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lunes, marzo 07, 2011

“A Vargas Llosa no hay que hacerle el favor de atacarlo ni de tirarle huevos podridos” Eduardo Galeano


Entrevista a Eduardo Galeano

6 de Marzo de 2011
Diario Tiempo

Por Tomás Forster

El escritor uruguayo opina sobre la polémica que surgió con el Premio Nobel de Literatura, analiza el surgimiento del kirchnerismo en la Argentina y critica la decisión de “Pepe” Mujica de seguir instalando pasteras en Uruguay.

A partir de las primeras décadas del siglo XIX, Occidente comenzó a engendrar uno de los parásitos indisolubles del capitalismo contemporáneo: la burocracia. La literatura rusa de esa centuria, con Nikolái Gógol y Fiódor Dostoievski como referentes esenciales, puso en el centro de la escena a ese hombre aparentemente anónimo, apático y gris que era el empleado administrativo. Pero fue, posteriormente, en la obra de Franz Kafka, cuando lo burocrático apareció como un elemento omnipresente, capaz de atravesar todas las esferas de la vida social. A los tres escritores, la historia del siglo XX les daría la razón con creces. Los tres, sin dejar de estar condicionados por las complejidades de las distintas épocas que transitaron, fueron capaces de desentrañar uno de los rasgos más trágicos e inevitables de la era moderna.

Sin que sus reflexiones apuntaran directamente a un horizonte político, vislumbraron el sombrío desenlace que le esperaba a la humanidad a lo largo del siglo XX. El poder burocrático, el saber técnico-racional que le otorgó razón de ser no sólo se puso al servicio de dos guerras mundiales, sino que desfiguró a revoluciones que emergieron llenas de potencialidad creadora.

Pasada una década del siglo XXI, un escritor nacido en orillas alejadas y sureñas, de importancia ineludible para los pueblos que luchan y no se resignan, resiste a esa forma de vida desapasionada y gélida. Lejos de sentir indiferencia por el orden desigual que impone el sistema, en su faceta neoliberal actual, alguna vez Eduardo Galeano expresó que “al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

Caminante incansable a través de diversos géneros literarios, constructor de frases que se arraigaron en el imaginario militante, geólogo de la memoria olvidada de un continente debajo de capas cimentadas durante 500 años de opresión, Galeano mantiene una frescura y una sensibilidad extraordinarias. Llano y fraterno, simple y hondo, a la vez, de hablar pausado como buen oriental, el autor de El libro de los abrazos se entregó a una entrevista a fondo con Tiempo Argentino. Sin perder de vista el rumbo, se embarcó en un viaje con varias escalas: su relación con la escritura, la infancia, el exilio, la vida en Montevideo, la polémica que disparó la presencia del premio Nobel en la inauguración de la Feria del Libro, la actualidad política que vive Latinoamérica, los sucesos que conmueven a Medio Oriente y al Magreb e, incluso, motivado por su amor a la redonda, habló sobre el fútbol uruguayo, jugó para el lado de los que defienden la técnica y la fantasía, y les tiró un caño a los que sólo piensan en ganar a cualquier precio.

–En varias ocasiones afirmaste tener siempre el mismo pánico a la hoja en blanco, que escribir te cuesta tanto como la primera vez, ¿ese rasgo explica la vitalidad que mantiene tu escritura?

–Así parece. Siento el mismo pánico de la primera vez. Es la prueba de que no me jubilé ni me burocraticé. En el momento de ponerme a escribir me tiemblan las rodillas, transpiro y se me seca la boca como la primera vez. Es como no perder las ganas de hacer el amor e, incluso, sentir como sí fuera la primera vez. Al margen del paso del tiempo, de los muchos libros que escribí, cada página en blanco siempre va a ser la primera página, la primera vez, y así logro que mi escritura le escape a la rutina.

–¿Cuál es el recuerdo del botija que fuiste?

–Tuve una infancia muy mística. Tenía metida la certeza de una especie de deber espiritual. Estaba muy influenciado por la educación católica que recibí. Pero ya de adolescente tomé nota de que lo mío era el pecado (risas). También, como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol pero era un patadura sin redención. Y ahí me quedé navegando sin agua, hasta que empecé a tratar de dibujar y escribir. Lo primero que publiqué fueron caricaturas políticas, a los 14 años, en el semanario socialista El Sol. Pero por ese lado no prosperaba mucho la cosa y empecé a escribir y a sentir ese pánico a la hoja en blanco que me persigue hasta hoy en día…

–¿Qué es lo que perduró de aquel niño y de aquella formación inicial en tu relación adulta con la escritura?

–Supongo que uno es la suma de todas esas búsquedas, que uno anda en la vida dando palos de ciego, hasta que encuentra algo que lo envuelve y lo apasiona. Lo que más me ha marcado son las ganas que tuve y sigo teniendo de pintar y dibujar. Eso lo pude resolver porque pinto escribiendo. Así sea narrar un hecho que ocurrió, una sensación o una idea, tengo que cerrar los ojos y verla como imagen. Si no consigo convertirla en imagen, no logro escribir sobre ella.

–¿Cuáles son los ejes y elementos más esenciales de tu obra?

–Ante todo, la libertad. Nunca me obligué a escribir nada, escribía y sigo escribiendo lo que voy sintiendo. Las pocas veces que cometí el imperdonable pecado de obligar a la mano a escribir lo que la conciencia dicta, nunca me sentí bien. El resultado no era espontáneo ni verdadero. Con los años fui adquiriendo ese derecho a escribir lo que siento de veras, y también la posibilidad material de hacerlo, porque tengo la suerte, el privilegio en este mundo, de que mi vocación coincide con mi trabajo. Vivo de lo que escribo. La mayoría de la gente vive a contracorazón, en actividades que no tienen nada que ver con lo que quisieran hacer.

–¿Cómo vas desarrollando el proceso de la escritura?

–Cada texto minúsculo, chiquito, de esos que me gustan escribir a mí, es el resultado de muchas tentativas. Escribo tachando. Eso me lo enseñó Juan Rulfo. El escritor admirado y el amigo fraterno. Nos conocimos hace muchos años, entre largas caminatas, charlas y silencios. Rulfo me mostraba los lápices que tienen la goma de borrar atrás y el grafo del otro lado, y señalando el culo del lápiz me decía: “Se escribe con este lado, y señalaba la goma, más que con este, y señalaba el grafo.” Luego, fui descubriendo un estilo propio. Construyo mosaicos en baldositas pequeñas, de diversos colores, que van armando una historia grande cuando se juntan entre ellas. 

–¿Estás preparando un nuevo libro?

–Sí, escribo sin cesar porque es lo único que sé hacer. Pero soy muy lento, como las vacas uruguayas que son de parición lenta. Cada libro me lleva cuatro años, cinco, a veces más. Y no me gusta hablar de lo que escribo, porque después pierdo las ganas de escribir y de contar historias sí las cuento demasiadas veces.

–¿Qué significó el exilio en tu vida?

–El exilio nació como una penitencia y terminó como una etapa de creación muy importante. “Gracias” a la dictadura militar de mi país pude escribir la trilogía Memoria del fuego. Los milicos fueron casi los coautores, porque me obligaron a desprenderme de mis ocupaciones diarias. Ocurre que cuando uno está tan enganchado en las urgencias de la tarea cotidiana y, en aquel entonces yo estaba muy ocupado por el oficio periodístico y por tareas militantes, cuesta encontrar los huecos para la escritura más libre. Y el exilio me permitió armar ese rompecabezas de la historia americana que es Memoria…

–¿Por qué volviste a elegir a Montevideo como tu lugar en el mundo?

–Me gusta vivir en Montevideo. Es la ciudad donde nací, aunque no es por eso porque nadie te pregunta donde querés nacer. Pero, en verdad, elegiría una y otra vez a mi ciudad porque se puede respirar y caminar, dos derechos que no existen en otras ciudades importantes.

–Grandes escritores, de diversas ideologías, lograron que sus prejuicios, su mirada individual del mundo e, incluso, su posición política se vieran superados por la profundidad y amplitud de su obra. En el caso de la llamada literatura comprometida, ¿cómo lograr que la palabra no quede aprisionada por la realidad inmediata?

–Yo hago literatura comprometida, es lo mío. Me siento muy comprometido con el oficio literario que, para mí, es un oficio solidario. El peligro está siempre en el discurso de cotillón, en convertir lo que uno escribe en una pancarta y eso es completamente inútil, porque uno terminaría escribiendo mensajes para los convencidos. Y nada más que eso. La literatura que llega realmente es la que transmite misterio, electricidad de vida, y las ideas están adentro pero no se tienen que notar de un modo implícito. Por eso siempre digo que trato de plasmar una literatura senti-pensante. Mi lenguaje quiere ser capaz de unir a la razón y el corazón porque la literatura, cuando es nada más que pensante, corre el riesgo de ser frígida, y cuando es sólo sentimental, corre el riesgo de volverse cursi.

