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viernes, junio 29, 2007

Opinión - Eduardo Gonzalez Velazquez

A un año del fraude electoral

La Jornada Jalisco

Una literatura es el medio en que la conciencia de una nación toma plena posesión de sí misma, decía Justo Sierra en el siglo XIX. Por lo visto, a más de cien años de distancia, a una parte importante de la sociedad mexicana le hace falta no sólo la “literatura” sino la conciencia histórica, social y política. Este 2 de julio se cumplirá el primer año del fraude electoral que concluyó con la imposición de Felipe Calderón en la silla presidencial. Es cierto, una parte de la población se resiste a reconocerlo y día a día lucha por ello, pero una mayoría de mexicanos se encuentra alejada de los vericuetos de la política y de la historia. Ensimismados en sus propias realidades, ven pasar el tiempo como si el pasado no existiera.

Llevo muchos años ejerciendo el oficio de historiador y afirmando que el gran problema de México, de sus habitantes y de sus gobernantes, es la falta de memoria histórica, materializada en el cotidiano desprecio por el pasado, por lo que fuimos. Seguro de ello, el dirigente nacional del PAN, Manuel Espino, afirma que lo sucedido el 2 de julio de 2006 “ya es historia. Lo importante es que hoy los mexicanos se sienten, en su gran mayoría, satisfechos de lo que hace el gobierno del presidente Calderón” (La Jornada 28 de junio de 2007). Con sobrada razón lo dice. Muchos mexicanos no ven el pasado, a veces ni el presente. Sólo sueñan con el futuro, sin saber que ninguna de las respuestas a las preguntas que hoy podemos formularnos sobre el presente sería posible en ausencia del saber histórico, razón por la cual, el pasado solamente podemos captarlo y comprenderlo a través del cristal del presente, y es en relación con él que el pretérito cobra significado. Los dos se determinan mutuamente: la incomprensión del presente nace de la ignorancia del pasado; de igual manera, no podremos esforzarnos en comprender el pasado si no sabemos nada del presente. La historia irrumpe como ejemplo de la dialéctica del conocimiento.

Así, el conocimiento histórico debe influir en el mejoramiento del presente de las sociedades, pero no puede ser visto como un bien privado, como un bien de pocos utilizado para su beneficio en perjuicio de los muchos. Los pequeños grupos que poseen conocimiento histórico saben que si controlan el pasado tendrán mayores posibilidades de controlar el futuro y, desde luego, al dominar el presente reescribirán el pasado. Por ello, una sociedad que no conoce su historia se encuentra doblemente vulnerable: por un lado, repite el camino andado, y por otro, que es el aspecto más delicado, su pasado es manipulado y reinventado por el grupo en el poder. De ahí su doble vulnerabilidad que la deja en la indefensión ante las arremetidas del poder.

Fue precisamente todo el poder del que dispone el Estado y las elites económicas que lo gobiernan el que se utilizó para consumar el fraude electoral del año pasado y evitar así que llegara a la presidencia un proyecto de nación de centro-izquierda encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Finalmente la ultraderecha yunquista-clerical-empresarial-panista utilizó la falta de “literatura” de millones de mexicanos para engañarlos y mantenerse en el poder.

Por vía de mientras, el (des)gobierno calderonista continúa día a día dando muestras de su incapacidad y haciendo evidente que lo único que le interesa es concluir el desmantelamiento del Estado mexicano que se inició hace más de 25 años con la presidencia de Miguel de la Madrid, y obtener para ellos el mayor provecho económico de la venta de cochera. Sólo echemos un vistazo a lo hecho por este gobierno: la puesta en escena de la lucha contra el crimen organizado arroja más de 3 mil ejecuciones este año, además de los asesinatos de personas inocentes donde se ha visto involucrado el Ejército Mexicano. El desempleo no parece tocar fondo, y la migración cada día se ve más como una opción para superarlo, ocho de cada 10 jóvenes profesionistas en México están de acuerdo en salir del país para conseguir empleo (La Jornada, 27 de junio de 2007). La Ley del ISSSTE se cocinó a espaldas de los trabajadores y lo único que busca es privatizar el derecho que se tiene a los servicios de salud. La reformita fiscal se apoya en el más puro dogma neoliberal: que paguen más los que menos tienen. Cada día el golpeteo político al gobierno de la ciudad de México crece en intensidad, cualquier pretexto es bueno para disfrazarlo. La política exterior continúa dando tumbos por todos lados, Felipe Calderón insiste en hacer suya la “lucha contra el terrorismo” de George W. Bush lanzando iniciativas de ley que a lo único que apuntan es a la violación de los derechos humanos.

A un año del fraude electoral la memoria debe ser más fuerte que el olvido. La sociedad en su conjunto tiene que luchar por la democratización de este país; democratización que deberá iniciarse a través de la toma de conciencia histórica de los individuos de este país.

ihuatzio@hotmail.com

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