilizan las empresas para promocionar sus productos, desde las telenovelas, desde el comportamiento de los medios de comunicación, desde el ejemplo que dan las autoridades. Es inaceptable que el Presidente de la República haga tratos y se tome fotografías con el Gober Precioso, con la Mafiosa Sindical Elba Esther Gordillo o con lo peor de la clase política, sólo por así convenir a sus intereses. El precio que se paga es muy alto, porque se le da un mensaje de permisivismo a la República. Si el Presidente se roba una elección, porqué no la gente va a secuestrar o traficar drogas. No hay distinción entre la violación de principios. La línea no puede ser la maquiavélica del “fin justifica los medios”.

2. Leyes inteligentes que separen principios y reglas. Una constitución consensada que recoja los valores republicanos de la Carta Magna de 1824, los valores liberales de la Constitución de 1857 y las conquistas sociales de la Constitución de 1917. Donde no se puedan modificar los principios sin convocar a un Constituyente, pero que las reglas se puedan ir adecuando al cambio de las circunstancias y a las necesidades sociales, políticas y económicas del momento. Una Constitución que no sea un parche o el capricho del Presidente en turno. Una Constitución consensual que respete el espíritu de la República y que nos de un Proyecto de ación, que condense los Sentimientos de la nación, el Sueño Mexicano. Leyes que aranticen que los principios, ideales y valores estén por encima de los intereses, privilegios y caprichos. Leyes lo más universales y permanentes posibles en lugar de las leyes parchadas y llenas de excepciones que tenemos n la actualidad. Leyes claras y no confusas.

3. Tener un gobierno fuerte, no autoritario, ero capaz de someter a los grupos de poder y de nterés legítimos y sobre todo capaz de combatir los grupos ilegítimos. Un gobierno que no sea íctima del chantaje. Un gobierno que someta a os grupos al interés de la República y a la ética. n gobierno que no se arrodille o avergüence ante las potencias extranjeras como hizo Calderón frente a China. Un gobierno que tenga autoridad moral y que tenga al interés nacional, como su única guía. Un gobierno legal y legítimo, con autoridad moral.

4. No subsidiar la ineficiencia. Estamos hipotecando el futuro del país cuando el gobierno subsidia a más de 30 millones de mexicanos, uno de cada tres. Es un crimen a la patria subsidiar la ineficiencia. Es un buen negocio político: someter en la pobreza y la miseria a grandes contingentes de mexicanos para que sean un jugoso negocio electoral para el PAN, el PRI y el PRD, pero es una vergüenza y sobre todo es inhumano.

No tienen ética al hacerlo. No se debe dar el pescado, sino enseñar a pescar. El gobierno no debe estar dando subsidios a la gente para “combatir” la pobreza, sino debe darles educación y empleo para que sea la misma población, con dignidad, quien resuelva sus problemas de vivienda, de alimentación, de vestido, de transportación. El gobierno no debe seguir castigando fiscalmente a quien produce, a quien crea empleos, a quien exporta a cambio de darle esos recursos, vía subsidios, a parásitos sociales. Se debe subsidiar a quien estudia, a quien trabaja, a quien invierte, a quien crea empleos, a quien exporta, a quien es competitivo y productivo, a quien investiga.

El gobierno da trato de delincuentes a quienes viven en la legalidad, para tolerar a quienes viven en la economía negra, pirata, en la informalidad. La economía chueca ya supera a la economía derecha por esta deformación de las autoridades, hemos llenado las banquetas y las plazas públicas de vendedores ambulantes y hemos sacrificado al comercio formal, a las industrias, a la investigación y desarrollo, a la ciencia y la tecnología, a la educación. ¿Qué
modelo de país estamos armando? El Mapa Genético del Secuestrador que acaba dar a conocer la SSP los secuestradores vienen de una familia disfuncional, muchas veces son adictos a las drogas y su ocupación más frecuente es la de comerciante informal o chofer.

