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martes, diciembre 08, 2009

León Gieco en “Mundo alas”: Que el dolor no te sea indiferente

León Gieco entrevista en Cubadebate.

Cubadebate

En la noche de este lunes, a escasas horas de que tomara el avión que lo llevó de vueltas a la Argentina, conversamos con León Gieco. Se acababa de estrenar en el cine Yara de la Rampa habanera el documental “Mundo alas”, que Gieco dirige junto a Fernando Molnar y Sebastián Schindler

Durante más diez minuto, el público aplaudió como pocas veces se ha visto en ese cine, agradeciendo el documental que narra la gira de un grupo de jóvenes artistas con discapacidad, a quienes Gieco acompañó en un recorrido por su país. Por la pantalla desfilan la historias de Carina Spino, Pancho Chévez, Maxi Lemos, y Alejandro David, músico y empleado del Senado de la nación, sometido a 17 operaciones por su hidrocefalia congénita. Hay balarines de tango con síndrome Down y otros de danza integradora, en silla de ruedas, pintores que manejan el pincel con los pies o la boca, camarógrafos cuyas imágenes son utlizadas en la cinta, cantantes, instrumentistas.

La Mesa Redonda de la Televisión Cubana entrevistó a quien hizo posible este testimonio, que ha recibido una gran acogida internacional y una larga estela de premios. Reproducimos fragmentos de sus palabras:

CUBA

Cuba es un país raro, donde todavía los cines se llenan. Recuerdo que en Argentina ocurría así, cuando yo era chico. A los 18 años fui a Buenos Aires a vivir, y alcancé la última etapa de ese cine repleto: 2 000, 2 500 personas viendo una película. Esa época se fue terminando, no sé que nos pasó, quizás se nos metió el imperialismo en la cabeza. Se convirtió todo en multicines de 200 personas con butacas recontracómodas, con un sonido impresionante, una pantalla muy buena donde uno ve muy bien la película, pero vale muy caro y poca gente puede pagar la entrada. En cambio, cuando el teatro es muy grande, se abaratan todos los costos. Esa es la diferencia.

Todavía no me puedo creer la imagen del día de la inauguración del Festival. En el momento en que estaban transmitiendo la película argentina en el (Karl) Marx -El secreto de sus ojos-, de pronto casi corta la proyección, y 5 000 personas dijeron a un tiempo “ohhhhh” (se ríe). Fue increíble.

¿Por qué tenemos camisetas del Che en la película? Fíjate me di cuenta hoy de que tanto los chicos como yo traíamos la imagen del Che. No lo había advertido. El Che es Argentina, como acá es Cuba. Es nuestro Héroe.

MUNDO ALAS

Vivir el mundo de la discapacidad se lo recomiendo a todo el mundo. A mí me costó entrar, pero una vez adentro, me cuesta mucho salir. Es un mundo de humanidad, de amor, de sensibilidades. Ellos no aprenden las cosas que aprendemos nosotros. No alcanzan a aprender sobre especulaciones, sobre el dinero… Ello no hablan de eso. Es un “mundo alas”.

Por ejemplo, a Pancho lo conocí cuando tenía 15 años. Vino a mi camerino y me preguntó: “¿Cómo puedo hacer para ser famoso?” Yo me saqué la armónica, que siempre traigo, y se la puse: “Dejátela puesta, Pancho. También puedes cantar.” A la semana estaba cantando conmigo. Y a las dos semanas hicimos un programa a beneficio. Cantamos “Solo le pido a Dios”, un solo tema. Le donaron los aires acondicionados, ropa y comida para año destinado al Hogar donde él vive. Y un minibús de 100 mil dólares. Es serio padecer una discapacidad. La gente se conmueve de verdad. A él le cambió la vida dentro del Hogar, y le cambió la vida al Hogar, pues ya tenían un vehículo para moverse. Después, Pancho comenzó a componer, escribió su libro y comparte con los mejores artistas de rock de la Argentina.

Hemos entendido que el arte es muy importante para la discapacidad. Y queremos sensibilizar a las ONG y a los gobiernos para que incluyan programas educativos y de salud para los chicos con discapacidad. Independientemente de que creo firmemente que todos estos chicos deberían tener 3 ó 4 horas diarias destinadas a expresar el arte: cantar, pintar, bailar, aprender música. Es muy importante, porque ellos no son como nosotros: nos levantamos porque alguien nos llama, porque tenemos hambre, porque vamos al baño. Ellos no. Tienen que esperar que los lleven al baño, que les den de comer… Esa espera se transforma en algo espiritual, muy fuerte. Esa espiritualidad mezclada con arte puede dar resultados increíbles.

