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domingo, abril 18, 2010

Temacapulín, entre tesón y dignidad

 FOTO: HÉCTOR JESÚS HERNÁNDEZ

Jorge Gómez Naredo
La Jornada Jalisco

En Temacapulín la gente anda enojada. Anda llena de ira. Se observa nomás llegar al poblado ubicado en los Altos de Jalisco. En las paredes del pueblo, cientos de mantas, carteles y pintas dicen con diferentes palabras lo mismo: que no les roben su pueblo, que no se los inunden, que no se los maten. Sí, la gente anda enojada. Anda llena de coraje, con ganas de continuar en pie, gritando que no, que Temaca no se muere, que Temaca vive y seguirá viviendo.


Algo ha cambiado

El desdén oficial ha sido la regla en la historia reciente de Temacapulín: hasta hace poco, los funcionarios públicos no se paraban por ahí. Rara vez un diputado hacía acto de presencia. No había senadores que fueran a hablar con la gente. Los gobernadores no sabían de la existencia de Temaca. ¿Un presidente?, ¡jamás! Pero desde que lo quieren inundar, las cosas han cambiado. Y tan se han transformado que el viernes pasado 26 legisladores federales (10 senadores y 16 diputados) se pusieron ahí en la plaza, hablaron con la gente y dijeron que estaban con ellos y que los acompañarían en su lucha. Fueron legisladores del PRD y del PT. Sí, en Temaca algo ha cambiado.

El apoyo

En el cruce de la calle Porfirio Díaz (sí, en Temaca hay una calle que se llama Porfirio Díaz) y Aldama, un camión de pasajeros llegó. La gente se agolpó a su alrededor. De él bajó Andrés Manuel López Obrador, presidente legítimo de México. Tras él se apearon diputados y senadores: Ifigenia Martínez, Alejandro Encinas, Yeidckol Polevnsky, Mario di Costanzo, Agustín Guerrero, Leticia Quezada, Alberto Anaya, Teresa Guadalupe Reyes, Porfirio Muñoz Ledo, Laura Itzel Castillo. En total 26 legisladores. Caminaron por el pueblo, se dirigieron al museo de la localidad: vieron fotos, vieron vestigios de Temaca, recibieron explicaciones de cómo nació y creció el pueblo, de cómo apareció el Señor de la Peñita y porqué la Virgen de los Remedios ha sido tan milagrosa. Pasaron a la iglesia, y después, a la plaza, la plaza que está en medio del pueblo, que es grande y tiene su quiosco. López Obrador pudo ver a ocho niños uniformados de rojo, cada uno con pancartas; en una de ésas se leía: “Soy de Temaca, amo Temaca, seguiré en Temaca”. Hubo aplausos y vivas cuando los legisladores hicieron su arribo, hubo consignas de “Es un honor estar con Obrador”. Y es que, dijo un poblador, “este presidente sí visita Temaca”. A un lado del quiosco, a unos cuantos metros de donde los legisladores charlaron con la población, un cartel pintado con letras negras, bien negras, indicaba: “Los ojos del mundo están en Temacapulín”.

Indignación

Los de Temaca andan enojados, llenos de ira. En cualquier ocasión muestran su indignación. Ejemplos hay muchos. El más reciente fue cuando María Alcaraz Martínez dirigió unas palabras a los legisladores que visitaban su pueblo. Ella habló, y los legisladores escucharon. En su discurso se condensaron la irritación, el pundonor, el tesón, la ira, el desazón y la dignidad: “Llevamos cinco años de lucha y seguimos de pie […] No nos vamos a salir de Temaca, no somos animales para que nos lleven de un potrero a otro. Aquí vamos a vivir, y aquí vamos a estar en nuestro pueblo: no lo vamos a dejar…, sólo muertos”.

Estas palabras fueron escuchadas reflexivamente por un poblador de Temaca que cargaba en sus manos una cartulina amarilla con un mensaje pintado en letras verdes: “No es lo mismo vivir con el miedo de perder la tierra a vivir luchando por defenderla”. A su lado, una señora, morena como la tierra, en un cartel exponía: “Nuestras sagradas tierras afectadas por la presa El Zapotillo se defienden con el derecho que da la civilización sobre la barbarie, la moral contra el crimen. Nada es más débil que la fuerza empleada en oprimir”.

