Páginas

::::

Mostrando las entradas con la etiqueta narcoguerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta narcoguerra. Mostrar todas las entradas

domingo, marzo 06, 2011

El México de hoy...



TERRAZAS COMPARTIDAS.

Chicas Kaláshnikov

Por: Alejandro Almazán


UNO
Nos han dejado solos en el patio de la prisión, y lo primero que le pregunto a Yaretzi es cuánto cobraría por matarme. Ella me mira como se mira al muerto que no es de nadie, con el rostro impasible, de retablo, y luego, con ese aire de femme fatal que a cualquiera doblegaría, dice: "Vales lo mismo que toda la demás gente, nada". Parece que la chica goza herir con saña, pero aunque su voz sea suave tiene mucha autoridad. Hace unos siete años, cuando Yaretzi cumplió los dieciocho, adquirió cierta habilidad en una escuela militar: matar con pistola. Esas manos talentosas la llevaron a conocer al narco del pueblo. Un narco que, como Dios manda, recluta a quien tenga el valor suficiente para jalar un gatillo y la imperiosa necesidad de ganarse unos dólares. Él le enseñó otros trucos, como torturar, disparar ráfagas de coche a coche, secuestrar y desaparecer a las personas. Yaretzi iría por su muertito veintiséis, pero los guachos la arrestaron por traer dos cuernos de chivo en bandolera. Por eso estamos en el patio de esta cárcel, de cuya ubicación no debo acordarme.
Esta chica de estatura corta y moral alta empezó a matar al por mayor cuando se rompió el estricto orden que había alrededor de la muerte. Porque al menos aquí en Chihuahua, la muerte llegó a tener sentido antes de que Vicente Carrillo se uniera a los Zetas para acabar con el Chapo Guzmán. Antes, a uno le estallaban los sesos por perder un cargamento, por chivato o por no entender que la traición y el contrabando son cosas incompartidas. La colega que me ha acompañado a la prisión dice que aquéllos sí fueron buenos tiempos. Hoy, como más tarde me lo hará saber Yaretzi, ya no importan nombres ni razones. "Los que sicariamos no necesitamos motivos", dirá y se echará para atrás esa cabellera negra y limpia que no perdona al viento. Matar por capricho, pensaré cuando esta artista de la muerte se marche a su celda, se ha vuelto el verbo favorito del México contemporáneo y la vida únicamente es el complemento para conseguirlo.
Pero eso sucederá hasta el final.
Por lo pronto, les cuento que Yaretzi llegó al patio de la prisión conducida por una custodia que se sentía más grande que las tinieblas. "Sólo quiero saber cómo funciona tu mundo", le dije a Yaretzi, y ella entendió que el tipo que tenía enfrente no había venido a visitarla para resolver los asesinatos. Aceptó y luego pidió una sola cosa, como si buscara la redención: "Debes escribir que creo en Dios y que estoy arrepentida". Así será. Pero primero hay que empezar cuando ella trabajaba para el Diablo.

DOS
Pon que me llamo Yaretzi, como mi amá. A ver si cuando lea la nota viene a visitarme la cabrona. Seguro les ha de estar diciendo a mis dos hijos que su madre, además de andar de puta, sicarea. Pero, te decía: los sicarios no nacemos, nos hacemos. Yo me hice en la escuela militar. ¡En serio! Salí de ahí con el corazón hecho piedra, odiando a toda la gente. Bien raro. Como que en esas escuelas te enseñan a no querer a nadie. Y como yo nunca fui de las que se quedaban en su casa, anduve en las calles y ahí encontré a mi patrón. Le sigo diciendo así, aunque ya lo mataron. Él me bautizó a la niña y, ya luego, me hizo al chamaco. Pinche abusón. Lo levantaron como al mes que tuve a Brandon. Según a la esposa le dijeron que lo pozoliaron vivo allá en Ciudad Cuauhtémoc. Yo por eso, si un día me levantan, espero ya estar muerta antes de que me torturen o me corten la cabeza. No quiero verles la cara a esos perros porque soy capaz de buscarlos en el infierno. Pero, te decía: yo no entré a este jale porque hayan matado a mi patrón. No. Fue por dinero. Los hombres sicarean por diversión, porque les divierte matar, les da un no sé qué que los hace sentir la cagada más grande. A la bestia. Las mujeres entramos por dinero. Al menos lo mío fue así. Eso de que andamos en este jale por amor es una mamada. Y te decía: yo empecé a los veinte años. Al principio trapiaba, limpiaba vómito y sangre. Luego fui mandadera y de ahí pasé a cóndor —el que ubica a los contras—. Después fui lince —el que levanta y tortura— y de ahí me pusieron a sicariar. Así estuvo el rollo, bato. Desde entonces me puse a matar.
Más tarde, cuando regrese al hotel, leeré al escritor Paul Medrano:
La diferencia entre el hombre que mata y el que no se atreve es mínima, imperceptible. Porque en esencia todos llevamos el espíritu criminal adentro, escondido a fuerza de educación, amistad y un amorfo sentimiento de justicia. Mas en ocasiones se vuelve incontenible y se libera de su enclenque encierro para regresarse por todas las venas. Caliente y sublime. Eso es lo que da valor para jalar el gatillo. Ésa es la diferencia.

