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lunes, agosto 24, 2009

La lucha que vamos a iniciar (Asesinato de Armando Chavarria diputado local PRD )


Martha Obeso

Durante treinta años mi vida estuvo unida a la de Armando. Juntos compartimos muchas vivencias: felices algunas, como el nacimiento de nuestros hijos, amargas otras, como la pérdida de amigos.

Nos conocimos cuando fuimos estudiantes, cuando el pasado no significa mucho y el horizonte de futuro es inmenso, cuando un joven está lleno de esperanzas y creemos que podemos devorar el mundo. Eso es lo que nos unió, nuestro deseo de cambiar las cosas en una sociedad marcada por la injusticia y la desigualdad.

Eran tiempos en que el único espacio que tenía la sociedad suriana para hacer críticas al poder era el ámbito universitario. Generosa, la Universidad Autónoma de Guerrero acogió el pensamiento disidente y desde su seno cientos de jóvenes nos dedicamos a combatir al caciquismo, con las únicas armas que teníamos a la mano: nuestras ideas. Armando, yo y muchas y muchos de los que están aquí fuimos de esa reserva de la sociedad para preservar los derechos y las garantías que hacen de un pueblo un espacio de convivencia humana. Pero no crean ustedes que aquellas luchas se trataban de escaramuzas juveniles, era una lucha frontal contra un sistema autoritario, en la que cayeron cientos de compañeras y compañeros.

Afortunadamente no todos ellos murieron porque ningún poder, por grande que sea, puede acabar con todo un pueblo. Armando y muchas y muchos de los que estamos presentes logramos sobrevivir y gracias a ello Guerrero fue uno de los bastiones de 1988.

La muerte de nuestros compañeros, la cárcel, los dolores de la tortura fueron el abono de aquél histórico movimiento. Por eso, cuando en aquel entonces veía las enormes manifestaciones del zócalo o sabía de las horas que pueblos completos esperaban al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en la carretera para darle un saludo, sabía que el trabajo de Armando, el mío y el de cientos de jóvenes universitarios estaba detrás de ese entusiasmo ciudadano.

Esa aportación a la ola cívica de 1988, no sólo de Armando, sino del movimiento universitario, del que él fue uno de los principales dirigentes, lo llevó a representar al PRD en el Congreso, primero como diputado federal, luego como senador de la República y finalmente como diputado local.

Algunos de sus críticos, que los tuvo, como cualquier político, le negaban méritos para tan grande honor. Creo que los tenía de sobra. Fui su compañera, una compañera que lo admiraba, que lo vio desde sus años de estudiante desvelarse muchas noches intentando liberar compañeros, fundando casas de estudiantes, buscando plazas para otros, becas para niños indígenas, camas en hospitales para campesinos desprotegidos de servicios médicos, gestionar el traslado de cuerpos de paisanos que murieron fuera de su país, intentando mejorar la vida de su familia. Lo vi días y noches lamentarse porque desde la Secretaría General de Gobierno le fue imposible responder a las expectativas de muchas y muchos compañeros.

Viví con él largas horas de preocupación por la desaparición de los indígenas mixtecos y la posterior aparición de sus cadáveres con huellas de tortura.
Respetuoso de la institucionalidad, discutió conmigo la posición que debía impulsar en el Congreso para no confrontarlo con el Poder Ejecutivo; le costó trabajo decidirse a señalar la falta de energía de éste en la localización de los luchadores indígenas, pero él sabía que era más importante su deber con la sociedad guerrerense que preservar las buenas relaciones institucionales.

Conocí y apoyé su magnífico discurso sobre la dignidad del Congreso, donde Armando se erigió como un estadista, sin importar el disgusto que sus palabras causaron en algunos sectores del gobierno y del partido. Ese día me sentí especialmente orgullosa de él y sé que sus hijos también, porque no hay mayor orgullo para una familia que saber que el compañero, el padre, les está enseñando con el ejemplo a mejorar la convivencia social.