–En los últimos días se desató una polémica, en el ámbito intelectual y cultural nacional, acerca de la presencia de Mario Vargas Llosa en la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires, ¿cuál es tu mirada al respecto?

–Creo que, en todos los planos de la vida, las prohibiciones prestigian lo que prohíben. A este señor no hay que hacerle el favor de atacarlo ni de tirarle huevos podridos porque, probablemente, es lo que más le conviene. La mejor publicidad que puede tener algo o alguien, un producto o una persona, lo que sea, es la prohibición. Los ejemplos históricos abundan. La ley seca fue el origen de la fortuna de Al Capone. Recuerdo, en mi caso, lo que paso con Las venas abiertas de América Latina. Apenas se publicó, nadie le hizo caso, ni mi familia lo leyó (risas). Hasta que las dictaduras militares lo prohibieron y, a partir de ese momento, súbitamente el libro empezó a ser interesante, y eso ocurrió como un año y pico luego de salir la primera edición.

–En esta última década, en esta parte del mundo surgieron varias experiencias políticas novedosas y transformadoras. ¿Cómo creés que se insertó, en esta época, la Argentina gobernada por el kirchnerismo?

–Es parte de una ola existente que me parece muy positiva. Por suerte, esto está ocurriendo en muchos lugares de la región. Hay una energía de cambio que está dando resultado, con las formas y realidades propias de cada país.

–¿Y por dónde pasan las posibilidades de cambio estructural para Latinoamérica?

–Hay que recordar que el país más independiente, del siglo XIX, fue el Paraguay de los López, aniquilado por no estar atado a la banca británica, sin depender de esos préstamos que estrangulaban la libertad. Fue el primer país que tuvo un desarrollo hacia dentro, no orientado al mercado mundial dominado por el imperio de turno. Este es un momento muy importante, porque después de aquellos años, se está recuperando progresivamente esa tradición de dignidad. Hay numerosos signos de que este es el camino para seguir avanzando. Hay que decir, también, que el patriotismo parece un privilegio de los países ricos, que predican el librecambismo para afuera pero son ultraproteccionistas puertas adentro. Cada vez que empezamos a preocuparnos por nosotros mismos, a defendernos, nos acusan de populistas, demagogos, porque buscan desgastar estos procesos políticos.

–¿Cuál es tu balance de lo que viene siendo la presidencia de Pepe Mujica en Uruguay?

–El balance es positivo, sin duda. Pero Uruguay está teniendo la contradicción que más me preocupa y que se encuentra en todos estos gobiernos con ganas de cambiar la Historia. Es la contradicción entre búsqueda de más justicia social y la causa ecológica. Les cuesta reconocer que los derechos de la naturaleza y los Derechos Humanos son dos nombres de la misma dignidad. Entonces, uno se encuentra con gobiernos que están aliviando la pobreza pero, por otro lado, siguen incurriendo en el tradicional pecado latinoamericano de entregar sus recursos a cambio de nada. En Uruguay, el gobierno de izquierda sigue recibiendo, como si emanaran del cielo, a las plantas de celulosa que arrasan la tierra, que envenenan el aire y te secan el agua. Eso es pan para hoy y hambre para mañana. Es algo que debe cambiarse en toda la región. Por suerte, ahora, países como Bolivia y Ecuador establecieron constitucionalmente que la naturaleza tiene derechos.

–¿Cómo analizás lo que está ocurriendo en Medio Oriente y en el norte de África actualmente? ¿Cuál es la responsabilidad de Occidente en esos acontecimientos?

–Es una sorpresa muy estimulante. Me parece estupendo ese reguero de fuego tan contagioso, que no hay quien lo pare. Nació de la paliza que recibió un vendedor ambulante de frutas y verduras en las calles de Túnez y se convirtió en un fuego popular que está quemando las estructuras de poder de un mundo muy despótico, enemigo de la libertad. Es un incendio emancipador que lleva adelante la gente que se hartó de ser nadie. Es una manera de decir que tienen derechos, que existen y que quieren terminar con esos regímenes absolutistas, absurdos. Dictaduras mimadas por los Estados Unidos y Europa por su riqueza petrolera.

–¿Cuáles son los mayores desafíos que atraviesa la izquierda contemporánea?

–La izquierda debe revitalizarse en la diversidad. Dejar atrás definitivamente los dogmas, la verdad única, los fundamentalismos y abrirse a la diversidad de la realidad. En eso me parece que se avanzó mucho. Se diluyeron ideas ridículas como aquella que sostenía que las mujeres se iban a liberar automáticamente cuando la clase obrera tomara el poder. Es una idea que ya no defiende nadie porque está claro que las mujeres se defienden por su cuenta. Otro dogma insostenible era el que profesaba que la única respuesta ante la omnipotencia del mercado era la omnipotencia del Estado. Esto derivó en la burocratización total de esos países. Por suerte, la Historia no dice adiós, dice hasta luego, y las experiencias resucitan y se transfiguran.

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viernes, agosto 21, 2009

Entrevista con Eduardo Galeano sobre las bases militares de Usa en Colombia y otras cosas más.

Foto tomada de: Ricardo Pizana


“Presencia norteamericana en bases militares de Colombia no solo ofende dignidad de América Latina sino también la inteligencia”


Fernando Arellano Ortiz
Cronicon.net

En la quiteña Avenida Amazonas, a pocos pasos del hotel donde se aloja, encontramos como cualquier transeúnte en la noche del domingo 9 de agosto a Eduardo Galeano, quien ha llegado a la capital ecuatoriana para asistir como invitado especial al acto de posesión del presidente Rafael Correa, ceremonia que se cumplió el pasado 10 de agosto. Lo paramos y nos identificamos para solicitarle una entrevista, a la cual accede con gusto.

“Ahora no puede ser, pero veámonos mañana después de la ceremonia de posesión de Correa”, nos dice el autor de Las venas abiertas de América Latina y de Espejos.

Como siempre, Galeano responde a las preguntas con ironía y no poco humor, por eso es que sus reflexiones se salen de lo común. Como latinoamericanista consumado, el escritor uruguayo en diálogo con CRONICON.NEThace un peculiar análisis de la realidad sociopolítica de nuestro hemisferio.

Tiempo abierto de esperanza

- ¿Después de 200 años de la emancipación de América Latina, se puede hablar de una reconfiguración del sujeto político en esta región, habida cuenta los avances políticos que se traducen en gobiernos progresistas y de izquierda en varios países latinoamericanos?

- Sí, hay un tiempo abierto de esperanza, una suerte de renacimiento que es digno de celebración en países que no han terminado de ser independientes, apenas si han empezado un poquito. La independencia es una tarea pendiente para casi toda América Latina.

- ¿Con toda la irrupción social que se viene dando a lo largo del hemisferio se puede señalar que hay una acentuación de la identidad cultural de América Latina?

- Sí, yo creo que sí y eso pasa por cierto por las reformas constitucionales. A mí me ofendió la inteligencia, aparte de otras cosas que sentí, el horror de este golpe de Estado en Honduras que invocó como causa el pecado cometido por un Presidente que quiso consultar al pueblo sobre la posibilidad de reformar la Constitución, porque lo que quería Zelaya era consultar sobre la consulta, ni siquiera una era reforma directa. Suponiendo que fuera una reforma a la Constitución bienvenida sea, porque las constituciones no son eternas y para que los países puedan realizarse plenamente tienen que reformarlas. Yo me pregunto: ¿qué sería de los Estados Unidos si sus habitantes siguieran obedeciendo a su primera Constitución? La primera Constitución de Estados Unidos establecía que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona. Obama no podría ser Presidente porque ningún país puede tener de mandatario a las tres quintas partes de una persona.

- Usted reivindica la figura del presidente Barack Obama por su condición racial, ¿pero el hecho de mantener o ampliar la presencia norteamericana mediante bases militares en América Latina, como está ocurriendo ahora en Colombia con la instalación de siete plataformas de control y espionaje, no desdice de las verdaderas intenciones de este mandatario del partido demócrata, y simplemente sigue al pie de la letra los planes expansionistas y de amenaza de una potencia hegemónica como Estados Unidos?