TRES
Apenas ayer por la noche, en un restaurante de Ciudad Juárez, la Güera quiso ser mi Marco Polo en el mundo del sicariato de lápiz labial.
Llegó haciendo ruido con sus tacones como si hubiese querido dejar huella. La mujer era tan guapa que inspiraba pensamientos indebidos. Tal vez sea cierta su leyenda: los hombres nacieron para adorarla. Olía, vestía y desparramaba Ed Hardy como toda chica edhardyzada. "Soy la Güera, la sicaria", se presentó con ínfulas de "Camelia la Texana", y yo le creí a esta hembra de corazón porque sus uñas, largas y brillantes, eran una especie de navajas suizas.
Amado Carrillo, el Tony Soprano de Chihuahua y virtuoso de la muerte, tuvo un caballo al que llamó Silencio, y eso era lo que la Güera menos guardaba. Blofeaba. Decía que dormía con un Kaláshnikov debajo de su almohada y llegó a contar una estrafalaria historia sólo para remachar que los días de matar le sabían ya a aceite quemado. No porque le desagradara ser pistolera, pero como ocurre con la cerveza, después de mucha, fastidia.
En el tren de confesiones, sin embargo, la Güera aceptó que en los últimos veinte minutos se había inventado una vida. Su trabajo en el cártel era otro, no menos arriesgado: coquetearle a los narcos rivales; saber todo de ellos, nunca contar nada sobre ella y entregarlos al jefe para que les arrancara los dedos, les cortara los testículos y les agujereara la cabeza.
Algunos narquillos que han sido arrestados han dicho que estas modernas Mataharis salieron de los huevos de la Línea, esos pistoleros del Cártel de Juárez que han estado usando la estrategia más vieja para conservar la plaza: matar a los contras. Hoy se sabe que el Cártel de Sinaloa tampoco ha dejado fuera a las mujeres de su plan empresarial. Los narcos de esta última década han entendido que hay mucha gente por matar y necesitan manos que estén dispuestas.
Los Artistas Asesinos, los Aztecas, los Mexicles, la Güera y tantos más de sangre fría son parte de esa mano de obra barata. A la Güera, a diferencia de estas tres bandas, no le gusta decir para qué cártel trabaja. Al principio, por el desprecio con que llegó a referirse del Chapo Guzmán, pensé que su santo patrono era Vicente Carrillo. Pero a Vicente también maldijo y pidió a la Santa Muerte que el Chapo, su paisano, conquistara este país de muertos.
Con quien sea para quien trabaje, la Güera ha puesto su gotita de sangre para que 29% de las ejecuciones en México sucedan en este estado. Podría decirse que esta linda chica ha enrojecido lo suficiente al río Bravo para que la diabetes, la vieja líder, haya sido superada por el asesinato como causa principal de muerte en Chihuahua.
La Güera, por ejemplo, entregó al cártel a un policía que en la cama solía prometerle amor infinito. A otro, un narcomenudista, le soportó golpes y el sexo más salvaje, todo para llevarlo a una casa de seguridad donde lo torturaron hasta que lo decapitaron con una motosierra. También tuvo que flirtear con un gordo de aliento insecticida que lavaba dinero para los rivales. "A ése lo pozoliaron", dijo la Güera con una indiferencia de reptil, y yo imaginé al tipo metido de cabeza en un tambo con ácido, pataleando.
—¿Y a poco no sueñas con toda esa gente que has entregado al matadero? —le pregunté, y ella tamborileó las uñas sobre la mesa.
—Si lo hiciera, me tragaría el remordimiento —contestó y soltó una sonrisa con la que hubiese sido capaz de sentar al Chapo y a Vicente Carrillo para hacer las paces—. No me estoy riendo de ti —advirtió con suavidad—, es que orita me acordé de un hijo de la chingada.
Ese hijo de la chingada que le alebrestaba las entrañas era un matoncillo que, al parecer, no quería ni a su madre. Todo el día andaba hasta las cejas de cocaína y mataba a la misma velocidad con la que hablaba. Se vendió al otro cártel y, para comprarse vida, se fue a esconder a una ranchería de Parral. Allá lo encontró la Güera, en una cantina. "Me costó trabajo entregarlo porque el bato siempre andaba armado y escoltado", me dijo la Güera. "Tuve que acostarme con él todo un pinche mes", reprochó, y después contó que al tipo lo descuartizaron y que a dos de sus escoltas los quemaron. "A ésos, lueguito que los levantaron, les echaron gasolina y los prendieron vivos".
Debo confesar que todavía sigo sin entender qué parte de este crimen llevó a la Güera a sonreír.

CUATRO
a) Marta se pincha las venas y muchas voces brillantes le hablan todo el tiempo. En uno de esos delirios, escucha: en este país puedes matar a quien quieras, al cabo no pasa nada; anda, agarra el cuerno de chivo y escoge.
b) Marta lleva días en busca de una oportunidad. "Quiero ser sicaria", les dice a sus jefes y uno de ellos le advierte: "En este jale sólo hay dos cosas seguras: no debes confiar en nadie y tú también serás asesinada". Ella lo va a pensar mejor.
c) Marta se entera de que su padre ha muerto por un infarto y en vez de ir al funeral, va a la casa y le roba dinero a su mamá. Sabe que, tarde o temprano, cerrará la carpintería que forjaron sus padres, que se acabará la clase media y que ella no tendrá cómo comprar la droga. Chingue a su madre, qué tanto es tantito. "Jefe: le quiero jalar al fogón". "Primero acompaña a la clica y luego vemos". Marta ha estado esperando ese día, y ese día ha llegado.
d) Marta y un grupo de pistoleros levantan a una soplona en el centro de Ciudad Juárez. Quienes vieron cómo arrastraron a la vieja de las greñas y cómo la treparon a un camionetón bárbaro olvidarán pronto el crimen, porque Juárez, y todo México, no sólo se borra la vida, también la memoria, y quienes recuerdan no salen vivos de la historia.
e) Marta azuza a sus amigos con una voz cargada de entusiasmo: "¡Hay que quemarla!". La soplona va amordazada y la música sale a chorros por la ventana.
f) Marta escucha al jefe del escuadrón de la muerte: "¿Quieres quebrarla, morra?". "Simón, no hay pedo", contesta e infla el pecho como un gallo. Ella sabe, como se lo dijo un chamán, que los asesinatos son meras compensaciones para equilibrar al universo.
g) Marta va a matar a la soplona, pero tiene un dilema: ¿martillo o la nueve milímetros?
h) Marta escoge el martillo y le rompe la cabeza a la vieja. Luego mira a su jefe como quien se quita un peso de encima.
i) Marta siente chingón, sabe lo que es la adrenalina.
j) Marta me explica: "Tu primera muerte es como tu primera cogida, no la olvidas. Y hasta ese momento es cuando sabes si sientes culpa o no, y como yo no sentí ni madres, le agradecí a la Santa Muerte haberme permitido matar a esa pinche soplona".
k) Marta no tenía nada personal en contra de la narcomenudista. Ni siquiera la conocía. Tampoco le vio la cara. "Cuando matas no tienes que ver al difunto, porque se te queda y puedes volverte loco".
l) Marta quiere recalcar algo antes de continuar: la Santa Muerte es su guía. Dice que esa calavera de dentadura maltrecha se lleva a ricos y pobres por igual, y que por eso cree en ella. Ahorita le tiene prendida una veladora negra porque necesita fuerza y poder. Después le pondrá una amarilla, para la buena suerte.
m) Marta me enseña a la Santa, tatuada en su espalda como una barda publicitaria.
n) Marta tiene que ir a la celda de enfrente. Está enganchada a la cocaína y necesita esnifar su dosis del almuerzo. Ese hábito se está llevando lo mejor de ella.


CINCO
Llegas a aquella pira de llantas y lo primero que ves incendiándose es la cabeza de tu hermano. Quienes lo asesinaron no se han conformado con decapitarlo. Entonces terminas empotrada a la tierra y lloras como si quisieras llorarle para siempre. Tú se lo advertiste: "No te metas, estás muy morro y las armas las maneja el Diablo". "Pero tengo güevos", te contestó. "Aquí no hay que tener güevos, sino odio por la gente", le dijiste, y a él le importó un carajo tu consejo. Ahora está muerto, partido en dos, y tú acordándote, sabe por qué, de aquella narcomenudista, la que mataste para graduarte como sicaria. Fue cuando tenías veintiún años. Acuérdate, Yaretzi. Fue el mero día de las madres. Desde que la viste treparse a su carro la querías matar. Esa vieja fue la que anduvo diciendo en el barrio que tú eras una puta y todos, hasta tu marido, le creyeron. Ella, siempre lo dices, arruinó tu vida. Si un día hasta te aventó a la policía. Y mira lo que fueron las cosas: te ordenaron matarla. La vieja ya había sido advertida que no vendiera drogas del otro cártel, y aun así se arriesgó. Tú sólo cumpliste órdenes.
Yaretzi se anima de repente e imita el sonido del cuerno. Tatatatatatá. La narcomenudista vuelve a ser cosida a balazos esta tarde de diciembre, y Yaretzi me dice que todavía hoy sueña con la vieja.
—¿Y cómo la sueñas?
—Sin ojos, gritando que ojalá me muera. Pero otras veces me suplica la cabrona, me dice que la mate rápido, con el cuerno, así como la quebré.
Los siguientes minutos, Yaretzi hablará de sus alucinaciones. Ora alguien la jala del cuello. Ora la pavón negra que le regaló su hermano cobra vida y le ordena matar al padrastro. "Cuando estés disparándole le recuerdas al cabrón que la hija que tienes es suya". Ora le mueven las cosas de su celda. Y ora una voz, que parece barritar, se le sube a los oídos. "Ésos han de ser los gritos del último hombre que maté a balazos".

