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viernes, noviembre 07, 2008

Defiende Calderón la "honestidad" de Mouriño


Fue objeto de críticas y víctima de calumnias, señala en el Campo Marte

■ Encabeza la ceremonia luctuosa en memoria de nueve víctimas del avionazo del martes pasado

■ Se dice interesado en que surja la verdad

Claudia Herrera y Fabiola Martínez
La Jornada

Ante el féretro del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, el presidente Felipe Calderón defendió la honestidad de uno de sus más cercanos colaboradores y entrañables amigos, quien “fue objeto de críticas y víctima de calumnias”.

En la ceremonia luctuosa, en memoria de las nueve víctimas que viajaban en el Learjet que se desplomó el martes pasado, el titular del Ejecutivo aludió a una cita bíblica de Mateo para reivindicar la trayectoria de Mouriño. Advirtió que son “bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los pacíficos, los que tienen hambre y sed de justicia, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, bienaventurados los que por causa de lo alto son insultados y se diga toda clase de calumnias en su contra, porque su recompensa será grande”.

Arropado por los integrantes de su gabinete, de su equipo más cercano de Los Pinos, de los líderes camarales y del presidente de la Corte, que estuvieron a su lado durante el acto militar, el michoacano también declaró ser el primer interesado en que surja la verdad y se esclarezcan las causas de estos hechos.

Tres días después de la tragedia, el homenaje en el Campo Marte concitó a políticos de todos los colores partidistas. Fueron cerca de mil 600 invitados; en el graderío se podía encontrar lo mismo a la plana mayor del PAN, que a los priístas encabezados por su dirigente nacional, Beatriz Paredes; el coordinador de la Cámara de Diputados, Emilio Gamboa; gobernadores como el mexiquense Enrique Peña Nieto. El líder de la bancada en el Senado, Manlio Fabio Beltrones, no asistió.

También acudieron varios perredistas, entre ellos el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, y el líder de la fracción parlamentaria en el Senado, Carlos Navarrete. El dirigente nacional sustituto del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo, fue recibido con unas palmadas en la espalda por el secretario particular de la Presidencia, César Nava, que al pie de las gradas esperó a los invitados.

Los únicos empresarios que figuraron en la primera fila fueron Roberto González Barrera, dueño de Maseca, y Emilio Azcárraga, que de un lado tuvo al líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, con quien no habló, y del otro a la directiva en pleno de Televisa: Bernardo Gómez, José Bastón, Leopoldo Gómez y el conductor Joaquín López Dóriga.

Atrás de ellos se sentaron juntos los ex secretarios de Gobernación Santiago Creel y Francisco Ramírez Acuña y, cerca, el ex priísta Diódoro Carrasco. También, los dirigentes del sindicato magisterial, Elba Esther Gordillo, y el de los ferrocarrileros, Víctor Flores. En la misma tribuna se podía ver tanto al rector de la UNAM, José Narro, como al obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda.

En la primera hilera del graderío estaban la presidenta del tribunal electoral, María del Carmen Alanís; el presidente del IFE, Leonardo Valdés, así como los ministros de la Corte. Minutos antes del inicio de la ceremonia fúnebre todavía había, entre unos y otros, algunos espacios que se fueron llenando con quienes llegaron al tiempo límite. Así ocurrió cuando se incorporó a la hilera el gobernador de Puebla, Mario Marín. Uno de los ministros lo saludó, pero enseguida dio un paso hacia su izquierda.

Una vez que los ataúdes fueron colocados por elementos del Estado Mayor Presidencial y de la Policía Federal Preventiva –el de Mouriño enfrente de todos–, el Presidente entró al Campo Marte acompañado por su esposa, Margarita Zavala, y los titulares de la Defensa, Guillermo Galván, y de Marina, Mariano Francisco Saynez.

Con voz apagada, Calderón expresó sus condolencias a los familiares, que observaban desde una carpa blanca, y dedicó la mayor parte de su mensaje de 23 minutos a Mouriño, a quien describió como un demócrata, un gran hombre, inteligente, leal, comprometido con sus ideales y apasionado de México; un hombre honesto y trabajador.