Le envié la película a Fidel, a Raúl, Abel (Prieto) y Silvio (Rodríguez). Estoy enterado de que en Cuba están haciendo un trabajo muy interesante respecto a la discapacidad, y quizás esto sea un aporte más. Así como uno aportó con las canciones, fue amigo de esta casa y amigo de los músicos cubanos -he grabado con Silvio, Pablo, los Feliú, Carlos Varela, Frank Fernández…- y tengo unos recuerdos maravillosos, somos compañeros de toda una vida, quién dice que este no pueda ser un proyecto más que nos una a Cuba. A lo mejor los artistas de “Mundo alas” puedan venir a compartir con artistas cubanos que tienen alguna discapacidad. A lo mejor se puede armar un evento importante que pueda ser importante para los chicos con discapacidad, que son muchos en el mundo. Se habla de que representan casi el 2 por ciento de la población, con discapacidad por accidente, por enfermedad, por haber nacido mal… Es un mundo diferente, un mundo alas…

Ellos me hicieron mucho mejor persona. Soy más paciente. Aprendí de su espiritualidad… Con mi banda, soy León Gieco. Cuando participo en una conferencia de prensa estoy solo. Con “Mundo Alas”, estamos todos y soy uno más. Ellos me enseñan a ser uno más.

Sí, vamos a seguir adelante en este proyecto: “Que el dolor no me sea indiferente/ que la reseca muerte no me encuentre/ vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”.

(Entrevistó Arleen Rodríguez Derivet. Fotos: Cubadebate)

Arleen Rodríguez entrevista a León Gieco. A su lado, Navarro, el camarógrafo de Telesur en La Habana.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

miércoles, enero 21, 2009

Efemerides 21 de enero de 1924 Muere Lenin

21 de enero de 1924
Regla

Vladimir Ilyich Ulyanov (Lenin) en 1918

Lenin

El alcalde del pueblo cubano de Regla convoca al gentío. Desde la vecina ciudad de La Habana ha llegado la noticia de la muerte de Lenin en la Unión Soviética y el alcalde emite un decreto de duelo. Dice el decreto que el susodicho Lenin conquistó merecida simpatía entre los elementos proletarios e intelectuales de este término municipal. Por tal motivo, a las cinco de la tarde del próximo domingo sus habitantes harán dos minutos de silencia y meditación, durante los cuales personas y vehículos quedarán en estado de quietud absoluta.

A las cinco en punto de la tarde del domingo, el alcalde del pueblo de Regla sube a la loma del Fortín. Más de mil personas lo acompañan, a pesar de la lluvia furiosa. Y bajo la lluvia transcurren los dos minutos de silencio y meditación. Después, el alcalde planta un olivo en lo alto de la colina, en homenaje al hombre que tan para siempre ha clavado la bandera roja allá en el centro de la nieve.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

viernes, enero 16, 2009

Basan nueva cinta del Che en libro de Paco Ignacio Taibo II



Ernesto Guevara, también conocido como el Che sirvió de apoyo para la realización de la película protagonizada por Benicio del Toro y Demián Bichir

Notimex
El Universal
Ciudad de México Jueves 15 de enero de 2009

12:43 El libro biográfico Ernesto Guevara, también conocido como el Che, del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, sirvió de base para la realización de la película de Steven Soderbergh sobre el guerrillero que tendrá preestreno este viernes aquí.

En el filme Che, el argentino, protagonizado por el actor de origen puertorriqueño Benicio del Toro y el mexicano Demián Bichir, el director estadounidense narra la vida del médico, político y guerrillero que ha despertado grandes pasiones en favor y en contra.

La biografía hecha por el escritor mexicano fue central apoyo a esta producción de 2008 a tal grado que durante todo el rodaje la tuvieron siempre a la mano, alternando con varios documentos y hablando con familiares y amigos cercanos al guerrillero, según informó la casa editorial del volumen.

Pero a casi 42 años de su muerte, en Bolivia, este personaje de la historia mundial ha despertado también el interés por plasmar su vida e intereses en textos, de los cuales es un ejemplo el texto de Taibo II, del que ha aparecido una segunda edición, corregida y aumentada, publicada por Editorial Planeta, bajo el sello Booket.

La nueva versión contiene nuevas fotos y datos desconocidos hasta la fecha, que revelan las múltiples facetas de este personaje, en lo que es la biografía más completa del guerrillero argentino.