SEIS
En menos de una hora, la Güera habló de muchas cosas: de la camioneta 4x4 en la que anda por Juárez como si fuera un tiburón con el hocico abierto. De lo barata y pura que es la droga en Chihuahua. Que los desaparecidos son tantos y por eso todas las cifras son conjeturas. "50n un (h¡in60 105 mu3r705 qu3 y4 n0 (4b3n 3n 105 núm3r05", dijo y casi se oyó cómo cambiaba las letras por números. Dio a entender que la violencia creció a la par de los gobernantes corruptos. Habló del día que su primo mató a la novia a golpes, de los sicarios que van al hospital a visitar pacientes heridos para terminar su trabajo, del tío que es cantante y de las ganas que tenía ella de ser actriz. También dijo que los mil dólares que el cártel le paga al mes los invierte en cosméticos, ropa y tangas.
—Poca plata para mucho riesgo —le dije cuando terminó su perorata didáctica.
—Sí, pero mi novio me compra todo.
—¿Es narco?
—Comandante, pero es lo mismo.
—¿Y qué es lo mejor que te ha comprado?
—Las chichis. Se miran bien, ¿no?
La Güera se tocó los senos. No pude contradecirla.
—¿Cuando te miras al espejo, a quién ves?
Ella se recogió el pelo, torció la boca y ya luego contestó:
—Haces preguntas bien raras.
Segundos después, el mesero trajo los cortes de carne y la Güera comió como si hubiera recién bajado de la luna. Se dio tiempo, eso sí, para enumerar a la clase de gente que ha seducido para luego entregarla a los sicarios que no perdonan nada. En su mayoría eran encargados de las plazas.
—No entiendo —le dije—, ¿cómo le haces para que no te identifiquen? Has de ser una mujer muy mencionada entre la malindranada.
—Siempre cae uno. Acuérdate que los hombres piensan con el pene.
Entonces la Güera agarró su bolso Ed Hardy y se marchó. Por eso no volverá a aparecer en esta historia.
Se fue caminando con la seguridad de las cabras en el monte.

SIETE
Chihuahua es una de las siete maravillas del mundo moderno. Y si no, debería serlo: es un bife bien cocido de casi 248 mil kilómetros cuadrados en el que no para de escurrir la sangre. Cada día, desde diciembre de 2006, siete personas son asesinadas; tres o cuatro de ellas, según el humor de los narcos, ocurren en Ciudad Juárez. La nota roja ha caído en frases sin sujeto por verbos y predicados muertos. El periodista Charles Bowden dice que en Chihuahua "la gente puede convivir con los asesinatos y saber que las personas desaparecen a plena luz del día y seguir tan campante diciendo: bueno, eran malas personas". En Chihuahua la violencia arrecia. Tin Tan se debe estar revolcando en su tumba por ver a su tierra adoptiva convertida en una máquina de la muerte.
Pero ya me desvié. Yo vine aquí a contarles sobre las chicas Kaláshnikov.

OCHO
Yo he muerto dos veces. (Yaretzi se jala la camiseta y me muestra un agujero en el hombro. Dice que tiene otro en la espalda). Es verdá. Los tiros ni se sienten, pero qué frío te da. Parece como si fueras de hielo o no sé de qué. Y luego se te va la fuerza, ai andas como un pinche muñeco de alambre. Pero eso no se compara cuando te levantan y te torturan. Ahí sí le pides a Dios que ya te mueras. Eso de que torturen es el peor de los dolores. Muchos que han levantado debían dinero, y justo ese día que los levantan andan vendiendo hasta su madre. Yo no. Yo no les ofrecí nada a los cabrones que me levantaron. Yo nomás me dejé llevar. Creo que me violaron todos, los cuatro cabrones que eran. (Yaretzi mira hacia el piso, como si quisiera agarrarse a un punto. Un rato después dirá que aquel día, cuando abusaron de ella y le arrancaron dos uñas, fue cuando encontró a Dios). Lo vi cuando ya nomás miraba todo blanco, blanco. Era Dios. No pongas esa cara, pero allá tú si no me crees. De pronto abrí los ojos y el bato que me cuidaba estaba bien dormido, bien drogado. Y no me preguntes cómo, pero Dios me dio fuerza para desamarrarme y corrí, corrí como pinche loca y no me detuve. Yo le he dicho a Dios que cuando salga de aquí, nomás voy a matar a los que me levantaron y me retiro de este jale.
—¿Es posible dejar al cártel? —le pregunto.
—No. De ahí no sales si no es con las patas por delante.
—¿Entonces cómo te vas a retirar?
—No sé. Pero Dios me hará libre.
Yaretzi va a su celda. Regresará con una desmadrada Biblia y me señalará su salmo preferido. "No temas, porque yo estoy contigo. Siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:10".
Órale.

NUEVE
A veces, sin saberlo, uno va en curso de colisión y no puede hacer nada por cambiarlo.
Malandrín 1, el encargado de cobrar las extorsiones en la parte centro de Juárez, tuvo que ir a Ojinaga para vigilar un cargamento porque a Malandrín 2, el que debía hacerlo, lo habían ejecutado la noche anterior. Mientras Malandrín 1 llegaba a Ojinaga, acá en Juárez el jefe reacomodaba a su gente. A Marta le tocó reemplazar a Malandrín 1 y ella reclamó: "Pero yo soy sicaria, no la chingues". Él, acostumbrado a mandar, le dijo a Marta que no la hiciera de pedo. "Es nomás esta semana", fue irreductible. El jefe le ordenó que primero le cobrara la renta a un vendedor de ropa, con quien tenía viejas rencillas, y luego se largó a la cantina de siempre. Mientras el jefe pedía su whisky dieciocho años, Marta iba manejando y mentaba madres. Ella ya había matado a tres y ahora la habían reducido a una especie de abonero tacuachón. "Está bien, lo haré —pensó—. Pero lo voy a hacer a mi manera". Y su manera fue empezar por los negocios que le quedaban de paso por el Eje Juan Gabriel. Al vendedor de ropa lo iría a ver hasta el final, nada más para hacer renegar al jefe. Antes, sin embargo, pararía a comer.
¿Y si sólo algo hubiera sido diferente?
Si Marta no hubiera ido a esos tacos de asada o le hubiese hecho caso al jefe; si a Malandrín 2 no lo hubieran asesinado y el jefe no hubiese sustituido a Malandrín 1 con Marta, seguro ella seguiría en las calles con su cuerno de chivo y la veintidós. Pero así como es la vida, por una serie de incidentes encontrados que nadie puede controlar, Marta llegó a un restaurante a cobrar la extorsión y le cayeron los militares.
"Esos pinches guachos me pegaron machín —me dice Marta—. Aquí los guachos están comprados por el Chapo y nos chingan a los contras". Como nadie corroboró la historia, no tuve más remedio que creerle.