Con ello, el mandatario respondió por primera vez en un discurso público a las acusaciones que se hicieron contra Mouriño por haber firmado convenios con Pemex Refinación por medio de la empresa familiar Ivancar, cuando era funcionario público. “Fue objeto de críticas y víctima de calumnias. Sin embargo, puedo asegurar que fue un hombre franco y honesto, con una extraordinaria capacidad para resolver problemas”, afirmó, mientras francotiradores resguardaban su seguridad desde la azotea del Auditorio Nacional.

Al honrar a los funcionarios fallecidos, en especial a “nuestro querido amigo Juan Camilo”, señaló que tuvieron “el incomprendido honor de servir a los demás a través del servicio público, de amar al prójimo a través de los áridos caminos de la política ejercida con rectitud”. Y resaltó que los logros de Mouriño al frente del Palacio de Covián, durante diez meses, están a la vista en un clima de negociación, cotidiana interlocución, una relación de respeto con las diversas fuerzas políticas, la generación de acuerdos que se tradujeron en importantes reformas legislativas.

Tras señalar que su muerte fue una gran pérdida para el Estado mexicano, encomió en particular su contribución para resolver el conflicto magisterial en Morelos, que por una “decisión responsable” decidió regresar a clases. Mientras decía eso, Gordillo Morales asentía con la cabeza y la titular de la SEP, Josefina Vázquez Mota, lo escuchaba parada en un extremo de la fila de secretarios.

Por eso, aseguró que la mejor manera de honrar la memoria de los mexicanos que perdieron la vida en este acontecimiento es seguir trabajando unidos y con mayor convicción que nunca para transformar México. Minutos antes, recordó con breves palabras a las otras víctimas: a Miguel Monterrubio, a Arcadio Echeverría, a Norma Díaz Aguiñaga, funcionarios de Gobernación y quienes fueran también sus colaboradores; así como el capitán Julio César Ramírez Dávalos, jefe de escoltas del secretario. También mencionó a los pilotos Álvaro Sánchez y Jiménez y Martín de Jesús Oliva Pérez, así como a la sobrecargo Giselle Carrillo Pereyra.

De José Luis Santiago Vasconcelos, quien fungía como titular de la secretaría técnica para la aplicación de las recientes reformas constitucionales, destacó su desempeño en la PGR y el que haya logrado la aprehensión de un sinnúmero de delincuentes.

Concluida su alocución, Calderón, los secretarios de Estado y los representantes de los otros poderes de la Unión, hicieron una guardia de honor en torno al ataúd de Mouriño. Maximiliano Cortázar y el subsecretario de Energía, Jordi Herrera –quienes se contaban entre los amigos más cercanos del extinto funcionario–, estuvieron más próximos.

Luego, el mandatario saludó a los deudos y les entregó las banderas que cubrían los ataúdes. Afligido, abrazó y besó a cada uno de los integrantes de la familia Mouriño: a su padre, Carlos; a su madre, María Ángeles Terrazo; a su esposa, Mary Geli, y a sus hijos María, Iván y Juan Camilo. Tras ello hubo aplausos para recordar a los muertos.

Fuera de protocolo, el michoacano se despidió de cada uno de los integrantes de su gabinete y del llamado “staff Pinos”, tiempo en el que se escuchó un segundo aplauso, esta vez para Calderón. Ya no se sumaron algunos perredistas como Acosta Naranjo, Ebrard, Leonel Godoy y la cúpula priísta.

Al final, los secretarios rompieron filas y algunos llorando, como Georgina Kessel, dieron el pésame a la familia Mouriño mientras María, la hija mayor del extinto funcionario, cargaba la gran fotografía de su padre que fue colocada frente al féretro en la ceremonia fúnebre.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

martes, mayo 22, 2007

El dolor y la muerte

Elena Poniatowska*

Hace ya siglos que América Latina tiene una relación especial con el dolor. Durante la Conquista, los españoles obligaron a la población autóctona a renunciar a sus antiguos dioses. Los conquistadores violaron brutalmente la cultura azteca y eliminaron sus creencias. A cambio, ofrecieron un Dios de la pobreza, del dolor y del sacrificio. Desde varios puntos de vista, este proceso fue muy doloroso para los naturales, ya que sus deidades habían sido el símbolo de la fuerza y el poder. De ahí que los mexicanos hayan desarrollado un vínculo singular con el dolor derivad de la pérdida de un ser querido y la muerte en general.

