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lunes, junio 20, 2011

Dos soldados amigos del Che

Por Coco López

Página 12

"Cuando supe que el Che había muerto lloré". El General Harry Villegas, Héroe Nacional de Cuba, más conocido como Pombo, veterano de tres guerrillas, no tiene pudor en confesar su llanto cuando supo que había muerto su jefe y amigo. Horas antes, en el programa Bien Temprano de Canal 5, me sorprendió su rápida respuesta cuando le pregunté cómo había salido de Bolivia: "Peleando. Nosotros éramos seis, tres cubanos y tres bolivianos. Enfrente teníamos a cuatro mil soldados". Pombo estuvo en Rosario para participar en el Coloquio Che 83, organizado por la Universidad Nacional de Rosario y el Centro de Estudios Che Guevara. Lo acompañó en su viaje desde Cuba, el Comandante Víctor Dreke, segundo jefe del contingente cubano en la guerrilla del Congo. Cuando asesinaron al Che, Dreke estaba en Guinea Bissau junto a Amílcar Cabral, luchando por la independencia del país, entonces ocupado por el gobierno de Lisboa. Quedaron consternados por la muerte de Guevara y en su homenaje prometieron intensificar las batallas por la liberación de la colonia portuguesa. Prometieron y cumplieron.

Dialogar con ellos es pasar revista a los últimos cincuenta años de la política latinoamericana y mundial. Pombo es seguramente la fuente más importante para indagar cuestiones militares que atañen al Che. Lo acompañó en tres guerrillas: Sierra Maestra, Congo y Bolivia. A los 14 años subió a la montaña para luchar contra Batista. Cuando llegó triunfante a La Habana integrando la columna del Che, era el jefe de su escolta.

Víctor Dreke, vio al Che por primera vez en la sierra de Escambray, cuando le revisó una herida de bala en el hombro y le pronosticó un pronto restablecimiento. En Africa, años después, lucharían juntos.

"Definitivamente no estoy de acuerdo con la valoración que hace el Che". Dreke no dudó, cuando le pregunté si la lucha en el Congo fue un fracaso, como dice el Che en su diario. Me adelantó que está trabajando sobre la misión internacionalista de los cubanos en Africa. "Quiero dejarte bien en claro que el Che no fue al Congo a esconderse. El que se esconde no pelea y una de nuestras discusiones constantes, era que él, como jefe, no debía exponerse tanto en los combates".

Pombo es un buen conversador, que se destaca por el carácter analítico y la profundidad de sus conceptos. Siempre recuerda que su Jefe decía que el guerrillero no es solamente un tira tiros. Cree que es una tontería decir que el Che buscaba la muerte y está convencido que pudo salvarse, si hubiese privilegiado su situación personal, sin tener en cuenta en primer lugar a los compañeros heridos, a los enfermos y a los combatientes de otros países latinoamericanos.

Cuando le pregunto si en Bolivia era posible un rescate del Che con tropas enviadas desde Cuba, me mira extrañado y subraya que ese planteo es posible, sólo si se ignora la situación real en que combatía la guerrilla boliviana.

Pombo y Dreke coinciden que el Che ejercía su liderazgo con el ejemplo. Nunca pedía a un subalterno, nada de lo que él no estaba dispuesto hacer. No terminan allí las coincidencias. Ambos valoran altamente la consigna de crear dos, tres Vietnam, para enfrentar al imperialismo, que el Che lanzó en 1967.

Pombo, cree que la guerrilla boliviana fue el Moncada de Latinoamérica y está convencido que el objetivo final del Che, era luchar en la Argentina. "Pero hay algo más. Cuando hablas de lucha de liberación continental, hablas de la Revolución Cubana, del Che y de Fidel".

Pombo llegó por primera vez a Rosario en 1996 para presentar su libro "Pombo, un hombre en la guerrilla del Che". En esa oportunidad, lo apabullaron con preguntas sobre las simpatías futbolísticas del Che. Estaba más cómodo respondiendo sobre la guerrilla. En presencia de Perico Pérez, un conocido fana canalla, Pombo me confesó que el Che nunca le había hablado de fútbol.

Hubo después varios viajes. En 2008, se impactó con el recibimiento popular a la estatua del Che, un acontecimiento que compartimos a la orilla del Paraná. Allí, por primera vez, sintió que los rosarinos habían hecho suyo al Che.

Fueron tres días de conversaciones. Nos dimos tiempo para hablar del argentino Ciro Bustos y de Regis Debray. Pombo cree que Bustos escribió "El Che quiere verte" para justificarse y que Debray, no fue todo lo justo con el Che, como el Che lo había sido con él, cuando reconoció que el francés había hablado demasiado pero subrayaba "hay que ver en que condiciones habló".

Para Dreke, fue su primera visita a Rosario. El día de su partida conoció la casa natal del Che. De una jovialidad envidiable, dueños de una historia digna de escuchar, Pombo y Dreke, fueron distinguidos con un diploma en el Concejo Municipal. Se fueron de Rosario a Alta Gracia, otra de las ciudades en la ruta del Che. Allí los esperan con más preguntas sobre este rosarino ilustre, que el 14 de junio, hubiese cumplido 83 años. Ese rosarino llamado Che, que como dice Eduardo Galeano, tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2011::

viernes, junio 17, 2011

Los rulos al viento [Gabriel Carbajal]

 Gabriel Carbajal

Los rulos al viento, la mirada clavada en el horizonte, una frente que es el espejo de la voluntad sensible que distingue al ser humano del animal sólo en lucha por la subsistencia.

No hay nadie sobre el planeta que no sepa quién es este hombre-mujer de semblante tranquilo y resuelto, sereno y enérgico, entusiasta y crítico, célebre pero humilde.