5. Requerimos mecanismos de redistribución del poder y de la riqueza, porque dinero llama dinero y pobreza llama pobreza. Es obligación del gobierno, por la vía fiscal y por la vía de la educación, atemperar las desigualdades e inequidades. Pero la mejor manera de redistribuir es a través de una revolución educativa. No es quitándole al rico para darle al pobre, no es, tampoco, como dicen los neoliberales, primero hacer el pastel para luego distribuirlo. Se requiere que el pastel se vaya redistribuyendo en la misma medida en que se va produciendo, porque una vez que el dinero cae en la bolsa de Slim ya no se redistribuye. No podemos tener un país donde tenemos al segundo hombre más rico del mundo y donde México tiene a 10 de los multimillonarios a nivel mundial y del otro lado tener a 60 millones de pobres.

El mejor mecanismo de evolución y movilidad social es la educación y la educación pública, donde podemos tener, como en los 50´s y 60´s, al hijo de un multimillonario o un político poderoso, al lado del hijo de un campesino o un obrero. Los gobiernos neoliberales le han apostado a la destrucción de las Universidades Públicas, por la vía de ahogarlas presupuestalmente, a cambio de favorecer ya no digamos a las Universidades privadas, sino a las universidades patito o changarreras. Tan sólo en Puebla se registraron más de 400 universidades patito por la falta de presupuesto a las Universidades públicas, las cuales no tienen cupo para atender la demanda educativa. Invertir en educación es hacer patria, es invertir en el país. La educación es la que va a garantizar una mejor sociedad, el cambio económico y un mejor sistema político.

La educación debe ser la prioridad y por lo tanto no se puede permitir que la educación esté bajo el control de una mafiosa cuyo interés no es educar a los mexicanos sino utilizar a la educación como un botín político y como un chantaje permanente a las autoridades. ¿Qué le debe Calderón a Elba Esther, porqué se convirtió en su rehén, qué le sabe, en qué le ayudó al fraude electoral, porqué le da a cambio la Lotería Nacional y una subsecretaría e incluso le concede la cabeza de la Secretaria de Educación?

Esto es un crimen contra la patria. Son 5 medidas muy sencillas: ética, leyes, gobierno, subsidiar la eficiencia y educación. Lo que sacó a Japón fue la mentalidad Samurai donde el líder debe tener dos cualidades:

1. Ser impecable (incorruptible).
2. El interés nacional por encima de cualquier otro (y el valor y el coraje para someter a todos los grupos a ese interés). Calderón no cumple ninguna de esas dos cualidades. Por eso es un mal líder y por eso ha ido de desatino en desatino y ahora acaba de perder las elecciones intermedias y se acaba de convertir en un Presidente de minoría, encabezando un gobierno dividido, que no tiene la fuerza de hacer las reformas que requiere el país y sacar a México de la parálisis legislativa y gubernamental, lo cual va a tener un alto costo político, social y económico. ¿Puede darse el lujo México de tener 3 años perdidos?

El país está viviendo una sucesión presidencial adelantada, donde muchos dan por supuesto que Enrique Peña Nieto será el próximo presidente de la República, porque ya recibió la bendición de Televisa, de los grupos empresariales, de Salinas, de Estados Unidos y de los grupos de poder, aunque todavía dentro del mismo PRI lo están boicoteando y saboteando los grupos enemigos de Beatriz Paredes, de Manlio Fabio Beltrones, del Gober Precioso y de Fidel Herrera. Antes el tercer año era el “Año del Presidente”. Era cuando estaba más fuerte, cuando tenía el control de todos los hilos del poder, cuando ponía a su clase política, cuando se apoderaba del Congreso, cuando imponía a sus gobernadores y cuando podía hacer su obra histórica.

Hoy día, Calderón es un presidente damnificado, al que se le acaba de desbaratar su partido, el que no tiene una mayoría legislativa, el que no ha podido imponer gobernadores, el que no puede ni siquiera en soñar en hacer una obra histórica.

¿Debe renunciar? Opinamos que debe convertirse en el catalizador del cambio. Debe elegir entre:
- Sus intereses y componendas con los grupos de poder y de interés o el interés de la República.
- Pasar a la historia como quien salvó a México o como un Presidente basura.
- Flotar como corcho en la presidencia y devolverle el poder al PRI en 2012 o sacrificarse para hacer los cambios que requiere México, al costo político que sea.

Sólo él puede elegir, la decisión está en sus manos.
La República espera.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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