La muerte está muy presenta en la vida de los mexicanos, sencillamente forma parte de ella, se acepta y se bendice. Se le trata como a un camarada. Cuando, en nuestro país, alguien fallece en el círculo familiar, se trata a los muertos con el máximo respeto. Se instala la capilla ardiente en una habitación; la familia y los amigos no se separan de su lado, ni de noche ni de día. De esta manera, se despiden lentamente y comparten su dolor por la pérdida. Así, la muerte también se inserta en la cotidianidad.

El día de los difuntos, en su honor se organizan comidas en el cementerio, junto a las tumbas de los seres queridos fallecidos. Los que ya dejaron esta vida son venerados con canciones, cempasúchil, tequila y música. Nosotros, los mexicanos, creemos que se debe despedir a los muertos con la misma alegría con la que Dios los mandó a la Tierra; si no, les quitamos la gloria.

El hambre, la pobreza, el sufrimiento siempre han sido motivos del arte. Los artistas que viven en un país del tercer mundo, afectado por continuas crisis, se centran más en este tema que los que pertenecen a una sociedad rica, donde no falta nada. Todas las naciones pobres tienen arte popular porque las artesanías surgen de las manos de los más desafortunados.

El dolor psíquico es más difícil de sobrellevar que el corporal, ya que es incomunicable. No se comparte con nadie. Cualquier dolor relacionado con el espíritu o el alma sólo se cura con el tiempo. ¿Hasta qué punto puede imaginarse otra persona lo que estoy sufriendo por dentro?

El dolor físico es más fácil de soportar si se comparte con los demás. Los heridos que se hallan en la misma sala de hospital, pueden expresar su dolor, quejarse y encontrar consuelo en el apoyo mutuo. Por el contrario, el dolor psíquico está más escondido. No se puede ver, sólo se puede sentir. ¿Qué remedio universal puede existir para un dolor como éste?

La matanza ocurrida durante la manifestación estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, fue un suceso doloroso a nivel cultural y social para muchos estudiantes y padres de familia que conocieron no sólo la persecución y la muerte sino a un gobierno que intentó encubrir la masacre. Lo mismo sucedió durante el terremoto que sacudió a la ciudad de México el 19 de septiembre de 1985.

Ambos acontecimientos ocasionaron mucho dolor. Sus repercusiones todavía están a la vista. Los más pobres de la sociedad, la carne de cañón de siempre, padecieron el infierno.

A menudo, la persona que está sufriendo tiene la necesidad de responsabilizar a otro de su destino. Con frecuencia, en América Latina e pueblo tiene todo el derecho a ello. A los gobiernos no les importan los pobres. Cuando el terremoto estremeció a México en 1985, sus consecuencias y las medidas que se tomaron para remediarlas fueron un auténtico escándalo.

Los edificios de instituciones sociales se doblaron como si fueran castillos de naipes porque se había empleado un material de construcción de muy baja calidad. Los constructores y las empresas gubernamentales ahorraron en los materiales utilizados en los inmuebles y son ellos y los políticos corruptos, los responsables de la caída de edificaciones que jamás debieron desplomarse como los hospitales, las maternidades, los juzgados, etcétera.

Un sinnúmero de niños quedaron sepultados en las maternidades. Milagrosamente, algunos de ellos pudieron sobrevivir gracias a que estaban acostumbrados a la falta de luz del vientre materno y siguieron protegidos por sus madres, pero también hubo otros casos como el del bebé estrangulado por su madre, que perdió la esperanza y decidió evitarle una muerte lenta y cruel, al encontrase los dos en una situación sin salida, enterrados bajo toneladas de escombros. Estas escenas están muy presentes en la memoria colectiva de los mexicanos. Es tan importante el sentimiento de alegría por los que se salvaron, como el de la pena por los fallecidos.

En el caso del dolor psíquico no es imprescindible buscar consuelo en el arte o en una obra en concreto. Compartir ese dolor puede ser igual de beneficioso. Otro medio es el tiempo, que cura (casi) todas las heridas.

