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lunes, abril 16, 2007

Opinión - Jorge Souza Jauffred

La Feria

En Jalisco también se encuentran historias kafkianas

Rinconada de los Cerros, en el centro de una de ellas

La Jornada

Franz Kafka (Praga, 1883-1924) es uno de los autores sobre los que se ha vertido más tinta. Con razón. Sus obras (particularmente La Metamorfosis, El Castillo y El Proceso) son estupendas y logran construir un universo terriblemente humano, en el que la comunicación suele naufragar ante una sociedad insensible que se convierte trágicamente en el peor enemigo del hombre.

¿Cómo ignorar la fuerza con que se incrusta en el imaginario colectivo, por ejemplo, la historia de K., el agrimensor que viaja a un pueblo localizado al pie del castillo cuyos amos lo contrataron sin conocerlo y a quienes él no logra conocer? Pese a su cercanía, el castillo aparece a lo lejos como un objetivo inalcanzable. A lo largo del libro, K. intenta entender quiénes son sus contratantes, cuál es su trabajo y su misión, pero no lo consigue. Su experiencia de acercarse una y otra vez al castillo sin lograrlo (o a veces lográndolo a medias, y en otras ocasiones dando incluso la sensación de encontrarse más lejos que nunca de su objetivo) se ha convertido en un escenario prototípico, que en nuestro idioma ha encarnado en el adjetivo “kafkiano”, para designar lo laberíntico, lo absurdo, lo imposible, lo abrumadoramente obtuso e imponente.

Lo “kafkiano” también aparece en El Proceso, en donde Joseph K. es acusado de buenas a primeras de cometer un delito que ni siquiera se especifica. En su búsqueda infructuosa por probar su inocencia, el protagonista recurre a distintas personas sólo para entender que en realidad todas ellas forman parte de esa especie de contingente amorfo que lo enjuicia y que, a fin de cuentas y a pesar de sus esfuerzos, lo condenará a muerte.

Lo kafkiano hunde raíces en Jalisco

Pero todo esto viene al caso porque lo kafkiano se ha enraizado en nuestro país y en nuestro estado en múltiples y diferentes formatos. Sería interminable (habría que escribir muchos libros) dar cuenta de, por ejemplo, los trámites burocráticos para reponer una tarjeta de vacunación de un niño de cinco o seis años que ya cubrió casi todo el carnet y requiere demostrarlo ante una guardería para ser aceptado. O de los trámites que deben cumplirse para construir un cuarto en el jardín de una casa rentada. Pero en fin, eso es otro tema.

El laberinto kafkiano que aparece ahora es el que recorren muchos compradores de casas en una Zona Metropolitana en la que los fraccionadores y comercializadores con frecuencia incumplen sus promesas e incurren, incluso, en actitudes inmorales en perjuicio de los compradores, a quienes engañan.

El botón de muestra es el caso de Collen Blake Harter, quien toca el corno francés en la Orquesta Filarmónica de Jalisco y su esposo, el restaurador Alfredo Salazar Santoscoy. Ellos han sido engañados en tres ocasiones por urbanizadores que prometen el paraíso en su publicidad pero no cumplen.

En el primer intento fallido de comprar casa se les ofreció una vivienda en un coto que, al final, no cumplió lo prometido, por lo que les devolvieron su dinero. El segundo intento fue en el coto Hacienda Santa Anita, en donde entregaron de enganche 83 mil pesos en mayo de 2004, pero no les respetaron el trato (ni les daban la casa comprometida, ni el precio acordado), pero tampoco les devolvían el dinero. Fue necesario una denuncia ante Profeco y un juicio mercantil para recuperar su pago, un año después. La Profeco, es cierto, multó a la empresa con 50 mil pesos, pero el abogado del fraccionamiento, más tarde les dijo a los quejosos que la multa, como en casi todos los casos, había sido condonada.

Pero el caso más grave es el que afecta hoy a Collen y Alfredo; es decir, el tercero. Desde septiembre de 2006 compraron una casa en el conjunto Rinconada de los Cedros, cuya propaganda promete “casas duplex, listas para escriturarse”, a través de la Corporación Ullmar. Como enganche han pagado cerca de 50 mil pesos, en aportaciones mensuales. A cambio, la empresa se comprometió a entregarles la casa a principios de enero. Desde entonces, cada semana acuden a las oficinas en donde les indican que regresen “la semana que entra”.

La señorita Laura Gómez, quien los atiende, les explicó primero que “aún no se liberaba el gravamen”, por lo que había que esperar unas semanas más. El tiempo sin resultados, por lo que los quejosos fueron al Registro Público de la Propiedad y supieron que el trámite se realiza en una semana. Así que volvieron a las oficinas del fraccionamiento y ahí les enteraron que, en efecto, la libertad de gravamen ya no era el problema, sino que “el Infonavit no liberaba su crédito”. Los afectados fueron entonces al Infonavit a ver qué ocurría. Pero resultó que a esa dependencia ni siquiera habían llegado los papeles de su trámite y el fraccionamiento estaba registrado con otro nombre (El Rocío).

Por enésima vez, Collen y Alfredo fueron a la fraccionadora y ahí, la secretaria confesó finalmente que la casa que compraron, ubicada en Manuel Delgado 3713, en la privada 14, había sido hipotecada por el dueño de la constructora, quien requería efectivo. Pero les explicó que no se preocuparan, porque en 15 días ya estaría libre y podrían habitarla.

Collen y Alfredo ya no saben qué hacer. Están pagando renta y el abono a la casa; un gasto doble, difícil para ellos. Pero lo peor es que la casa que compraron sigue hipotecada. El camino de Collen y Alfredo es kafkiano. Urge la intervención de las autoridades para reencauzarlo y permitir que al fin, después de cuatro años de intentos kafkianos, adquieran su casa.

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