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domingo, noviembre 08, 2009

Ramírez Acuña en la Cámara de Diputados

Jorge Gómez Naredo

La Jornada Jalisco

¿Se volvió loco? Parece que sí. ¿O es acaso que siempre ha sido así, que su actitud dictatorial no se le borrará nunca? Francisco Ramírez Acuña es un político de mano dura, él lo asume y lo presume, se siente bien así, se siente contento, se pavonea de ello. Es más, ve dicha característica como una forma de seguir escalando en su carrera política. Quiere ser presidente. Ya fue secretario de Gobernación. Compró el cargo: le dio a Calderón apoyo en Jalisco en las elecciones de 2006 (vía votos “haigan sido como haigan sido”) y éste, cuando ya estuvo en el puesto (ganado ilegítimamente) de presidente, lo mandó al Palacio de Cobián. Ahí Ramírez Acuña tuvo un desempeño gris, opaco. Quien verdaderamente se encargaba de la política interior del país era Juan Camilo Mouriño: Calderón le había dado un poder casi ilimitado al madrileño en la Oficina de la Presidencia de la República. La gestión mediocre y su carencia de poder efectivo en la Secretaría de Gobernación no le impidieron a Ramírez Acuña verse como presidente. Se soñaba con la banda presidencial, levantando el brazo y diciendo: “sí, protesto”.

Después de ser expulsado del ineficaz gabinete de Felipe Calderón, Ramírez Acuña regresó a Guadalajara. Dijo que se retiraría, que se dedicaría a la vida privada y se alejaría de los asuntos políticos. Nadie le creyó. Movió sus piezas, puso gente aquí, quitó gente allá, se enemistó con unos, hizo alianzas con otros, abrazó a unos más, etcétera. Hasta que decidió “regresar” a la política y se convirtió en candidato a diputado federal por el distrito 10. Su objetivo era la coordinación del grupo parlamentario del PAN en la LXI Legislatura. Estuvo a punto de perder la elección. Es más, si no hubiera sido por los votantes en nulo (que en dicho distrito fueron muchos), Ramírez Acuña ni siquiera hubiera llegado a la Cámara de Diputados. Su fracaso hubiera representado uno de los descalabros políticos más dolorosos del panismo en Jalisco. Pero llegó, y eso le permite hoy soñarse con la banda presidencial, levantando el brazo y diciendo: “sí, protesto”.

Ramírez Acuña perdió la coordinación del grupo parlamentario del PAN, que recayó en la ex secretaria de Educación Pública Josefina Vázquez Mota. César Nava, hombre cercano a Calderón y también diputado, fue designado presidente del partido cuando Germán Martínez renunció. ¿Y a Ramírez Acuña qué se le dio? No se le pudo colocar en la Junta de Coordinación Política, que recayó en el priísta Francisco Rojas Gutiérrez. Así pues, se le otorgó un puesto sin mucha incidencia política efectiva dentro del poder Legislativo: presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Desde dicho puesto Francisco Ramírez Acuña se sueña con la banda presidencial, levantando el brazo y diciendo: “sí, protesto”.

El ex gobernador de Jalisco está marginado en el Poder Legislativo, pues en la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados puede hacer poco: está dominado por la Junta de Coordinación Política y por los coordinadores de todos los grupos parlamentarios. Así pues, Ramírez Acuña ha buscado espacios donde poder incidir y hacerse visible. Parece que ya encontró uno: en el plan de difusión de la Cámara de Diputados. En éste, según notas de Enrique Méndez y Roberto Garduño (dos periodistas conocedores del complicado funcionamiento de la Cámara de Diputados), “no incluye la difusión de la tarea legislativa en la prensa escrita. Inclusive cuestiona el desarrollo de los medios al considerar que existe proliferación de éstos en la sala de prensa”. Con esta estrategia Ramírez Acuña busca hacerse visible, salir en las pantallas de televisión y soñar con la banda presidencial, levantando el brazo y diciendo: “sí, protesto”.

Francisco Ramírez Acuña es un político de mano dura, de poca tolerancia y de golpeteos constantes. En Guadalajara, en 2004, él, con la venia del gobierno federal y apoyo del entonces alcalde de Guadalajara, Emilio González Márquez, ordenó la represión de cientos de personas que se atrevieron a manifestarse en contra de una cumbre de jefes de estado de América Latina, Europa y el Caribe. Hubo violaciones a los derechos humanos, golpes y torturas, tratos denigrantes y amenazas. Nunca hubo castigo para los culpables. Y parece que nunca lo habrá. Así es como gobernó Ramírez Acuña en Jalisco. Y eso es lo que ofrece como opción a los mexicanos: mano dura y una actitud dictatorial y soberbia. Ahora, desde la presidencia de la Mesa Directiva en San Lázaro, también quiere controlar a los medios de comunicación, castigar a los críticos, beneficiar a los leales y mostrarse él, hacerse visible, salir en la tele. Lo describió de manera nítida cuando, el jueves pasado, declaró que “vamos a poner orden [en los medios] y no vamos a dar chayote”. Dio a entender que no se iban a permitir las “plumas ligeras”. Francisco Ramírez Acuña, ¿se volvió loco? Parece que sí. Pero no. Así ha sido siempre. Y así seguirá siendo: su actitud autoritaria no se le borrará. Tampoco se borrarán sus sueños de verse con la banda presidencial, levantando el brazo y diciendo “sí, protesto”.

jorge_naredo@yahoo.com

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