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jueves, noviembre 11, 2010

La industria del espectáculo como fábrica de ideología

por Héctor Sosa*


Los noticieros y las producciones periodísticas televisivas incrementaron, en la última década, la utilización de recursos teóricos, técnicos y humanos provenientes del género de ficción, generando una delgada y sinuosa frontera entre realidad e irrealidad.


La estética y contenidos de las películas, series, novelas, reality shows y de la publicidad avanzaron sobre el formato televisivo de los noticieros. El fenómeno, surgido en los Estados Unidos, terminó siendo "el modelo" a imitar por la mayoría de los medios del planeta.
A este proceso se le sumaron dos hechos que no deberían pasar inadvertidos:
a) El consumo mundial de televisión aumentó durante el año 2009 en casi todos los continentes.
b) En la grilla de programación de las principales cadenas de TV (abierta y de cable) los materiales de ficción ocupan entre un 65 y 75 % de sus espacios, ambos datos surgieron de la investigación realizada por Eurodata Worldwide el año pasado.
La técnica de "ficcionar" hechos de la realidad y colocarlos dentro de un espacio periodístico no tiene nada de ingenuo y mucho menos de neutro.
"El término ficción se relaciona con la simulación, la ilusión, la fantasía, la paradoja o la mentira. En esencia, podemos decir que es el modo de presentar una historia de forma que el público llegue a creerla o sentirla como una verdad momentánea", explica el sitio Media Televisión en su nota sobre la ficción en TV 2008.
Desdibujar o directamente borrar los límites entre ficción y realidad forman parte del andamiaje teórico-práctico del que se vale el poder real para ocultar lo que no le conviene e imponer sus valores culturales.
La superabundancia informativa, la noticia-vértigo, la imposición de un presente continuo y la descontextualización constante de los hechos son también aliados de las técnicas de manipulación.
Existe una marcada tendencia a analizar los mensajes de la televisión desde el lugar de "lo periodístico" o de acuerdo a una división temática o segmentada de su programación, cuando en realidad la ideología del medio se manifiesta desde el inicio de la transmisión hasta el cierre.
Los medios son empresas comerciales cuyas mercancías de venta son la ficción y "la realidad", los límites entre ambas se han mimetizado de tal forma que se torna difícil (para millones de personas) discernir dónde empiezan o terminan cada una de ellas.
¿Acaso la CNN y Fox News no utilizaron las técnicas y recursos de ficción de Hollywood para editar las imágenes de las invasiones a Afganistán e Irak?
¿El Pentágono no diseña puestas en escena con la estética de las películas de guerra de la industria cinematográfica de los EE.UU.?
¿Por qué las bombas de racimo lanzadas sobre Bagdad eran en colores, como fuegos artificiales?
¿Para qué el Pentágono y Hollywod concretaron un acuerdo, en el 2003, de "cooperación e intercambio de experiencias" en sus respectivos "rubros"?
Según un estudio del diario español "La Vanguardia", los Estados Unidos es el principal productor de ficción y de noticias mundiales en el mercado de la imagen planetaria, se afirma que ya ocupa el 70% de Europa, el 90% de Africa y el 75% de Latinoamérica.
Decíamos al principio que la mayoría de las empresas de comunicación audiovisual adoptaron el molde de EE.UU., Latinoamérica y Argentina no han sido la excepción: la mayor parte de sus programaciones corresponden a la ficción, y un porcentaje importante de las producciones periodísticas incorporaron elementos de ésta.
Según un estudio realizado por la Agencia Nacional de Comunicación (ANC) de la UTPBA, "casi el 90% de la TV abierta nacional tiene como temática excluyente la ficción y el deporte, y apenas un 10,4% lo ocupan los noticieros". Del 10,4% del espacio "periodístico" la publicidad (que es ficción) se lleva una cuarta parte, y el resto son notas y producciones cuyos contenidos "están dedicados en un 80% a la violencia, la inseguridad, las catástrofes y noticias de la ’farándula’".
En ese esquema, una parte de las informaciones son presentadas de manera novelada. Así determinados temas pasan a ser "casos" y los "casos" van adquiriendo formas y dinámicas de una historia ficcionada.
Hay personajes centrales y secundarios, buenos y malos, conocidos y desconocidos. Existe un inicio, un desarrollo y en ocasiones finales; se montan escenografías de videoclip y se recurre a textos de guiones más cercanos a técnicas de redacción publicitaria (de impacto) que periodísticas.
Entre la ambigüedad de la ficción-realidad y la atomización de la información se hace casi imposible desarrollar un proceso de análisis que contenga cierta lógica.
¿Qué capacidad de asociación puede tener un ser humano ante tanta diversidad temática, ante imágenes y símbolos tan diversos?
¿Cómo pueden millones de personas -que en su gran mayoría son receptores pasivos- discernir sobre lo que es real de aquello que no lo es, sobre un hecho verdadero o uno "producido"?
¿Podemos como trabajadores de la comunicación tener una posición o pensamiento acrítico sobre este tipo de modelo periodístico?
El debate, como siempre, está abierto. Los espacios para las miradas ingenuas son estrechos. Y cada vez lo serán más.
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Héctor Sosa
Periodista. Responsable del área de Comunicación UTPBA. Coordinador de la Red de la Comunicación

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