También sobre el personaje, Taibo II publicó otro libro, titulado El cuaderno verde del Che, el cual contiene una antología hecha por el propio argentino de los poemas que más le gustaban, como del chileno Pablo Neruda, el cubano Nicolás Guillén, el peruano César Vallejo y el español León Felipe.

Se trataba de textos que el propio Guevara copio en un cuaderno de ese color que guardaba en la mochila que portaba al momento de ser capturado en el país andino.

Otro volumen sobre el mítico personaje es Che para principiantes, en el que Mariano Rodríguez Herrera echa una mirada histórica y emotiva de las pobrezas de los pueblos de América Latina y de las ilusiones de los jóvenes por cambiar la vida social de sus países.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

viernes, febrero 22, 2008

Reflexiones sobre una renuncia.


LO QUE ESCRIBÍ EL MARTES 19.
Ese martes no hubo noticia internacional fresca. Mi modesto mensaje al pueblo, del lunes 18 de febrero, no tuvo dificultad para divulgarse con amplitud. Desde las 11 de la mañana comencé a recibir noticias concretas. La noche anterior había dormido como nunca. Tenía la conciencia tranquila y me había prometido unas vacaciones. Los días de tensión, esperando la proximidad del 24 de febrero, me dejaron exhausto.

No diré hoy una palabra de personas entrañables en Cuba y en el mundo que de mil formas diferentes expresaron sus emociones. Recibí igualmente un elevado número de opiniones recogidas en la calle con métodos confiables, las que casi sin excepción, y de forma espontánea, vertieron sus más profundos sentimientos de solidaridad. Algún día abordaré el tema.

En este instante me dedico al adversario. Disfruté observando la posición embarazosa de todos los candidatos a Presidente de Estados Unidos. Se vieron obligados uno por uno a proclamar sus inmediatas exigencias a Cuba para no arriesgar un solo elector. Ni que yo fuera Premio Pulitzer interrogándolos en la CNN sobre los más delicados asuntos políticos e incluso personales, desde Las Vegas, donde reina la lógica del azar de las ruletas de juego y adonde hay que asistir humildemente si alguien aspira a Presidente.

Medio siglo de bloqueo les parecía poco a los predilectos. ¡Cambio, cambio, cambio!, gritaban al unísono.

Estoy de acuerdo, ¡cambio!, pero en Estados Unidos. Cuba cambió hace rato y seguirá su rumbo dialéctico. ¡No regresar jamás al pasado!, exclama nuestro pueblo.

¡Anexión, anexión, anexión!, responde el adversario; es lo que en el fondo piensa cuando habla de cambio.

Martí, rompiendo el secreto de su lucha silenciosa, denunció el imperio voraz y expansionista ya descubierto y descrito por su genial inteligencia, más de un siglo después de la declaración revolucionaria de independencia de las 13 colonias.

No es lo mismo el fin de una etapa que el inicio del fin de un sistema insostenible.

De inmediato las menguadas potencias europeas aliadas a ese sistema proclaman las mismas exigencias. A su juicio había llegado la hora de danzar con la música de la democracia y la libertad que, desde los tiempos de Torquemada, jamás realmente conocieron. El coloniaje y el neocoloniaje de continentes enteros, de donde extraen energía, materias primas y mano de obra baratas, los descalifican moralmente.

Un ilustrísimo personaje español, antaño ministro de Cultura e impecable socialista, hoy y desde hace rato vocero de las armas y la guerra, es la síntesis de la sinrazón pura. Kosovo y la declaración unilateral de independencia los golpea en este instante como impertinente pesadilla.

En Iraq y Afganistán siguen muriendo hombres de carne y hueso con uniformes de Estados Unidos y la OTAN. El recuerdo de la URSS, desintegrada en parte por la aventura intervencionista en el segundo de los dos países, persigue a los europeos como una sombra.

Bush padre postula a McCain como su candidato, mientras Bush hijo, en un país de África ―origen del hombre ayer y continente mártir hoy― donde nadie conoce lo que hace allí, dijo que mi mensaje era el inicio del camino de la libertad de Cuba, es decir, la anexión decretada por su gobierno en voluminoso y enorme texto.

El día antes, por la televisión internacional, se mostraba un grupo de bombarderos de última generación realizando maniobras espectaculares, con garantía total de que, bombas de cualquier tipo pueden ser lanzadas sin que los radares detecten las naves portadoras y ni se considere crimen de guerra.

Una protesta de importantes países se relacionaba con la idea imperial de probar un arma, con el pretexto de evitar la posible caída sobre el territorio de otro país de un satélite espía, de los muchos artefactos que con fines militares Estados Unidos ha ubicado en la órbita del planeta.