DIEZ
Yaretzi habla de las armas como Mijaíl Kaláshnikov hablaría del AK-47.
La cinco punto siete: a ésa le llamamos por acá la matacholos; tú la has de conocer como la matapolicías o la faiv seven. No hay chaleco antibalas o troca blindada que la derrote. Dicen que la inventaron en Bélgica, pero yo digo que ésa fue idea del Diablo. No patalea y eso te da precisión. Anda muy de moda entre la clica.
La treinta y ocho súper: con ésa le revientas la cabeza a cualquiera en medio segundo. La bala sale con un chingo de presión. A mí no me gusta porque pierdes tiempo en la recarga. Nomás una vez la usé para matar a un bato al que el jefe le bajó su novia.
La cuarenta y cinco: es muy práctica, pero siempre que sea Colt. Las otras luego se te disparan solas.
El erre: a ése le puedes poner hasta un lanzapapas (lanza granadas). Su bronca es que patalea mucho y te duele machín el brazo. Es mejor el Fal. Calibre tres ochenta. Pura sangre.
Y el cuerno de chivo: es mi favorito. Con un cuerno hasta a un elefante lo partes en dos y un niño puede dispararlo porque no se atasca. Aunque se llene de lodo, el cuerno te responde. Yo traía dos el día que me arrestaron. Eran Norinco y estaban bien chingones. Los dos me salieron en veintisiete mil pesos.
Yaretzi dice que tiene la misma puntería con una .22 que con un cuerno. Jura que sabe usar el lanzapapas y que desarma un erre en menos de un minuto. El director del penal, un tipo mitad terco y mitad vale madre, me había dicho que Yaretzi disparaba como si fuera un sexto sentido.

ONCE
Marta, la del rostro de niño. La que estudiaba administración de empresas. La fanática de los dulces de tamarindo. La que extraña a su novia. La que juró dar la vida por su clica. La que cuida a una doña de cara grande, como de catedral, que cayó en la cárcel por traficar coca. La que nació zurda hace veinte años. La que escucha los corridos del Chalino y de otros cantantes, en los que las historias dejen un halo de pólvora. La que no come verduras y pide la carne casi cruda. Esa misma Marta ya quiere terminar nuestra plática.
—Déjame preguntar algo más —le digo y ella acepta con un cigarro de por medio—. ¿Odias a Ciudad Juárez?
—No —responde a quemarropa—. Es mi ciudad y la quiero.
—No lo tomes a mal, no soy sacerdote ni ministerio público y no me interesa escribir un libro de autoayuda, pero, ¿entonces por qué te has esmerado en destruirla con los asesinatos?
Marta se mira avergonzada. Se lleva el cigarro a la boca y aguanta el humo en los pulmones como cuando fuma mariguana.
—No me había puesto a pensar eso —dice al soltar el humo—. Pero de que lloren en mi casa, mejor en la de ellos.
—Pero está muriendo mucha gente que nada tenía que ver con el narco, mucha gente inocente.
—Aquí no hay inocentes. Todos los muertos algo han hecho.
Yaretzi me dijo algo parecido: es gente de la droga matando a gente de la droga. Me rehúso a creerles.
—¿Y qué vas a hacer cuando salgas de la cárcel, Marta?
—Lo que venga.
—¿Seguirás en el narco?
—Lo que venga.
Marta es la prueba de que existe una resistencia humana natural a abandonar toda una vida y empezar en otro lugar.

DOCE
Yaretzi no fuma y nunca se ha drogado. No conoce al Chapo Guzmán ni a Vicente Carrillo ni a Heriberto Lazcano; sólo trata con capos segundones. No le gusta usar adornos. No soporta la hipocresía. No sonríe; dice que la muerte le chupó la risa. No le atraen los tatuajes. No ha vuelto a ver a su padrastro desde que la embarazó. No ha perdonado a los asesinos de su hermano, y tampoco recuerda el nombre de los que ella ha matado. Eso sí: se acuerda de las moscas que salían de aquellos difuntos, está segura que tanta matazón empezó cuando el Chaporompió el pacto con Vicente Carrillo y cree que hay vida después de la muerte.
Nunca tienes tiempo para pensar en los asesinatos. Haz de cuenta que desconectas tu cabeza. Tú nomás sigues órdenes, como un trabajo más. ¿O a poco tú te mandas solo? Pos es lo mismo en este jale. Y como todo trabajo debes echarle ganas. Estar al cien. Si te drogas o te confías, terminas con un balazo en la frente. También por eso hay mucho muerto aquí en Chihuahua, porque los batos andan todo el día en la loquera y hacen pendejadas. Por eso mataron a los morros de Salvarcar, porque la clica andaba bien drogada. Dicen que su jefe ya los pozolió. Estar al cien. Ésa es la clave para seguir sicariando. Yo eso hice. Si me hirieron una vez fue porque los de mi patrulla veníanpisteando y no se pararon en el retén. Estar al cien. Estar al cien.
—Matas, ¿y luego?
—Nada —dice Yaretzi—, no sientes nada. Habemos gente así.
—¿Alguna vez has pensado que ya deberías estar muerta?
—Cómo no. Yo creo que es lo único que te sorprende en este jale: seguir vivo.
—¿Qué te espera cuando llegue tu hora?
—El infierno. Y no creas, me da culo. Yo sé que he sido mala, pero Dios perdona hasta al más hijo de la chingada. Aquí en la cárcel me he acercado más a él. Le rezo todas las noches. Yo no necesito de la Santa Muerte o de Malverde, ésos nomás son intermediarios.
—¿Y lloras?
—Todavía no mucho, pero ai la llevo.
—Leí que Chihuahua es uno de esos lugares donde estar limpio no tiene sentido. ¿Tú crees que es cierto?
—¿Cómo?, no te entendí.
—Que más vale andar chueco que derecho.
—Pos es que aquí ser chueco es estar derecho.
—¿Y son mejores las sicarias que los gatilleros?
—Es que los hombres son muy arrebatados, para todo quieren disparar y eso enoja a los jefes. Las mujeres como que la pensamos más y eso también es el valor.
—¿Alguna vez se te ha quedado en la ropa el olor de un muerto?
—Varias. ¿Y sabes a qué hueles? A azufre. Es un olor como el que amanece los 16 de septiembre, después de tanta tronadera de cuetes.
—¿En el cártel para el que trabajas, hay mujeres que enamoran y entregan a los contras?
—Sí, anda de moda eso. Son morras bonitas. Son anclas. Pero más vale ser sicaria que andar de puta, ¿no?
—¿Tú sabes cuándo se va a acabar esta guerra?
—Sí: nunca. El narco es dinero y todos lo quieren.
—¿Alguna vez has decapitado?
—Nunca. Eso está bien saico.
—Pero lo hace el cártel con el que trabajas, ¿no?
—Sí, pero nomás es como para impresionar, para hacer sentir miedo.
—¿Tú has tenido miedo?
—Nomás esa vez que me levantaron, hasta se me secó un riñón.
—¿Cómo que se te secó?
—Pos así nomás.
—¿Cuánto te paga el cártel?
—Me daba quince mil por quincena.
—¿Quince mil?
—Y estaba a punto de que me dieran treinta y dos mil.
—Mucho dinero.
—Por eso entré a este jale, ya te dije.
—Has de vivir bien, ¿no?
—No te creas. He estado ahorrando el dinero para mis hijos. Yo sí quiero que estudien, que sean alguien en la vida. Ellos todavía están chicos y no saben a lo que me dedico. De perdida que si un día se enteran, que me perdonen viendo que no me gasté el dinero.
—Al principio dijiste que mi vida valía igual que todas: nada, pero te pagan bien. Entonces sí hemos de valer algo, ¿no?
—Pos a mí no me pagan por muerto sino por día. Y si al día me pagan mil pesos, quítale quinientos que ahorro, los doscientos o trescientos de la tragadera, los cien de la gasolina. O sea: el muerto vale las balas que le metas y aquí nos las venden a diez pesos.
Por eso la vida, en estos tiempos, desaparece igual que el ruido del disparo.\\

Aves de Prensa era un programa periodístico que se emitía por Radio Nacional Córdoba, Argentina. Ahora quedan estos envíos, el blog, lo que compartimos en Facebook y la posibilidad de seguir haciendo cosas.