Nadie dice “era el Ché Guevara”. Todos hablamos de él en presente.

No pocos han querido aniquilar el ascendiente espiritual y la autoridad moral de este personaje verdaderamente heroico e histórico. No son pocos los que han soñado con reducirlo a emblema grotesco de la violencia del pueblo despojada de contenidos y sentimientos; siempre habrá enemigos queriendo pintarnos en el Ché el retrato del fanatismo y la irracionalidad sin límites.

Nadie ni nada han podido convertir al Ché en ornamento comercial o imagen del ideal derrotado. Nadie ni nada han logrado disociar estos ojos que miran desde el fondo de la historia, del revolucionario que construye teoría revolucionaria y revolución desde el sacrificio y la entrega sin condiciones y sin concesiones a las propias debilidades humanas o a dogmas infalibles levantados sobre esas mismas debilidades.

Aquí está, entre nosotros, entre todos los humillados y vejados de la tierra, 83 años después de aquel nacimiento rosarino-americano de 1928, el Compañero Ernesto “Ché” Guevara (Ché con acento en la “é”), mirando, mirándonos, observándonos desde una muchedumbre en la que él no se siente ni superior ni tocado por los designios de algunos dedos divinos que conviertan en mera leyenda a alguien que vivió la vida combatiendo leyendas y mitos fabricados desde la opresión y el escarnio.

El Ché nos sigue mirando. Y sigue diciéndonos que lo suyo no es leyenda. No puede serlo.

Nos convoca, pero a la vez nos dice que la lucha es muy dura, que representa muchísimos riesgos, innumerables escollos, impredecibles y desgraciadas sorpresas llegadas desde nuestras mismas filas.

Parece querer hablarnos, explicarnos el por qué de lo que algunos consideran una inmolación simbólica sin sentido; un suicidio voluntarista al santo cuete.

Es cierto que tras su muerte, todo fue muerte, casi, para quienes intentamos seguir sus pasos rengos en el continente entero. Son ciertas las dictaduras, las rejas, los campos de concentración, la tortura salvaje, el genocidio, la cobardía, y, también, la traición que nunca falta, como en los viejos tiempos de los latigazos y las crucifixiones públicas del tenebroso imperio romano.

Es cierto que de tanto sacrificio, hoy tan sólo parecería quedar en pié la ilusión idiota de la conciliación de clases y la impunidad cómplice para detener renovados bríos de los fascistas fusilados, ya, en el odio de pueblos enteros que ni olvidan ni perdonan ni tampoco se dan por vencidos.

Es cierto, pero es mentira. Lo es, porque la leyenda, la auténtica leyenda, el verdadero mito contra el que el Ché y todas y todos levantamos los puños y apuntamos con fusiles y volantes, con huelgas y movilizaciones, con puteadas y escraches; el mito verdadero, el mito real y despiadado, sigue siendo el mito de la invencibilidad del capitalismo y la leyenda de que no hay sociedad capaz de sustituir esta mierda de sistema al que el Ché nos enseñó a odiar y confrontar hasta la muerte, si fuera necesario.

Del Ché y de todo el sacrificio habido y por haber, quedan en pié, sobre todo, la certeza y la fe reafirmada de que no hay condición humana posible, sin librarnos de la opresión que de hecho nos ha dejado a la humanidad entera en la condición de animales de carga que lo seguiríamos siendo si nuestro destino fuese solamente buscar el alimento para no perecer de hambre.

El Ché, revolucionario y libertario, nos dejó la más valiosa de las enseñanzas: hay que saber rebelarse ante todo lo que se nos presenta como infaliblemente dispuesto, incluídos muchos de nuestros prejuicios revolucionarios y muchas de nuestras verdades teóricas convertidas en catecismo o recetario esclavizante.

El Ché vive, y lucha, y fracasa y triunfa, y vuelve a fracasar y a triunfar, porque palpita (sin descanso, sin conformismo, sin rendir tributo a la fuerza de la costumbre), su espíritu rebelde y crítico, victorioso más allá de las derrotas, entero más allá del asma ideológico que nos aqueja desde que no hemos podido resolver la enorme contradicción de pueblos enteros que escupen a la burguesía en las urnas y los plebiscitos y a la vez delegan su propio e intransferible poder en representaciones que en sí mismas son la negación del poder popular y de la potencialidad revolucionaria que únicamente anida en los de abajo.

El Ché vive y lucha porque es un libertario intransigente desde mucho antes de la revolución, desde el mismo instante en que sus brazos continentales empuñaron la causa de la revolución como la causa de libertad.

El Ché vive porque es libre y nos sigue enseñando la libertad como la única manera de ser comunistas no solamente en lo económico, sino también, y sobre todo, en lo único que definitivamente hará que no seamos pobres animales atrás del alimento: la conquista permanente e innegociable de la libertad absoluta.

Su ser libertario y perpetuamente irreverente, es lo que ha impedido que lo convirtieran en mito o leyenda, tanto los enemigos como los que deliran con tránsitos “civilizados” y conciliaciones de clase, mientras la miseria y la represión nos dicen todos los días –por más que los medios deseen ocultarlo- que la libertad de la especie humana (esa libertad que nace de la insurrección obstinada y sencilla de los obreros y los más humildes y humillados) será fruto de la lucha a brazo partido contra los que únicamente conciben la libertad como “libertad de mercado”.
"Nuestro sacrificio es consciente, es el pago por la libertad que estamos construyendo” (Ché).
 