No puedo negar que tuve desacuerdos con Armando, porque como militante de izquierda fui educada en la crítica y la autocrítica; me atrevo a decir que fui su principal crítica; no siempre yo tenía la razón. A veces me impacientaba su sangre fría y la mesura con que tomaba algunos problemas, cuando yo deseaba mayor determinación y coraje de su parte. No es que Armando fuera tibio, de lo que algunos lo acusan; él sabía que cada decisión de un político de su nivel implica a mucha gente y jamás tomaba decisiones sin pensar en las consecuencias, no para él sino para los demás. Sólo quienes no lo conocían podían confundir su cautela con tibieza, su reflexión con indecisión, su ecuanimidad con un espíritu medroso. Si tuviera que caracterizar a Armando con una palabra, diría que ésta es el equilibrio.

Quiero decirles a ustedes, amigos míos, pero sobre todo amigos de Armando, que es un orgullo haber vivido más de tres décadas al lado de un hombre como él, un hombre hecho para la política, es decir, para el servicio de los demás; haber procreado con él tres magníficos hijos, haber compartido sus angustias, sus alegrías, sus frustraciones, sus triunfos y sus fracasos. A sus hijos y a mí nos deja un ejemplo, pero también una enorme obligación: la de continuar con su lucha.

Perdónenme si centro estas palabras en Armando, porque es a él al que estamos despidiendo, pero los verdaderos protagonistas de esta gesta son ustedes, es el pueblo de Guerrero. ¿Qué hubiera sido Armando sin sus compañeros de partido, sin los indígenas de La Montaña, sin los campesinos calentanos, los costeños, sus paisanos de la región norte, que fueron su razón de ser, su preocupación? Estoy segura que Armando estaría feliz de verlos aquí unidos, dispuestos a convertir su artero asesinato en motivo de lucha.

Pero no podemos hacerlo sin esclarecer su muerte. Ni yo ni sus hijos Armando, Oswaldo y Omar, ni sus hermanas o su madre vamos a admitir que en aras del cálculo político se quiera echar al olvido su muerte.

Lo que ocurrió ayer no fue sólo el asesinato de un esposo, de un padre, de un hijo, de un hermano, de un amigo; lo que está ante nuestros ojos es un crimen político que trastorna la vida pública, no sólo de nuestro estado, sino del país entero.

Si cerramos los ojos para no romper alianzas lo único que estaremos haciendo es abrirle las puertas a la violencia. Con la familia Chavarría Obeso no cuenten para dejar que el olvido cubra este crimen; si tengo que dedicar la vida entera a esclarecer el asesinato de mi compañero no tengan la menor duda de que lo haré; la señora Rosario Ibarra de Piedra nos ha dado el ejemplo.

Toda muerte es dolorosa, pero las muertes violentas, con saña, pueden envenenarnos el alma si no la curamos con justicia. Yo les pido a todos ustedes que no dejemos la muerte de Armando sin castigo, no tan sólo por mí y por mis hijos, sino por ustedes mismos, porque si no paramos la violencia hoy los próximos pueden ser sus seres queridos y no desearán sentir lo que yo ahora siento.

No creo que este crimen pueda ser resuelto por las autoridades estatales; cuatro años de incapacidad para proteger a los ciudadanos no me dan los elementos para confiar en ellas. No quiero experimentar la impunidad que están viviendo las viudas de Raúl Lucas y Manuel Ponce. Por respeto a la memoria de Armando, yo quiero justicia, exijo justicia.


Quiero que sepan que en este momento de dolor su compañía es invaluable, mis hijos y yo se la agradecemos infinitamente y esperamos conservarla en la lucha que vamos a iniciar.

Palabras pronunciadas ayer (21 de agosto de 2009) en el panteón municipal de Chilpancingo .

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

sábado, agosto 15, 2009

La tribuna será usada, no tomada

El perredista tiene claro quiénes son sus aliados, pero advierte que a pesar de su posición política, dialogará con el gobierno

No sé por qué quieren que me deslinde de Andrés Manuel López Obrador, lanza Alejandro Encinas, y ataja los cuestionamientos que hay tras su designación como coordinador del PRD en San Lázaro. Su cercanía con él, asegura, no pone en riesgo su relación con PRI y PAN.

