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jueves, octubre 16, 2008

Opinión - Jorge Gómez Naredo

Publicado en La Jornada Jalisco, el 16 de octubre de 2008

En defensa de Pemex: la última llamada

Jorge Gómez Naredo

Vivimos en el país de las crisis. Crisis económica: el peso se devalúa frente al dólar y las medidas tomadas por el gobierno federal resultan erradas y caóticas (por decir lo menos); el desempleo crece y crecerá aún más con el arribo de miles de mexicanos expulsados de Estado Unidos por falta de trabajo; la inflación, aunque silenciada por el Banco de México, se deja oír en los bolsillos de la gente. Crisis política: Felipe Calderón llegó a la presidencia carente de legitimidad y, después de dos años de haber asumido el poder, continúa sin legitimidad, gobierna sin legitimidad y administra sin legitimidad. Crisis educativa: maestros de Morelos deciden rebelarse contra los acuerdos cupulares tomados por los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Su insolencia es reprimida: se les golpea, se les intimida, se les criminaliza. Mientras esto pasa, la presidenta del SNTE regala a sus allegados lujosas camionetas Hummer para que cumplan sus arduas labores. Crisis de seguridad: la mayoría de las policías están infiltradas por el narcotráfico. El crimen organizado guerrea: un día hay muerte, ejecuciones y masacres; al siguiente hay muerte, ejecuciones y masacres, después persiste la muerte, las ejecuciones y las masacres. No se sabe cuánta gente en el gobierno, en el ejército y en las corporaciones policíacas tiene vínculos con diversos cárteles de la droga. Ante este grave problema, el gobierno calderonista se pavonea de estar ganando la batalla contra el narcotráfico.

En este contexto de falta de oportunidades, descontento, corrupción e inseguridad, Felipe Calderón, el PAN y el PRI buscan privatizar Pemex: quitarle a la nación sus últimos recursos naturales y provocar con ello un estallido social de proporciones mayúsculas.

El día de ayer, Andrés Manuel López Obrador celebró en el Hemiciclo a Juárez, en la ciudad de México, una asamblea informativa con carácter de urgente. Su discurso significó una última llamada para que, quienes buscan privatizar Pemex, se detengan. En el Congreso de la Unión se están discutiendo los dictámenes de la mal llamada reforma energética. De la propuesta de Felipe Calderón queda poco. Muchos puntos que presentó el Frente Amplio Progresista (conformado por el PRD, PT y Convergencia) se han incluido. Sin embargo, existen propuestas del PRI y del PAN que pretenden, encubiertamente, la privatización de Pemex. Por ejemplo, los llamados contratos incentivados. Ayer López Obrador fue claro y argumentó que no se permitirá la creación de filiales de Pemex, los contratos de riesgos, un régimen de excepción administrativo para la paraestatal ni la asignación de áreas del territorio a compañías privadas para la exploración y perforación de pozos petroleros.

Quienes buscan privatizar Pemex han perdido todas las batallas: no lograron aprobar la reforma de Calderón con un albazo legislativo y en los debates celebrados en el Senado, sus argumentos fueron claramente refutados. Pero son tercos, recalcitrantes: su ambición es inconmensurable. El discurso de López Obrado fue la última llamada. Si persisten en la aprobación de una reforma energética privatizadora, anunció el ex Jefe de Gobierno del DF, la resistencia actuará enérgicamente. Y mencionó: "pido a los brigadistas de todo el país que informen y organicen a sus grupos, y que estén atentos a cualquier llamado para movilizarnos y llevar a cabo acciones de resistencia civil pacífica".

Las palabras de AMLO fueron la última llamada a la concordia y a la cordura. Se ha evitado, con la toma de las tribunas, la adelitas movilizadas (siempre alegres y siempre activas) y los debates en el Senado, la privatización de la paraestatal. Pero aún queda la ambición de los potentados, de quienes impusieron a Felipe Calderón en la presidencia: y no es poca cosa. Por eso, el mitin de ayer en el Hemiciclo a Juárez fue, sin duda, la última llamada. Ojalá allá, arriba, lo entiendan.

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