- Lo que pasa es que Obama hasta ahora no ha definido muy bien que es lo que quiere hacer ni en relación con América Latina, las relaciones nuestras, tradicionalmente dudosas, ni en otros temas tampoco. En algunos espacios hay una voluntad de cambio expresa por ejemplo en lo que tiene que ver con el sistema de salud que es escandaloso en Estados Unidos, te rompes una pierna y pagás hasta el fin de tus días la deuda por ese accidente. Pero en otros espacios no, él continúa hablando de ‘nuestro liderazgo’, ‘nuestro estilo de vida’ en un lenguaje demasiado parecido al de los anteriores. A mí me parece muy positivo que un país tan racista como ese y con episodios de un racismo colosal, descomunal, escandaloso, ocurridos hace quince minutos en términos históricos tenga un presidente seminegro. En 1942, o sea medio siglo, nada, el Pentágono prohibió las transfusiones de sangre negra y ahí el director de la Cruz Roja renunció o fue renunciado porque se negó aceptar la orden diciendo que toda sangre era roja y que era un disparate hablar de sangre negra, y él era negro, era un gran científico, el que hizo posible la aplicación del plasma a escala universal, Charles Drew. Entonces un país que hiciera un disparate como prohibir la sangre negra tenga a Obama de presidente es un gran avance. Pero por otro lado, hasta ahora yo no veo un cambio sustancial, ahí está por ejemplo el modo como su gobierno enfrentó la crisis financiera, pobrecito yo no quisiera estar en sus zapatos, pero la verdad es que terminaron recompensando a los especuladores, los piratas de Wall Strett que son muchísimo más peligrosos que los de Somalia porque éstos asaltan nada más que los barquitos en la costa, en cambio los de la Bolsa de Nueva York asaltan al mundo. Ellos fueron finalmente recompensados; yo quería iniciar una campaña al principio conmovido por la crisis de los banqueros con el lema: “adopte un banquero”, pero la abandoné porque vi que el Estado se hizo cargo de la tarea. (Risas). Y lo mismo con América Latina, como que no tiene muy claro qué hacer. Han estado más de un siglo los Estados Unidos consagrados a la fabricación de dictaduras militares en América Latina, entonces a la hora de defender una democracia como en el caso de Honduras, ante un clarísimo golpe de Estado, vacilan, tienen respuesta ambiguas, no saben qué hacer, porque no tienen práctica, les falta experiencia, llevan más de un siglo trabajando en el sentido contrario, entonces comprendo que la tarea no es fácil. En el caso de las bases militares en Colombia no solo ofende la dignidad colectiva de América Latina sino también la inteligencia de cualquiera, porque que se diga que su función va ser combatir las drogas, ¡por favor, hasta cuando! Casi toda la heroína que se consume en el mundo proviene de Afganistán, casi toda, datos oficiales de Naciones Unidas que cualquiera puede ver en Internet. Y Afganistán es un país ocupado por Estados Unidos y como se sabe los países ocupantes tiene la responsabilidad de lo que ocurre en los países ocupados, por lo tanto, tienen algo que ver con este narcotráfico en escala universal y son dignos herederos de la reina Victoria que era narcotraficante.

No se puede ser tan hipócrita

- La reina británica que introdujo por todos los medios en el siglo XIX el opio a China a través de comerciantes de Inglaterra y Estados Unidos…

- Sí, la celebérrima reina Victoria de Inglaterra impuso el opio en China a lo largo de dos guerras de treinta años, matando una cantidad inmensa de chinos, porque el imperio chino se negaba a aceptar esa sustancia dentro de sus fronteras que estaba prohibida. Y el opio es el papá de la heroína y de la morfina, justamente. Entonces a los chinos les costó todo, porque China era una gran potencia que podía haber competido con Inglaterra en los comienzos de la revolución industrial, era el taller del mundo, y la guerra del opio los arrasó, los convirtió en una piltrafa, de ahí entraron los japoneses como perico por su casa, en quince minutos. Victoria era una reina narcotraficante y los Estados Unidos que tanto usan la droga como coartada para justificar sus invasiones militares, porque de eso se trata, son dignos herederos de esa fea tradición. A mí me parece que es hora que nos despertemos un poquito, que no se puede ser tan hipócrita. Si van a ser hipócritas que lo sean con más cuidado. En América Latina tenemos buenos profesores de hipocresía, si quieren podemos en un convenio de ayuda tecnológica mutua prestarles algunos hipócritas propios.

- Hace nueve años exactamente, usted le dijo en una entrevista en Bogotá concedida a este reportero la siguiente frase: “Dios guarde a Colombia del Plan Colombia”. ¿Cuál es ahora su reflexión respecto de este país andino que enfrenta un gobierno autoritario entregado a los intereses de los Estados Unidos, con una alarmante situación de violación de derechos humanos y con un conflicto interno que lo sigue desangrando?

- Además con problemas gravísimos que se han ido agudizando con el paso del tiempo. Yo no sé, te digo, no soy quien para darle consejos a Colombia ni a los colombianos, además siempre estuve contra esa mala costumbre de algunos que se sienten en condiciones de decir qué es lo que cada país tiene que hacer. Yo nunca cometí ese imperdonable pecado y no lo voy a cometer ahora con Colombia, solo puede decir que ojalá los colombianos encuentren su camino, ojalá lo encuentren, nadie se lo pueden imponer desde afuera, ni por la izquierda, ni por la derecha, ni por el centro, ni por nada, serán los colombianos quienes lo encontrarán. Y yo lo que puedo es decir que doy testimonio. Si hay un tribunal mundial que alguna vez va a juzgar a Colombia por lo que de Colombia se dice: país violento, narcotraficante, condenado a violencia perpetua, yo voy a dar testimonio de que no, de que ese es un país cariñoso, alegre y que merece mejor destino.

Reivindicando memoria de Raúl Sendic

- Hace muchos años, siquiera unas cuatro décadas, había un personaje en Montevideo que se reunía con un joven dibujante llamado Eduardo Hughes Galeano con el propósito de darle ideas para la elaboración de sus caricaturas, llamado Raúl Sendic, el inspirador del Frente Amplio del Uruguay…

- Y jefe guerrillero de los Tupamaros, aunque en aquella época todavía no lo era. Es verdad, cuando yo era un niño, casi de catorce años, y empecé a dibujar caricaturas, él se sentaba a mirar y me daba ideas, era un hombre bastante mayor que yo, con cierta experiencia, y todavía no era lo que después fue: el fundador, organizador y jefe de los Tupamaros. Recuerdo que le dijo a don Emilio Frugoni que por entonces era el jefe del Partido Socialista y director del semanario donde yo publicaba unas caricaturas tempranas, señalándome: “Este va a ser o presidente o gran delincuente”. Fue una buena profecía y terminé siendo gran delincuente… (Risas).

- ¿El hecho de que hoy el Frente Amplio esté gobernando el Uruguay y que un ex guerrillero como Pepe Mujica tenga posibilidades de ganar las elecciones presidenciales constituye una reivindicación a la memoria de Sendic?

- Sí, y de todos los que participaron en una lucha muy larga para romper el monopolio de dos, el bipolio ejercido por el Partido Colorado y el Partido Nacional durante casi toda la vida independiente del país. El Frente Amplio irrumpe hace muy poquito en el escenario político nacional y me parece muy positivo que esté gobernando ahora, aparte de que yo no coincido con todo lo que se hace y además creo que no se hace todo lo que se debería hacer. Pero eso no tiene nada que ver porque al fin y al cabo la victoria del Frente Amplio fue también una victoria de la diversidad política que yo creo que es la base de la democracia. En el Frente coexisten muchos partidos y movimientos diferentes, unidos por supuesto en una causa común pero con sus diversidades y diferencias, y yo las reivindico, para mí eso es fundamental.

- ¿Qué representa para usted como uruguayo el hecho de que un dirigente emblemático de la izquierda como Pepe Mujica, ex guerrillero tupamaro, tenga amplias posibilidades de llegar a la Presidencia de la República de su país?

- Con algún chance, no va a ser es fácil, vamos a ver qué pasa, pero creo que es un proceso de recuperación, la gente se reconoce justamente en el Pepe Mujica porque es radicalmente diferente de los políticos nuestros tradicionales, en su lenguaje, hasta en su aspecto y todo, por más que él ha tratado de vestirse de fino caballero no le sale bien, y expresa muy bien una necesidad y una voluntad popular de cambio. Creo que sería bueno que él llegara a la Presidencia, vamos a ver si ocurre o no, de todos modos el drama del Uruguay como el del Ecuador, por cierto, país en el que estamos conversando este momento, es la hemorragia de su población joven. O sea, la nuestra es una patria peregrina; en su discurso de posesión el presidente Rafael Correa habló de los exiliados de la pobreza y la verdad es que hay una enorme cantidad de uruguayos mucho más de lo que se dice, porque no son oficiales las cifras, pero no menos de 700 mil, 800 mil uruguayos en una población pequeñísima porque nosotros en el Uruguay somos 3 millones y medio, esa es una cantidad inmensa de gente afuera, todos o casi todos jóvenes, entonces han quedado los viejos o la gente que ya ha cumplido esa etapa de la vida en la que uno quiere que todo cambie para resignarse a que no cambie nada o que cambie muy poquito.