 

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2011::

viernes, enero 16, 2009

Basan nueva cinta del Che en libro de Paco Ignacio Taibo II



Ernesto Guevara, también conocido como el Che sirvió de apoyo para la realización de la película protagonizada por Benicio del Toro y Demián Bichir

Notimex
El Universal
Ciudad de México Jueves 15 de enero de 2009

12:43 El libro biográfico Ernesto Guevara, también conocido como el Che, del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, sirvió de base para la realización de la película de Steven Soderbergh sobre el guerrillero que tendrá preestreno este viernes aquí.

En el filme Che, el argentino, protagonizado por el actor de origen puertorriqueño Benicio del Toro y el mexicano Demián Bichir, el director estadounidense narra la vida del médico, político y guerrillero que ha despertado grandes pasiones en favor y en contra.

La biografía hecha por el escritor mexicano fue central apoyo a esta producción de 2008 a tal grado que durante todo el rodaje la tuvieron siempre a la mano, alternando con varios documentos y hablando con familiares y amigos cercanos al guerrillero, según informó la casa editorial del volumen.

Pero a casi 42 años de su muerte, en Bolivia, este personaje de la historia mundial ha despertado también el interés por plasmar su vida e intereses en textos, de los cuales es un ejemplo el texto de Taibo II, del que ha aparecido una segunda edición, corregida y aumentada, publicada por Editorial Planeta, bajo el sello Booket.

La nueva versión contiene nuevas fotos y datos desconocidos hasta la fecha, que revelan las múltiples facetas de este personaje, en lo que es la biografía más completa del guerrillero argentino.

También sobre el personaje, Taibo II publicó otro libro, titulado El cuaderno verde del Che, el cual contiene una antología hecha por el propio argentino de los poemas que más le gustaban, como del chileno Pablo Neruda, el cubano Nicolás Guillén, el peruano César Vallejo y el español León Felipe.

Se trataba de textos que el propio Guevara copio en un cuaderno de ese color que guardaba en la mochila que portaba al momento de ser capturado en el país andino.

Otro volumen sobre el mítico personaje es Che para principiantes, en el que Mariano Rodríguez Herrera echa una mirada histórica y emotiva de las pobrezas de los pueblos de América Latina y de las ilusiones de los jóvenes por cambiar la vida social de sus países.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

sábado, junio 14, 2008

Che Guevara: mensaje de aniversario

Este 14 de junio el revolucionario cumpliría 80 años

Frei Betto*

Este 14 de junio el Che Guevara cumpliría 80 años. Su militancia entre nosotros terminó a los 39.
Pero no consiguieron matarlo. Hoy está más vivo que en sus cuatro décadas de existencia real. Además, son raros los revolucionarios que, como Mao y el propio Fidel, envejecen. Muchos derramaron temprano su sangre para contribuir al proyecto de un mundo de libertad, justicia y paz: Jesús, con 33 años; Martí, 42; Sandino, 38; Zapata, 39; Farabundo Martí, 38; sólo para citar unos pocos ejemplos.

El enemigo se debe arrancar los cabellos al constatar que, hoy, Che se encuentra más presente que en la época en que ellos creían poder asesinar las ideas. Intentaron todo para condenarlo al olvido; cortaron su cuerpo y escondieron sus miembros en diferentes lugares; inventaron sobre él toda suerte de mentiras; prohibieron que su literatura circulase en muchos países. Fénix obstinada, Che revive en fotos, música, espectáculos teatrales, filmes, poemas, novelas, esculturas y textos académicos. Hasta una cerveza bautizaron con su nombre, la Unique Garden. La imagen de su rostro conforme la famosa foto de Korda ocupa el centro de las salas de las viviendas.

Al constatar que las cadenas no aprisionan los símbolos, ni las balas matan los ejemplos, inventaron falsas biografías para intentar difamarlo. En vano. Hasta en los juegos de futbol los aficionados levantan pancartas con su rostro. Y vean que no se gasta un centavo en esa propagación de su imagen. Ella sola tiene importancia por reflejar las ideas que hicieron de él un revolucionario. Nada de eso es fruto del marketing. Son gestos espontáneos de quienes quieren enfatizar que la utopía permanece viva.

Hoy, al resumir el legado del Che y celebrar sus ochenta años nos exige mantener el corazón y los ojos vueltos hacia la preocupante situación de nuestro planeta, donde impera la hegemonía del neoliberalismo. Multitudes, sobre todo jóvenes, son atraídas al individualismo y no al espíritu comunitario; a la competitividad y no a la solidaridad; a la ambición desmedida y no a la lucha en pro de la erradicación de la miseria.

Se habla tanto del fracaso del socialismo en el este europeo y casi nunca del fracaso inevitable del capitalismo para los dos tercios de la humanidad, de los 4 mil millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza.

Nos angustia también la degradación ambiental. Si los líderes mundiales hubiesen oído el alerta de Fidel en la Cumbre del 92 en Río de Janeiro quizás la devastación no hubiese llegado al extremo de provocar frecuentes tsunamis, tornados, tifones y huracanes jamás vistos, sin hablar del calentamiento global, del deshielo de los casquetes polares y la desertificación de los bosques. La devastación de la Amazonia es alarmante.

El barril de petróleo, que cuesta 10 dólares en la boca del pozo, ya cuesta más de 120 dólares en el mercado. Es triste constatar que grandes áreas agrícolas para la alimentación son reservadas para la producción de etanol destinado a nutrir los 800 millones de vehículos automotores que circulan en todo el planeta y no a los 824 millones de bocas hambrientas amenazadas por la muerte precoz. Frente a ese mundo en que la especulación financiera suplantó la producción de bienes y servicios, en que la bolsa de valores sirve de termómetro de la supuesta felicidad del hombre, ¿qué hacer?