Cuando mi madre perdió a su hijo menor, mi hermano, a la edad de 21 años, lo que más le ayudó fue concentrarse en la naturaleza. Comentó que le tranquilizaba observar el paisaje: el sol, las nubes, los árboles, las colinas, las flores. La calmaba, así como, supongo, también le sirvió hablar con sacerdotes y con otras personas que habían vivido experiencias similares.

En la pintura hay muchos ejemplos de sufrimiento. Para nombrar algunos, los autorretratos del pintor holandés Rembrandt (1606-1669) son una buena muestra de lo que la vida le hace a un ser humano. Sus primeros autorretratos reflejan a un hombre marcado por los avatares de la existencia y muy desmejorado. Es un dolor muy silencioso el que contienen estos cuadros.

La artista mexicana Frida Kahlo (1910-1954) pregona el dolor en sus obras. Fue operada 37 veces después del terrible accidente que dejó su columna vertebral deshecha. Hay varios cuadros que denotan su dolor físico. En La Columna Rota (1944) se observa su columna rota en mil pedazos y remendada con clavos, como si fuera una columna dórica. En La Venadita (1946) se representa a sí misma como un venado que ha sido alcanzado por numerosas flechas y debe seguir su camino aun sangrando. Revela su propio dolor, que cualquiera puede imaginar perfectamente.

Tampoco hay que olvidar al escritor mexicano Juan Rulfo (1918-1986), quien a lo largo de su obra analizó una y otra vez el tema del dolor y la muerte. Rulfo es un fenómeno extraordinario de la historia de la literatura, sus libros hablan de la realidad social de México, la Revolución, los pueblos abandonados, secos, polvorientos y hundidos en la desesperación. Mediante un lenguaje si artificios consigue da una imagen estremecedora de la soledad humana, que no deja indiferente a nadie. Me parece que Pedro Páramo (1955) es una de las mejores novelas latinoamericanas, ya que en ella tienen cabida la desesperación y la muerte, la duda y, sobre todo, un silencio inquietante. En dicha obra la realidad es una mezcla lúgubre de ilusión y mirada ciega y representa un silencio convertido en literatura, es la confirmación de una pesadilla, una expedición al reino de los muertos vivientes.

En siglos anteriores se tenía un concepto diferente del dolor. Los cuadros religiosos de la Edad Media despiertan el sentimiento de pena de los observadores. En tales manifestaciones de arte se muestran las lágrimas de la resignación y el desamparo, se acepta el dolor como algo inevitable. Sin él, la vida carecía de sentido.

Los artistas de la era moderna intentaron rebelarse contra esa concepción del dolor. Los expresionistas alemanes como Max Beckmann (1884-1950) se alzaron contra el sufrimiento, postura que provocó gran escándalo. Los artistas ya no querían centrarse en el dolor, pero tampoco querían suprimir o renunciar a ellos mismos. Se resistían a la opinión generalizada de que el dolor se tenía que aceptar.

El arte del noruego Edvard Munich (1863-1944) relaciona el dolor con al ira. Su famoso cuadro El Grito (1893) muestra un rechazo desesperado al dolor y le da una cara inconfundible. La artista alemana Käthe Kollwitz (1867-1945), una de las grandes grabadoras de todos los tiempos, también mostraba el dolor en sus pinturas. En sus grabados, dibujos y otras obras supo expresar la aflicción y el sufrimiento, de tal forma que consiguió superar su dolor, su ira y su desamparo frente a la muerte.

Siento que es un gran consuelo que en la cultura mexicana exista la creencia de que los muertos están todavía entre nosotros. Mi madre murió hace dos años. Sin embargo, tengo la sensación de que sigue a mi lado. Cada día hablo con ella, la siento a mi lado y eso me reconforta. A cada rato digo: “mamá”. Así puedo hacer frente al dolor que supone su pérdida y aprender a sobrellevarlo.

*Texto publicado en la revista Dolor, Clínica y Terapia en mayo de 2003. A propósito del tema del dolor, la próxima semana, del 28 de mayo al 2 de junio, iniciará en el Auditorio Núm. 1 del Centro Médico Nacional Siglo XXI, el Primer Congreso Nacional de Médicos Mexicanos. La inscripción es gratuita. Para mayores informes comunicarse a los teléfonos: (01-55) 2455-4676, 01-800-087-12-96 y 044-55-1948-0274.

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