Una bancada de 71 legisladores, asegura, no llevará al PRD a tener una participación testimonial, y sostiene que aún con la mayoría, el PRI “no puede actuar con impunidad” y deberá buscar acuerdos.

Para Encinas, el PRD puede convertirse en un partido “bisagra”, necesario para construir acuerdos, y le recordó al PRI que a diferencia de la Cámara de Diputados, en el Senado no tiene mayoría.

Se visualiza tomando la tribuna de San Lázaro, pero sólo “para subir a debatir con la derecha, defendiendo mis ideas y proponiendo soluciones para el país”.

El ex jefe de gobierno sostiene que su designación como resultado de un acuerdo unitario entre los grupos perredistas “oxigena al PRD” y ayudará a la reforma profunda del partido.

¿Son suficientes 71 diputados para que el PRD impacte en las decisiones de la Cámara de Diputados?
Estoy convencido de que sí, no es un asunto de cantidad, el trabajo legislativo implica calidad y vamos a ser una bancada propositiva y con mucha iniciativa política.

El PRI tiene la mayoría, pero no puede actuar con plena impunidad o de manera unilateral, por razones muy sencillas, a pesar de que tendrá la mayoría absoluta con el Verde, existe el contrapeso entre diputados y senadores, y ahí el PAN es la primera minoría. Esto obliga a la construcción de acuerdos y no sólo a las mayorías mecánicas.

La cercanía con López Obrador ¿podría cerrarte las puertas con PRI y PAN?
Andrés Manuel y yo formamos parte del mismo proyecto político, pero cada quien debe cumplir sus responsabilidades, yo seré el único responsable de mis decisiones. ¡Yo no sé por qué todo el mundo quisiera que me deslindara de López Obrador, si somos amigos y compañeros!, pero cumpliré y discutiremos y debatiremos con PRI y PAN, pero si hay intentos de regresión vamos a ser muy enérgicos.

¿Van a ser la oposición del no a todo?
Vamos a ser la oposición de la propuesta, de la iniciativa política, queremos hacer de la Cámara de Diputados una plataforma no sólo para reconstruir nuestra vida interna, sino para reconstruir la relación con el electoral y construir un proyecto alternativo del país, y vamos a hacer acuerdos de fondo, no sólo a maquillar las cosas.

¿Está dispuesto a sentarse en la mesa del secretario de Gobernación o del Presidente de la República?
No sería la primera vez, cuando fui jefe de gobierno definí mi postura, no reconocí legitimidad en Felipe Calderón, pero como servidor público y como representante popular tengo responsabilidades legales, constitucionales y políticas en el ejercicio de nuestras funciones. Los gobernadores, legisladores y presidentes municipales del PRD mantendremos una relación institucional con todas las dependencias que sean necesarias.

¿Hubo en algún momento el riesgo de que la bancada del PRD se rompiera?
No hubo situación de ruptura para que tuviéramos dos fracciones parlamentarias, pero sí estaba latente la posibilidad de que si nos manteníamos en esta espiral de confrontación, se iba a fracturar, por lo menos la unidad de acción.

¿Amagos?
Ni amagos ni chantajes, independientemente de la elección de la coordinación, yo siempre dije que me iba a mantener en la bancada, esa es una convicción personal, ahora con mayor razón. Después de la lección del fracaso electoral del 5 de julio, tenemos que entender que divididos no tenemos futuro y la fragmentación nos llevaría de regreso a la marginalidad.

¿Hay riesgo de que el Congreso refundacional sea sólo una simulación?
Espero que no, los problemas internos no se resuelven no por las diferencias en la línea política, sino en las prácticas y en las formas en que se toman las decisiones. Después de tener liderazgos muy fuertes que cohesionaron al PRD de origen, ahora ese vacío lo ocuparon las corrientes. Las cuotas eliminaron la organización territorial y terminaron por secuestrar al PRD. Es necesario que el debate se dé desde la estructura territorial del partido.