Pensaba dejar de escribir una reflexión por lo menos en 10 días, pero no tenía derecho a guardar silencio tanto tiempo. Hay que abrir fuego ideológico sobre ellos.

Escribí esto a las 3 y 35 p.m. del martes. Ayer lo revisé y hoy jueves por la tarde lo entregaré. He rogado encarecidamente que mis reflexiones sean publicadas en la página 2 o cualquier otra de nuestros periódicos, nunca en primera plana, y hacer síntesis sencillas en los demás medios si son extensas.

Estoy enfrascado ahora en el esfuerzo por hacer constar mi voto unido en favor de la Presidencia de la Asamblea Nacional y del nuevo Consejo de Estado, y cómo hacerlo.

Doy las gracias a los lectores por su paciente espera.

Fidel Castro Ruz
Febrero 21 de 2008
6 y 34 p.m.

lunes, octubre 08, 2007

“Humanidad y autocrítica, el mejor legado del Che”: Silvio Rodríguez

Hace 40 años moría en Bolivia el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara y también, casi al mismo tiempo, nacía en Cuba la Nueva Trova Cubana.

Silvio en El Morro, La Habana, 1978. Foto: Irene Selser
Publico

Silvio Rodríguez tenía 12 años cuando en 1958 el joven abogado Fidel Castro y el médico argentino Ernesto Guevara de la Serna, nacido en la ciudad de Rosario, Argentina, el 14 de junio (o mayo) de 1928, salieron de las montañas cubanas para dar la ofensiva final contra el dictador Fulgencio Batista. Tenía 21 cuando fundó, junto a Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú la Nueva Trova Cubana, que mostraría lo más bello de la revolución por todo el mundo. Y tenía 21 cuando ese mismo año de 1967 mataron, un 9 de octubre, al Che.

Cuarenta años después de aquel asesinato, cuando el asmático guerrillero decidió abandonar su puesto como ministro de Finanzas en la Cuba triunfante de los barbudos e intentó crear, junto a medio centenar de hombres procedentes de Cuba, Argentina, Bolivia y Perú, desde la selva boliviana, un foco rebelde para expandir la revolución a América del Sur, Silvio Rodríguez, al borde de los 61, matiza su historia poco conocida y sus orígenes como dibujante de cómics, su primer contacto con una guitarra y las canciones que le escribió al Che. ¿Puntos en común entre ambos? Rebeldes en la infancia y la adolescencia, sumamente traviesos según los allegados, provocativos, mal encarados, escandalosos incluso, y la convicción común —manifiesta en el Che, en sus poemas y en la vida, y en Silvio en sus canciones— de que la muerte no es un fin sino un medio.

“Morir, sí, pero acribillado por las balas,/destrozado por las bayonetas, si no, no, ahogado no…/un recuerdo más perdurable que mi nombre/es luchar, morir luchando”, escribió Guevara en 1947, a los 19 años, cuando la familia se trasladó a Buenos Aires, cinco años antes de que partiera, en julio de 1952, en su último viaje por América Latina, sin contar con un pasado de militancia política o estudiantil en la siempre convulsa Argentina. Para Silvio Rodríguez, la muerte es una pasajera “que anda en secreto”, como reza en “Testamento”, canción en la que el también productor y diputado pasa en limpio su larga lista de deudas, una de ellas “a una bala,/a un proyectil que debió esperarme en una selva”.

El viaje del Che a finales de 1966 para instalarse en una zona montañosa y selvática cerca del río Ñancahuzú, cuando Bolivia era regida por la dictadura del general René Barrientos, estuvo precedido por el debate en Cuba sobre qué estrategia económica seguir y el grado de dependencia con la Unión Soviética, único socio comercial de la isla tras el bloqueo estadunidense impuesto en 1962. Había divergencias acerca de la conducción de la economía, defendiendo el Che un rumbo que no hiciera a Cuba depender exclusivamente de los suministros soviéticos a cambio de su azúcar.

Para Silvio, “por supuesto que el Che tenía y tiene todavía la razón” en su empeño en diversificar productos y mercados. Incluso antes del llamado periodo especial, a comienzos de 1990, cuando la desintegración de la URSS arrasó tras de sí a la estrechísima economía cubana, “la razón se la daba su sentido común, la dignidad que el Che le confería a la revolución cubana y el deseo de hacernos lo más independientes que fuera posible”.