Baldositas de colores para armar mosaicos

- ¿Tras sus reputados libros Las venas abiertas de América Latina publicado en 1970, y Espejos, editado en 2008, que relatan historias de la infamia, el primero sobre nuestro continente y el otro de buena parte del mundo, hay espacio para seguir creyendo en la utopía?

- Espejos lo que hace es recuperar la historia universal en todas sus dimensiones, en sus horrores pero también en sus fiestas, es muy diferente a Las venas abiertas de América Latina, que fue el comienzo de un camino. Las venas abiertas es un ensayo casi de economía política, escrito en un lenguaje no muy tradicional en el género, por eso perdió el concurso de Casa de las Américas, porque el jurado no lo considero serio. Era una época en que la izquierda solo creía que lo serio era lo aburrido, y como el libro no era aburrido, no era serio, pero es un libro muy concentrado en la historia política económica y en las barbaridades que esa historia implicó para nosotros, como nos deformó y nos estranguló. En cambio, Espejos, intenta asomarse al mundo entero recogiendo todo, las noches y los días, las luces y las sombras, son todas historias muy cortitas, y hay una diferencia también de estilo, Las venas abiertas tiene una estructura tradicional, y a partir de ahí yo intenté encontrar un lenguaje mío, propio, que es el del relato corto, baldositas de colores para armar los grandes mosaicos, un estilo como el de los muralistas, y cada relato es una pequeña baldosita que incorpora un color, y uno de los últimos relatos de Espejos evoca un recuerdo de infancia mío que es verdadero y es que cuando yo era chiquito creía que todo lo que se perdía en la tierra iba a parar en la luna, estaba convencido de eso y me sorprendió cuando llegaron los astronautas a la luna porque no encontraron ni promesas traicionadas, ni ilusiones perdidas, ni esperanzas rotas, y entonces yo me pregunté: ¿si no están en la luna, dónde están? ¿No será que están aquí en la tierra, esperándonos?

- Fernando Arellano Ortiz
Cronicon.net

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domingo, julio 19, 2009

Eduardo Galeano y el Periodismo



Eduardo Germán Hughes Galeano, nace en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. En él conviven el periodismo, el ensayo y la narrativa, siendo un cronista de su tiempo, certero y valiente, que retrata con agudeza la sociedad contemporánea, penetrando en sus lacras y en sus fantasmas cotidianos. No es posible escindir su labor literaria de su faceta como periodista comprometido.

A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba "Gius", por la dificultosa pronunciación castellana de su primer apellido. Algún tiempo después empezó a publicar artículos, que firmó ya como Galeano. Desempeñó todo tipo de oficios: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América.

En sus inicios fue redactor jefe de la prestigiosa revista Marcha (1960-64), que durante décadas cobijó a las voces más interesantes de las letras uruguayas, siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En el año 1964 Galeano era director del diario Época. En 1973 tuvo que exiliarse a Argentina en donde funda y dirige la revista literaria Crisis, en la que también destaca la labor del poeta Juan Gelman. En 1975 se instala en España, país que estaba a punto recuperar la democracia. Publica en revistas españolas y colabora con una radio alemana y un canal de televisión mexicano.

Sus primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias. Tanto el reportaje titulado "China" (1964) como "Crónica de un desafío", del mismo año, o "Guatemala, un país ocupado" (1967) reflejan una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata unos tiempos difíciles situado siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente. Con "Las venas abiertas de América latina" (1971), logró su obra más popular y citada, a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de América Latina, obra traducida a dieciocho idiomas y con encendidos elogios. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura en 1972 y autor de "Opiniones de un payaso", obra clave de la literatura contemporánea, llegó a decir de Galeano que pocas obras en los últimos tiempos le habían conmovido tanto.

Junto al Galeano periodista empieza a aparecer el Galeano narrador que prolonga en sus obras su visión de América Latina. De la novela corta "Los días siguientes" (1963) a los relatos contenidos en "Vagamundo" (1973) pasan diez años pero se mantiene una misma percepción de las cosas, continuada en "La canción de nosotros" que merecío el premio Casa de las Américas de 1975. En Galeano el contexto político y social es el marco central en el que transitan sus historias. "Días y noches de amor y de guerra" (1978)en los difíciles días de la dictadura en Argentina y Uruguay.

Con la "Memoria del fuego" hay una recuperación del pasado indigenista, narrando la odisea de las dos Américas, centrándose en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo. De aquella trilogía histórica formaban parte "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986).

"La memoria del fuego" está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano. La intrahistoria es el universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano, historias pequeñas, pero no minimalistas.

Un año antes de la publicación de "El siglo del viento" y una vez terminada la dictadura uruguaya regresa a Montevideo. Tres años después firma "El libro de los abrazos", de contenido más sutil y poético. El propio Galeano definiría de este modo la raíz de esta obra: "Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de "muchos"... Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza".

Precisamente en "El libro de los abrazos", uno de los libros más exitosos y logrados de Galeano, está contenido un pequeño relato titulado "La noche".


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lunes, mayo 25, 2009

Video y audio del foro con Luis Britto García y Eduardo Galeano en Uruguay

"Que una cosa se venda o no se venda no tiene mucho que ver con el contenido", dijo Galeano cuando le preguntaron sobre el aumento en las ventas del libro "Las Venas Abiertas de América Latina", que fue regalado a Obama. Luis Britto García calificó el gesto de Chávez como algo "subversivo".

RNV, Yvke Mundial, DPA, La Jornada, EFE, La Librería Mediática


El pasado jueves 30 de abril de 2009, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el escritor venezolano Luis Britto García y el cantautor Daniel Viglietti estuvieron presentes en el foro “Reflexiones sobre el proceso de cambio en Venezuela y su impacto en América Latina, el Caribe y el Mundo. Una lectura de los escritores Eduardo Galeano y Luis Britto García”, realizado en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (UDELAR), en Montevideo, Uruguay.

El foro fue organizado por Luis Guillermo García, encargado de prensa de la Embajada de Venezuela en Uruguay, y el embajador venezolano en la nación uruguaya, Franklin González, con la colaboración de la Universidad de la República. El foro fue retransmitido por Radio Nacional del Uruguay y Radio La Zurda, y en Venezuela fue transmitido parcialmente en vivo por las emisoras Radio Nacional de Venezuela y YVKE Mundial, si bien tuvieron que interrumpir la transmisión por un acto oficial, lo que no impedirá que sea retransmitido en los próximos días.


* En la primera parte, que se encuentra a la derecha, puede encontrarse en primer lugar palabras de Franklin González, embajador venezolano en Uruguay, quien diserta hasta el minuto 11:24. El discurso de Galeano comienza en el minuto 15:25, y Britto García comienza en el minuto 23:00. Galeano interviene de nuevo en el minuto 45:00, donde comienza el ciclo de preguntas y respuestas.
* En la segunda parte, continúa la sesión de preguntas y respuestas. Lamentablemente, en esa segunda parte el audio tiene problemas de calidad (que no en la primera parte), por lo que pedimos excusas. Estamos en estos momentos solicitando se nos envíe una versión sin problemas. Sin embargo, dada la importancia de algunas declaraciones de Luis Britto y Galeano, hemos dejado esta versión problemática de forma temporal.


Galeano: El hecho de que un libro se venda mucho no tiene que ver con su contenido

Reseñado por la agencia DPA y el periódico mexicano La Jornada, Galeano respondió en la parte de preguntas y respuestas (justamente en el audio que tiene problemas de calidad) sobre el obsequio que el Presidente Chávez dio a Barack Obama (el libro "Las venas abiertas de América Latina", de Galeano) y el aumento del mismo en las ventas.

El hecho de "que una cosa se venda o no se venda no tiene mucho que ver con el contenido", dijo en Montevideo el escritor uruguayo Eduardo Galeano en sus primeros comentarios públicos respecto del explosivo éxito comercial de su libro "Las venas abiertas dee América Latina". "No creo que la mejor escritora de la lengua española sea Corín Tellado, que es la que figura en primer lugar, por encima de Cervantes" comentó Galeano, este jueves por la noche, durante un acto en la Facultad de Ciencias Económicas de la estatal Universidad de la República.

Fue la primera referencia pública del laureado escritor y periodista uruguayo desde el 18 de abril pasado, cuando Chávez dio a Obama el obsequio en la Cumbre de las Américas, realizada en Trinidad y Tobago. "A veces, hay novelerías" minimizó Galeano y resaltó el "gesto generosísimo de (Hugo) Chávez, que ha hecho que el libro se dispare" en ventas, en todo el mundo. Recordó que "el libro ha hecho su camino a lo largo de muchos años". "Lo escribí en las 90 últimas noches del año 1970 y se publicó en 1971. Y el libro hizo su camino".