Aves de Prensa:
Iba los sábados de 10:30 a 12:00
Conducción: Sergio Carreras, Mariano Saravia y Jorge Lewit
Producción comercial y periodística: Jorge Boido, Andrés Acha
Producción artística: Augusto Ochoa
Facebook: avesdeprensa
AM 750
Textos enviados por: Andrés Acha

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2011::

martes, septiembre 07, 2010

IMPRESIONANTE FOTOGRAFÍA DE LA CAPTURA DE "LA BARBIE" !!!!!!


... sin palabras ...

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2010::

domingo, agosto 02, 2009

Doce mil muertos deja guerra de Felipe Calderón






MEXICO, (JULIO OLVERA)

Hora Cero (diario digital de Panamá)

.- Cifras más, cifras menos, pero el hecho es que la violencia en México aumentó hasta llegar a 12 mil muertos desde el presidente Felipe Calderón declaró una guerra abierta contra el narcotráfico.

Calderón anunció su batalla contra el crimen organizado en diciembre del año 2006.

El diario Milenio informó que con 854 ejecutados, el pasado julio fue el mes más violento de los dos años y siete meses que lleva el gobierno de Calderón, y que con 11 casos diarios, Chihuahua es el estado que reportó más asesinatos. El total nacional de muertos vinculados a esta guerra lo ubicó ese rotativo en 12 mil 904 personas.

Mientras, el periódico El Universal situó su cifra total en 12 mil 480 muertos, y reportó que en los últimos 44 días, la guerra interna en el narcotráfico y el crimen organizado, así como la ofensiva lanzada por las fuerzas de seguridad causaron al menos 22 muertes violentas diarias en promedio.
Con esa cifra –subrayó– se establece una nueva marca de cuatro mil ejecutados en los primeros siete meses del presente año.

Ambos periódicos publicaron un balance de muertos relacionados con tráfico de drogas con cifras de sus propios conteos, y aunque distintos unos de otros, los números coinciden en un aumento de casi 70 por ciento de víctimas fatales de esa guerra.

Milenio indicó que, por segundo mes consecutivo, se superó el récord de ejecuciones, toda vez que julio, con 854 muertos vinculados con el crimen organizado, se convierte en el periodo más violento del actual gobierno al superar por 85 casos los 769 registrados en junio anterior.

Anotó además que en lo que va del año hubo cuatro mil 300 ejecuciones, que en comparación con años anteriores es la cifra más elevada, pues en el mismo lapso de 2008 se contabilizaron dos mil 651 casos, mientras en 2007 la cantidad fue de mil 672.

En Chihuahua fueron ejecutados 344 (40 por ciento del total nacional), lo que representa que en ese norteño estado fronterizo se cometen 11 homicidios cada día, y que del total de ejecuciones en la entidad, Ciudad Juárez acumula 76 por ciento del total estatal, lo que la convierte en el municipio más violento del país.

Otras entidades con elevado número de ejecuciones en el mes de julio fueron Sinaloa y Guerrero con 83 y 86, de manera respectiva.

Milenio hizo notar también que de los 73 asesinatos cometidos ese mes en el occidental estado de Michoacán, 48 ocurrieron entre el 9 y el 14 de julio, cuando sicarios del cartel “La Familia Michoacana” perpetró una serie de ataques contra bases de la policía federal tras la detención del capo de esa banda criminal Arnoldo Rueda.

Destacó que durante julio se registró el segundo día más violento de los que va del gobierno de Calderón, toda vez que el 14 de julio fueron ejecutadas 47 personas en 11 estados, 20 de ellas se dieron en Chihuahua.

El día con más asesinatos relacionados con el crimen organizado, señaló, fue el 10 de febrero pasado, cuando hubo 51 ejecuciones.

De acuerdo con el diario El Universal, en los primeros siete meses de 2005, la cifra de muertes violentas debido a ejecuciones, enfrentamientos y ataques, fue de 810. Para 2006 pasó a mil 147; en 2007 subió a mil 588 y para 2008 llegó a dos mil 422, lo que significa que entre enero y julio de este año se incremento 65.19 por ciento la cifra de muertos con respecto a igual lapso de 2008.

A la fecha, en los últimos dos años y siete meses, entre ejecutados, muertos por enfrentamientos entre bandas rivales o de pistoleros contra las fuerzas federales, suman 12 mil 480 (en 915 días), que da un promedio de al menos 13 decesos diarios.

Coincidió con Milenio en que Chihuahua, con mil 626 ejecutados, es el estado más violento, seguido de Durango (437), Sinaloa (411), Guerrero (370) y Michoacán (233).

El Universal observó que con la escalada de violencia iniciada este año en paralelo con unos operativos conjuntos del ejército y la policía federal, diseñados para contener el narcotráfico, aumentó la crueldad con la que los cárteles de la droga asesinan a sus enemigos e incluso a militares y policías federales.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

Julio el mes más violento en México desde 2006, con 854 ejecutados

Foto: AFP

MÉXICO — Las ejecuciones ligadas al crimen organizado en México sumaron 854 en julio, el mes más sangriento desde la asunción del presidente Felipe Calderón en diciembre de 2006, según un recuento del diario Milenio publicado este sábado.

La localidad más violenta fue de nuevo la fronteriza Ciudad Juárez (norte) con 250 homicidios, según el recuento de la AFP.

"Por segundo mes consecutivo se superó el récord de ejecuciones ya que julio, con 854 muertos relacionados con el crimen organizado, se convierte en el periodo más violento del sexenio", publicó Milenio.

La anterior marca se estableció en junio pasado con 769 asesinatos, de acuerdo con el periódico.

De enero a julio de este año se han perpetrado un total de 4.300 ejecuciones atribuidas al crimen organizado mexicano, en especial a los cárteles del narcotráfico, mientras que en el mismo periodo de 2008 la cifra fue de 2.651.

En lo que va del sexenio de Calderón (2006-2012) el balance es de 12.904 asesinatos, según los datos periodísticos.

Chihuahua (norte), que comparte una amplia frontera con Estados Unidos, volvió a ser el estado más violento con 344 crímenes en julio, el 40% del total nacional.

En Chihuahua se ubica Ciudad Juárez, limítrofe con El Paso (EEUU), que es la localidad más castigada del país con 1.161 asesinatos en lo que va de 2009, 250 de ellos en julio, de acuerdo con un recuento de la AFP basado en información de la Subprocuraduría de Justicia del estado de Chihuahua.

Un enfrentamiento entre dos cárteles de la droga disparó en 2008 la violencia en Ciudad Juárez, donde los balances anteriores eran de 227 asesinatos en todo 2005, 251 en 2006 y 301 en 2007.

La noche del viernes fueron ejecutadas cinco personas en Ciudad Juárez, dos de ellas en un restaurante, y tres más este sábado, reportó la subprocuraduría.

Por su parte Michoacán (oeste), donde fueron desplegados 5.500 efectivos federales en julio, fue el cuarto estado más violento ese mes con 73 asesinatos, 48 de ellos en sólo cinco días en los que el cártel de La Familia perpetró una inédita ofensiva que dejó 16 policías federales muertos.