Para el autor de “Fusil contra Fusil” y “La era está pariendo un corazón” —temas dedicados a la muerte del “guerrillero heroico”—, la vinculación que pudiera haber entre la desaparición del argentino y el nacimiento de la Nueva Trova “consiste en que Ernesto Guevara había sido uno de los comandantes de la revolución, estallido social en que mi generación se formó, incluyendo a los que escogimos ser trovadores. Después, cuando el Che y otros altruistas se lanzaron al internacionalismo, siguieron dejándonos un ejemplo de humanidad que durante años muchos jóvenes quisimos imitar y que, al menos, dejamos reflejados en canciones”.

“Se perdió el nombre de este siglo allí (…)/Todo el mundo tercero va/a enterrar su dolor/con granizo de plomo harán/su agujero de honor, su canción”, rezaba en 1967 “Fusil contra fusil”, uno de los varios temas en homenaje al Che, compuestos por Rodríguez en distintas etapas de su vida. “Pero también tengo otras —precisa—, en las que él ronda, aunque no se le mencione”.

Para Silvio, el Che les dejó un doble legado, como sociedad y en lo personal: “Una revolución triunfante, sin pretenderlo, a costa de hacer bien y de ser aplaudida por ello, puede desarrollar una especie de narcisismo que pudiera llegar a ser pernicioso. Del Che siempre me agradó la intransigencia con el acomodamiento y con el oportunismo. Para mí su legado esencial, como Homo sapiens, es su sentido autocrítico”.

Conocido por su lealtad, renovada con los años, hacia el hoy convaleciente presidente Fidel
Castro, Silvio es escueto pero contundente ante la pregunta de si Fidel es para él tan humanista, intransigente y autocrítico como lo era el Che: “Yo creo que el Che aprendió mucho de Fidel y posiblemente también viceversa”.

No parece el músico temer al hecho de la mercantilización extenuante de la figura del Che en camisetas, gorras, ceniceros, llaveros y carteles, ni que esa exposición icónica extrema pueda afectar su legado, desviarlo o vaciarlo. Más bien, piensa, “el hecho de que el rostro del Che, en el pecho de Carlos Santana, haya provocado reacciones tan virulentas, de cierta forma salva a las camisetas de su ‘pecado original’ como objeto de consumo”.

“Una suerte poder contar la vida”

Silvio conversó con Fin de semana mientras preparaba el concierto de este domingo 7 en la antigua comandancia del Che en la provincia de Santa Clara, en el centro de Cuba, distante unos 400 kilómetros al noreste de San Antonio de los Baños, provincia de Habana, cuna del cantautor, cuyos primeros estudios además de la escuela fueron piano y pintura. Su primer trabajo fue dibujante de cómics, a cargo de la satírica “El Hueco: Una historieta muy profunda” en el semanario Mella, revista mensual de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, donde el colorista Lázaro Fundora lo acercó a la guitarra, el instrumento junto al cual Silvio se ha colocado en estos cuarenta años junto a los mejores de la época: Chico Buarque, Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Víctor Manuel…

A propósito de sus influencias musicales, Silvio ve en sus maestros y maestras “a Bola de Nieve, Chaikovski, Teresita Fernández, el mexicano Francisco Gabilondo Soler, César Portillo de la Luz, Antonio Vivaldi, Glenn Miller, Mikis Teodorakis, Benny Moré, George Brassens, Mozart, Domenico Modugno, Lennon y McCartney, Charles Aznavour, Enio Morricone, María Teresa Vera e interminables etcéteras”, dice.

Bajo el alias de El Aprendiz, Rodríguez confiesa ser “un poco conservador en materia de música”, cuando le preguntamos qué lo inspira.

“Pocas veces me aventuro fuera de aquella música con la que he conseguido dialogar y me es entrañable. No quiere decir que nunca me salga, sólo que lo hago poco. Como siempre, en mí predomina la música instrumental; por propia voluntad escucho pocas canciones.

—¿Y en cuanto a las lecturas?

—Con la lectura soy más temerario y no sólo leo narrativa o poesía. Me gusta la historia y también algunas ciencias. Me entusiasman los libros que explican el porqué de las cosas. No sólo porque muestran los conocimientos; también porque las buenas explicaciones ayudan a entender segundos y terceros asuntos.

En los próximos días la totalidad de su obra discográfica podrá ser obtenida en forma totalmente gratuita en internet, desde diversas tiendas on line, gracias a un acuerdo con la distribuidora digital de la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE). Al respecto, consultado si a su juicio las nuevas tecnologías han cambiado y cambiarán más profundamente la manera de adquirir y escuchar música, Silvio lamenta que “se perdió el disco compacto, que además de sonar bien tenía un formato y un tamaño que estimulaban el diseño. No es que ahora me cierre a algo mejor que el CD, si realmente va a serlo. Pero hoy día muchos artefactos, vendidos como avances son más hijos del consumismo frenético que del verdadero progreso”.

