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domingo, febrero 01, 2009

Jorge Gómez Naredo ::Nuevas amenazas contra los habitantes de Temacapulín::

Foto: Cesar Huerta/Extensión Medios


JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

César Coll Carabias se ha caracterizado, desde que se dedica a ser funcionario, por su insensibilidad, su desdén y su forma tan torpe de tratar los asuntos públicos. No pocas veces, cuando fue presidente municipal de Guadalajara, se le tildó de fascista, inepto y de un sinfín de adjetivos nada positivos. Ahora, después de unos años de “experiencia” en la administración pública, Coll continúa siendo insensible y tratando con desdén y de manera torpe a los diversos grupos sociales que se oponen a alguna decisión gubernamental.

El lunes pasado, cuando se le cuestionó sobre el estado de las “negociaciones” que supuestamente se entablaron con vecinos de Temacapulín para que éstos vendan sus casas, se vayan a otro lugar a vivir y se pueda así construir la presa El Zapotillo, el director de la Comisión Estatal del Agua (CEA) mencionó que esa información se la reservaba para evitar violencia en la zona, pues los de Temaca son agresivos: “desgraciadamente ha habido manifestaciones violentas por parte de un grupo de gente que está ahí, inclusive gente ajena totalmente a los habitantes de Temacapulín. Y ha habido enfrentamientos verbales. Lo que no queremos justamente es que esto pueda provocar un problema de violencia que puede llegar no sé dónde, porque se puede decir cualquier cosa, de ahí se calientan los ánimos y puede desembocar en una tragedia. No lo queremos”. Sí, el civilizado (y psicólogo social) director de la CEA esconde información (que seguramente mostrará los pocos resultados de la “negociación”) para impedir que los incivilizados, los violentos, los salvajes habitantes de Temaca se maten. Coll debería ser postulado a un premio por la paz: seguro lo ganaría.

Dos días después de estas apacibles declaraciones de César Coll, su par nacional, el director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Luege Tamargo, visitó el estado de Jalisco y se reunió con el gobernador y demás miembros ilustres (entre ellos, por supuesto, César Coll).

José Luis Luege Tamargo, durante su gestión como presidente del Comité Ejecutivo del PAN en el Distrito Federal, se caracterizó por sus constantes ataques a Andrés Manuel López Obrador: el panista tachaba al entonces jefe de Gobierno del DF de populista, de hacerle daño a la ciudad de México y de decir sí cuando debería decir no y decir no cuando se suponía debía decir sí. Siempre amenazaba, siempre intimidaba. Se quejaba de todo. Cuando López Obrador hablaba de él, le nombraba el “líder de los pirrurris”. Luege Tamargo no ha dejado de ser pirrurris, pero sí se encuentra ahora dedicado a otros menesteres: amenaza e intimida a los habitantes de Temacapulín.

Con su habitual sonrisa, Luege Tamargo declaró que la presa de El Zapotillo va y que los habitantes inconformes de Temacapulín, Acasico y Palmarejo (los pueblos que serían inundados con dicho embalse) deberían aceptar los ofrecimientos de la CEA: “Tiene que ser este mes, porque nosotros estamos en una fase que de no resolverlo [es decir, si no venden sus propiedades los de Temaca] tendríamos que ir por la expropiación y desde luego que jurídicamente tendríamos también que llevar los juicios que se abran”. ¿Acaso esto no es una amenaza?, ¿no es decirle a los habitantes: o se van o los echamos?

La parte que busca construir la presa está conformada por dos actores: los visibles y los invisibles. Los visibles son las administraciones de Jalisco, Guanajuato y la federal. Los invisibles son empresarios de León que buscan que se edifique la presa para que sus industrias no se queden sin agua y continúen, ellos, colaborando con el “progreso” del país. Las autoridades (es decir, la parte visible), siempre argumentan que las negociaciones van bien, que los habitantes de Temacapulín ya están cediendo, que pronto se solucionará el conflicto, etcétera. Pero la información que muestra ese ir “muy bien” se reserva y se esconde.

Esta lucha entre los habitantes de un pueblo y una triada de gobiernos (presionados por intereses empresariales), se mira desigual. Difícil. Es complicado para los de Temaca. Pero la lucha se mira heroica y no imposible de ganar. La organización se ha dado, nadie quiere vender y nadie quiere irse; muchos de Temaca lo dicen muy claro: “solamente nos van a sacar muertos”. La fortaleza está en el pueblo, y eso, dentro de los gobiernos panistas, es algo que no se entiende.

Luege Tamargo, en su alocución el jueves pasado dijo: “Toda obra tiene impactos, pero por otro lado muchos beneficios. La gente que se pueda ver afectada [es decir, los de Temaca, Palmarejo y Acasico] a la vez se beneficia, al estar junto a un gran cuerpo de agua. No solamente es la restitución de tierra, propiedad e indemnización, sino es la posibilidad de una actividad muy importante durante la construcción y luego toda la parte ecoturística”. Solamente que Luege Tamargo no entiende que los de Temaca no quieren ser microempresarios ecoturísticos; lo que ellos buscan es simple: seguir viviendo donde siempre han vivido, habitar donde sus muertos reposan y donde están sus recuerdos y sus esperanzas. ¿Cómo hacerle comprender este sentir a un tecnócrata (y pirrurris) como Luege Tamargo?

jorge_naredo@yahoo.com



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

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