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miércoles, septiembre 10, 2008

Opinión - Jorge Gómez Naredo

Artículo publicado en El Occidental, el 8 de septiembre de 2008


Corrupción y gobierno: el caso de Pemex

Jorge Gómez Naredo

jgnaredo@hotmail.com

Todos los días se habla de corrupción. Las autoridades municipales, estatales y federales repiten “lucha contra la corrupción”. Alcalde, gobernadores, secretarios de Estado y el “presidente” (de facto, más no legítimo) se llenan de verborrea y sus discursos versan sobre el combate a la corrupción: que no es posible, que ya basta, que pronto se eliminará, que ya casi está fuera de las administraciones públicas, que se le destierra, que nunca más, que habrá castigo para los que incurran en actos venales. Eso dicen, insisten y reiteran. Pero los hechos demuestran lo contrario.

El domingo 31 de agosto, reunido con decenas de miles de personas en el monumento a la Revolución (en la ciudad de México), el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador dio a conocer un caso de corrupción en Pemex. Reveló que en 2004 la paraestatal compró a la empresa noruega Bergensen el buque El señor de los mares, con valor real de 230 millones de dólares, en nada más y nada menos que mil 135 millones de dólares. Es decir, el “barquito” salió bastante caro.

El martes hubo una respuesta institucional. Pemex catalogó las acusaciones de López Obrador de “irrisorias”. Adujo que no hubo nada “irregular” en la compra del buque y agregó: “las acusaciones que se hacen carecen de sustento y buscan confundir, una vez más, a la opinión pública con información falsa”. Explicó que el costo de la embarcación fue de 758 millones de dólares: un pago inicial del 50%, más 180 mensualidades fijas con una tasa de interés del 12% anual. Además, indicó, se erogaron 377 millones de dólares por gastos administrativos. Es decir, sumado todo, la cifra que había dado a conocer el ex candidato presidencial. Por eso, dijeron las autoridades de Pemex, nada anormal: todo dentro de la ley.

El jueves pasado, sin embargo, López Obrador insistió que la compra del buque El señor de los mares había sido irregular. Y dio argumentos: la empresa Blue Marine, de Antonio Juan Marcos Issa (ex coordinador de asesores de la dirección de Pemex durante los sexenios zedillista y foxista) y Juan Reynoso Durand había participado en la compra como contratista. Eso explica, argumentó el ex jefe de gobierno del DF, el alto precio de la embarcación. Antes de conocer estos datos dados por López Obrador, Carlos Ramírez Fuentes, gerente corporativo de Comunicación Social de Pemex, había señalado en un diario de circulación nacional que “sumados los tres conceptos, el costo del artefacto naval, más el costo financiero a 15 años, más el costo a 15 años de la operación y mantenimiento, llegamos a mil 135 millones de dólares”. Además, mencionaba en tono de mofa: “Tal vez la confusión podría resolverse consultando un libro elemental de finanzas. Ahí se describe la diferencia entre hacer una operación a plazos, como por ejemplo la compra de una casa a un plazo de 15 años, y una operación al contado”.

No cabe duda que los señores que actualmente administran Pemex piensan que todos los mexicanos somos idiotas, personas que no reflexionamos, que no sabemos sumar y que todo lo que nos dicen lo aceptamos como ley. Además, se burlan. Es grande su cinismo. Por supuesto que la operación para comprar el buque El señor de los mares fue fraudulenta, pues en ella participaron contratistas que eran asesores en la misma empresa y se infló el precio cinco veces su valor real. Algo penado por la ley. Y claro, los contratistas-funcionarios recibieron por “conseguir” la embarcación a la paraestatal (que lo pudo hacer sola) una buena cantidad de millones de dólares. Esto, sin duda, se llama corrupción. Sin embargo, el gobierno federal no castigará estos actos de clara venalidad en la paraestatal. No lo ha hecho con los contratos ilícitos que Juan Camilo Mouriño otorgó, cuando era funcionario de la Secretaría de Energía, a empresas familiares.

Los discursos en contra de la corrupción son eso: simples y llanos discursos. Las acciones para erradicar este mal que azota al país son casi nulas. Y es, hasta cierto punto, normal: Felipe Calderón llegó a la presidencia gracias a un fraude electoral, es decir, a la corrupción. Por eso, ¿qué se puede esperar de él para combatir este mal? Absolutamente nada. Su verborrea que versa sobre combate frontal a la corrupción es, simple y llanamente, cinismo. Puro, diáfano, total cinismo.

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