Él deshecha totalmente la idea de que la música estadunidense deba tener un lugar reducido en los canales y las emisoras de radio de América Latina: “Es una tontería pensar que alguna música contiene en sí misma gérmenes imperiales”, dice, no obstante que “a través de la cultura, la música, el cine, la literatura, etcétera, se puede estar contribuyendo a formas de dominación política, porque la cultura también proyecta modelos. Pero creo —agrega— que las culturas nacionales deben ser lo suficientemente robustas como para salir enriquecidas (no absorbidas) del contacto con lo foráneo. Y también considero que es importante estar abiertos y preparados para cualquier confrontación”.

—¿Conservas tu producción de cómics y aquel legendario libro de poemas, Horadado Cuaderno No.1, que entiendo ganó primera mención en el concurso literario de las Fuerzas Armadas cuando hacías el servicio militar?

—Los cómics que yo publicaba son de cuando era un adolescente. Todo eso está perdido. Y aquellos poemillas hicieron bien en quedarse en el hueco que los dejé.

Últimamente, raras veces Silvio lee cómics, “más bien los miro, los examino. Como de niño fui tan adicto y luego de adolescente trabajé en eso, se me quedó el vicio. Pero lo que a mediados del siglo 20 era una industria regular de entretenimiento hoy día tiene otras connotaciones. Ahora los dibujantes y escritores de cómics son considerados verdaderos artistas”.

Sus héroes de entonces eran Will Eisner, Milton Caniff, Hal Foster y Jack Davis, maestros considerados clásicos. Actualmente, en la lista de buenos dibujantes para Rodríguez figuran Richard Corben y Simon Bisley, “amén de la proliferación de dibujantes de manga”.

“Habrá tiempo para Cuba”

La pregunta es inevitable: desde la muerte del Che y vistos desde el futuro que vendrá, qué ha pasado con Cuba en estos cuarenta años. Y qué espera el autor del impactante álbum de 2003, Cita con ángeles, con motivo de la invasión anglo-estadunidense a Irak (donde vuelve a aparecer una mención al Che y su muerte en Bolivia, y el ex presidente español José María Aznar es tratado como “enano alcahuete” por su alianza con la dupla Buhs-Blair). “Si lo viera desde el deseo, podría decir que en este lapso hemos estado aprendiendo qué hacer y qué no hacer. Y justamente eso es lo que espero que demostremos en el futuro.”

—¿Hay tiempo para eso? Parece más bien que el futuro se le viene encima a Cuba...

—A mi modo de ver habrá tiempo, siempre que respetemos dos cosas a la vez: los sacrificios realizados y los derechos de las nuevas generaciones.

Más que identificar un punto de inflexión en estas últimas cuatro décadas en algún acontecimiento político como la caída del muro de Berlín, la desaparición del mundo comunista o los más recientes atentados terroristas del 11-S en Estados Unidos, este “obrero de la palabra”, como gusta decirse, autor de temas sin fronteras como “Te doy una canción”, “El unicornio azul”, “Ojalá”, “La gaviota” y “Rabo de nube” considera que no necesariamente son los hechos políticos los que pueden marcar a un siglo, vivimos en un mundo donde la ciencia y el arte están en baja pero el cambio climático y los avances en ingeniería genética también son sucesos que podrían tener un impacto tremendo en la suerte de la humanidad”.

Renuente como es sabido a hablar de sí mismo, Rodríguez dice “no tener la más mínima pretensión” de pensar en qué herencia va a dejarle a la gente. “Y la verdad —dice— que sería raro que se me tomara en cuenta. Constantemente aparecen y desaparecen artistas, pensadores, mujeres y hombres extraordinarios, y el mundo no parece muy receptivo. ¿Por qué iba a aprender de un aprendiz?”

—Aun así hay muchos que clonan tu estilo o que se inspiran a través de tus canciones. ¿Cómo ves a esos seguidores?

—Siempre han existido referentes y eso sirve para incentivar las ganas de otros. Yo mismo fui un joven soldado que cierta vez trató de hacer sonar su guitarra como “We can work it out”.