Liliana Padilla

Milenio


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

martes, agosto 28, 2007

El problema del PRD.


El problema del PRD.
Por: Arnaldo Córdova.
Cuando un partido político carece de un liderazgo fuerte, suele ocurrirle lo que ha pasado con el PRD desde hace ya buen tiempo, por lo menos desde que Cuauhtémoc Cárdenas dejó de ejercer ese liderazgo, pienso que cuando fue electo jefe de Gobierno del DF: se vuelve presa de disensiones internas, de grupillos de intereses, de "tribus", del oportunismo político, de la corrupción e incluso de las traiciones.

Cuando Cárdenas gobernó el PRD no se movía una hoja si él no lo decidía. Todos los grupos y grupúsculos que conformaron el partido desde su fundación estaban atentos a escudriñar la voluntad del líder (que nunca he entendido por qué se le llamó moral) y a los que criticábamos sus métodos caudillistas de dirección se nos mandaba al limbo (que sí existe) o se nos excluía de toda vida partidaria, aunque a mí nunca me pudieron sacar del Consejo Nacional hasta que decidí dejar de participar en él.

El desmadre permanente en que vive el PRD es herencia directa de aquel liderazgo, no sólo por su prepotencia y su tendencia a excluir a quienes no eran abyectos servidores suyos, sino porque fue el verdadero promotor de las llamadas "corrientes" o "tribus", primitivo sistema de dominación que le permitía tener a todos de su lado, mientras los dejaba que se hicieran trizas en la lucha por los puestos y las candidaturas. Fue una malísima escuela que marcó de modo definitivo la manera de hacer política dentro del partido. Justo cuando Cárdenas abandonó la escena partidista comenzó la revuelta de las corrientes. Nueva Izquierda nació en abierta rebelión contra el liderazgo de Cárdenas, y muchos de los antiguos colaboradores de éste se volvieron sus enemigos. Ni siquiera vale la pena recordarlos.

Sólo quienes no entienden el pavoroso mazacote que es el PRD pudieron haber dado alguna importancia al reciente congreso de ese partido. No pasó nada. Fue sólo un pequeño guiñol (con los hilos en manos de los jefes de las corrientes). Un pequeño arreglo de cuentas entre grupos que no tienen con qué decidir el futuro del PRD. Creo que ese congresito sólo sirvió para que los caudillitos tribales se dieran cuenta de que tienen que preservar su partido, porque de otra manera acabarían perdiéndolo todo y porque se percataron finalmente que ninguno de ellos, ni haciendo montón, podrían dar al partido el liderazgo del que está urgido. Eso, por supuesto, no quiere decir unidad: en el PRD no puede haber unidad mientras las cosas sigan como están.

El liderazgo existe, desde luego, pero no está dentro del partido, sino al margen. López Obrador hizo bien en no mezclarse en las broncas internas del partido. No le habría hecho ningún bien, porque ahora las corrientes, o por lo menos algunas de ellas, tienen muchos recursos para dar zarpazos a quien ponga en peligro sus pequeños intereses, incluido el líder al que hoy el propio partido debe su actual fortuna y que no tenía por qué perder el tiempo con ellas. Su campaña presidencial nunca hizo menos al PRD, pero se hizo con mucha más gente que aportó lo que el PRD de Cárdenas nunca pudo dar, aparte de su tradicional voto duro. Yo llegué a temer que el Peje se distanciara demasiado de su partido, pero no lo hizo. El partido fue siempre el actor principal de la campaña, aunque no el único, y muchas veces ni siquiera el decisivo.

No sé qué alegan los llamados chuchos con su famosa "autocrítica" , al decir que se cometieron errores en la organización partidista de las elecciones. Ellos ya eran los dueños del partido y a ellos corresponde la mayor responsabilidad por la mala organización, el descuido de las casillas y la falta de conjunción para conducir la participación del electorado lopezobradorista. Además, como se les ha hecho notar, los errores casi fueron irrelevantes ante la magnitud del fraude del que se hizo víctima a nuestro candidato. Como Julio Hernández López se esfuerza por recordar siempre a sus lectores, 0.56% fue la diferencia en el triunfo de Felipe Calderón. Andar chillando que perdimos por los "errores" es una felonía.

