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lunes, octubre 13, 2008

El peor de los escándalos que vive nuestro país no es el caos perredista, sino lo que está pasando con Pemex.

Alvaro Cueva
Milenio Diario


El peor de los escándalos que vive nuestro país no es el caos perredista, sino lo que está pasando con Pemex.

¿Qué? Quién sabe. Me da mucha pena tener que decirlo así pero, tanto nuestras autoridades, como sus enemigos están manejando tan mal el caso Pemex que ningún ciudadano común y corriente puede decir que sabe con exactitud de qué se trata todo este cuento.
Unos dicen que quieren privatizar Pemex. Otros, que se busca establecer alianzas con compañías extranjeras para explotar nuevos yacimientos.
Y en medio, que si hay un tesoro escondido bajo el mar, que si el presidente Calderón le quiere dar la más grande de las satisfacciones a las fuerzas neoliberales, que si vamos a terminar importando petróleo como ahora importamos maíz, que si el petróleo seguirá siendo nuestro, que si no.

¿Por qué le digo que éste es el peor de los escándalos que está viviendo nuestro país?

Porque por triste que suene y a pesar de experiencias tan terribles como las del sexenio de José López Portillo, México depende del petróleo de una manera enferma.
Si no fuera por Pemex, este país no sería ni la mitad de lo que es, careceríamos de servicios públicos, tendríamos menos seguridad, no habría programas de salud, de educación ni casi nada de nada.
Que algo esté pasando con Petróleos Mexicanos, sea lo que sea, equivale a poner en riesgo no nuestro futuro, nuestro presente, porque, para acabarla de amolar, en los últimos años la productividad de esa paraestatal ha estado descendiendo.

¿Qué es lo que se tiene que hacer en este caso? Primero, una reunión con las fuerzas más grandes de nuestra nación para corregir esta dependencia.

No puede haber nada más estúpido que encargarle un país al petróleo cuando el mundo entero sabe que las reservas de ese hidrocarburo no van a durar para siempre.
No por nada las potencias petroleras del Medio Oriente están invirtiendo en otras industrias, como la turística, para tener de qué vivir en los siglos por venir.
Y segundo, ser claro. Si a Pemex se lo está llevando la tristeza porque en los últimos sexenios no hubo visión para actualizarla, que se diga.

Si no, que también se aclare qué es lo que está pasando porque si de hacer perforaciones profundas se trata, no sólo existe la solución de establecer alianzas con compañías privadas.
De hecho, no es la única solución que hay. Está documentado que las compañías petroleras eficientes pueden desarrollar tecnología o rentarla de países como Noruega sin tener que aliarse con nadie.
Aquí entra la parte de la privatización. Así como una mujer no puede estar medio embarazada, una empresa pública no puede ser medio privada. O se es una cosa o se es la otra.

Sería el colmo que el gobierno privatizara o medio privatizara Pemex. ¿Por qué? Porque entonces la pregunta más lógica que cualquier persona se haría es: ¿Entonces qué va a hacer el gobierno? Si no sirve para Pemex, ¿entonces para qué sirve?
Ningún país puede tener un gobierno bueno para nada y el nuestro se está quemando solo con situaciones como la del petróleo.

¿Quiere pruebas? La campaña mediática El tesoro de Pemex.

¿Puede existir algo más mediocre que eso? Es un paquete de spots como para regresar a la secundaria a sus responsables.

El tesoro de Pemex comienza lavándole el cerebro a la gente con frases como las que se usan cuando se va a estrenar un programa de concursos.
Posteriormente la voz de un narrador, entonada como en radionovela de 1948, nos pone de ejemplo a seguir en la vida a un país que ha batallado mucho para salir adelante como Brasil.
Luego viene un montón de afirmaciones sin resolver como "afortunadamente, como ya lo hacen otros países, México puede establecer alianzas". ¡Pero nunca se dice con quién!
Al final, sin la más mínima lógica narrativa, los spots dicen que si Pemex le entra al tesoro, habrá más hospitales, medicinas, empleos y carreteras.

O sea, si usted va hoy a su clínica pública y no le dan medicamentos es por culpa de Pemex. ¡Bravo!
No y ni hablemos del contraste entre la manera como se está manejando esto en la televisión mexicana y lo que se dice en la televisión extranjera porque es alarmantemente diferente y ahí sí nos suicidamos.

En resumen, México no tiene un tesoro bajo el mar, tiene un problema.¿Cuándo lo vamos a resolver? ¿Cuándo?

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