Bolívar debe estar feliz con la primavera democrática en América del Sur. Después de los ciclos de dictaduras militares y gobiernos neoliberales, ahora el pueblo elige gobiernos que rechazan el ALCA, aprueban la Alba y refuerzan el Mercosur y repudian la invasión de Irak y el bloqueo a Cuba por parte del gobierno de Estados Unidos.

¿Cuál es la mejor manera de conmemorar los ochenta años del Che? Creo que el mejor regalo sería ver a las nuevas generaciones creyendo y luchando por otro mundo posible, donde la solidaridad sea hábito, no virtud; la práctica de la justicia una exigencia ética; el socialismo el nombre político del amor.

¡Construir un mundo sin degradación ambiental, hambre y desigualdad social!

En vísperas del aniversario 50 de la Revolución cubana, todos debemos encararla cada vez más, no como un hecho del pasado y sí como un proyecto de futuro.

* Publicado originalmente en Granma

Mas informacion sobre Che aqui

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Peje en 2008::

martes, octubre 09, 2007

"Hasta Siempre Che"


Por Lia
Recordemos hoy y siempre la caída de Ernesto Guevara de la Serna.
Precisamente hoy 09 de Octubre se cumplen 40 años del asesinato del "Che", el cual nos deja su gran legado: Su lucha guerrillera, su lucha social su ejemplo de hombre.


Cada vez estoy más convencida que las personas que estamos en esta lucha y en resistencia luchamos contra en neoliberalismo impuesto por el imperalismo Yanqui. Hoy sé que debemos lanzarnos a lucha, pero no sólo esa lucha física, campal, sino a través del labor de conciencia, del trabajo voluntario, sólo así unidos toda América latina podremos vencer al enemigo que cada día nos acosa, nos asfixia y nos mata.



Aunque no me tocó conocer al "Che" físicamente, él esta en mi con su legado, con su ejemplo y habemos muchos hombres y mujeres que lo seguimos y vendrán nuevas generaciones que lo recordará y lo seguírán porque hoy a cuarenta años de su caída sigue vigente en nuestra memoría.



Ernesto Guevará era de todos y a la vez de nadie, porque el tenía el sentir de toda América,vió esa necesidad de salir y emprender esa gran travesía no sólo por América sino por el mundo entero a emprender multiples batallas y fue así como cayó en la batalla y asesinado por un vil subdito de los intereses imperialistas.





Esto es mi sentir y apartir de su "ideario político y filosófico" quedó cada día más convencida, que vale la pena luchar, porque se demuestra que Ernesto Guevara, no era un vago, como dicen sus enemigos, sino un médico, un guerrillero, un padre de familia, un hombre que cada día se preparaba en lo intelectual y sabía lo que decía y hacía,es ahí donde radica la congruencia de todo ser social y luchador de ideales, pero también fue un hombre de batalla que representa un gran símbolo histórico de la Revolucion Cubana, sino de todas las revoluciones de los tiempos y que nosotros tenemos el deber de seguir.



"Hasta Siempre Che".

Revelaciones de su diario y las últimas horas

Edición especial: CHE, revelaciones • 40 años

El 9 de octubre de 1967, hace 40 años, moría asesinado en Bolivia el guerrillero argentino Ernesto Guevara, a los 39 años. Protagonistas hasta hoy desconocidos hablan de los últimos momentos que pasaron junto al Che, y el gobierno boliviano permite por primera vez el acceso a los originales de sus Diarios.


Susana Osinaga Robles, 74 años. La enfermera que lavó el cuerpo del Che. Foto: Clarín


Publico


Decenas de periodistas habían llegado a Vallegrande para seguir los acontecimientos pero uno solo, Reginaldo Ustariz Arze, que era médico y que había conseguido una acreditación de corresponsal de guerra para el diario Prensa Libre de Cochabamba, logró ser testigo de la llegada del cuerpo del Che al hospital Señor de Malta. “Lo trasladaron a la sala de emergencias donde estaban los médicos Moisés Abraham Baptista y José Martínez Osso, y éstos desnudaron el cuerpo de la cintura para arriba para facilitar la formolización y la toma de impresiones digitales. Fue cuando observé la facilidad con la que era manipulado el cadáver. Sospeché de inmediato de la versión oficial. Era imposible que hubiera muerto el día anterior porque entre las 4 y las 8 horas después de la muerte se produce el rigor mortis. Me acerqué y puse una mano encima del pecho. El cadáver estaba aún tibio. Y pude observar algo más: había un orificio de bala exactamente delante del área cardiaca, que presentaba pólvora a su alrededor; muestra incuestionable de haber sido rematado a quemarropa y muerto cuanto más 4 o 5 horas antes”, cuenta Ustariz Arze en su libro El combate del Churo y el asesinato del Che para el que investigó durante 38 años y por el que tiene que vivir exiliado en Brasil.

Susana Osinaga Robles también recuerda ese momento. Era enfermera del hospital y el médico a cargo le pidió que lavara el cuerpo del Che. “Le saqué toda la ropa andrajosa que tenía y lo lavé con alcohol. Le tiré el pelo para atrás y la barba para abajo. Apareció una cara hermosa. Ya tenía los ojos abiertos. Pregunté y me dijeron que lo dejara así.

Aparentemente, los ojos se le habían quedado abiertos del viento mientras lo llevaban en helicóptero.

Lo terminé de lavar y lo dejé así en una camilla”, cuenta Susana en su casa de Vallegrande, rodeada de imágenes de santos y flores de plástico. René Cadima esperó a que se hiciera de día.

Era fotógrafo profesional y no podía perderse la oportunidad de tener la foto del Che. Caminó hasta el hospital y habló con un enfermero amigo. Lo hizo pasar. Estaba el cuerpo del Che desnudo.