Francamente, a mí me importa un bledo quién sea el futuro presidente del PRD, si Jesús Ortega o Alejandro Encinas. Yo votaré por el último (a menos que descubra que, por mi alejamiento, ya no soy miembro del PRD o que no salí en las listas), pero ninguno de ellos puede ofrecer al partido el liderazgo que requiere. Ninguno tiene los tamaños necesarios. El verdadero líder es López Obrador, y de él depende la unidad del partido. De él dependió el sentido de unidad, un tanto madreada, con que terminó el congreso. A mí no me preocupan los chuchos ni los bejaranos. Me preocupa López Obrador. A cualquier perredista sincero que haya seguido el congreso debió haberle salido roña de sólo ver las peleas de perros con que se desarrolló, y los resultados indignos de un congreso de un verdadero partido.

El futuro del PRD depende de sus bases, no de sus líderes tribales, que casi todos son corruptos y logreros. De ahí la importancia del liderazgo de López Obrador, un liderazgo fuerte y confiable. Todavía no entiendo qué significan las famosas afiliaciones que anda haciendo López Obrador por todo el país, y le rogaría a mi amigo José Agustín Ortiz Pinchetti que en su próxima entrega nos lo explicara a todos sus lectores. Muchas personas piensan que se anda organizando una estructura paralela a la del PRD (es lo que los jefes tribales más temen y creo que con justa razón) o, en el peor de los casos, otro partido. A veces pienso que se afilia sólo a ciudadanos que no pertenecen al PRD (a mí nunca me han invitado a afiliarme). En todo caso, si de eso se trata, me parece que se está cometiendo un verdadero despropósito.

Si de afiliar se trata, creo que esas afiliaciones se deben conducir hacia el PRD con un nuevo sentido de la necesaria reforma del partido para convertirlo en un instituto libre del cáncer de las mafias tribales y de verdad político. A mí, en lo personal, me encanta que López Obrador recorra el país hablándole a miles ciudadanos y poniendo en la agenda lo que su partido no hace, los grandes problemas nacionales, aunque me gustaría que lo hiciera de otra manera, cosa sobre la que nunca han pedido mi opinión. De todas formas, me parece que el partido, todavía cardenista sólo que sin Cárdenas, deberá hacer este esfuerzo supremo para convertirse de verdad en el gran partido de izquierda que el país necesita. Por eso me preocupa López Obrador y no por otra cosa.

miércoles, agosto 22, 2007

Opinión. Germán Robles



Cuarta República
Germán Robles
22 de agosto de 2007




Caricaturas alegóricas

X Congreso nacional perredista: la división entre los mencheviques y bolcheviques de pacotilla.

La mezquindad y el caudillismo los instrumentos “ideológicos” en disputa.

Concluyó el pasado domingo el décimo congreso nacional extraordinario del sol azteca, la cita que tuvo lugar entre los días 16 al 19 de agosto comenzó con ánimos fraternos y de solidaridad, con ánimo de unidad, los trabajos habían avanzado en acuerdos, sin embargo, a cuarto para la hora, la corriente denominada de los “chuchos” eliminó de los resolutivos finales un párrafo alusivo al no diálogo con quién usurpa la presidencia.

Ergo, en cambio, propuso abrir la posibilidad de debate con “el legal” a partir de 2008 una vez puesta en vigor la reforma del estado, que regularía la figura del “debate entre poderes” (sic) el resultado de este décimo congreso fue la cuasi división del Partido de la Revolución democrática, -que todos niegan, pero es algo que el tiempo irá procesando-; en las facciones “institucional-negociadora” y la “progresista- base social”, estas denominaciones quizá sean aventuradas o demasiado formales, por no decir forzadas; pues la praxis política perredista hace difícil asentar algunos eufemismos cuando el pragmatismo, la mezquindad y los tufos caudillistas son la gasolina que hoy ponen al partido al borde de la quema y el efecto diáspora.