Y al final de su exposición reforzó su argumento en contra de todo lo que ha pasado con su obra a partir de la Cumbre, improvisando un relato que cuenta un imaginario encuentro con el conde Drácula, en Buenos Aires. "Lo encontré muy venido a menos, pálido, ojeroso, casi lo atropella un auto. Y le digo: 'Pero conde, usted por acá, en Buenos Aires', a lo que su interlocutor respondió: 'Y sí, aquí en este barrio me dijeron que viniera que...'".

"Ah, acá en Villa Freud", acotó Galeano. "Sí, que hay muy buenos piscoanalistas y psiquiatras". "Sí, le digo, se produce una cantidad enorme. ¿Y por qué quiere consultar?", repreguntó el uruguayo. "Porque ando con un complejo de inferioridad, viendo cómo actuan las grandes corporaciones, los dueños del mundo", dijo Drácula. "Sí, es verdad. Lo han dejado a usted a la altura de un miserable poroto (frijol), con todos mis respetos, pero es verdad. También le diré, sin ninguna falsa modestia, que esos libros que ahora se han puesto tan de moda, de vampiros, esas novelas... en realidad, ese género lo fundamos nosotros: usted con su ejemplo y yo con "Las venas abiertas?", concluyó, y arrancó un aplauso del auditorio compuesto por intelectuales, diplomáticos y estudiantes.

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domingo, abril 05, 2009

Eduardo Galeano considera que los planes del G20 son un "chiste de humor negro"

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EFE
Actualizado 04-04-2009 22:44 CET

México.- El escritor uruguayo Eduardo Galeano calificó hoy de "chiste de humor negro" la decisión del G20 de destinar un billón de dólares a los organismos financieros internacionales para enfrentar la crisis, porque en su opinión significa "burlarse de los burlados".

(EFE)

El escritor uruguayo Eduardo Galeano ha participado estos días en varios actos en la capital mexicana para promocionar su último libro, "Espejos", una colección de seiscientos relatos reales con la que pretende condensar la historia de la humanidad.

"Me han dicho que los van a canalizar a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Es un chiste de humor negro, sin duda, no puede ser verdad", afirmó en una entrevista con Efe en México.

Esa medida es "para burlarse de los burlados, para echar sal sobre la herida porque eso no me lo puedo tomar yo en serio", afirmó.

Galeano ha participado estos días en varios actos en la capital mexicana para promocionar su último libro, "Espejos", una colección de seiscientos relatos reales con la que pretende condensar la historia de la humanidad.

Según el escritor y activista, la decisión del G20 no tiene lógica porque, de entrada, el FMI y el BM "no son organismos internacionales".

"En primer lugar porque hay una potencia que tiene derecho en los dos, que es Estados Unidos. Y en segundo lugar porque las decisiones las toman en el Fondo Monetario cinco países y en el Banco Mundial ocho".

Por esta razón, Galeano considera que ninguno de los dos expresa "la voluntad del mundo", sino la de "los amos del mundo, que son los que están empujando al planeta al abismo".

"Son los que nos han impuesto a nosotros, los del sur del mundo, a través justamente del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, nos han impuesto la religión del mercado, han hecho puré el Estado, han hecho mierda el Estado en los países del sur y nos han obligado a bailar salsa al ritmo de la orquesta del Titanic", opinó.

Además, Galeano consideró que "con toda la plata que le están dando a los culpables de la bancarrota universal, recompensándolos por el desastre que ellos mismos ocasionaron, con todo ese dinero se podría acabar con el hambre en el mundo".

"Dar de comer a los hambrientos de aquí a la eternidad con postre incluido", matizó, al ser consultado sobre un informe de la ONG Oxfam previo a la cita del G20, según el cual con los 8.420 billones de dólares de dinero público comprometidos por los Gobiernos del mundo rico para el rescate del sector bancario podría eliminarse la pobreza mundial durante los próximos cincuenta años.

"Se queda corto", agregó sobre esa hipótesis.

De la cumbre de Londres, lo único que le pareció positivo fue que "al parecer se han puesto de acuerdo todos en que hay que acabar con el secreto bancario".

En ese sentido se refirió a una polémica surgida en los últimos días en su país, cuando el precandidato presidencial del oficialista Frente Amplio, José Mujica, mostró su disposición a levantar el secreto bancario si es elegido presidente.

En respuesta salió el ex ministro de Economía Ignacio de Posadas, quien rechazó esa posibilidad arguyendo que el secreto bancario "es un derecho humano", recordó Galeano.

"Una frase inmortal para la antología de la infamia", dijo el escritor uruguayo.

En referencia a su libro "Espejos", explicó que al principio se sintió "muy asustado" al descubrir los derroteros por los que le estaba llevando.

"Era un proyecto tan loco que yo mismo me asusté hasta que me acordé de una canción de Pedro Infante que dice 'Tan grande no puede ser este mundo si cabe en cinco letras", y eso me estimuló", ironizó.

"Lo que hace el libro es burlarse de las fronteras del tiempo y el mapa, salta de un tiempo al otro y de un lugar al otro con toda fluidez, con toda naturalidad, tratando de contar la historia grande desde la historia chica", explicó sobre la obra el autor de "Las venas abiertas de América Latina" y "Memoria del fuego".



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martes, marzo 24, 2009

Persiste el descrédito de la democracia latinoamericana: Galeano


Eduardo Galeano. Foto: Diario de Xalapa
Diario de Xalapa
24 de marzo de 2009

Esther Gamboa/Diario de Xalapa

Diario de Xalapa

Xalapa, Veracruz.- El descrédito de la democracia sigue abierto en América Latina, afirmó el escritor Eduardo Galeano.

De visita en Xalapa, hoy presentará en la Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana su último libro "Espejo: una historia casi universal". Ahí ofrecerá reflexiones acerca de las transformaciones políticas de esta parte del mundo.

Participará en el Segundo Encuentro de Escritores por la Tierra, donde un grupo de narradores manifestarán su compromiso para que todas las personas del planeta tengan derecho a disfrutar de sus recursos naturales.

Con este título acercará a sus lectores a los cambios políticos que están sucediéndose en el continente, a los cuales ha dado en llamar la resurrección de la dignidad en América Latina. Es un "escrito para que los olvidados nos recuerden", dijo.

Con relación a los gobiernos de Centro y Sudamérica con el gobierno de Barack Obama de Estados Unidos, declaró que la apuesta es evitar la economía de guerra con la carrera armamentista de esta última nación y eso no derive en la creciente pobreza hacia América Latina.

Asentó que la izquierda es la universidad de la derecha, al determinar el descrédito de la palabra democracia en esta parte del continente, esto, tras ser cuestionado sobre la violencia desatada entre los jóvenes alejados de los movimientos sociales imperantes en varios países durante las décadas de los 60 y los 70.

Esto, dijo, obedece a la carencia de responsabilidad de la clase política en general que peca contra la esperanza y desprestigia la palabra.

Apreció la vigencia de su libro "Las venas abiertas de América Latina" a cuatro décadas de su aparición: "Me encantaría que fuera exhibido en un museo de arqueología como testimonio de una etapa superada de la humanidad, pero no es así. Los hechos lo dicen porque cualquier diario impreso lo muestra".

El escritor, ensayista, periodista e historiador enumeró que la tarea por la libertad sigue pendiente, ante un sistema que infunde esto para dominar y paralizar a los ciudadanos.

Del ascenso de la izquierda principalmente en los gobiernos de Sudamérica, dijo que ello trae consigo cambios positivos al evaluar el reconocimiento médico de indígenas en Bolivia o los derechos ambientales en Ecuador, pero también innumerables desafíos para honrar la palabra, para albergar un binomio con el alma.

"Hay enfermos de la grandilocuencia, donde el lenguaje de la izquierda está sumido en ella, cuando deben buscar la vida sencilla. Son valores capitalistas que la izquierda practica quizá sin saberlo y es una hecatombe de carácter universal", expresó.

Pese a esto, consideró que la izquierda es la universidad de la derecha, al urgir que la libertad es la tarea pendiente para combatir flagelos contra el hambre y la miseria que azota a América Latina.

Pese a todas las utopías en el mundo que se mantienen vivas, hay que luchar por ellas, dijo para concluir su charla de media hora en un conocido hotel de esta ciudad.

Diversas entrevistas ofreció desde su llegada del Distrito Federal y su presencia motivó la concurrencia en estas tierras de periodistas capitalinos.

Galeano es autor de "Nosotros decimos no" (1989) "América Latina para entenderte mejor" (1990), "Amares" (1993), "Uselo y tírelo" (1994), "El fútbol a sol y sombra" (1995), entre otras muchas. Recibirá el Doctorado Honoris Causa el próximo día 26 en la Casa de Estudios.


