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domingo, junio 14, 2009

Tres puntos sobre contiendas electorales JORGE GÓMEZ NAREDO


Foto:César Huerta/Extensión Medios

La Jornada Jalisco

I

Unos prometen todo, y los otros prometen más. Unos dicen: “yo soy el mejor”, y los otros indican: “no, es mentira: el mejor soy yo”. Son campañas políticas. Sonrisas aquí y allá. Parloteos constantes. Apretones de manos por todas partes. Dicen que esto es la democracia. Dicen que así tenemos voz. Dicen que ellos trabajarán por el bien de México, por el bien de nosotros, de todo el pueblo.

Los candidatos argumentan que desde ya laboran para hacer de este país algo mejor, algo más lleno de alegría, más cercano al paraíso. Salen a las calles y reparten volantes y calcomanías. De repente, el espacio de los lavacoches es cooptado por esos señores que siempre están reunidos en restaurantes lujosos “haciendo política”: discutiendo el futuro de la nación, de la entidad o de la ciudad. Así son las campañas políticas. O así quieren ellos, los de arriba, que sean.

También hay mítines. Y hay vídeos. Y guerra sucia y descalificaciones. Y fotografías y empresas que diseñan campañas de publicidad: “tú, candidato, debes moverte así, y quítate el bigote, y no digas nunca esto, y sí afirma siempre esto, y hazte acompañar de tus hijos y de tu esposa, y ve a misa y sonríe, y córtate el pelo y no utilices esas camisas apretadas que estás ya muy gordo, y mejor lleva saco en estos tiempos de calores, y acércate a la gente y no escupas cuando hables…”. Sí, los candidatos que vemos son los que las empresas de publicidad quieren que veamos. No todos, por supuesto, pero sí una gran parte: especialmente dentro de los partidos políticos “grandes”.

II

En la página web del PAN Jalisco aparecen varios videos donde se mira a quienes nos “representarán” en las cámaras de Diputados local y federal y en las diversas alcaldías del estado. Hay uno que nos llama la atención: caminando por una calle, rodeado de gente, se observa a Eduardo Rosales, presidente del Comité Ejecutivo Estatal del PAN. Lleva una gorra negra, un pantalón de mezclilla y una camisa de cuadros azules y blancos. Saluda a la gente que pasa. Con fondo musical de una canción que podría fácilmente aparecer en una cruenta película de la Segunda Guerra Mundial, Rosales habla, mueve las manos, escucha a quienes comentan algo. Aparece después el mismo Rosales montado en un templete, rodeado de un montón de candidatos panistas vestidos de camisas azules. La música sube de volumen y de repente, calla. Es entonces que comienza el discurso de Rosales. Y dice: “porque sabiendo que muchas veces los ciudadanos están cansados de que los partidos políticos lleguen a contarles todas las cosas que van a hacer si ganan, nosotros tenemos la ventaja de poder venir a decir las cosas que ya hemos hecho, las cosas que se están haciendo por parte de los gobiernos panistas, y contarles lo que va a venir después […]”. Son tiempos de campañas políticas.

Parecería que la mayoría de los partidos políticos tienen poca sensibilidad ante el pensar de una buena parte de la sociedad. Grupos cada vez más amplios pugnan por la anulación del voto como una forma de rechazo a los partidos políticos y al sistema electoral mexicano. Dejando de lado discusiones sobre si es o no efectiva esta propuesta, si ha sido infiltrada por miembros panistas o priístas, o si beneficiará a los grupos que se busca rechazar, dejando de lado estas consideraciones, lo que se percibe en esta propuesta es un hartazgo a las campañas políticas, a la ineficacia de las autoridades, al desdén con el cual los funcionarios públicos suelen tratar a los de abajo, a la insensibilidad constante de buena parte de la elite política. Sí, el rechazo existe y es evidente. Y las propuestas de anular el voto demuestran esa insatisfacción. Los partidos políticos y los candidatos verán esa inconformidad. La observan ahora, pero no la tomarán en cuenta: les vale.

III

Algo no funciona en este país. En 2006 hubo una esperanza: millones de mexicanos pensaron que había llegado el momento, que por fin, después de tantas luchas, de tantas lágrimas y de tantas congojas, un personaje más cercano a los de abajo iba a ser ungido presidente. Pero los de arriba no quisieron. Los que se sienten dueños de este país pensaron que el arribo de López Obrador a la Presidencia de México era inadmisible. Lo impidieron a toda costa, con todo tipo de artimañas. La credibilidad en el sistema electoral mexicano (y en la democracia representativa) se vino abajo. Hoy se pagan las consecuencias. ¿Qué se puede hacer? Hay muchos caminos, pero todos, absolutamente todos, son sinuosos y están sembrados de esa extraña planta llamada sufrimiento.

jorge_naredo@yahoo.com



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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