A partir de 1983, con el retorno de la democracia en Argentina, tuvieron lugar en Buenos Aires varios conciertos de Silvio y de Pablo Milanés que reunieron a millares de personas las cuales coreaban de memoria, con velas encendidas, cada una de las letras de la Nueva Trova, a pesar de los años de aislamiento y sin el recurso aún del internet capaz de burlar la censura militar: “¿Te conmovió aquella adhesión, que también era una adhesión a la satanizada Cuba?”. “Antes de llegar a la Argentina me habían contado que si en un registro policial encontraban un casete con música nuestra, podía significar arresto o golpiza. La verdad es que yo llegué allá, más que conmovido, abrumado por la responsabilidad que cargaba. El entusiasmo de la gente fue un alivio.”

La entrevista casi termina. Todavía preguntamos qué pasó con él en estos 40 años y con sus ideas sobre el mundo, la vida y el amor.

“En 40 años pueden ocurrir muchas cosas que no imaginábamos. Al nivel esencial creo que sigo siendo casi el mismo y que no me he vuelto loco”.

—Como dice el lugar común, ¿la vida comienza a los 40?

—Dice García Márquez que es una suerte poder contarla. Sin afán de apostilla (Dios me libre), yo agregaría “siquiera un pedacito”.

Dejamos correr el final:

—¿Qué es lo que más te sigue enamorando de la vida y qué es lo que más te frustra y enoja?

—Lo peor que tiene la vida es que termina. Y lo mejor que tiene es que, así y todo, continúa.

—A lo largo de tu trayectoria y mirando atrás, ¿qué canción tuya consideras la más sabia o atinada?

—No estoy muy seguro de cómo medir la eficacia de las canciones. Lo que tienda puentes, lo que nos ayude a comprender, lo que nos haga más solidarios y mejores, sin duda vale la pena. Pero hay otra categoría, no sé si más simple o compleja, que es aquello inefable que nos hace felices, o que nos acerca a eso. Si crees que una canción mía ha tenido alguna de esas cualidades, pues... esa misma.

—¿Cuál es la palabra más revolucionaria que conoces?

—A riesgo de parecer trillado, amor puede ser todavía —más que una palabra— un sentimiento sumamente explosivo.

—¿Es cierto que la canción “Ojalá”, aquella de “ojalá pase algo que te borre de pronto…” fue por un enojo? ¿Con quién?

—La hice después de varios meses en alta mar, al recuerdo obsesivo de una mujer. Pero todavía no te sé decir con qué estaba enojado.

—¿Qué harías con diez años de menos?

—Volver a enamorar a mi compañera.

Ciudad de México/Irene Selser

jueves, julio 26, 2007

A modo de homenaje a la Revolucion Cubana

Aquella Cuba unánime

Rodrigo Moya

En 1964, hace 43 años, viajamos a la ciudad de La Habana tres periodistas mexicanos invitados por el Gobierno de Cuba para asistir a la conmemoración del XI Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, acaecido el 26 de julio de 1953. En esa fecha, dos columnas de jóvenes rebeldes encabezados por Fidel Castro Ruz atacaron infructuosamente aquel cuartel situado en plena ciudad de Santiago, en el extremo oriental de la isla. El intento costó muerte y tortura muchos de los rebeldes, y cárcel y exilio para los sobrevivientes, entre ellos el propio Fidel y su hermano Raúl. Sin embargo, esta acción marcó el inicio de la lucha que, cinco años después, y tras épicos avatares que son parte central de la historia de Latinoamérica, conquistaría la capital de Cuba para expulsar al dictador Fulgencio Batista e instalar un gobierno revolucionario que, acosado desde su nacimiento, se declaró Estado socialista en 1961.

Desde aquella epopeya, muchas cosas sucedieron en la isla y fuera de ella que electrizaron al núcleo más consciente de la juventud del continente, lo mismo que a todos quienes veíamos con indignación la impunidad con la que una serie de tiranos, impuestos desde Washington, gobernaban a fuerza de metralla y despojo a varias naciones. La toma de La Habana por "los barbudos" puso fin a más de cuatro siglos de dominio colonial en Cuba, y con su resonancia e influencia la historia del continente americano cambió radicalmente desde entonces. Dictadores como Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez y muchos otros fueron desplazados a bala del poder. Cuba inició, a contracorriente y presionada desde varios ángulos con todos los recursos de sus enemigos, una reconstrucción nacional que la llevaría en dos años a proclamarse socialista y a gravitar en la órbita de la Unión Soviética como única manera de eludir el cerco económico y el acoso militar.