Los caminos recorridos: los argumentos

Claudia Gómez es integrante del colectivo COA y asesora jurídica de los pobladores de Temacapulín. Sabe perfectamente la situación, el cómo va la defensa. El viernes pasado, ante legisladores del PT y del PRD que visitaron el poblado de los Altos de Jalisco que se pretende inundar, describió claramente los mecanismos que se han usado: “se han recorrido todos los niveles de gobierno, todas las posibilidades legales, jurídicas y administrativas. Se ha ido al Congreso, a la Cámara de Diputados, a la Cámara de Senadores, se hicieron puntos de acuerdo en los dos lados, se fue al Congreso del Estado, se fue al Ejecutivo federal, hubo reuniones con el gobierno del Estado de Jalisco, hubo reuniones municipales, hubo acciones internacionales, pero el gobierno no entiende a la gente y no ha habido respuesta”.

Los de Temaca han ido de aquí para allá, han tenido reuniones, concentraciones, mítines, charlas, conferencias, entrevistas…, han hecho presencia. Han estado ejerciendo su dignidad, y su inteligencia. Han dado la lucha por la vía legal. Hay una suspensión judicial al plan de reubicación, pero las autoridades empecinadas por la construcción de la presa El Zapotillo han mostrado desdén, puro desdén. Las máquinas para edificar el embalse están trabajando ya. Los del pueblo están hartos de ellas, y es que perforan sus tierras y pretenden inundar su pasado y su presente: negarles el futuro. Los de Temaca saben que sus argumentos son más convincentes, que ellos ganan, que tienen la razón. No dejan de rezar ni de pedirle al Cristo que un día se les apareció en una roca la recapacitación de las autoridades: “Señor de la Peñita, reubícales el cerebro a nuestros gobernantes para que piensen mejor y cancelen la presa El Zapotillo”.

La intimidación

El viernes pasado, cuando López Obrador y 26 legisladores hablaban con los habitantes de Temacapulín, se miró cómo se intimida en Jalisco, cómo se las gasta Emilio González Márquez. Llegaron policías con lentes oscuros y metidos en sus uniformes grises, montando 7 gigantescas camionetas RAM 2500, sin placas y con los números de unidad tapados por una cinta negra. Bajaron como si fueran a una refriega contra sicarios del narcotráfico, portando en sus manos fusiles AR-15 (capaces de escupir cien balas en unos cuantos segundos). Llevaban también, enrolladas en sus piernas, pistolas calibre 45. Sus chalecos sostenían varios radios desde donde salían constantemente voces. Se apostaron alrededor de la plaza: eran 27 elementos de la Policía Estatal y 12 policías del municipio de Cañadas de Obregón. Porfirio Muñoz Ledo, diputados del PT, al atisbar su presencia, se dirigió hacia ellos y les dijo, con voz firme, que eran diputados y senadores y que venían a un acto democrático; les instó, “siguiendo la Constitución y la ley”, a retirarse, porque no había narcos, ni delincuentes ni asesinos.

Quien se dijo el comandante Hernández argumentó que estaban patrullando la zona, que era su trabajo y que se quedarían ahí. Y ahí se quedaron unos cuantos, en la esquina de la plaza, con sus AR-15, como si pronto fueran a entrar a un cruento combate. Se les cuestionó si venían a Temaca por la presencia de López Obrador y de los legisladores. Dijeron que estaban en un operativo “cotidiano”. Fue todo. Pronto, los del pueblo desmintieron a los policías: casi nunca se aparecen, y cuando lo hacen, arriban en dos o tres patrullas. No más. “Lo hicieron por venir a hacer desmadre”, dijo una señora de pelo blanco que sonreía por la presencia de López Obrador en Temaca.

Un compromiso

El diputado Enrique Ibarra anunció en Temaca que los legisladores ahí presentes firmaron un manifiesto. Y lo leyó. En el primero punto, la gente estalló en júbilo: “solicitamos se cancele de inmediato, y de manera definitiva, el proyecto de la presa el Zapotillo”. Aplausos, vivas, y el canto de “Temaca vive, la lucha sigue”. Andrés Manuel López Obrador se comprometió a llevar el tema a otras instancias, e incluirlo en la próxima Cumbre del Clima de la Organización de las Naciones Unidas, a celebrarse en la ciudad de México. Para el ex jefe de Gobierno del Distrito Federal, en el proyecto de la presa El Zapotillo, “todo es puro dinero, todo es pura corrupción, están seguramente funcionario del PAN coludidos con empresarios de la construcción, que es lo que siempre hacen”.