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lunes, marzo 09, 2009

"A mí no me venden certezas absolutas" Eduardo Galeano


Sociedad. Eduardo Galeano, con Mariana Wenger y Paola Murias. (E. MacAllister)


La Capital

La tarde transcurría calurosa y solitaria en el hall del Teatro General San Martín de Buenos Aires. En medio del vacío aparece afable y sencillo Eduardo Galeano. Llega puntual a la cita, un rato antes de participar de la filmación en Otros sentidos, una película documental que dirige la rosarina Mariana Wenger (ver aparte). Despojado, apenas lo acompaña una bolsa con un regalo. "Una botella de whisky para un amigo de Buenos Aires", revela.

El autor de Las venas abiertas de América Latina, Memoria del fuego y El libro de los abrazos, entre otros libros, se muestra dispuesto al diálogo. Durante la entrevista el escritor uruguayo hablará del valor de la mirada, su dolor por el mundo presente, su esperanza y su desesperanza, su visión de internet y tres de sus pasiones: el fútbol, el amor y la literatura.

"Estamos entrenados para la ceguera y siempre es complicado redescubrir la mirada", advierte Galeano. Y casi sin necesidad de escuchar un pregunta, cuenta algo que vivió no hace mucho. "Poco antes de que mi amigo y compañero del alma, mi perro Morgan, muriera, hace poquito tiempo, me sucedió algo curioso —dice—. Ibamos caminado por la calle, con tristeza, porque tanto él como yo sabíamos que se venía lo peor. Y de pronto, en sentido contrario, vemos que viene caminando, más bien brincando, trotando por el mundo, una niña que no superaba los 11 o 12 años".

El relato de Galeano sigue así: "La niña avanzaba y saludaba a las plantas que encontraba a su paso, «buen día plantita», les decía. Ellas las veía vivas, porque a esa edad somos todos paganos y aún no hemos sido mutilados por una cultura que nos dice qué es lo que podemos ver y qué no, porque uno va a ser confundido, por superstición, por ignorancia. Yo creo que es difícil recuperar esa primera mirada de niños".

—¿Usted siente que lo logra?

—En algún sentido Miró lo logró con su pintura. Pero los adultos ya estamos muy enfermos. Necesitamos limpiar los ojos de las telarañas que se nos han ido imponiendo. Ya lo dijo Bernard Shaw: "A los 8 años tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela". Y eso es un poco cierto aunque las cosas han mejorado y mucho en relación a cuando Bernard Shaw iba a la escuela.

—Después de un largo recorrido como escritor, sigue dándole apoyo a proyectos independientes —como Otros sentidos— donde, presumo, no participa por dinero. ¿Qué lo moviliza a integrarse en este tipo de propuestas?

—Ah no, a mí me dijeron que yo entraba pobre y salía rico de esta película (risas). Pero hablando en serio, cada vez que se me propone algo en lo que creo, me engancho. Y por suerte el mundo está lleno de posibilidades, más de las que puedo aceptar por una cuestión de tiempo material. Este mundo contemporáneo, tan condenado por la violencia y tan condenado a vivir contra la vida como parece. En cada minuto que transcurre mueren diez niños de hambre o de enfermedades evitables. Y en ese mismo minuto se gastan tres millones de dólares en la industria militar que es la industria de la muerte. Sin dudas, estamos en un mundo al revés. Extrañamente, nuestra especie se ha especializado en el exterminio del prójimo y sin embargo los espacios de creación siguen abiertos. A pesar de la inmensa maquinaria mundial de la manipulación de las conciencias, de la mentira organizada como única verdad posible, a pesar de todo esto por todos lados crecen buenas plantas que merecen ser saludadas, como lo hacía esa niña que cruzamos por la calle con mi perro Morgan.

—¿Qué sangre siente que está circulando hoy, en 2009, por esas venas abiertas de América latina?

—Hay de todo. Esperanza y desesperanza. Cuando me preguntan si soy optimista siempre pido que me hagan la pregunta con más precisión. ¿A qué hora de qué día soy optimista o pesimista? Soy optimista, pesimista, me caigo y me levanto.

—Bueno, hemos tenido suerte hoy.

—Mire, no crea que soy ninguna garantía (risas). La verdad es que tengo mala opinión de los optimistas, de la gente que vende recetas de la felicidad. Cuando escucho "compañeros la esperanza no se pierde jamás, los pueblos avanzan", yo me pregunto: ¿esa receta se compra en la farmacia? Porque a mí me pasa que la esperanza se me escapa por un agujerito del bolsillo, y después vuelve. Y vuelve fortalecida. Las esperanzas verdaderas son las que desayunan dudas. Las certezas absolutas a mí no me las venden, ya no las creo. Me las vendieron cuando fui chico, en las clases de catecismo, después ya no.

—Usted fue desde siempre un habitante rioplatense, de Uruguay y de Argentina, de ambas orillas. En esta etapa, ¿definió como propio un lugar dónde mejor se conecte con sus cosas?

—Mi idea es que los lugares por sí mismos no existen, existen las personas que los habitan. Lo demás son las tarjetas postales, y nada más. Yo me reconozco en muchos lugares, con las personas. Pero la certeza, como decía, muchas veces se va porque la realidad la lastima. Las que valen la pena son certezas con muchas cicatrices. En cambio, las caras que la pasión humana no marcó, son muñecos, muñecas.

—¿Cómo vive este momento de revolución comunicacional, impacta en su producción literaria?

—Si hablamos de internet, soy muy prehistórico, y tuve una gran desconfianza a ese sistema durante mucho tiempo. Tenía razones, internet nació de una necesidad militar del Pentágono, para operaciones militares, con fines de muerte. Pero con el tiempo se transformó en otra cosa. Ahora en internet suenan muchas voces que vale la pena escuchar, multiplicad de voces. Se ha vuelto una novedad tecnológica muy positiva. De todos modos, hay que ser cuidadoso porque internet está alfombrada de cáscaras de banana.

—¿Y cómo es eso?

—Por ejemplo, mi trabajo más felicitado, más laureado, que circula por Internet no me pertenece, y desconozco quién me lo atribuyó. Se llama "Por qué no tengo DVD", que además no es cierto, porque yo sí tengo DVD. Pero ocurren cosas desopilantes cuando algunas personas maravilladas con ese texto me felicitan. A mi me da cierto pudor incluso defraudarlas y suelo no aclararles nada (risas). Pero no soy el único, le ocurre a muchos autores, como a Gabriel García Márquez, que tiene un testamento circulando por internet que no es de él. Y según dijo, cada vez que lo lee le dan ganas de morirse.

—De todos modos, adoptó internet para trabajar y comunicarse.

—Sí, claro, pero no me confundo, una cosa es el violín y otra la mano que lo ejecuta. Creo en las palabras que nacen de la necesidad de decir. Yo busco leer y escuchar las palabras auténticas, verdaderas, que valgan la pena. El medio me importa poco. Por ejemplo soy un gran lector de paredes, y las paredes están ahí desde el principio de los tiempos, cuando todavía no eran paredes y eran sólo rocas como las del Río Pinturas, en Santa Cruz. Esas manos impresas allí son una palabra muy fuerte de esos hombres o mujeres que imprimieron sus manos en una época anterior a todas las épocas (Nota: las manos impresas tienen una antigüedad promedio de 10 mil años). Esas manos dicen "nosotros estuvimos aquí".

—¿Continúa teniendo vocación por los rincones de las ciudades, por los cafés?

—Sí claro, soy un gran caminante. Las ciudades se leen con los pies, lentamente. Yo soy lento, para todo. Para escribir, para el amor. Lento. Quizá porque nací en el Uruguay que es un país lento. Incluso para el fútbol, el jugador uruguayo recibe la pelota y medita. Pero claro, cuando llega a alguna conclusión, ya le han sacado la pelota. Pero es nuestro modo de ser.

—Serán lentos, pero también implacables para poner la pierna...

—Pero cuidado, porque hay una confusión. En la actualidad el fútbol uruguayo no está muy bien, hay que reconocerlo. Pero eso de poner pierna fuerte no es una tradición desde siempre del fútbol de mi país. Se confunde entre patada y coraje, como si la garra charrúa consistiera en violar todos los artículos del Código penal. Se trata de una confusión nueva, casi reciente.

—Digamos que tiene algunas décadas, por lo menos.

—Si repasamos la hazaña de 1950, el triunfo sobre Brasil en el Maracaná, en la final del campeonato del mundo, veremos que Uruguay no pegó en aquel partido. Si repasamos las estadísticas, Brasil cometió el doble de faltas que Uruguay en aquella final, incluso teniendo en cuenta que era Brasil el que ganaba el partido 1 a 0, para luego perderlo 2 a 1. Así que esa confusión la crearon lo que yo llamo los ideólogos del fútbol, los que anteriormente gritaban "métale, métale" y ahora gritan "mátelo, mátelo".



