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martes, mayo 27, 2008

Opinión - Jorge Gómez Naredo

Artículo publicado en El Occidental, el 26 de mayo de 2008.

Las mentiras de Felipe Calderón

Jorge Gómez Naredo

Felipe Calderón, en cada acto a donde asiste, en cada discurso que da, muestra cinismo, hipocresía y desvergüenza. Cercado siempre por cientos de vallas y policías, habla y habla con mentiras, con engaños, con estafas. Llegó a la presidencia a través de un fraude electoral y su gestión se ha caracterizado por eso: por el fraude, las palabras vacías y los discursos huecos.

Basta dar un vistazo a sus alocuciones para comprobar la distancia que guarda la realidad de Calderón con la realidad real, ésa que se experimenta abajo, con el pueblo, distante de la mayoría de los funcionarios públicos que solamente miran desde arriba los problemas de la población mexicana. El martes pasado, en San Luis Potosí, Calderón adujo: “Amigas y amigos, queremos apretar el paso, queremos seguir con el combate a la pobreza y a la desigualdad”. Esto es cinismo: buenos deseos, palabras huecas. La situación económica día a día empeora. Es fácil darse cuenta en una visita al mercado, al súper o a la tiendita de la esquina: todo ha subido. El desempleo se ha incrementado y las fuentes de trabajo que existen son temporales, con bajos salarios, sin seguridad y sin prestaciones. Miles de mexicanos a diario son explotados. ¿Esto es apretar el paso?, ¿esto es querer eliminar la pobreza? Palabras huecas, palabras alejadas de la realidad y pronunciadas por una persona que llegó al poder gracias al apoyo económico de personas que, por todos los medios posibles, buscan no cambiar el estado de cosas.

Mentiras, mentiras y más mentiras. En Veracruz, el martes pasado, respecto a Petróleos Mexicanos (Pemex), Calderón mencionó: “Queremos fortalecer a la empresa, queremos fortalecerla, en primer lugar, para hacerla más transparente, porque queremos que cada una y cada uno de ustedes, no sólo yo como Presidente de la República, también quiero verlo yo, pero no sólo yo o el Gobernador, sino cada una y cada uno de ustedes, que somos todos dueños de PEMEX, sepamos en qué se gasta y hasta dónde va hasta el último centavo de Petróleos Mexicanos”. Vaya manera de ser hipócrita y cínico. Habla de transparencia, de rendiciones de cuenta, pero, ¿cómo puede hacerlo (¡vaya moral y ética que posee el señor Calderón!) cuando su gobierno se ha caracterizado por la opacidad? ¿Por qué ahora Calderón busca hacer transparente a Pemex y, en su momento, se negó rotundamente a hacer transparentes las elecciones de 2006, a transparentar la democracia? Hipocresía, cinismo y engaños.

La estafa es clara: Felipe Calderón presentó la reforma energética no para mejorar a Pemex y dotarlo de transparencia y tecnología: lo hizo para entregar a capitales privado (esos mismos que lo ayudaron en su campaña electoral) la riqueza del país. Y miente a cada instante, miente en todo momento. No quiere hacer de Pemex una empresa que funja como palanca de desarrollo del país, quiero, más bien, pagar una factura pendiente.

El engaño es muy nítido. Desea convencer a la población con ideas absurdas: “Y yo les aseguro que si podemos hacer esa reforma [energética], México estará en capacidad de financiar su desarrollo y no habrá un solo joven que no tenga oportunidad de acceder a la educación universitaria”. ¡Pamplinas! Producir más petróleo crudo y venderlo a Estados Unidos no garantiza el desarrollo del país y el acceso de todos los jóvenes a la educación superior. Se precisa tener un gobierno con proyecto, donde se reforme el sistema tributario, donde los grandes capitalistas paguen impuestos, donde Pemex no sea exportador de crudo e importador de productos refinados, donde haya verdaderos programas para erradicar la pobreza y donde se trate, por todos los medios posibles, de reducir las grandes desigualdades económicas entre los mexicanos. El petróleo no desarrolla a un país por sí solo, es un apoyo, pero se necesita el acompañamiento de otras medidas. Y Calderón no las llevará a cabo porque dichas medidas van en contra de quienes lo impusieron en la presidencia.

Miente Calderón. En cada discurso que pronuncia se observa claramente la hipocresía y el cinismo. Miente, miente y vuelve a mentir. Ojalá que el pueblo mexicano no se deje convencer por estas palabras falaces, estas palabras llenas de descaro y desfachatez.

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