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domingo, noviembre 15, 2009

Imágenes de repudio, movilización social y desdén



Jorge Gómez Naredo

La Jornada Jalisco

El abucheo

Torreón no se puede considerar una ciudad de tendencia izquierdista (incluso gobierna el PAN) y ahí, Felipe Calderón fue abucheado. Y abucheado en serio. Cuando se anunció su presencia en la inauguración de un nuevo estadio de balompié, se escucharon silbidos y mentadas de madre. Cortó el listón y esos silbidos y mentadas de madre no se extinguieron. Después, cuando dirigió unas palabras al público presente, la rechifla fue aún más fuerte.

A Calderón se le puso una sonrisa mezclada con enojo. Ya está acostumbrado a los abucheos. Por eso, para escapar de ellos, siempre, a donde va, el Estado Mayor Presidencial cierra calles y pone vallas y coloca a cientos de policías para impedir que el pueblo que supuestamente le dio el triunfo al michoacano en las elecciones de 2006, le mente la madre, le chifle, le reclame, le diga “espurio” e “ilegítimo” y le recuerde que es un “pelele”.

La movilización

Las movilizaciones de miles de personas el miércoles pasado no fueron solamente contra el gobierno encabezado por Felipe Calderón por la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC). Ni tampoco únicamente contra las televisoras y su inveterada costumbre de tergiversar las noticias siempre a favor de los poderosos. Fueron movilizaciones de repudio, de rechazo y hartazgo. Fueron contra lo que sucede a diario en este país, contra las injusticias y las desigualdades, contra las promesas que no se cumplieron y los discursos que argumentan que todo va bien mientras la amplia mayoría de mexicanos mira que todo va mal. No fueron nada más los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) lo que se manifestaron, también estaban seguidores de Andrés Manuel López Obrador, adherentes a la otra campaña, sindicatos independientes, partidos políticos de izquierda y mucha gente que ve con buenos ojos el tesón y la dignidad con que los trabajadores del SME defienden su fuente de empleo.

En México es complicado lograr la convergencia, fusionar descontentos y armar solidaridades. Es difícil poner a los de la vía partidistas y a los de la revolucionaria juntos, es intrincado unir en una marcha a los la izquierda de allá y a los de la izquierda de acá. Por eso, las movilizaciones encabezadas por miles de trabajadores electricistas que exigen justicia y piden solamente lo justo, sorprenden. Y sorprenden porque han logrado reunir inconformidades y aglutinar estrategias de resistencia. Todo con la intención de que el gobierno panista escuche, se sensibilice y ceda.

La respuesta

¿Qué mira Calderón cuando lo abuchea todo un estadio y en las calles exigen su renuncia?, ¿acaso se sensibiliza y cavila que es mejor ceder, abrir espacios de negociación y reconocer errores?, ¿piensa quizá que el país se le está cayendo en pedacitos y que hay que actuar?, ¿reflexiona que las movilizaciones en su contra pueden ser el inicio de un estallido social? No. El gobierno panista procede siempre de la misma manera: con el desdén. Sobre las movilizaciones de electricistas, el Ejecutivo argumenta que se desapareció a LyFC porque era una empresa ineficaz, y de esa ineficacia el culpable fue solamente un organismo: el SME. No hay otras opciones, no hay otras reflexiones ni visiones, no hay otros análisis. El secretario del Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano, ha golpeado sistemáticamente a los sindicalistas. Ahora que el SME llamó a un paro nacional, Lozano augura pronto fracaso. Y cuando le pidió renunciar, él respondió con tono petulante: “me tienen sin cuidado”. Así, sin duda, sí se arreglarán los conflictos en este país. Se nota la sensibilidad.

La amenaza

El miércoles pasado las movilizaciones encabezadas por los electricistas fueron pacíficas. Solamente hubo algunos casos aislados de provocadores que no pasaron a mayores, aunque fueron manejados por las televisoras como algo central: era justo lo que necesitaba el gobierno panista. Primero fue la advertencia y los “buenos deseos” de manifestaciones con “respeto”; dijo Calderón: “hacemos votos porque en esa responsabilidad [de los electricistas] se respeten los derechos de terceros y, obviamente, se evite incurrir en un gravísimo error de violencia”. Después vino la amenaza: “En cualquier caso, el gobierno tiene como tarea garantizar los derechos de terceros y evitar la violencia; o bien la violencia, en los casos que se haga presente, [se hará] una ejercicio responsable de la fuerza pública para evitar que se vulneren los derechos de terceros o de la ciudadanía”. Todo quedó muy claro: la actitud represora y autoritaria del gobierno panista es evidente.

¿Qué sigue?

¿Qué sucederá si hay un paro nacional?, ¿si varios sindicatos independientes secundan el llamado de los electricistas?, ¿acaso el gobierno de Felipe Calderón reprimirá? Y si así lo hace, ¿todo quedará en calma?, ¿las voces silenciadas en las calles se quedarán se quedarán quietas?, ¿las muchas inconformidades existentes en el país se despertarán? No cabe duda, cada día que pasa, se observa más claramente cómo, a Felipe Calderón, se le complica el futuro y, también, se le cae el país en pedacitos.

jorge_naredo@yahoo.com

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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