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domingo, julio 06, 2008

Opinión - Jorge Gómez Naredo

Artículo publicado en La Jornada Jalisco, el 6 de julio de 2008.



Ellos, quienes buscan privatizar Pemex

Jorge Gómez Naredo

jorge_naredo@yahoo.com

I

Quieren todo y van por todo. Sí, ellos, los que hace dos años cometieron un fraude electoral y usurparon la Presidencia de la República. Ellos, que se dicen honorables, institucionales y muy legales, quieren escamotear el petróleo a los mexicanos, dárselo en bandeja de plata (o de oro, más bien) a compañías extranjeras y así agrisar el futuro del país. Felipe Calderón los encabeza. Su estrategia es clara: convencer a la población, a través de costosísimas campañas mediáticas, de la necesidad de capital privado en Pemex. Mienten, sí, mienten a todas horas, en todas partes, por todos lados. Sus argumentos son endebles: todo se restringe a “no hay recursos”. Mueven la cabeza, se saben derrotados técnica y políticamente. Pero ellos quieren privatizar: por eso están ahí, por eso cometieron un fraude electoral, por eso usurparon la Presidencia.

II

No querían debate. No querían palabras. No querían argumentos. En un principio pensaron que sería fácil: rápido iban a aprobar su reforma petrolera (mal llamada energética). Fallaron los cálculos. Los diputados del Frente Amplio Progresista (FAP) tomaron las sacrosantas tribunas de las Cámaras de Senadores y Diputados y no se bajaron de ahí: “debate”, era su único pedimento. Los gruñidos, manotazos y bramidos hicieron acto de presencia: “¡qué indignidad!”, “¡atropello a la democracia!”, “¡no dialogan esos necios y renegados!”. Panistas y priístas (acompañados de los medios de comunicación en voz de los merolicos que a diario aparecen en la televisión) se enfuruñaron. Hicieron corajes, estaban coléricos. Al final aceptaron el debate. Y el debate, que no querían, que no deseaban, al cual se oponían, resultó, de un día para otro, “un ejercicio democrático” necesario para el país. Sí, así son ellos: es su comportamiento.

III

En los debates celebrados en la Cámara de Senadores, quienes buscan la privatización de Pemex han perdido, y lo han hecho, hasta este momento, estrepitosamente. Carecen de argumentos. Mienten siempre y dibujan un México funesto si no se aprueba la reforma petrolera. No ven más allá de las iniciativas presentadas por Calderón. No escuchan ni reflexionan, no admiten otras ideas, otras salidas, otras propuestas. Ellos quieren, a como dé lugar, entregar parte de la industria petrolera a los voraces capitales extranjeros.

IV

Saben que han fracasado en el campo de las ideas, de lo técnico y lo político. Por eso ya, desde ahora, comienzan a deslegitimar el debate. Arguyen, sí, ellos, los honorables, los institucionales, los muy legales, que la decisión es de los “representantes populares”, y que éstos pueden o no escuchar las voces de intelectuales, especialistas y peritos en petróleo que han desfilado como ponentes en las mesas de debate de la Cámara de Senadores. Tan claros están que hasta Felipe Calderón mencionó en España, hace algunas semanas: “yo incluso rescataría que hasta el momento no se ha disputado elementos centrales de mi propuesta”. A él y a quienes apoya la iniciativa para privatizar Pemex, simple y llanamente no les importa lo que se diga en los debates. Tienen claro su objetivo: vender los recursos energéticos de la nación.

V

Una consulta pública les produce miedo a quienes buscan vender Pemex. Saben bien el parecer del pueblo. Y el pueblo dice no, nunca: el petróleo es de los mexicanos y nada más. Punto. Así de fácil. Por eso descalifican desde ahora el ejercicio de preguntarle a la población ¿qué opina? Son contradictorios, pues en sus discursos se desgañitan repitiendo hasta el hartazgo que Pemex es de “todos”, pero en los hechos, jamás le darían voz a esos “todos” para que den su veredicto sobre lo que se debe hacer con Pemex. Se he llegado al extremo que el mismísimo director de la paraestatal, Jesús Reyes Heroles González-Garza, adujo que los mexicanos son demasiado ignorantes y que su opinión no merece atención. ¡Eso sí que es democracia! Pero qué podemos esperar de ellos, los que se robaron la presidencia: tan honorables, tan institucionales, tan legales.

VI

México no es de unos cuantos empresarios y políticos corruptos que pretenden subastar lo poco que le queda al Estado. Ellos piensan que son dueños del país, que puedan hacer lo que les venga en gana. Habrá que demostrar lo contrario. Habrá que alzar la voz, alzarla alto, alzarla fuerte, fiera, enérgicamente, para que se sepa, y quede bien claro, que el petróleo es de la nación. Aunque no les guste a ellos, los institucionales, los honorables, los muy legales.

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