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lunes, diciembre 01, 2008

Monsiváis en la FIL




Jorge Gómez Naredo

reportando desde la Feria Internacional del Libro

Fotos: César huerta


Carlos Monsiváis es un personaje, un personaje extraño. Desde que aparece en la FIL, caminando, la gente lo sigue, lo para y le pide un autógrafo, unas palabras, algo de él. Digamos que es famoso, una estrella de las letras. Esta vez la presencia de Monsiváis en la Feria fue la presentación del libro Escribir, por ejemplo, editado por el Fondo de Cultura Económica (algo raro, pues en general Monsiváis publica en Editorial ERA).

El caso es que Monsiváis es un personaje y la gente lo quiere. El salón donde presentó su libro estaba abarrotado. Todas las sillas ocupadas, muchas de pie, y todas atentos. Como ya es costumbre, la tecnología ha transformando las formas de ver, escuchar y poner atención: los teléfonos celulares salen raudamente y toman fotos, graban videos, vuelven a tomar fotos y a vuelven a grabar vídeo. Carlos Monsiváis, pues, es un personaje, y un personaje conocido. La gente se lo quiere llevar a su casa.

Escribir, por ejemplo, es una crítica sarcástica (una de las características de la prosa de Monsiváis) hacia la manera en cómo se puede escribir en México. Una mirada de lo que ha sido la forma en cómo se ha comportado la edición de libros en México durante los últimos años.

Monsiváis es un erudito: conoce de historia de México, de crónica, de detalles y de generalidades, de conceptos y de esquematizaciones, de todo. O de casi todo. Y con sus conocimientos, con su erudición, hace reír a las personas. Logra transformar lo complejo, traducirlo para que la gente observe lo risible de esta vida sin perder su componente de seriedad, de complejo, de esquemático y, por qué no, de caótico.

Además, Monsiváis es anecdótico. Pero no anecdótico simple, sino anecdótico explicativo: cada uno de los pasajes que él narra vienen acompañados de reflexiones, de ideas, de comentarios. Sí, Monsiváis tiene un estilo único para decir las cosas y para saber cómo decirlas. Además, Monsiváis no solamente es un escritor, un conocedor de novelas. Sus saberes van más allá: se adentra en temas académicos, de filósofos, de antropólogos, de historiadores, en fin, su capacidad para entrecruzar disciplinas y para transformar todos esos lenguajes en un discurso sarcástico y lógico es magnífica. Impresionantes.

Por eso, y por muchos motivos más: leer a Monsiváis, verlo, escucharlo, siempre es un placer: un placer que despierta, que enciende el músculo de la imaginación y la reflexión.

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