Para fines de una hipótesis de trabajo, preferiría llamarlos los nuevos “mencheviques” y “bolcheviques” pero en una versión caricaturesca, calificada de pacotilla. Permítame hacer un pequeño viaje alegórico a uno de los capítulos de la historia de la izquierda internacional, que posiblemente, después de la revolución francesa, el proceso histórico más significativo en la historia zurda sea el de la revolución rusa en su conjunto.

Corría el año de 1903, cuando el Partido Socialdemócrata Ruso de los trabajadores celebró su segundo congreso, ahí los dirigentes chocaron por un tema aparentemente menor: la composición del comité editorial del periódico del partido, Iskra, tal como lo refiere Sheila Fitzpatrick, en La Revolución Rusa: el resultado del segundo congreso fue la división del partido socialdemócrata de los Trabajadores en las facciones “bolchevique” y “menchevique”. Los bolcheviques eran quienes seguían la conducción de Lenin (…) y los mencheviques (que incluían a Plejánov, Martov y Trotsky) constituían un grupo de integrantes mayor y más diverso, que consideraban que Lenin se había excedido en sus atribuciones.

Aquí para alimentar el imaginario de esta alegoría pongo al pie la mayoría tramposa que por medio de mapacherias le dieron a los “chuchos” la mayoría de delegados en el décimo congreso, claro los mencheviques tuvieron un origen político y social completamente distinto, pero compartían ese rasgo de escaso compromiso y pragmatismo, además como las mayorías partidistas que están con el pragmatismo siempre propician las rupturas.

Bueno que sucedería si en este paseo dantesco un siglo atrás buscáramos esas analogías y concatenáramos actos similares entre ambos congresos partidistas, para darnos cuenta de que estas fricciones y el divisionismo en la izquierda son proverbiales como diría Elena Poniatowska y algunos vicios casi endémicos desde que la izquierda se dice izquierda. Trotsky aseguraba que Lenin había caído en “una suspicacia maliciosa”; Lenin argüía entonces que su apuesta radical estaba por grupos más pequeños pero más comprometidos y con mayor unidad ideológica dado sería más efectivo para la revolución.

Dicha argumentación y práctica fue atribuida por círculos revolucionarios, en particular los mencheviques a su dificultad por tolerar el desacuerdo; de nuevo “esa suspicacia maliciosa” que Trotsky llamó “caricatura de intolerancia jacobina” por las refriegas y linchamientos paranoicos de la revolución francesa por parte de los jacobinos -de Jacob Rousseau, filósofo francés nacido en Ginebra, impulsor del pensamiento liberal- que temían por las revueltas reaccionarias de la aristocracia.

Aquí es donde la alegoría nos da pie a comparar al propio AMLO con Lenin –guardadas todas las asimétricas proporciones- en un rasgo: al tener el apoyo mayoritario de las bases sociales, (fuera estas de la militancia perredista; a la vez de no tener la mayoría de la militancia dura, los afiliados,- ídem-) y al ser víctima de un fraude y poseer la envestidura caudillista de quién debe transformar a las instituciones del país; (viene la comparación) son convicciones que ocultan su dificultad para tolerar el desacuerdo, esté o no esté fundado, un grado de cierta soberbia.


Que conste no es la misma soberbia que los intelectuales de la nomenclatura le quieren endilgar como una de las causas “por las cuáles no gano la presidencia” y que ese sambenito ha sido tomado cómodamente por las tribus chuchistas como parte de la necesaria “autocrítica” convalida- fraudes. El obradorismo padece también de cierta "intolerancia jacobina" pues a pesar del enorme riesgo que significa la división en el PRD, los chuchos son sujetos de linchamiento público, de traidores, de panistas no se les baja.

