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domingo, marzo 08, 2009

El Día Internacional de la Mujer: muchas palabras, pocos cambios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La luna perdió la primera batalla contra el sol cuando se difundió la noticia de que no era el viento quien embarazaba a las mujeres.
Después, la historia trajo otras tristes novedades:
la división del trabajo atribuyó casi todas las tareas a las hembras, para que los machos pudiéramos dedicarnos al exterminio mutuo;
el derecho de propiedad y el derecho de herencia permitieron que ellas fueran dueñas de nada;
la organización de la familia las metió a la jaula del padre, el marido y el hijo varón;
y se consolidó el Estado, que era como la familia pero más grande.
La luna compartió la caída de sus hijas.


Eduardo Galeano

Eran costureras. Y socialistas también. Se llamaban Clara Zetkin y Kathy Duncker. En 1910, durante el primer Congreso Internacional de Mujeres en Copenhague, Dinamarca, propusieron un día para homenajear a las mujeres trabajadoras que luchaban contra la injusticia, buscaban la equidad y no se arrostraban ante el poder de los patrones ni ante el machismo de los obreros. El tiempo pasó: Clara y Kathy murieron y el 8 de marzo (rememorando una huelga de mujeres en Estados Unidos) quedó instituido en diversas asociaciones socialistas y sindicales como el Día de la Mujer.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), que se creó en 1945, se tardó (tiene la mala costumbre de siempre llegar tarde) unos cuantos lustros en formalizar su adhesión a la lucha por los derechos de las mujeres: el Día Internacional de la Mujer se adoptó oficialmente hasta la década de los 70 (1977). Y es que quienes dirigían dicha organización “plural” y “democrática” eran hombres. Hoy lo siguen siendo: no ha habido ninguna secretaria general de las Naciones Unidas.

En México, las mujeres son homenajeadas (como en casi todo el mundo) el 8 de marzo. Los gobiernos gastan algunos centavos para organizar foros, invitar a mujeres destacadas a dar charlas, preparar cenas y mandar cartas de felicitaciones. Los funcionarios públicos preparan discursos para vanagloriarse de los logros alcanzados en “materia de equidad”, de “la lucha contra el machismo” y a “favor de la mujer”. Eso pasa todos los 8 de marzo. El resto del año, la equidad de género se olvida. Y también se borran las palabras pronunciadas el Día Internacional de la Mujer.

Las mujeres en México son vejadas, humilladas y discriminadas. En muchas fábricas, los salarios de los hombres son superiores a los de las mujeres, aunque ambos hagan el mismo trabajo. En el terreno político, los machos ceden poco y lo hacen muy lentamente: en todos los estados de la República, ningún Congreso local tiene mayoría de mujeres. Lo mismo sucede en las cámaras de Diputados y de Senadores. Nunca ha habido una presidenta en el país y sí muy pocas candidatas a dirigir los destinos de la nación. La historia nos muestra que en México solamente cinco mujeres han gobernado una entidad federativa. Casi todas las alcaldías de la República están ocupadas por hombres. Esta situación no impide que el 8 de marzo, funcionarios públicos de todos los niveles y de todos los estados afirmen que la equidad de género es un hecho, un logro, una conquista.

Hay municipios de la República donde matar mujeres, aunque sea delito y esté penado por la ley, no se castiga. Es el caso de Ciudad Juárez: más de 500 mujeres han sido brutalmente violadas y asesinadas en esa ciudad, y las autoridades no han sancionado a quienes perpetran dichos crímenes. Incluso, el actual embajador de México en Canadá, Francisco J. Barrio Terrazas, cuando era gobernador de Chihuahua, culpabilizó a las mujeres de seducir a la muerte: argumentó que cientos de chicas caminaban por sitios oscuros y “se vestían de manera provocadora”, con minifaldas. Esto no le impide a Barrio Terrazas, todos los años, celebrar el Día Internacional de la Mujer.

En marzo de 2007, una anciana fue violada y asesinada en la comunidad de Tetlatzinga, en Veracruz. Los agresores fueron elementos del Ejército Mexicano. No hay nadie detenido por este lamentable hecho. La víctima se llamaba Ernestina Ascención Rosario: era pobre, era indígena, era anciana y, además, era mujer. Felipe Calderón argumentó que había muerto de una gastritis mal atendida. José Luis Soberanes, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, lo secundó. Calderón y Soberanes homenajearán a las mujeres el 8 de marzo. Cada uno dará intensos discursos en contra de la violencia de género.

El Día Internacional de la Mujer dura 24 horas: se terminará cuando el último segundo del día fenece. Este 8 de marzo será una jornada de muchos discursos a favor de la equidad de género. Sin embargo, las palabras no erradicarán ni las vejaciones ni las humillaciones hacia las mujeres. A los funcionarios públicos se les olvidarán las promesas dichas. Habrá el próximo año otro Día Internacional de la Mujer y volverán las grandilocuencias y las frases que pugnen por la equidad de género y la erradicación de la violencia hacia las mujeres. Los “logros” se alardearán. La realidad no cambiará.

jorge_naredo@yahoo.com

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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