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lunes, octubre 05, 2009

El alcalde interino de Guadalajara: para la “gente bien”



JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

¿Quién decidió que Juan Pablo de la Torre Salcedo sea, durante tres meses, alcalde de Guadalajara?, ¿acaso el pueblo tapatío?, ¿o fue un arreglo entre la elite local?, ¿entre el PRI (donde militan los suegros de De la Torre) y el PAN, que quiso poner ahí, en ese puesto, a una de sus jóvenes “promesas”? Se podrá decir que son tres meses, que ya va para fuera, que nada más tantito, casi nada, poquito. Sí, quizá. Pero, ¿por qué Guadalajara será gobernada por un alcalde que no fue elegido por el pueblo? Es cierto: existen mecanismos para, en caso de renuncia o de licencia de un presidente municipal, se escoja a un edil que lo supla. Eso pasa en muchos ayuntamientos, es cosa de todos los días. Pero, ¿acaso Guadalajara se merece que Juan Pablo de la Torre sea su alcalde?, ¿acaso los cientos de miles de pobres que habitan esta urbe estarán dignamente representados por un socialité, de esos que sale fotografiados en revistas de “gente bien”, sonriendo en exclusivos antros, en bodas y comilonas de la aristocracia tapatía?

Hay quien podrá pensar que la jugada política de los panistas fue magistral: se rescata a Alfonso Petersen Farah del ayuntamiento tapatío, donde hizo una gestión gris, petulante y llena de mentiras; y se le pone en la Secretaría de Salud Jalisco, en donde sabe, de cierta manera, desenvolverse. Con esto se acallan algunas críticas por la incapaz administración de Alfonso Gutiérrez Carranza y por la desastrosa forma en como enfrentó las epidemias de dengue e influenza. Y además, con esa “jugada” política, se deja tres meses en la visibilidad mediática a un joven panista, de esos elegantes, de esos que sabe tratar a la “gente bien”, de esos que tiene apellidos rimbombantes y se enlaza nupcialmente (no podía ser de otra manera) con gente de apellidos rimbombantes. De esos que tienen futuro en la política, en los negocios con los amigos y en el dinero. ¿Quién planeó la jugada?, ¿la ordenó desde México Francisco Ramírez Acuña?, ¿fue acaso aquí, en Casa Jalisco, donde surgió la idea?, ¿cuántas reuniones se hicieron?, ¿cuántos del PRI dieron su aquiescencia?, ¿cuántos del PAN? Pero hay preguntas que faltan, preguntas verdaderamente importantes: ¿y el pueblo?, ¿y los tapatíos de abajo?, ¿y los supuestos “mandones” de esta “democracia”?

Juan Pablo de la Torre Salcedo se ha distinguido, en su gestión como regidor tapatío, por su talante venal, su intolerancia y su carácter autoritario. Desde chico, De la Torre se ha relacionado con empresarios y administradores. Su papá fue presidente del Club Atlas y después titular de la Federación Mexicana de Futbol. Para el alcalde interino de Guadalajara la vida cotidiana ha estado plagada de apretones de manos, partidos de polo, viajes al extranjero, comilonas, negocios, dirección de “jóvenes empresarios”, incursión en la industria restaurantera, sonrisas entre yuppies, relaciones con gente de dinero y con los de la misma clase: es la burbuja donde se ha desenvuelto. Sí, De la Torre es un empresario, un empresario metido a político.

En 2008 Juan Pablo De la Torre Salcedo fue señalado como un regidor corrupto. Se dijo de él que había intentado, desde su puesto público, beneficiar a sus muy buenos amigos (Álvaro Corvera Nepote y Tomás Colsa Chalita) para que pudieran edificar un desarrollo inmobiliario en una zona protegida cerca del bosque de Los Colomos. De la Torre no se defendió, lo hizo Alfonso Petersen Farah. Dijo el hoy ex alcalde de Guadalajara: “Juan Pablo de la Torre conoce a todos los desarrolladores del estado, pero no por eso tiene algo que ver con ellos. Estuvo involucrado en las cámaras empresariales durante siete años”. Ahora, el presidente municipal interino de Guadalajara dejó atrás el escándalo, lo puso en el olvido y sólo piensa en el futuro, su futuro…; y quizá también en el futuro de sus muy buenos amigos.

Al nuevo alcalde tapatío no le gustan las marchas. Se molesta cuando la gente sale a manifestarse. Se enfurruña cuando, en su auto (ahora manejado, seguramente, por un chofer), lo atrapa un embotellamiento por unos necios que protestan. Lo afectan: ¡maltratan sus derechos! Así lo hizo saber en abril de 2009: “que toda esta gente [que marcha] no piense que el motivo por el cual ellos se manifiestan es más importante que todos los motivos de toda la gente que tiene que asistir simplemente a su trabajo puntualmente, que tiene que asistir a la escuela con sus hijos […] Que sí se manifiesten, pero que se entienda que su derecho termina donde inicia el mío”. Claro, Juan Pablo de la Torre siempre ha pensado que el derecho de él es más importante que el derecho de los demás. ¿Acaso hará algo para lograr su sueño de reglamentar y prohibir las manifestaciones durante estos tres meses como presidente municipal de Guadalajara?

¿Vivimos en democracia?, ¿realmente el pueblo es representado? La toma de protesta de Juan Pablo de la Torre Salcedo como presidente municipal de Guadalajara es el vivo ejemplo de que algo no está funcionando bien. ¿Acaso los pobres de la capital de Jalisco desean que los “gobierne” un socialité, acostumbrado a los campos bellamente empastados donde los caballos y los jinetes juegan ese deporte tan del pueblo llamado polo?, ¿acaso eso se merecen los de abajo de Guadalajara?, ¿que quien los “gobierne” sea alguien que quiere limitar el derecho a manifestarse? ¿Dónde está ese gobierno del pueblo y para el pueblo? ¿Dónde? No se le mira por ninguna parte.

jorge_naredo@yahoo.com


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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