Quizá la comparación fuera de contexto entre las tribus amarillas y las ilustres fracciones revolucionarias rusas parezca grotesca y sin un norte comparativo, empero hay rasgos comunes y más si observamos como históricos vicios de la izquierda se repiten de forma caricaturesca. Lo cierto es que aquellas eran clases ilustradas, que compartían la teoría revolucionaria y la crítica económico política del marxismo; aún los propios bolcheviques, -siendo los heterodoxos del marxismo-; estaban formados por una pujante y emergente clase trabajadora con conciencia de clase, altamente politizada y en constante ilustración aún cuando sus posturas radicales apremiaran el paso rápido por una revolución obrera.

En cambio el PRD carece de cuadros políticos competitivos, cuyo recelo partidista y electorero lo confronta con la base social obradorista y las redes ciudadanas que destacan por sus cuadros potenciales, más profesionales que de facto le son cerradas las puertas en el sol azteca; en el X Congreso no hubo debate ideológico, con miras al futuro; no hay proyecto. Así, siguiendo con las comparaciones, los “mencheviques” tenían un origen de clase cercano a la burguesía, eran la parte segregada de la burocracia zarista y la inteliguentsia ortodoxa marxista, que en su origen discernían del movimiento populista ruso.

Cuando forma es fondo, se provocan diferencias irreconciliables, los miembros del partido socialdemócrata obrero –ascendente del partido comunista de la ex –URSS- establecieron definiciones y rumbos claros; el PRD hoy es como un matrimonio insostenible y que sólo lo une el aguardar de las apariencias y la búsqueda de un buen arreglo post nupcial. Las definiciones se exigen ya, no es admisible la simulación, ni las medias tintas en pos de darle respiración artificial a la “unidad del partido” que nunca ha tenido una cualidad monolítica –cosa que no es criticable- y lo único de partido es que siempre ha estado partido; las corrientes tribales siempre han estado por encima de los estatutos, la disciplina partidista, ajenas a la voluntad política de transparentarse y organizar mejor sus procesos internos.


Lo curioso es que mientras AMLO dominaba la escena los amarillos fueron disciplinados, no hubo contienda interna -cosa que si es democrática, dado que hubo consenso- y por unanimidad decidieron que AMLO sería el candidato presidencial. Ahora resulta que esa "disciplina partidista" desapareció, se convirtió en disidencia, "autocrítica" y redefinición.

El motivo de esta comparación histórica, es además, en el fondo, establecer que en la historia de la izquierda internacional, destacando la revolución francesa, el pensamiento socialista europeo del siglo XIX, la Comuna de Paris la revolución rusa en sus etapas 1905 y 1917, así como demás ejemplos de la lucha de izquierda internacional; todos ellos se han distinguido por anteponer los fines sociales y revolucionarios a intereses meramente de grupos, y si bien han sufrido escisiones, disidencias y desacuerdos que los han llevado a la ruptura, siempre se destaco el debate y las diferencias ideológicas en su estado puro, discusiones de altura.

¿Pero que es lo que hoy hace pender de un hilo la integridad perredista?; ¿son los debates teóricos, diferencias de programas basados en alguna auténtica tendencia revolucionaria o teoría social?, ¿diversos proyectos? No, nada de eso destaca, son argumentos lejanos. Lo que está en disputa son los principios del propio partido, y la ética pública, dado que hay dos visiones confrontadas: una ávida de negociar con el poder de quién usurpó la presidencia; el ala pragmática, que conduce a la mezquindad y a la obtención de recursos económicos tras pactar con la oposición y legitimar a un falso poder.

La otra ala, la que pretende refundar las instituciones, la del compromiso social con la base (idem); empero, cuyo programa está basado en cierto caudillismo, en el voluntarismo de un hombre con tendencia populista, dado que no es un radical revolucionario, ni promueve explícitamente el concepto de lucha de clases.


Es entonces la “mezquindad” y el “caudillismo” lo que genera la disputa, el uno no sabe como deshacerse del otro, pero no hay un debate ideológico de altura; ni que sacuda la atención ni el interés de los de abajo, ni es un debate que en el fondo le vaya a resolver sus problemas más apremiantes; lo que convierte a las corrientes contrarias en “mencheviques” y “bolcheviques” de pacotilla, que es significante de la enorme distancia entre clase política y la base social, el obradorismo se salva de alguna manera, pero el resto del perredismo chapalea en el lodo de los intereses de grupo, el cortoplacismo, y la prostitución de los postulados.