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sábado, diciembre 13, 2008

“También soy la suma de mis metidas de pata” Eduardo Galeano

ENTREVISTA A EDUARDO GALEANO


Dos escritores, viejos amigos y ambos uruguayos, hablando de literatura, política, historia y esa eterna cuestión, cómo y hasta dónde se puede cambiar el mundo.


Por Jorge Majfud
Página/12

I Pasado

–Una visión humanista considera la historia como un producto humano, producto de la libertad de sus individuos y de los diversos grupos que la han realizado e interpretado. Una visión antihumanista afirma que, por el contrario, esos individuos y esos grupos son el resultado de la historia misma y su libertad es una ilusión. Si me permití una limitación artificial dentro de este posible espectro, ¿dónde se situaría?

–Por lo que tengo caminado y escuchado, me da la impresión de que nosotros hacemos la historia que nos hace. Cuando la historia que hacemos nos sale más bien chueca, o es usurpada por los pocos que entre nosotros mandan, decimos que ella, la historia, tiene la culpa.

–En esta visión no hay lugar para el determinismo materialista o para algún tipo de fatalismo religioso...

–Los fatalismos son cómodos, te permiten dormir a pata suelta, el destino está escrito en los astros, la historia camina sola, no te amargues, hay que aceptar o aceptar. Los fatalismos mienten, porque si la vida no es una aventura de la libertad, que alguien venga y me explique si vale la pena vivir. Pero ojo: también mienten los iluminados, los elegidos que se atribuyen el poder de cambiar la realidad tocándola con su varita mágica: y si la realidad no me obedece, no me merece.

–Si el tiempo de las revoluciones modernas, es decir, de las revoluciones abruptas y violentas ha pasado, ¿es la progresión o la resistencia la mejor alternativa en nuestro tiempo?

–Andá a saber cuántos mundos hay dentro del mundo, y cuántos tiempos dentro del tiempo. La historia camina con nuestras piernas, pero a veces anda a paso muy lento, y a veces parece quieta. De todos modos, cuando los cambios vienen de abajo, desde lo hondo, a la corta o a la larga ellos encuentran su camino, al ritmo que quieren o pueden. Desde abajo, digo, desde el pie, como cantó Zitarrosa. Lo único que se hace desde arriba son los pozos.

–En tu último libro, Espejos, realizás un esfuerzo al mismo tiempo creativo y arqueológico sobre un vasto espacio geográfico y temporal. ¿Qué períodos de la historia crees que se llevarían el premio mayor a la crueldad y la injusticia?

–Hay demasiados favoritos en ese campeonato.

–Bueno, más puntual, ¿podrías resumir la crueldad en una imagen, en una situación que te ha tocado vivir?

–Me ocurrió hace años, en un camión que atravesaba la selva del Alto Paraná. Salvo yo, era toda gente de ese mapa. Nadie hablaba. Ibamos muy apretados, en la caja del camión, a los tumbos. A mi lado, una mujer muy pobre, con un bebé en brazos. El bebé ardía de fiebre, se quejaba. Ella sólo dijo que precisaba un médico, que en alguna parte tenía que haber un médico. Y por fin llegamos a alguna parte, no sé cuántas horas habían pasado, hacía mucho que el bebé no se quejaba. Ayudé a que aquella mujer bajara del camión. Cuando recogí el bebé, vi que estaba muerto. El asesino que había cometido esa crueldad era todo un sistema de poder, que no iba preso ni viajaba en camiones destartalados.

–Con memorias como ésa deberíamos terminar aquí. Pero el mundo sigue girando. ¿Crees que el pasado precolombino ha sobrevivido tantos años de colonización y modernización, tanto como para definir una forma latinoamericana de ser, de sentir y hasta de pensar?

–Desde hace siglos, los dioses acuden, quién sabe cómo, desde el pasado americano y desde la selva africana y desde todas partes. Muchos de esos dioses viajan con otros nombres y usan pasaportes falsos, porque sus religiones se llaman supersticiones y ellos siguen condenados a la clandestinidad.

II Presente

–¿Estamos presenciando el fin del capitalismo, de un paradigma basado en el consumismo y el éxito financiero, o simplemente se trata de una crisis más de la que saldrá fortalecido el mismo sistema, la misma cultura hegemónica?

–Con frecuencia recibo convites para asistir al entierro del capitalismo. Bien sabemos, sin embargo, que vivirá más de siete vidas este sistema que privatiza sus ganancias pero tiene la amabilidad de socializar sus pérdidas, y por si fuera poco nos convence de que eso es filantropía. En gran medida, el capitalismo se nutre del desprestigio de sus alternativas. La palabra socialismo, por ejemplo, ha sido vaciada de significado, por la burocracia que la usó en nombre del pueblo y por la socialdemocracia que en su nombre modernizó el look del capitalismo. Sabemos que este sistema capitalista se las está arreglando bastante bien para sobrevivir a las catástrofes que desata. No sabemos, en cambio, cuántas vidas podrá vivir su víctima principal, el planeta que habitamos, exprimido hasta la última gota. ¿A dónde nos mudaremos cuando el planeta quede sin agua, sin tierra, sin aire? La empresa Lunar International ya está vendiendo lotes en la luna. A fines del 2008, el multimillonario ruso Roman Abramovich le regaló un terrenito a la novia.

–Quizá presume de ser el primer hombre que le regala un pedazo de la luna a una mujer, lo que viene a ser una especie de capitalismo romántico. ¿Crees que si China, por ejemplo, tuviese una economía hegemónica pronto se convertiría en un nuevo imperio, avasallante y colonialista como cualquier otro imperio?

–Si yo fuera profeta profesional, me moriría de hambre. No acierto ni en el fútbol, que de eso sí que algo sé. Todo lo que te puedo decir es lo que puedo ver: China está poniendo en práctica una exitosa combinación de dictadura política, al viejo estilo comunista, con una economía que funciona al servicio del mercado mundial capitalista. China puede proporcionar, así, baratísima mano de obra a empresas norteamericanas como Wal Mart, que prohíbe los sindicatos.

–A propósito, en el último “viernes negro”, el día del año en que en Estados Unidos las grandes cadenas de supermercados venden al costo, una avalancha de compradores no pudo esperar a que abrieran las puertas de uno de estos Wal Mart y se llevó por delante a un empleado. El hombre murió aplastado... A pesar de todo este absurdo, ¿podemos pensar que la humanidad se encuentra en un mayor estado de derechos individuales y de conciencia colectiva? ¿Qué es lo mejor de nuestro tiempo?

–En el siglo XX, la justicia fue sacrificada en nombre de la libertad, y la libertad fue sacrificada en nombre de la justicia. Ya nuestro tiempo es el siglo XXI, y lo mejor que tiene es el desafío que contiene: nos invita a luchar para ayudar al reencuentro de la justicia y la libertad. Ellas quieren vivir bien pegaditas, espalda contra espalda.

–¿Podemos comparar la aparición de Internet con la revolución que produjo la imprenta en el siglo XV?

–No tengo ni idea, pero valga la ocasión para recordar que la imprenta no nació en el siglo XV. Los chinos la habían inventado dos siglos antes. En realidad, eran chinas las tres invenciones que hicieron posible el Renacimiento europeo: la imprenta, la brújula y la pólvora. No sé si ahora habrá mejorado la educación, pero antes aprendíamos una historia universal reducida a la historia de Europa. De Medio Oriente, nada o casi nada. Ni una palabra sobre China, nada sobre la India. Y del Africa, sólo sabíamos lo que nos enseñaba el profesor Tarzán, que nunca estuvo allí. Y del pasado americano, del mundo precolombino, alguna cosita folklórica, unas cuantas plumas de colores... y chau.

–¿Cuál es el mayor peligro del progreso tecnológico en la comunicación?

–En la comunicación y en todo lo demás. Las máquinas no son ningunas santas, pero no tienen la culpa de lo que nosotros hacemos con ellas. El mayor peligro está en que la computadora nos programe, como el automóvil nos maneja. Con asombrosa facilidad, nos convertimos en instrumentos de nuestros instrumentos.

–Como escritor y como lector, ¿qué tipo de lecturas te ocupan mayor tiempo hoy?

–Yo leo de todo, empezando por las paredes que acompañan mis pasos por las calles de las ciudades.

–¿Son la crueldad y la in-justicia las mayores provocadoras de la literatura de Eduardo Galeano?

–No. Si así fuera, ya me hubiera enfermado de irremediable tristeza. Por suerte soy preguntón, curioso de nacimiento, y ando siempre buscando la tercera orilla del río, ese misterioso lugar donde se juntan el horror y el humor.

–¿Por qué crees que será recordado nuestro tiempo en los siglos por venir?

–¿Será recordado? ¿Habrá siglos por venir? Dios te oiga, y si Dios está sordo, que te oiga el Diablo.

