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lunes, marzo 16, 2009

Crónica de una batalla tapatía (Atlas vs Chivas)

César Huerta
Extensión Medios

L
a tarde caía en la ciudad de Guadalajara, poco a poco el domingo tomaba relevancia, el día anhelado había llegado, la calzada independencia era un atolladero. Pero algo no cuadraba, no estaba bien, no era el tráfico de siempre, esta vez todo se debía a la batalla que se vive en la metropolí tapatía. Atlas vs Chivas desplegaban los carteles de los bares de la ciudad. Camisas por aquí y por allá. Unas rojinegras, otras rojiblancas. Los rivales se miraban con recelo, desde la mañana, en la fila de las tortillas.

Poco a poco se acerca la hora. El estadio Jalisco luce de maravilla. Pero que importa, los de rojo y blanco ya tienen nuevo estadio, pareciera ser este juego su último clásico en ese majestuoso lugar. Mientras los de rojo y negro sufren desde hace tiempo dicen los períodicos de problemas economicos. Pero la afición sigue ahí, a pesar de los más de cincuenta años sin salir campeón.

Los alrededores del Jalisco se llenan de gente y de camisas rivales. Hay problemas, algunos heridos, los policias se mueven rápido, con cautela pues hay que tener cuidado con los que viven, sueñan y se alimentan de fútbol.

Y da inicio el partido, se mueve la pelota y la gente grita, brinca y mueve al estadio de 49 años de antiguedad. Rispido juego, tácticas interesantes, técnicos al filo de su zona dirigen instrucciones, jugadores van de aquí allá. Y sucede lo inesperado, la expulsión del arquero Atlista. La gente rival festeja, los aficionados rojinegros se miran entre sí, nadie nunca lo imaginó así. El partido transcurre, los rojiblancos mueven la pelota, disparan al arco rival. Atlas se protege, tira la pelota lo más lejos posible. Los cantícos de las barras retumban de ambos bandos. El arbitro "tirano" tocá su silbato, anuncia el término de la primera mitad.

En la segunda parte, la misma cantaleta. Los rojiblancos ansían meter el gol, saben que tienen superioridad numérica pero eso a los rojinegros les vale, son fuertes, resisten todos los embates. El tiempo transcurre, se acerca el final. El reloj marca el minuto 40 del segundo tiempo. Parece un empate aburrido, sin goles. Nadie lo puede creer.

Pero sucede lo inesperado y en un tiro libre, Héctor Reynoso jugador del Guadalajara empuja a su acerrimo rival Ismael Fuentes en el área chica. El arbitro "tirano" de los rojinegros se convierte en el salvador del equipo. Marca el penal y la gente de colores rojinegros se desborda en felicidad. Marioni, capitán del equipo Atlas acomoda el balón en el punto penal, la gente lo mira, de un lado hay buena vibra, del otro toda la sal. Un, dos, trés, Goooool se escucha en el graderío. Las banderas rojinegras salen a la vista, se despliegan entre las camisas rojiblancas. Atlas en el minuto 45 se lleva el partido, después de casi 4 años de sequía. El clásico tapatío dice fin. al menos por el día de hoy.








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