Entre las fuerzas de seguridad mexicanas hubo un total de 60 bajas en julio, 58 policías y dos militares, según Milenio.

Felipe Calderón emprendió a su llegada al cargo un despliegue de más de 36.000 militares en los estados más afectados por los cárteles de la droga, a los que oficialmente se atribuyen más de 7.700 asesinatos desde 2006.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

domingo, julio 19, 2009

Taibo II: «Felipe Calderón es un presidente corrupto»

Por la izquierda, Jorge Moch, Francisco Haghenbeck, Eduardo Monteverde y Paco Ignacio Taibo II. / marcos león

«Prometió llevar a cabo una guerra contra el narcotráfico que todavía no se ha concretado», destaca el hispanomexicano


Gijón, Ó. G. CUERVO

La Nueva España

Los autores mexicanos Jorge Moch, Francisco Haghenbeck, Eduardo Monteverde y Paco Ignacio Taibo II, que también es el director de la «Semana negra», debatieron ayer sobre el pasado, el presente y el futuro de uno de las mayores problemáticas que invade México. Los cárteles de la droga y la guerra contra el narcotráfico centraron los principales puntos de la discusión, donde se repasaron algunas de las medidas que los autores proponen para reparar esta violenta situación.

«La demanda procede de Estados Unidos», apunto Monteverde, «un país que tiene dos caras frente a esta problemática», matizó.

«Es como si hubiesen golpeado todos los avisperos y los hubieran encerrado en un tonel. La violencia ha llegado a las calles y los colegios», indicaron Monteverde y Taibo, quienes han sugerido, junto a Haghenbeck, que se proceda a «controlar el flujo de armas procedentes de Estados Unidos». «Ellos tienen que vigilar el tráfico de armas para evitar que los narcos se hagan fuertes», destacaron.

Taibo fue más allá y calificó al actual presidente mexicano, Felipe Calderón, de «corrupto, al ganar las elecciones mediante fraude electoral». «Para ser reconocido por el Gobierno saliente de Bush, Calderón prometió llevar a cabo una guerra contra el narcotráfico que todavía no se ha concretado», matizó Taibo, quien opinó que «los problemas están dentro del Gobierno». «La Policía está corrupta en todos sus niveles. A los narcos les sale más barato comprar a la Policía que entrenar sicarios», indicó.

«En México ha habido 10.000 asesinatos derivados del tráfico de droga, más muertes que en la guerra de Irak. Los muertos son narcos, policías o gobernadores, aunque también hay hombres y niños civiles que nada tienen que ver con la droga, son las víctimas colaterales», expresó.

Hoy finaliza la 22.ª edición de la «Semana negra» con dos actividades. En la carpa del encuentro, a partir de las 12 horas del mediodía, se clausurará oficialmente el certamen literario, mientras que a partir de las 19 horas, se llevará a cabo la última jornada del festival Trazos.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

domingo, abril 19, 2009

El Chapo Guzmán y la guerra contra el narcotráfico

Foto: César Huerta/Extensión Medios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

Joaquín El Chapo Guzmán Loera anda suelto, anda suelto desde que se fugó del penal de “máxima seguridad” de Puente Grande, en Jalisco. Se escapó: o altos funcionarios le ayudaron a escapar. Se salió con la suya. Ahora recorre el país; pelea con sus enemigos (que no son pocos y sí violentos como él); mantiene, en esta época de crisis económica, el tráfico de drogas sin sobresaltos y con ganancias pingües; hace negocios: es un empresario. Incluso ha sido incluido en la lista de los hombres de dinero más ricos del mundo. El Chapo Guzmán sonríe. Y sonríe porque sabe que no lo aprehenderán, que no lo capturarán. Sabe que él manda.

Felipe Calderón, quien llegó a la Presidencia de la República (nunca se debe olvidar) gracias a un fraude electoral, emprendió una guerra en contra del narcotráfico. Una guerra de antemano perdida, de antemano destinada al fracaso. No importó el amplio nivel de infiltración de los cárteles de la droga en las policías y en la administración pública, no importó que no se tuviera un plan maestro, no importó la carencia de planeación. Lo que verdaderamente se necesitaba era “legitimar” a Calderón. Y la guerra comenzó.

Pero una guerra extraña: los cárteles de la droga más golpeados han sido el del Golfo (y su brazo militar, Los Zetas), el de Juárez y el de Tijuana. El cártel de Sinaloa parece estar protegido por el gobierno federal: es el cártel dirigido por Joaquín El Chapo Guzmán.

El viernes pasado, el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, declaró que El Chapo habita en el norte de Durango: “más adelante de Guanaceví, por ahí está El Chapo, por ahí vive, pero bueno, todos lo sabemos, menos la autoridad”. ¿Qué quiso decir con estas palabras González Martínez?, ¿acaso el paradero de El Chapo Guzmán es por todos conocido?, ¿acaso las autoridades, en lugar de buscar a El Chapo, se dedican a esconderlo, a protegerlo de sus enemigos (los demás cárteles) o simplemente a ignorar su localización? Misteriosas preguntas que no tienen una respuesta.

Al ser cuestionado sobre si interpondría una denuncia por todo lo que ha visto y sabe, el arzobispo de Durango contestó: “todos estamos muy convencidos de que no tiene mucha eficacia”. Es decir, no hay confianza en las autoridades: ¿por qué será?, ¿sabe algo al respecto González Martínez?

Si es verdad lo que dice el arzobispo de Durango, y el escondite de El Chapo “todos lo sabemos”, ¿qué hacen las autoridades por aprehenderlo? Algunas semanas atrás, el 19 de marzo, fuentes de la Procuraduría General de la República mencionaron que era una “prioridad” de Felipe Calderón la “recaptura” de El Chapo Guzmán. El Chapo seguramente sonrió ante estas “prioridades”.

La “guerra” contra el narcotráfico ha costado miles de vidas. México, hace tiempo, parecía un país en paz. Pero Calderón nos dijo que no, que en esta nación no existía la paz y sí la guerra. Y declaró la conflagración y la sigue declarando en cada acto donde se presenta. Sí, México está en guerra. Pero, ¿de quién es la guerra?, ¿a quién o quiénes beneficia?

El negocio del narcotráfico es de millones de dólares. Es una industria que tiene empleados a cientos de miles de mexicanos que carecen de oportunidades de trabajo digno, de dinero y de esperanzas. Hay que comer, y si comer significa delinquir, muchos optan por esta opción (quizá la única opción). Esto no lo comprenden quienes declararon la guerra al narco: siempre han tenido vestido, comida, puestos públicos y dinero.

Joaquín El Chapo Guzmán se ha convertido en un ser mitológico: logró escaparse de uno de los penales de más alta seguridad, ha sufrido varios atentados y de ellos ha salido ileso. Algunos intentaron atraparlo, pero siempre se escurre, siempre escapa, siempre se escabulle. En marzo de 2009, un oficial antidrogas de Estados Unidos mencionó que El Chapo “es casi intocable […] En el momento que enviamos un helicóptero a algún lugar cercano donde creemos que se encuentra, somos delatados por informantes”. ¿Quiénes son esos delatores?, Misterio, misterio y más misterio.

