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martes, octubre 06, 2009

PEDRO GARCÍA Y LA ALHÓNDIGA DE GRANADITAS


13-10-09
Por Esteban Garaiz.

El descubrimiento en Querétaro de la conspiración para proclamar la independencia obligó a los insurgentes, dirigidos por Miguel Hidalgo, a adelantar el pronunciamiento y encarcelar a los gachupines de Dolores a lo largo de la noche del 15 y anunciar a los feligreses de misa prima, el domingo 16, en el zaguán de la casa del cura, que “no existe ya para nosotros ni el rey ni los tributos”; y al grito de “¡viva, pues, la virgen de Guadalupe! ¡Viva la América, por la cual vamos a combatir!” dio arranque el proceso de independencia.

Eso nos cuenta textualmente Pedro García, el único testigo ocular de esos primeros momentos que los narró por escrito. “Aquel espíritu de libertad – dice – se difundió en aquella reunión con la violencia del rayo… Hidalgo, ya dispuesto a marchar, siendo las diez salió a caballo a la calle y se encontró con una reunión de cinco mil hombres que sólo esperaban su orden para marchar y seguirlo”.

Al despedirse, el cura “mandó que le llamaran a sus alfareros, los que cuidaban la cría de gusanos de los que obtuvo una seda especial. Mandó también que llamaran a los que cuidaban de las colmenas que introdujo en ese lugar y que hoy (1829) forman un bello recurso a la gente pobre; a los que cuidaban de la siembra del lino… y les suplicó mucho cuidaran lo que tenían a su cargo”. Así empezó la guerra liberadora ese cura promotor.

Sigue diciendo Pedro García que “los indios, al pasar el río, surtían sus costales de piedras, otros se proporcionaban un arma cualquiera, y todos deseaban combatir… iban absorbiendo a cuanta gente se encontraba ya en el camino… La fuerza se aumentaba prodigiosamente…”

En la retaguardia iban Allende y Aldama, “pues se advirtió que se despertaba cierto resentimiento, cierta mala disposición contra los europeos quienes habían observado contra los indígenas un comportamiento duro y una inhumana tiranía”.

Después de tomar San Miguel, el creciente ejército llegó a Celaya. “Eran ya 50 mil hombres y era necesario darles algún orden”; se formaron regimientos y se nombraron coroneles. En Celaya se dio un acontecimiento que recuerda, al revés, la creación del primer ayuntamiento en Veracruz por Hernán Cortés. “El Ayuntamiento de Celaya y demás autoridades – comenta el cronista sanmiguelense – para dar legalidad al acto, asistieron al nombramiento del señor Hidalgo para Capitán General y de don Ignacio Allende para Teniente General”.

Al avanzar sobre Guanajuato, el 21, Hidalgo, preocupado por evitar el derramamiento de sangre, envió al intendente Juan Antonio Riaño una carta invitándolo a rendirse y dándole garantías.

Riaño optó por la guerra. Se fortificaron todos los españoles en la Alhóndiga (el almacén de granos) de Granaditas, con “toda la tropa, todos los caudales, con sus archivos y papeles y armas…Llegó el día 28 de septiembre y como a las 11 de la mañana llegó el señor Hidalgo al frente de Granaditas con un ejército de más de 20 mil hombres…; mandó decir al intendente que estaba a su vista y que deseaba la respuesta que le tenía prometida”.

Riaño por única respuesta mandó iniciar el fuego. Desde los atacantes, las hondas y las pedradas “no dejaban a los soldados que la defendían ni sacar la cabeza del pretil que los guarnecía, ni menos hacer una buena puntería; con todo, habían muerto cosa de 60 naturales”.

Hidalgo – sigue contando el cronista – “meditaba el modo más fácil y que costara menos sangre…cuando se le dijo que había un minero que ofrecía quemar la puerta sin que costara, cuando más, la vida de un hombre… se le presentó un hombre de pequeña estatura, raquítico y muy poseído de una enfermedad común en las minas a la que se da vulgarmente el nombre de maduros” (enfermos de silicosis, que destroza los pulmones con el polvo, en plena juventud).

“Que me traigan un toro que me cubra bien la espalda, una reata y una antorcha” dijo el Pípila; enseguida formó un mecapal y se aseguró bien la losa. “Las hondas desempeñaban su oficio… mientras eso sucedía, bajaba el de la losa con paso firme por aquella ladera con su mecha encendida”.

Abierta la brecha, la turba, “como torrente terrible e impetuoso se echó sobre la puerta, derribó las estacadas, forzó las trincheras y se introdujo aquella multitud inmensa de gente”.

Con dolor cuenta Pedro que “se hicieron muchos estragos, consiguientes a un pueblo enfurecido, algunas tiranías y no menos crueldades; matando a cuantos se encontraban dentro: soldados, paisanos, europeos y criollos, y tomando cuantiosos caudales que allí estaban encerrados”. Hidalgo, Allende, Aldama y otros oficiales “consiguieron, aunque con trabajo calmar aquella agitación y libertar a muchos europeos de la muerte”.
¿En qué pensaría Felipe Calderón el pasado día 28 cuando prendió la antorcha en Granaditas?


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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