“Tenía todo preparado. El flash cargado. La cámara lista. La levanté y tiré la foto. Pero el fogonazo alertó al milico que estaba de guardia. Entró y me empezó a gritar. Para que la cosa no pasara a mayores le dije que iba a velar la foto. Intenté sacar otro rollo y guardarme el auténtico, pero el hombre no era ningún tonto. Tuve que velarla, por suerte después hice el retrato del Che con los ojos abiertos”, cuenta René ahora con una voz casi imperceptible, sentado en su silla de ruedas, sin una pierna y ciego, en el medio de su ferretería del centro de Vallegrande.

Los militares dicen que el cuerpo permanecerá en el hospital hasta que llegue una comisión que viajaba desde Argentina para comparar las huellas dactilares con las de los archivos de la Policía Federal. Con este propósito, el teniente coronel Roberto Quintanilla tomó varios ejemplares de las huellas. A las once de la mañana llega a la pista de tierra del pueblo un DC-3. Todos creen que es el grupo de argentinos, pero son unos 40 periodistas de todo el mundo. El coronel Zenteno ordena que el cadáver sea trasladado a la lavandería del hospital para que pueda ser visto con mayor claridad y para que los fotógrafos tengan más luz para sus tomas. El lugar se conserva exactamente como entonces. Es un tinglado de tres paredes de unos cuatro metros de largo por dos y medio de ancho con dos piletones en el medio.

La parte de adelante está completamente abierta. Está ubicado a unos 150 metros de la puerta del hospital en el patio trasero. Entonces había allí un gran descampado. Ahora hay una construcción abandonada a unos 50 metros y una casucha de barro con un corral con gallinas y dos chanchos del otro lado. Está pintado en su interior de un color celeste muy vivo y todas las paredes están recubiertas de inscripciones de los turistas. Una cerca de hierro rodea la lavandería dejando un espacio de unos dos metros por delante donde se hizo un jardín de matas pequeñas que forman la frase “Che Vive”.

Allí se tomaron las famosas fotos del Che con los ojos abiertos que hacían recordar algunas estampas de Cristo. El coronel Zenteno creía que mostrándolo así iba a verse una imagen de la derrota, por eso ordenó que no le cerraran los ojos. Dio una conferencia de prensa frente al cadáver y reiteró la versión del enfrentamiento y la muerte en combate. Pero el médico y periodista Reginaldo Ustariz Arze no se había dado por vencido. “Me puse detrás del cadáver y cuando tuve un momento grité: ¿Cómo murió y cuál es la causa de la muerte? ¿Alguien sabe? Y coloqué mi dedo a pocos centímetros de la herida en el pecho y dije ‘Este orificio corresponde a la penetración de la bala que lo mató. El disparo fue hecho a quemarropa, el Che no murió en combate, fue ejecutado’. Pero nadie pareció darse cuenta de lo que estaba diciendo.

El coronel siguió hablando y los reporteros siguieron preguntando. Pero si van al archivo de la televisión boliviana y de la TVTupí de Brasil van a ver que se escucha claramente mi pregunta. Y en ese momento yo sentí un pinchazo en la espalda, me di vuelta y era mi jefe, el director de Prensa Libre, que me decía ‘Cállate, no seas cojudo, te van a matar’. Y estuve más de 30 años tratando de probar la verdad”, escribe Ustariz Arze.

El equipo de forenses argentinos acompañados por uno de los hermanos del Che, Roberto, no llegaba. Vino la orden de hacer la autopsia que realizaron los médicos Osso y Baptista. El informe celosamente guardado por cuarenta años por el ejército boliviano dice, de acuerdo con el historiador boliviano Carlos Soria que tuvo acceso a una copia, que el Che tenía ocho heridas de bala y que “la muerte fue causada por las heridas del tórax y por la hemorragia subsiguiente”. En ese momento apareció el general Alfredo Ovando Candía con la urgencia de hacer desaparecer el cadáver y con la “idea” de decapitar el cuerpo y dejar la cabeza del Che para que la identificaran los argentinos. Félix Rodríguez, que aún se encontraba en Vallegrande, dijo en una de sus entrevistas con el periodista Jon Lee Anderson que “la propuesta me pareció excesivamente bárbara” y propuso que le cortaran un dedo. Esa noche, el mayor Roberto Quintanilla, que respondía al secretario de Interior Antonio Arguedas Mendieta –que luego sería el hombre que se robaría una copia fotografiada por la CIA del Diario del Che y la entregaría al gobierno de Fidel Castro–, hizo lo que le pareció mejor. Tomó dos mascarillas de cera para tener una copia del rostro. “Lo hizo con cera común. Nos pidió velas a nosotras. Y anduvo buscando velas por todo el pueblo”, recuerda la enfermera Susana Osinaga. Y luego le cortó las manos y las puso en formol. A las cinco de la mañana del 11 de octubre de 1967 reapareció en el hospital el teniente coronel Andrés Selich acompañado por el mayor Mario Vargas Salinas. Relevó a la guardia que estaba a cargo del cuerpo y ordenó a dos soldados de su más absoluta confianza que sacaran el cadáver y lo colocaran en una camioneta militar que estaba en la puerta.

