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martes, diciembre 23, 2008

Una posada con la presencia del río santiago

Cesar Huerta
Extensión Medios
Enviado especial

Después de 10 meses del fallecimiento del menor Miguel Ángel López Rocha, periodistas realizaron una posada para los pequeños que habitan en el fraccionamiento la azucena.

En la colonia Bonito Jalisco perteneciente al municipio de el Salto y que cambia de nombre para atraer a los compradores de nuevas casas, se realizo una posada para los vecinos de esta colonia, donde el 13 de Febrero del 2008 muriera el pequeño Miguel Ángel López Rocha, que cayó al río santiago y murió por una intoxicación en la sangre debido al arsénico en su cuerpo.

En la población los niños muy sonrientes llegaron, y poco a poco llenaron la calle que permaneció cerrada con una camioneta propiedad de la estación de radio 1070 AM Tu voz al aire, una de las participantes a esta posada, en donde se repartieron muchos regalos y alimentos de primera necesidad.

Muy cerca de la orilla en la cual pasa el río santiago, donde en temporada de lluvias se presentan las inundaciones, en el hoy fraccionamiento “los tréboles” se observa a lo lejos la malla ciclónica que coloco el gobierno hace algunos meses y que intenta “separar” a los chicos del río santiago. Esos niños que disfrutaron de la fiesta, que sonrieron y que desde temprano hicieron fila, todos muy ordenaditos.

Judith una pequeña de tan solo 6 años, muy sonriente accedió a una entrevista, le regalo sus pulseras y un dibujo a la activista ambiental Mónica Pérez Taylor quien llevó regalos a los infantes. Judith argumentó que se había portado bien en todo el año y que no era traviesa, pero su amiga Ana “la chismosa” declaró en su contra: “ella me pelea” y en su defensa, sonrojada Judith contesto: “ella también me pelea”. Así que o todos coludos o todos rabones.

Como Ana y Judith muchos niños de bajos recursos que habitan estos fraccionamientos de espacios reducidos, sonrieron por algunos minutos pues recibieron regalos, atole, agua de sabor, y alimentos de primera necesidad para toda su familia.

Ahí estuvo el activista Raúl Muñoz, repartiendo regalos, organizando la posada y conviviendo con la gente que conoce bien y visita frecuentemente para escuchar sus problemas e intentar hacer algo con ellos, como lo hizo con los padres de Miguel Ángel López Rocha, que a sus escasos ocho años fue victima de un río contaminado y la negligencia de las autoridades.

La posada continuó, las piñatas se rompieron, los pequeñitos y los más grandes de edad disfrutaron, pero se hizo tarde y los mosquitos provenientes del río Santiago hicieron como todos los días, acto de presencia. Llegaron enjambres y enjambres y comenzó la agonía diaria para los pobladores del lugar.

Consecuencias de vivir cerca del río

La señora Ana María Hernández que habita el lugar desde hace un año ha sufrido de las inundaciones, la pestilencia que causa el río, los moscos, todo. “siempre es igual, hay veces que se satura y el olor es más fuerte”. Al preguntarle sobre la posibilidad de salir a otro lugar comentó “es difícil porque uno esta pagando su casa y lo económico no lo podemos resolver, pagar otra renta, pagar otra cosa, no podemos”. Al respecto del porqué llegó a ese lugar junto a su familia dijo “yo cuándo compre le pregunte a la señora que nos vendió y dijo: no, aquí no hay problema de eso”.

Lo más difícil para Ana María han sido las inundaciones “cuando fue la inundación, estuvo pesado, la pestilencia en la noche que a veces uno no puede dormir”. Pero no solo el no poder dormir causo malestar, si no que sus hijos desde que llegaron a vivir a las orillas del río han sido rehenes de las enfermedades: “se han enfermado de la garganta, de la tos, de granitos en la piel”.

Los secuestradores de la piel

Y llegaron los secuestradores de la piel, los “vampiros” como decía un niño, los que mantienen a la población adentro de sus casas, con la puerta cerrada. Los mosquitos, esos miles de mosquitos, llegaron. La gente encendió pedazos de papel, intentó matarlos, pero era imposible. Los mosquitos continuaron su labor, prepararon la puntería y aterrizaron en las caras, en los brazos, en las manos de bebes, niños y adultos. Nadie se salvó, la gente se fue a sus casas.

Muy pocos fueron los que se quedaron, los que continuaron con los juegos, pero a pesar de que su sentido del olfato se ha ido acostumbrando a los olores que desprende el río, es imposible no sentir las picaduras de los invertebrados. La gente sigue siendo presa de los millares de mosquitos, que todo el año permanecen en el lugar.










::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

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