El arzobispo de Durango declara que todos saben dónde vive El Chapo, excepto las autoridades. Para Calderón es una “prioridad” recapturar al jefe del cártel de Sinaloa. ¿Y si “todos sabemos” dónde habita El Chapo, por qué no se le ha capturado?, ¿acaso el gobierno defiende a un cártel y ataca a los demás?, ¿acaso la guerra contra el narcotráfico debería llamarse la guerra contra algunos cárteles de la droga? Hay muerte y sangre corriendo por las calles; a diario, cuerpos inermes (algunos descabezados) aparecen en cajuelas de autos, en banquetas, por todos lados; las balaceras son ya comunes: cosa de todos los días; hay estados completamente dominados por algún cártel de la droga. Mientras tanto, El Chapo sonríe. Y Calderón, ¿también?

jorge_naredo@yahoo.com



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

viernes, abril 03, 2009

Una guerra que no es la solución


Militares patrullan calles de una ciudad mexicana, ante el crecimiento del poder armado de los cárteles del narcotrafico.

Walter Maierovitch
Sao Paulo, Brasil

Antes de embarcar hacia Londres para participar de la Cumbre del G20, y todavía bajo el impacto de lo que dijo la secretaria Hillary Clinton, ¿en la visita que acabó de hacer a México¿, el presidente Felipe Calderón resolvió dividir con otros culpables el fracaso de la war on drugs (guerra contra las drogas) mexicana y la responsabilidad por la tragedia representada por las inocentes víctimas fatales.

En una entrevista a la BBC, el presidente mexicano dijo: "Hay tráfico en México porque hay corrupción en México. Y si usamos el mismo criterio, si hay tráfico en EE.UU. es porque hay corrupción por allá. Es imposible enviar toneladas de cocaína a EE.UU. sin que haya complicidad de algunas autoridades estadounidenses".

Poco antes, Calderón había confirmado datos infiltrados por autoridades mexicanas por ocasión de la visita de Hillary. Es decir, el 90% de las armas usadas por los potentes carteles mexicanos de drogas fue comprado en EE.UU. En las ciudades estadounidenses fronterizas con México, destacó Calderón, funcionan 11.000 tiendas de venta de armas de fuego.

El presidente de México, Felipe Calderón, empezó la guerra contra las drogas en diciembre de 2006, el primer día de su mandato. Contó con la colaboración del entonces presidente Bush, que desperdició dólares con el denominado "Plan Mérida": una adaptación del Plan Colombia, este empezado en 1998, durante el gobierno de Andrés Pastrana, con el apoyo y la sustentación del entonces presidente demócrata Clinton.

Para tener una idea de ese fracaso mexicano, en febrero de 2009, en París, el ministro de economía de México, Gerardo Ruiz Mateos concluyó, ante el poder de los carteles de las drogas, que "el próximo presidente de México será un narcotraficante".

En la Cumbre de las Américas, marcada para este mes de abril en Trinidad y Tobago, el presidente Calderón deberá comentar las muertes de los inocentes, en la guerra mexicana contra las drogas.

En 2008, 5.600 murieron. Y lo peor, más del 70% de las víctimas fatales no tenía ninguna conexión con el tráfico de drogas, con los carteles o con bandas mexicanas. Durante los primeros meses de 2009, ya mataron a 1.501 mexicanos y los carteles vencen la guerra y difunden la violencia y el miedo por el país.

Antes de llegar a Trinidad y Tobago, sede de la Cumbre de las Américas, el presidente Barack Obama pasará por México para visitar a Calderón. Y para ir directo al asunto que interesa, Obama envía a México, para preparar su encuentro con Calderón, varias autoridades como, por ejemplo, la secretaria de defensa nacional, Janet Napolitano, y el ministro de Justicia, Eric Holder.

Durante la visita de Hillary Clinton, el presidente mexicano se mantuvo en silencio. Hillary, secretaria de estado del gobierno Brack Obama, cobró la prisión de Blanca Margarita Cazares, lavadora del dinero sucio de los carteles y admitió que el consumo por parte de los estadounidenses es crucial en la explosión de la violencia en México.

Como se nota, Calderón resolvió desahogarse después que se fue Hillary. Paralelamente, él designó más militares para las ciudades fronterizas más problemáticas, como, por ejemplo, Juárez (frontera con El Paso, EE.UU.) y Tijuana (frontera con San Diego, California).

De las casi 6.000 muertes de 2008, casi 1.600 sucedieron en Juárez, donde actúa el cartel que tiene el nombre de la ciudad. Según Calderón, están en Juárez 10.800 agentes de orden del estado mexicano. El aumento gradual del número de soldados y policías representó, en los últimos 30 días, una disminución en la violencia estimada en un 73%.

PANEO RÁPIDO: El gobernador de Río de Janeiro ensayó una "guerra contra las drogas" al estilo Calderón. Cuando se dio cuenta de que la población pobre estaba en el medio del fuego cruzado entre policías y traficantes, resolvió, felizmente, suspender el espectáculo, que le rendía el apoyo de los moradores de la zona sur, alejados del campo de batalla.

Ahora, el secretario de seguridad de Río reedita el truismos de Bush y del ex gobernador Garotinho al afirmar que los usuarios son los responsables por la violencia.

Siempre que faltan (1) políticas adecuadas para contrastar el fenómeno de las drogas, (2) la capacidad de los agentes para desfalcar la economía movida por la criminalidad organizada y la (3) represión policial eficaz, se elige al usuario, eslabón más débil de la cadena, como el culpable.

Uno todavía no cree que no existe una sociedad sin drogas, como se infiere de la lectura del historiador Heródoto (siglo V a.C.).

Para los que se ponen felices con la veracidad de que "sin consumo no hay oferta", se pueden decir tantas otras: "sin oferta no hay demanda" y "sin los US$ 400 mil millones sucios que circulan por el sistema bancario internacional anualmente, la industria de las drogas no sería tan potente".

Realmente. La guerra contra las drogas y la criminalización del usuario no solucionan el problema.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

miércoles, marzo 04, 2009

La narcoguerra/ IV (La Jornada)


La sociedad tiene miedo ante la delicuencia y nadie se atreve a denunciar

En Matamoros damos muy buenos narcos; controlan todo

Las familias empezaron a descomponerse desde 1970; cuando llegaron las empresas maquiladoras las madres se fueron a trabajar a las fábricas y los hijos quedaron solos

En la ciudad operan 127 maquiladoras que dan empleo a más de 53 mil personas. Pero en el sector servicios y en los negocios que se dedican a exportar e importar mercancías, se lava 30 por ciento de los ingresos del cártel del Golfo

Foto
Después de que se recibió una amenaza de bomba, agentes de la Policía Federal Preventiva acudieron al consulado de Estados Unidos en Matamoros, con el proposito de resguardar las instalaciones de la sede diplomáticaFoto La Jornada
Foto
En 2008, agentes federales y militares desarmaron a los policías municipales de Matamoros,







Gustavo Castillo García
Enviado

Matamoros, Tamps. “Aquí nos dedicamos a dar buenos narcotraficantes, ¡y muy buenos! Esa es la verdad. Los de Sinaloa pueden parecer lo mismo; a lo mejor siguen siendo narcos puros, pero aquí ya es otra línea: controlan todo. ¿La sociedad?, está desmadrada totalmente. Está muy cabrón que una voz se acerque a los tiras y les diga algo. La raza tiene miedo. Ustedes mismos, los periodistas, si tocan un nervio, se los empinan antes de que salgan de Matamoros. Eso no es miedo, es la verdad”, lanza de un tirón Enrique, un sesentón que, asegura, ha conocido a jefes, jefes del narcotráfico en esta frontera, como Juan García Ábrego y Osiel Cárdenas.