También subieron los restos de los otros seis guerrilleros muertos en esos días. Recorrieron unas 10 cuadras y dejaron atrás las casas del pueblo y tomaron por la calle que va al cementerio bordeando el aeródromo de Vallegrande. “No avanzaron mucho más. Encontraron una cañada natural excavada por la lluvia y ahí los tiraron. Tenían por ahí una excavadora del ejército porque Selich era el encargado de abrir un camino nuevo hasta Cochabamba. Con esa máquina taparon el lugar, pero removieron un trozo bastante grande”, cuenta Edil Peña, guía de la Ruta del Che y testigo directo del descubrimiento de las tumbas 28 años más tarde. A unos 300 metros del lugar ya habían enterrado a otro grupo de guerrilleros entre los que se encontraba la argentino-alemana Haydée Tamara.

La Paz • Gerardo Dell’Oro

Mas informacion sobre Che:

Fotogaleria de La Jornada - A 40 años de la muerte del Che

Canciones y poesías musicalizadas dedicadas o alegóricas a Ernesto Che Guevara

Cuba rindió homenaje al Che 40 años después

Revista Rebelion - Poesia - Para el Che

Revista Rebelion - En el Congo aprendí mucho con el Che

lunes, octubre 08, 2007

“Humanidad y autocrítica, el mejor legado del Che”: Silvio Rodríguez

Hace 40 años moría en Bolivia el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara y también, casi al mismo tiempo, nacía en Cuba la Nueva Trova Cubana.

Silvio en El Morro, La Habana, 1978. Foto: Irene Selser
Publico

Silvio Rodríguez tenía 12 años cuando en 1958 el joven abogado Fidel Castro y el médico argentino Ernesto Guevara de la Serna, nacido en la ciudad de Rosario, Argentina, el 14 de junio (o mayo) de 1928, salieron de las montañas cubanas para dar la ofensiva final contra el dictador Fulgencio Batista. Tenía 21 cuando fundó, junto a Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú la Nueva Trova Cubana, que mostraría lo más bello de la revolución por todo el mundo. Y tenía 21 cuando ese mismo año de 1967 mataron, un 9 de octubre, al Che.

Cuarenta años después de aquel asesinato, cuando el asmático guerrillero decidió abandonar su puesto como ministro de Finanzas en la Cuba triunfante de los barbudos e intentó crear, junto a medio centenar de hombres procedentes de Cuba, Argentina, Bolivia y Perú, desde la selva boliviana, un foco rebelde para expandir la revolución a América del Sur, Silvio Rodríguez, al borde de los 61, matiza su historia poco conocida y sus orígenes como dibujante de cómics, su primer contacto con una guitarra y las canciones que le escribió al Che. ¿Puntos en común entre ambos? Rebeldes en la infancia y la adolescencia, sumamente traviesos según los allegados, provocativos, mal encarados, escandalosos incluso, y la convicción común —manifiesta en el Che, en sus poemas y en la vida, y en Silvio en sus canciones— de que la muerte no es un fin sino un medio.

“Morir, sí, pero acribillado por las balas,/destrozado por las bayonetas, si no, no, ahogado no…/un recuerdo más perdurable que mi nombre/es luchar, morir luchando”, escribió Guevara en 1947, a los 19 años, cuando la familia se trasladó a Buenos Aires, cinco años antes de que partiera, en julio de 1952, en su último viaje por América Latina, sin contar con un pasado de militancia política o estudiantil en la siempre convulsa Argentina. Para Silvio Rodríguez, la muerte es una pasajera “que anda en secreto”, como reza en “Testamento”, canción en la que el también productor y diputado pasa en limpio su larga lista de deudas, una de ellas “a una bala,/a un proyectil que debió esperarme en una selva”.

El viaje del Che a finales de 1966 para instalarse en una zona montañosa y selvática cerca del río Ñancahuzú, cuando Bolivia era regida por la dictadura del general René Barrientos, estuvo precedido por el debate en Cuba sobre qué estrategia económica seguir y el grado de dependencia con la Unión Soviética, único socio comercial de la isla tras el bloqueo estadunidense impuesto en 1962. Había divergencias acerca de la conducción de la economía, defendiendo el Che un rumbo que no hiciera a Cuba depender exclusivamente de los suministros soviéticos a cambio de su azúcar.

Para Silvio, “por supuesto que el Che tenía y tiene todavía la razón” en su empeño en diversificar productos y mercados. Incluso antes del llamado periodo especial, a comienzos de 1990, cuando la desintegración de la URSS arrasó tras de sí a la estrechísima economía cubana, “la razón se la daba su sentido común, la dignidad que el Che le confería a la revolución cubana y el deseo de hacernos lo más independientes que fuera posible”.

Para el autor de “Fusil contra Fusil” y “La era está pariendo un corazón” —temas dedicados a la muerte del “guerrillero heroico”—, la vinculación que pudiera haber entre la desaparición del argentino y el nacimiento de la Nueva Trova “consiste en que Ernesto Guevara había sido uno de los comandantes de la revolución, estallido social en que mi generación se formó, incluyendo a los que escogimos ser trovadores. Después, cuando el Che y otros altruistas se lanzaron al internacionalismo, siguieron dejándonos un ejemplo de humanidad que durante años muchos jóvenes quisimos imitar y que, al menos, dejamos reflejados en canciones”.

“Se perdió el nombre de este siglo allí (…)/Todo el mundo tercero va/a enterrar su dolor/con granizo de plomo harán/su agujero de honor, su canción”, rezaba en 1967 “Fusil contra fusil”, uno de los varios temas en homenaje al Che, compuestos por Rodríguez en distintas etapas de su vida. “Pero también tengo otras —precisa—, en las que él ronda, aunque no se le mencione”.

Para Silvio, el Che les dejó un doble legado, como sociedad y en lo personal: “Una revolución triunfante, sin pretenderlo, a costa de hacer bien y de ser aplaudida por ello, puede desarrollar una especie de narcisismo que pudiera llegar a ser pernicioso. Del Che siempre me agradó la intransigencia con el acomodamiento y con el oportunismo. Para mí su legado esencial, como Homo sapiens, es su sentido autocrítico”.