Temaca, con sonrisa y mano empuñada

Temaca es un pueblo consciente de su valía y de su historia. Sus habitantes no quieren irse. No quieren ser trasladados ni reubicados ni desalojados. Quieren estar donde nacieron, donde viven, donde están sus muertos y sus recuerdos, los olores que huelen, los sabores que prueban. Emilio Jáuregui, joven que ha vivido toda su vida en Temaca, después de la visita de los legisladores a su pueblo, comentó: “el gobierno está cometiendo un atropello contra la gente de aquí”. Y agregó enojado, con indignación: “aquí somos más de mil personas que no contamos para los gobiernos. Ellos nos quieren sacar como si fuéramos unos pinches animales y mandarnos a otro lugar”. José Merced, amigo de Emilio, que nació en Temaca y trabaja en Monterrey, tampoco quiere que se muera su terruño: “Es algo gacho. Yo voy a regresar a mi pueblo, y si lo llegan a inundar, ¿luego qué chingado?, ¿a dónde llego? Se te quita lo que has vivido aquí”.

Juliana Limón, el viernes pasado, se puso de manteles largos por la visita de los legisladores y preparó varios litros de agua de jamaica, que regaló a quien se acercara a una mesita que colocó en una esquina de la plaza. Como habitante de Temaca, quiere la tranquilidad, “que nos dejen en paz”, dijo con esperanza y optimismo por la vista de López Obrador a su pueblo. Isaura Gómez, al lado de Juliana, agregó: “primeramente el señor de la Peñita y la Virgen de los Remedios, con esto vamos a triunfar”.

La plaza se quedó casi vacía después de la visita de López Obrador y los 26 legisladores. Sólo se mira a Josefa Gómez ayudada por Cuca Gómez en su trayecto de regreso a su hogar. Josefa ya no puede caminar rápido: le duelen sus piernas. Un bastón la ayuda, pero no es suficiente. Su voz apenas es audible. Vino a la plaza a mirar a López Obrador. No quiere que la reubiquen. Sus más de 82 años los ha pasado en Temaca, y los que le quedan, los quiere seguir pasando ahí, en su pueblo. Repetía trabajosamente: “no queremos perder nuestra casa”. Y la “casa”, para doña Josefa, no son cuatro paredes: la casa, para ella, es la tierra que pisa, la tierra que la vio crecer, que le dio alegrías y tristezas, que ahora le da vida. Como Josefa, los de Temaca no quieren perder su casa, su tierra: ellos la quieren y por ella se mueren.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2010::

domingo, agosto 30, 2009

La defensa de Temacapulín

Temacapulín al amanecer Foto: César Huerta/Extensión Medios

Jorge Gómez Naredo

La Jornada Jalisco

I

Defender con tesón, amor y cariño, con inteligencia, agudeza y perseverancia. Defender con las manos, los ojos y el pensamiento, con las lágrimas, la voz y la palabra. Defender con el cielo arriba y con la historia atrás, como escenario. Defender porque no hay otro sendero, porque la defensa es el único objetivo, porque es el sueño y la sobrevivencia, porque es lo que queda, lo que no se puede dejar de hacer: lo que no se debe, bajo ninguna circunstancia, perder. Así lo han hecho los habitantes de Temacapulín, que no se cansan, que no cejan, que no flaquean ni se vencen, pues continúan resistiendo e inconformándose. Ante un gobierno insensible y clasista, los de Temaca andan, se mueven.

Los del gobierno llegan y quieren engañar a los habitantes de Temacapulín: dicen que pronto estarán mejor, que si dejan sus casas, sus muertos y sus recuerdos, la vida será más bella, más llena de felicidad; que si se marchan y permiten la construcción de la presa El Zapotillo (que dotará de agua a las grandes empresas de León) ellos, los de Temaca, se harán ricos, o quizá no ricos, pero sí llenarán sus manos con unos cuantos pesos; que si se largan y no alzan la voz y obedecen y no se ponen rejegos, todo irá bien, y el lugar donde serán reubicados, velozmente, se convertirá en su casa, su hogar, y la tierra para vivir y sobrevivir, para morir y ser enterrados. Y los de Temaca no creen en las palabras de los enviados del gobierno, porque abajo, en el pueblo, los dichos de los emisarios de las autoridades están llenos de falacias, de engaños…, llenos de veneno.