La lógica parlamentaria actual exige negociación política, componendas en lo oscurito pues; y la bancada perredista -que obtuvo escaños históricos gracias al efecto cascada de la simpatía obradorista- cree que ese activo es permanente y se basa en la militancia perredista: craso error.

Al grueso de la bancada amarilla en San Lázaro y aún la de la casona de Xicotencatl, le causa terror el sólo hecho de pensar en que les pasaran seis años de frente y por asumir un veto al “legal” dejaran de participar en ese jugoso juego de las componendas a costa de sus representados, sudan sangre al pensar que no se llenarán los bolsillos más de lo que pueden, por no pactar con el panismo y “el legal”.

La mezquindad pecuniaria puede ser una fuerza suficiente que respalde a Jesús Ortega en su afán de legitimar al poder a cambio de cañonazos económicos, puestos y futuras prebendas; el interfecto a López Obrador está anunciado; esto es de la conveniencia felipista, las coyunturas políticas del “septiembre caliente” serán el escenario de ensayos, definiciones, rumbos y estrategias por ambas partes; el tiempo apremia, y si esto es un cisma pronto veremos sus efectos que no podrán ser matizados por el deliberado retardo del discurso de la cúpula amarillo y negro.

El PRD no se merece esta disyuntiva; pero se empecinó en empujarla; AMLO quién tiene el respaldo popular y la dignidad probada, no debe marginarse del partido y dejarlo a los indignos mezquinos de “nueva izquierda”; si ellos quieren legitimar al “legal” que se larguen y lo hagan desde otra plataforma; dimitir de esta lucha al interior del PRD sería como cederles el partido a quienes fomentan su putrefacción; se vendría abajo el FAP, se pulverizaría la izquierda, le tronaría la línea de flotación y la moral a AMLO y el éxodo de perredistas novo zurdos ni tardos no perezosos irían a bajarse las bragas frente al “legal”, parece un callejón sin salida.

Empero si el diálogo y los acuerdos se agotan, así sea la empresa más difícil la vía de un nuevo partido político –con la base obradorista- no debe ser descartada como vía. En cuanto al tema de la autocrítica oportunista: ¿Qué sentido tiene la autocrítica, si quienes la hacen no tienen argumentos morales?; ¿es una coartada para justificar la legitimidad del “legal”, como principal capital político y dinerario esperando ser vendido por los chuchos?; ¿pesa más la “soberbia” de AMLO; o la estupidez y la impericia de la maquinaria electoral perredista; la falta de representantes y la promoción eficaz del voto?; ¿autocrítica mata fraude?

¿De que diablos hablan los Chuchos, el intelectual comodino Marco Rascón, y la inteligencia orgánica de las derechas cuando se refieren a la dinámica institucional, al respeto de las formas parlamentarias y una izquierda moderna “como la europea”?; si estas no están precedidas de una legitimidad, de la salvedad republicana y el respeto al voto popular; ¿de que pitos de república y vida parlamentaria están hablando?; ¿Qué parte de la palabra República y golpe de estado no entienden?

No saben enmascarar su mezquindad, creen que su capital político les es consustancial y han decidido la felonía hacia AMLO y enviarlo al exilio de un nuevo partido; pero son ingenuos, al no considerar que la base se las va a cobrar, que en 2009 retornarán a ser tercera fuerza y su votación irá en declive si asumen posturas timoratas y contrarias al interés popular.

Esperemos recapaciten, la reforma del estado abre la vía al debate entre poderes, pero hay una responsabilidad política, no jurídica; bonito congreso y democracia sería si se les obligase a punta de pistola a debatir; la aplicación de esta norma debe de acatarse en 2008 pero no cumplirse hasta el 2012 cuando haya un nuevo presidente o en su defecto se haya restablecido la república misma.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Peje en 2007::

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