Conocido por su lealtad, renovada con los años, hacia el hoy convaleciente presidente Fidel
Castro, Silvio es escueto pero contundente ante la pregunta de si Fidel es para él tan humanista, intransigente y autocrítico como lo era el Che: “Yo creo que el Che aprendió mucho de Fidel y posiblemente también viceversa”.

No parece el músico temer al hecho de la mercantilización extenuante de la figura del Che en camisetas, gorras, ceniceros, llaveros y carteles, ni que esa exposición icónica extrema pueda afectar su legado, desviarlo o vaciarlo. Más bien, piensa, “el hecho de que el rostro del Che, en el pecho de Carlos Santana, haya provocado reacciones tan virulentas, de cierta forma salva a las camisetas de su ‘pecado original’ como objeto de consumo”.

“Una suerte poder contar la vida”

Silvio conversó con Fin de semana mientras preparaba el concierto de este domingo 7 en la antigua comandancia del Che en la provincia de Santa Clara, en el centro de Cuba, distante unos 400 kilómetros al noreste de San Antonio de los Baños, provincia de Habana, cuna del cantautor, cuyos primeros estudios además de la escuela fueron piano y pintura. Su primer trabajo fue dibujante de cómics, a cargo de la satírica “El Hueco: Una historieta muy profunda” en el semanario Mella, revista mensual de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, donde el colorista Lázaro Fundora lo acercó a la guitarra, el instrumento junto al cual Silvio se ha colocado en estos cuarenta años junto a los mejores de la época: Chico Buarque, Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Víctor Manuel…

A propósito de sus influencias musicales, Silvio ve en sus maestros y maestras “a Bola de Nieve, Chaikovski, Teresita Fernández, el mexicano Francisco Gabilondo Soler, César Portillo de la Luz, Antonio Vivaldi, Glenn Miller, Mikis Teodorakis, Benny Moré, George Brassens, Mozart, Domenico Modugno, Lennon y McCartney, Charles Aznavour, Enio Morricone, María Teresa Vera e interminables etcéteras”, dice.

Bajo el alias de El Aprendiz, Rodríguez confiesa ser “un poco conservador en materia de música”, cuando le preguntamos qué lo inspira.

“Pocas veces me aventuro fuera de aquella música con la que he conseguido dialogar y me es entrañable. No quiere decir que nunca me salga, sólo que lo hago poco. Como siempre, en mí predomina la música instrumental; por propia voluntad escucho pocas canciones.

—¿Y en cuanto a las lecturas?

—Con la lectura soy más temerario y no sólo leo narrativa o poesía. Me gusta la historia y también algunas ciencias. Me entusiasman los libros que explican el porqué de las cosas. No sólo porque muestran los conocimientos; también porque las buenas explicaciones ayudan a entender segundos y terceros asuntos.

En los próximos días la totalidad de su obra discográfica podrá ser obtenida en forma totalmente gratuita en internet, desde diversas tiendas on line, gracias a un acuerdo con la distribuidora digital de la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE). Al respecto, consultado si a su juicio las nuevas tecnologías han cambiado y cambiarán más profundamente la manera de adquirir y escuchar música, Silvio lamenta que “se perdió el disco compacto, que además de sonar bien tenía un formato y un tamaño que estimulaban el diseño. No es que ahora me cierre a algo mejor que el CD, si realmente va a serlo. Pero hoy día muchos artefactos, vendidos como avances son más hijos del consumismo frenético que del verdadero progreso”.

Él deshecha totalmente la idea de que la música estadunidense deba tener un lugar reducido en los canales y las emisoras de radio de América Latina: “Es una tontería pensar que alguna música contiene en sí misma gérmenes imperiales”, dice, no obstante que “a través de la cultura, la música, el cine, la literatura, etcétera, se puede estar contribuyendo a formas de dominación política, porque la cultura también proyecta modelos. Pero creo —agrega— que las culturas nacionales deben ser lo suficientemente robustas como para salir enriquecidas (no absorbidas) del contacto con lo foráneo. Y también considero que es importante estar abiertos y preparados para cualquier confrontación”.

—¿Conservas tu producción de cómics y aquel legendario libro de poemas, Horadado Cuaderno No.1, que entiendo ganó primera mención en el concurso literario de las Fuerzas Armadas cuando hacías el servicio militar?

—Los cómics que yo publicaba son de cuando era un adolescente. Todo eso está perdido. Y aquellos poemillas hicieron bien en quedarse en el hueco que los dejé.

Últimamente, raras veces Silvio lee cómics, “más bien los miro, los examino. Como de niño fui tan adicto y luego de adolescente trabajé en eso, se me quedó el vicio. Pero lo que a mediados del siglo 20 era una industria regular de entretenimiento hoy día tiene otras connotaciones. Ahora los dibujantes y escritores de cómics son considerados verdaderos artistas”.

Sus héroes de entonces eran Will Eisner, Milton Caniff, Hal Foster y Jack Davis, maestros considerados clásicos. Actualmente, en la lista de buenos dibujantes para Rodríguez figuran Richard Corben y Simon Bisley, “amén de la proliferación de dibujantes de manga”.

“Habrá tiempo para Cuba”

La pregunta es inevitable: desde la muerte del Che y vistos desde el futuro que vendrá, qué ha pasado con Cuba en estos cuarenta años. Y qué espera el autor del impactante álbum de 2003, Cita con ángeles, con motivo de la invasión anglo-estadunidense a Irak (donde vuelve a aparecer una mención al Che y su muerte en Bolivia, y el ex presidente español José María Aznar es tratado como “enano alcahuete” por su alianza con la dupla Buhs-Blair). “Si lo viera desde el deseo, podría decir que en este lapso hemos estado aprendiendo qué hacer y qué no hacer. Y justamente eso es lo que espero que demostremos en el futuro.”