El joven periodista Froylán Manjarrez, el caricaturista Eduardo del Río -Rius- y el suscrito, éramos esos tres periodistas mexicanos que queríamos ver de cerca la realidad de la Revolución Cubana y sus avances, reconocidos ya como espectaculares en cuanto a desarrollo social, justicia e independencia. La idea era hacer un libro que se llamaría Cuba por tres: Manjarrez a cargo de textos breves, ágiles, incisivos y amenos como todo lo que escribía; Rius, ni qué decirlo, a cargo de una visión con caricaturas y montajes gráficos, y yo, como fotógrafo, a cargo de una mirada documental que encajaría fotografías a contrapunto con textos y caricaturas. No íbamos a ciegas ni a improvisar sobre la marcha. Además de que seguíamos día a día el latido continental de la Revolución Cubana, el proyecto se había desarrollado desde meses antes y contábamos inclusive con un simpatizante de la idea, dispuesto a patrocinarla. Contábamos también con el apoyo de las autoridades cubanas que nos moverían a donde quisiéramos, y con la ayuda, más teórica que práctica, de la revista Sucesos, donde los tres susodichos periodistas colaborábamos.

En un avión cargado hasta el tope de periodistas e intelectuales de toda laya y de simpatizantes afectos al turismo gratuito de izquierda, llegamos a La Habana días antes de los festejos. Como un reconocimiento a la ciudad que había visto nacer la Revolución y aportado una dolorosa cuota de sangre en aquél ataque suicida, ese año el festejo se realizaría en Santiago. De inmediato nos tomó en sus manos el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), que nos metió en una negra limousine Cadillac, de las muchas abandonadas cinco años antes en la fuga pánica de la alta burguesía. Guiados por Isabel, una preparada guía del ICAP, fuimos a donde queríamos ir, desde las cercanías de La Habana hasta Matanzas, Cienfuegos, Península de Zapata, Santa Clara y otros lugares de nuestro interés. El día 24 de julio nos pusieron en un Ilushin destartalado para Santiago de Cuba, donde el 26 fuimos testigos no sólo del impresionante festejo patrio presidido por Fidel Castro, el Che Guevara, Haydé Santa María y toda la cúpula dirigente, sino también del carnaval santiaguero, según muchos sólo superado por el brasileño.

Froylán Manjarrez, Rius y yo anduvimos casi siempre juntos, aunque la popularidad del dibujante y las amistades que tenía desde antes en La Habana en ocasiones nos dispersaron. De cualquier modo, durante tres semanas trabajamos duro entrevistando gente de todos los oficios, visitando "centrales", astilleros, las famosas fábricas donde se hacían puros, escuelas en construcción en las montañas donde antes no llegaba nadie, excepto los guerrilleros; o conjuntos educacionales enormes y complejos, como el de Cubanacán, recién construido, o Cuquine, la enorme finca urbana de Batista, convertida en escuela de agronomía, y también los ampulosos palacios de los ricos refugiados en Miami, ahora adaptados como escuelas de danza, de pintura, de música; fuimos a los viveros de cocodrilos en Guamá, así como a las primeras granjas experimentales con regímenes de pequeña propiedad, las estaciones piscícolas con tecnología china y soviética ya en plena producción, en fin, la flota pesquera que ya iniciaba su desarrollo para convertirse a la vuelta de pocos años en la más productiva y eficiente del tercer mundo.

Regresamos a México henchidos de ideas y tardamos algunas semanas en hacer cada quien lo suyo antes de intentar el ensamble colectivo. Yo copié cientos de imágenes, Froylán pulía sus textos y una introducción, mientras Rius ordenaba su información para ponerla en boca de sus muñequitos. En esas andábamos, además de en el fragor de ganarnos la vida, cuando nos llegó la noticia: nuestro futuro editor había muerto de un ataque al corazón. Era Mony de Swaan, un maduro judío holandés que había luchado contra los nazis durante la Segunda Guerra Mudial, que seguía apegado a sus filias izquierdistas a pesar de su fortuna, y que como próspero empresario se había atrevido a desoír las consignas imperiales del bloqueo y le vendía alimentos a Cuba.

Entonces guardé esas fotos hasta la fecha, y ahora es una alegría publicar algunas de ellas en La Jornada. Froylán murió dos años después, a los 27 años, dejando un gran vacío en el corazón de sus amigos y en el mejor periodismo mexicano; Rius armó con sus ideas de ese viaje su popular libro Cuba para principiantes. Yo no olvido aquella Cuba casi unánime, rebosante de entusiasmo colectivo y de esfuerzos para sobrevivir en el turbulento mar del capitalismo universal. Acosada por todo el inmenso poderío mediático de Estados Unidos y sus seguidores, ha sobrevivido casi medio siglo. ¿Quién más ha logrado tal hazaña en nuestra historia?

¡Larga vida a la Cuba revolucionaria!

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