Asegura que también tiene contacto con el actual comandante de la región, aunque hay uno que es nacional, y a ese se le respeta donde quiera.

El rostro bonachón y de aparente tranquilidad que se mira bajo el sombrero texano se contradice con el lenguaje de su cuerpo. Las manos de don Enrique van y vienen a su cintura, como si trajera un arma encajada; voltea en forma insistente hacia todos lados mientras suelta información en el único sitio donde accedió a hablar, el estacionamiento de un centro comercial.

Las paredes oyen

Porque en Matamoros, más que en ningún otro lugar de la frontera tamaulipeca, las paredes oyen, pero también lo hacen las banquetas, las mesas de café, los taxis, los vestíbulos de los hoteles, en fin, todo mundo y en todos lados puede delatar.

Por eso, este norteño que se presentó a sí mismo como empresario, sin especificar en qué actividad, guarda todo género de precauciones: Aquí las cosas han cambiado mucho; antes sabías por qué te iban a chingar, y si te escondías en las faldas de tu mujer y junto a hijos hasta te la perdonaban. Pero se rompió el código de honor que tenían los bandidos. Se han ido terminando esos valores.

En Matamoros habitan 550 mil personas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), aunque la población flotante se calcula en 250 mil más. Estudios gubernamentales estiman que 43 por ciento de sus pobladores viven en situación de elevada pobreza, lo que explica el enquistamiento de la delincuencia organizada.

Miguel, quien pidió no publicar su apellido y es uno de los muchos empleados públicos que por seguridad duermen en Brownsville, Texas –población vecina ubicada en Estados Unidos–, sostiene que la problemática empieza porque a las ciudades fronterizas se las chingaron las maquiladoras. Las familias se han ido descomponiendo desde los años 70, cuando las madres se fueron a trabajar a las fábricas y sus hijos tuvieron que irse solos a la primaria, a la secundaria, a cualquier parte.

Aquí en Matamoros, delincuencia y juventud son vistos como una sola cosa. “Los jóvenes ven esto (el narcotráfico) como un hobby, como algo natural, porque a lo mejor todos tenemos un pariente o un amigo que está metido. Los güercos dicen: ‘veo al hermano de mi amigo que le está yendo a toda madre, y yo, por qué no’”, explica a su vez Efraín Hernández, representante del Instituto Tamaulipeco de la Juventud en Matamoros.

En esta población, camionetas y vehículos de lujo y otras unidades de uso que se adquieren en Estados Unidos desde mil dólares llenan durante el día las dañadas avenidas en las que sobresalen los centros comerciales.

El promedio de edad de la población es de 24 años (51 por ciento son mujeres) y escasos los centros de diversión y cultura. Uno de los puntos de mayor concurrencia son las pulgas, mercados en los que se adquieren artículos electrónicos y ropa de segunda mano.

Matamoros basa su actividad económica legal en la inversión directa. Operan 127 empresas maquiladoras que dan empleo a más de 53 mil personas.

Sin embargo, reportes gubernamentales refieren que en el llamado sector servicios, así como en los negocios relacionados con la importación y exportación de mercancías, se lava 30 por ciento de los recursos que obtiene el cártel del Golfo.

Foto
En esta ciudad fronteriza, los jóvenes ven el narcotráfico como hobby. En la imagen fuerzas especiales del Ejército realizan tareas de apoyo a los operativos contra la delincuenciaFoto Cuartoscuro

Los mismos informes, de los cuales La Jornada posee copias, precisan: El 70 por ciento de la población respalda, protege y alienta de distintas maneras la industria del narcotráfico. Se calcula que al menos mil viviendas, de las 116 mil que hay, son utilizadas como bodegas o casas de seguridad para guardar armas, cuidar secuestrados o migrantes.

En esta ciudad, nada ni nadie escapa a los ojos del cártel. Reportes de inteligencia militar consignan que taxistas, meseros, taqueros, empleados de hoteles y sus propios gavilanes o halcones, como nombran a sus vigías, cuidan de Tampico hasta Laredo y no dejan que otras aves aniden en sus lugares, que defienden con su sangre cuando alguien quiere ganarles.

Así dice el corrido dedicado a Osiel Cárdenas, poderoso ex líder del cártel del Golfo –hoy preso en Estados Unidos–, que cantaba Beto Quintanilla, fallecido en marzo de 2007, aparentemente de muerte natural, aunque todo mundo especula que lo asesinaron en revancha por el ajusticiamiento, en Reynosa, del cantante sinaloense Valentín Elizalde, en noviembre de 2006.

En esta ciudad ocurren homicidios de los que nadie debe dar cuenta. Periodistas de la región aseguran que si publicas algo que no guste a los jefes, lo menos que te puede pasar es una tabliza de la que no te levantas en una semana.

Trabajas para mí, cabrón

Cuentan que hace poco un reportero escribió de narcotienditas y de inmediato lo mandó traer el jefe de la plaza. Como no acudió el día que lo convocaron, al siguiente lo interceptaron cuando iba a dejar a su hijo a la escuela. Lo llevaron ante el patrón, lo hincaron delante del niño.

“El patrón le preguntó: ‘¿Para quién trabajas?’ En respuesta dio el nombre de un diario local. Los tablazos le llovieron. ‘¡Trabajas para mí, cabrón!’”, le gritó aquél.

Aquí aún no se olvida lo ocurrido en enero de hace cuatro años, cuando la guerra entre los cárteles del Golfo y de Sinaloa se libraba a todo lo largo de la frontera tamaulipeca. Una noche arribaron al hotel Ritz, ubicado en el centro, varias camionetas con hombres armados y la cara cubierta con pasamontañas.

Entraron al hotel, reunieron a 54 personas que habían llegado horas antes desde Chihuahua. Les exigieron identificarse y que explicaran los motivos de su viaje. Luego, de acuerdo con algunos testimonios, los desnudaron, los despojaron de sus documentos –incluidos pasaportes– y les ordenaron regresar a su tierra en los mismos autobuses. Ninguna autoridad informó del incidente.

El obispo de Matamoros, Faustino Armendáriz Jiménez, accede a hablar: Lo único que le queda hacer a nuestra población es resguardarse; lógicamente, no salimos en las noches, nos cuidamos de andar a deshoras, estamos lo menos posible en las calles.

En Matamoros hay, sin embargo, quienes en un rapto de cinismo sincero, asumen: “Nosotros no tenemos problemas. No hay broncas; esas se dan en otras partes, donde hay diferencias entre los grupos y al final se impone uno. Pero aquí no hay tanta violencia. Si tú ya sabes las reglas del juego, pues las acatas. Y a los que matan es por jotos, porque se le descompuso la voz al pelado. Pa’ qué busca uno; todo el mundo sabe jugar y todo mundo se hace pendejo.”

El obispo Armendáriz Jiménez, entrevistado al término de la misa dominical, pregunta si la grabadora ya está apagada. Y sólo entonces se sincera: “Aquí nadie habla nada de eso. Los periodistas que vienen de otros lados también deben tener cuidado. Si los detectan, en una de esas hasta los levantan y los desaparecen. No pregunte a nadie que no conozca, no confíe.

“Lo más que puedo hacer por usted es pedir que lo acompañe y lo proteja el Santo Niño de Atocha. Si no tiene nada que hacer por aquí, mejor regrésese…”



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

radioamloTV