—¿Hay tiempo para eso? Parece más bien que el futuro se le viene encima a Cuba...

—A mi modo de ver habrá tiempo, siempre que respetemos dos cosas a la vez: los sacrificios realizados y los derechos de las nuevas generaciones.

Más que identificar un punto de inflexión en estas últimas cuatro décadas en algún acontecimiento político como la caída del muro de Berlín, la desaparición del mundo comunista o los más recientes atentados terroristas del 11-S en Estados Unidos, este “obrero de la palabra”, como gusta decirse, autor de temas sin fronteras como “Te doy una canción”, “El unicornio azul”, “Ojalá”, “La gaviota” y “Rabo de nube” considera que no necesariamente son los hechos políticos los que pueden marcar a un siglo, vivimos en un mundo donde la ciencia y el arte están en baja pero el cambio climático y los avances en ingeniería genética también son sucesos que podrían tener un impacto tremendo en la suerte de la humanidad”.

Renuente como es sabido a hablar de sí mismo, Rodríguez dice “no tener la más mínima pretensión” de pensar en qué herencia va a dejarle a la gente. “Y la verdad —dice— que sería raro que se me tomara en cuenta. Constantemente aparecen y desaparecen artistas, pensadores, mujeres y hombres extraordinarios, y el mundo no parece muy receptivo. ¿Por qué iba a aprender de un aprendiz?”

—Aun así hay muchos que clonan tu estilo o que se inspiran a través de tus canciones. ¿Cómo ves a esos seguidores?

—Siempre han existido referentes y eso sirve para incentivar las ganas de otros. Yo mismo fui un joven soldado que cierta vez trató de hacer sonar su guitarra como “We can work it out”.

A partir de 1983, con el retorno de la democracia en Argentina, tuvieron lugar en Buenos Aires varios conciertos de Silvio y de Pablo Milanés que reunieron a millares de personas las cuales coreaban de memoria, con velas encendidas, cada una de las letras de la Nueva Trova, a pesar de los años de aislamiento y sin el recurso aún del internet capaz de burlar la censura militar: “¿Te conmovió aquella adhesión, que también era una adhesión a la satanizada Cuba?”. “Antes de llegar a la Argentina me habían contado que si en un registro policial encontraban un casete con música nuestra, podía significar arresto o golpiza. La verdad es que yo llegué allá, más que conmovido, abrumado por la responsabilidad que cargaba. El entusiasmo de la gente fue un alivio.”

La entrevista casi termina. Todavía preguntamos qué pasó con él en estos 40 años y con sus ideas sobre el mundo, la vida y el amor.

“En 40 años pueden ocurrir muchas cosas que no imaginábamos. Al nivel esencial creo que sigo siendo casi el mismo y que no me he vuelto loco”.

—Como dice el lugar común, ¿la vida comienza a los 40?

—Dice García Márquez que es una suerte poder contarla. Sin afán de apostilla (Dios me libre), yo agregaría “siquiera un pedacito”.

Dejamos correr el final:

—¿Qué es lo que más te sigue enamorando de la vida y qué es lo que más te frustra y enoja?

—Lo peor que tiene la vida es que termina. Y lo mejor que tiene es que, así y todo, continúa.

—A lo largo de tu trayectoria y mirando atrás, ¿qué canción tuya consideras la más sabia o atinada?

—No estoy muy seguro de cómo medir la eficacia de las canciones. Lo que tienda puentes, lo que nos ayude a comprender, lo que nos haga más solidarios y mejores, sin duda vale la pena. Pero hay otra categoría, no sé si más simple o compleja, que es aquello inefable que nos hace felices, o que nos acerca a eso. Si crees que una canción mía ha tenido alguna de esas cualidades, pues... esa misma.

—¿Cuál es la palabra más revolucionaria que conoces?

—A riesgo de parecer trillado, amor puede ser todavía —más que una palabra— un sentimiento sumamente explosivo.

—¿Es cierto que la canción “Ojalá”, aquella de “ojalá pase algo que te borre de pronto…” fue por un enojo? ¿Con quién?

—La hice después de varios meses en alta mar, al recuerdo obsesivo de una mujer. Pero todavía no te sé decir con qué estaba enojado.

—¿Qué harías con diez años de menos?

—Volver a enamorar a mi compañera.

Ciudad de México/Irene Selser

miércoles, septiembre 19, 2007

Cañada del Yuro.

En la proximidad del aniversario de la muerte de Ernesto Guevara de la Serna "Che", acaecida el 9 de Octubre de 1967, comparto este pequeño texto:

Cañada del Yuro.
Por: Javier Mendoza Aubert

Un calcetín rayado, rojo, sobre un calcetín más bien azul, sobre un calcetín color verde, sobre dos pies ampollados que han caminado lo que nadie más ha andado, apoyándose sobre la tierra que en círculos se esculpe a sí misma, con flores que van creciendo a su lado entre las piedras y el aire que tose, el alma sobre los huesos, los huesos sobre Inti Peredo, un relámpago que les recorre, las manos que ya no están armadas y un rastro de sangre que es rastro nuestro, sobre la Cañada del Yuro -aunque bien pudo haber sido en cualquier lado-, y el corazón íntimo, plateado, de una bala que rompe el verde olivo de su uniforme, el mismo que tantas veces su piel le ha venido guardando.

Latinoamérica tiene asma y va jadeando, va jadeando...

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