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miércoles, abril 29, 2009

«La epidemia es grave, pero no es para tanto» Asturianos que viven en México, entre ellos Paco Ignacio Taibo, y viajeros que vuelven al Principado rel

Asturianos que viven en México, entre ellos Paco Ignacio Taibo, y viajeros que vuelven al Principado relativizan la importancia de la enfermedad

29.04.09 -
Paco Ignacio Taibo./ P. UCHA
Hay más tranquilidad en México D. F. que en España. «La epidemia es grave, pero no es para tanto», dice el escritor Paco Ignacio Taibo, quien explica que en una ciudad de veinte millones de habitantes son 2.000 los afectados. Eso sí, él, como todos, sale a calle «con tapabocas», pero no tiene ningún miedo: «Ha habido una situación de pánico, porque se informó de manera caótica y está suspendida buena parte de la vida, no hay actividades, públicas, escuela...», señala el escritor gijonés.

La vida está suspendida. Sí. Tanto que el Centro Asturiano de México ha cerrado sus puertas estos días para evitar que la epidemia se extienda. «Hay más que nada un susto general, el centro está cerrado por la contigencia, pero aquí estamos todos bien sanitos, por lo que sabemos nadie está enfermo», decían desde la casa regional de la capital mexicana.

Lejos de D.F. la situación se parece más a la que se vive en Asturias: «En Monterrey tan sólo hay una chica fallecida, pero era porque había estado en la capital», cuenta Lina Restrepo, mujer de un emigrante avilesino que reside en México desde hace 4 años. «Nosotros lo que hacemos es lavar la ropa cada vez que venimos de la calle y estar continuamente lavándonos las manos». Cuenta que su marido, Roberto Maseda, pensó en volver con la familia a España, pero ella le convenció de que «los aeropuertos son más peligrosos».

Al menos son más liosos, o eso es lo que piensa ahora Alberto Lombardía, director comercial de la empresa asturiana Espiral MS. El pasado domingo regresó de la capital de México tras realizar una presentación para clientes locales. «Para subir al avión en D.F. rellenamos unos papeles que nos preguntaban si teníamos síntomas. Al llegar a Barajas el avión fue retenido y subió a bordo gente de Sanidad, nos hicieron más preguntas y nos pidieron datos de contacto por si acaso. Pero nadie nos puso un termómetro», relata.

Lo peor para él, que no teme a coger la enfermedad: -«es una gripe y en España hay medicamentos para curarla»- es el miedo que ha generado entre quienes le rodean: «Aun no le he dado un beso a mi hijo de 4 años. Mi mujer, que tampoco se acerca a mi, es la que está más preocupada. Ella y las de mis amigos. No les dejan acercarse» y ríe.


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