III Futuro

–¿El mundo se dirigirá a un mayor equilibrio de sus fracciones geográficas, sociales y culturales o, por el contrario, estamos condenados a repetir las mismas formas de lo que hoy consideramos violencia física y moral?

–Condenados... no estamos. El destino es un desafío, aunque a primera vista parezca una maldición.

–¿Una mejora de nuestro presente radica mayormente en la profundización de los valores humanistas de la tradición europea o en una revalorización de un origen perdido en los pueblos “periféricos”?

–La tradición europea no alcanza. Los americanos somos hijos de muchas madres. Europa sí, pero hay también otras madres. Y no sólo los americanos. Los humanitos todos, el mundo entero es mucho más que lo que cree ser. Pero el arcoiris terrestre no brillará, en todo su lucerío, mientras siga mutilado por el racismo, el machismo, el militarismo, el elitismo y todos esos ismos que nos niegan la plenitud de nuestra diversidad. Y dicho sea de paso, no viene mal aclarar que los valores humanistas de la tradición europea se desarrollaron mientras Europa exterminaba indios en América y vendía carne humana en Africa. John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de una empresa negrera.

–Sí, algo así como las democracias imperiales, desde la antigua Atenas hasta Estados Unidos. ¿Pero quiere decir eso que la historia se repite siempre?

–Ella no quiere repetirse, eso no le gusta ni un poquito, pero muy frecuentemente nosotros la obligamos. Por ponerte un ejemplo muy actual, hay partidos que llegan al gobierno prometiendo un programa de izquierda, y terminan repitiendo lo que la derecha hacía. ¿Por qué no dejan que la derecha lo siga haciendo, ya que tiene experiencia? Se aburre la historia, y se desprestigia la democracia, cuando se nos invita a elegir entre lo mismo y lo mismo.

–¿Qué rol cumplen hoy en la sociedad los intelectuales “no orgánicos”? ¿Siguen siendo, al menos en una minoría, una fuerza crítica y provocadora?

–Yo creo que escribir no es una pasión inútil. Pero esa generalización, “los intelectuales”, orgánicos o no orgánicos, no se parece mucho al mundo real. Hay de todo en la viña del Señor. En mi caso, te puedo decir que trabajo con palabras, que soy un inútil total y eso es lo único que me sale más o menos bien, y que me consta, por experiencia propia y ajena, que el acto de la lectura es una secreta, y a veces fecunda, ceremonia de comunión. Quien lee algo que de veras vale la pena, no lee impunemente. Leer un libro de esos que respiran cuando te los ponés al oído no te deja intocado: te cambia, aunque sea un poquitito, te incorpora algo, algo que no sabías o no imaginabas, y te invita a buscar, a preguntar. Y más, todavía: a veces hasta te puede ayudar a descubrir el verdadero significado de las palabras traicionadas por el diccionario de nuestro tiempo. ¿Qué más puede querer una conciencia crítica?

–Pero los escritores contemporáneos tienden a evitar esa palabra, “intelectuales”. ¿Por qué?

–Te contesto por mí, no en nombre de “los escritores”, que también son una generalización dudosa. Yo escribo queriendo decir y decirme en un lenguaje sentipensante, certera palabra que me enseñaron los pescadores de la costa colombiana del mar Caribe. Y por eso, justo por eso, no me gusta nada que me llamen intelectual. Siento que así me convierten en una cabeza sin cuerpo, situación por demás incómoda, y que me están divorciando la razón de la emoción. Se supone que intelectual es el capaz de entender, pero yo prefiero al capaz de comprender. Culto no es quien acumula más conocimientos, porque entonces no habrá nadie más culto que una computadora. Culto es quien sabe escuchar, escuchar a los demás y escuchar las mil y una voces de la naturaleza de la que formamos parte. Para decir, escucho. Escribo en un viaje de ida y vuelta, recojo palabras que devuelvo, dichas a mi modo y manera, al mundo de donde vienen.

–A propósito, ¿cuál es tu técnica narrativa, tus hábitos y conductas de escritura?

–No tengo horarios. No me obligo. En Santiago de Cuba, un viejo tamborero, que tocaba como los dioses, me lo enseñó: “Yo toco –me dijo– cuando me pica la mano”. Y yo le hago caso. Si no me pica, no escribo. Nunca he firmado un contrato que me ponga plazos para entregar un libro. En la literatura, como en el fútbol, cuando el placer se convierte en deber, pasa a ser algo bastante parecido al trabajo esclavo. Los libros me escriben, crecen dentro de mí, y cada noche me duermo dándoles las gracias, porque me permiten creer que el autor soy yo. Y dicho esto te aclaro que escribo muchas veces cada página, que tacho, suprimo, reescribo, rompo, vuelvo a empezar, y todo eso es parte de la alta alegría de sentir que lo que digo se parece, y a veces se parece mucho, a lo que mis páginas quieren decir.

–Tus libros, después de las dictaduras militares de Uruguay y Argentina, después del exilio, cambian de estilo. O quizá profundizan una característica: tu mirada sigue siendo la del rebelde inconformista, pero tu voz se vuelve más lírica. Si mal no recuerdo, fue Jean-Paul Sartre el que dijo que la técnica de un escritor remite a su concepción del mundo. ¿Cómo definirías tu estilo? ¿Refleja tu percepción del mundo o, quizá, tus aspiraciones sobre él o el estilo es algo accidental, una forma de hacer las cosas que proviene de una historia de la estética, de una influencia de la adolescencia?

–Mi estilo es el resultado de muchos años de escribir y borrar. Juan Rulfo me lo decía, mostrándome un lápiz de aquellos que ahora ya casi ni se ven: “Yo escribo con el grafo de adelante, pero más escribo con la parte de atrás, donde está la goma”. Eso hago, o intento hacer. Intento decir cada vez más con menos.

–Un elemento común de la literatura del compromiso, de las utopías revolucionarias hasta los setenta, de los años previos a las dictaduras en América del Sur, parece ser la alegría. Como ejemplo ilustrativo podríamos hacer una exposición de fotografías de los rostros adustos de los Pinochet, por un lado, y de los rostros sonrientes de los Che Guevara por el otro. ¿Existe una conexión entre la “estética de la tristeza” de la literatura del siglo XX y las fuerzas conservadoras de la sociedad? ¿En qué medida es subversiva la alegría, el epicureísmo del que hablaba Américo Vespucio refiriéndose a cierta imagen de los nativos americanos?

–Vuelvo a la costa colombiana y te cuento que allá el peor insulto es “amargao”. Nada más grave te pueden decir. Y no les falta razón, porque al fin y al cabo, no hay nada en el mundo que no merezca ser reído. Si la literatura de denuncia no es, al mismo tiempo, una literatura de la celebración, se aleja de la vida viva y duerme a sus lectores. Se supone que sus lectores deben arder de indignación, pero ellos se caen de sueño. Con frecuencia ocurre que la literatura que dice dirigirse al pueblo sólo se dirige a los convencidos. Sin riesgo ninguno, se parece más a la masturbación que al acto del amor, aunque según me han dicho el acto del amor es mejor, porque se conoce gente. La contradicción mueve la historia, y la literatura que de veras estimula la energía de cambio nos ayuda a adivinar los soles secretos que cada noche esconde, esa humana hazaña de reír contra toda evidencia. La herencia hebreo-cristiana, que tanto elogia el dolor, no ayuda mucho. Si no recuerdo mal, en toda la Biblia no suena ni una risa. El mundo es un valle de lágrimas, los que más sufren son los elegidos que suben al Cielo.

–¿Cómo imaginás el mundo dentro de cincuenta años?

–Con la edad que tengo, me imagino que dentro de cincuenta años ya no estaré. Como ves, tengo una imaginación prodigiosa.

–Alguna vez Onetti dijo que él escribía para sí mismo. ¿Galeano escribiría si tuviese la poca fortuna de ser el único sobreviviente de una catástrofe mundial?

–¿El único sobreviviente? ¡Uy! Me moriría de aburrimiento. Quizás escribiría igual, porque tengo el vicio, pero escribir para nadie es peor que bailar con la hermana. Onetti se enojó conmigo cuando una noche cometí una juvenil insolencia. El me dijo eso, que él escribía para él, y yo le propuse llevarle al Correo esas cartas para Juan Carlos Onetti, calle Gonzalo Ramírez, Montevideo, etc., etc. El se cabreó. Se cabreó porque mentía, y bien lo sabía. Quien publica lo que escribe, escribe para los demás.

–¿Qué harías diferente si tuvieses la experiencia y la oportunidad de hacerlo de nuevo? ¿De qué se arrepiente Eduardo Galeano hoy?

–No me arrepiento de nada. Yo también soy la suma de todas mis metidas de pata.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

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