II

En cómodas oficinas de edificios lujosos, los del gobierno hablan, conferencian y deciden quién construirá la presa El Zapotillo: ahí, en esas reuniones, se planea la vida de los “afectados” y se les ubica en algún lugar de un mapa. Ahí, en esas reuniones, se piensan las licitaciones para que una empresa construya la presa, para que quede todo claro acerca de los pagos, de los beneficios y de los dineros a repartir. Ahí, en esas reuniones, la gente va de traje y corbata, y usa computadoras portátiles, y pone mapas en pantallas digitales y decide qué pueblo se mueve y qué pueblo se queda. Ahí, en esas reuniones, los de Temaca son silencio. Sí, los “afectados” no están: son invisibles.

Y es que los “afectados” no tienen acceso a los cónclaves donde se decide su futuro. Los de Temacapulín, los de Palmarejo y los de Acasico están ausentes de esas tertulias: jamás se les ha tomado en cuenta en las grandes decisiones, en las reuniones “importantes”. Ellos, según la mirada de los del gobierno, deben obedecer. Y largarse de donde viven porque pronto será inundado su pueblo, y con él, la iglesia del lugar con su Virgen de los Remedios; y la piedra donde un día se apareció un Cristo y se quedó ahí, como para mirar a todos los habitantes de Temaca; y también el camposanto (porque ahí, en él, los muertos se convierten en santos). Todo quedará debajo de las aguas.

III

Los de Temaca luchan. Y han luchado con todos los instrumentos posibles. Un recurso legal por acá, un amparo por allá, un juicio de nulidad aquí, etcétera. Y también se han movilizado y han buscado estrechar lazos con otras organizaciones y personas afectadas por la construcción de presas. Se han manifestado, han caminado, han hecho pancartas, han alzado la voz y no se han callado. Sí, los de Temaca han utilizado los recursos “legales”, y a pesar de haber interpuesto varios, los del gobierno quieren construir la presa y con sus ejércitos de abogados, desechan (no sin corrupción) y menosprecian todas las medidas legales presentadas. Y es que en este país, las leyes (supuestamente objetivas) benefician a quien tiene dinero. Y también a quien tiene poder.

Casi todos tienen sueños. Algunos, por ejemplo, elucubran con ser elegidos diputados y después alcaldes; otros más, en convertirse en gobernadores o presidentes del país. Unos anhelan la gerencia de la empresa. Unos más pretenden fama. Los habitantes de Temacapulín tienen muchos sueños. Pero un muy importante y admirable. Es un sueño colectivo. Desean vivir donde siempre han vivido, habitar la tierra donde han derramado sus lágrimas, esa misma tierra que ha escuchado sus risas. Quieren a su pueblo ahí, donde está, donde siempre han estado. Y esos sueños (lástima que no lo entiendan las autoridades), son los sueños más sinceros, los más humildes. Y los más revolucionarios: los sueños que mueven a la humanidad, que le dan vida.

jorge_naredo@yahoo.com



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

jueves, marzo 05, 2009

La Muerte de Temaca

ALAI, América Latina en Movimiento

México

La Muerte de Temaca

Carlos Beas Torres

Ahora en México sabemos que Temacapulín es un pequeño pueblo enclavado en Los Altos de Jalisco, en el occidente del país; apenas hace unos meses conocimos sus calles empedradas, muchas de sus casas en ruinas, su vieja y bella basílica y sus edificios coloniales, un ambiente que nos recordó de inmediato la atmósfera irreal y misteriosa de Comala, el pueblo retratado en la genial obra del escritor Juan Rulfo. Nos pareció que ahí el tiempo se había detenido desde hacía muchos años.

Sus gentes nos dijeron que ahora viven ahí sólo unos pocos centenares de pobladores, ya que la mayoría de sus habitantes habían emigrado buscando la vida en ciudades como Guadalajara, Monterrey y Tijuana. Otros muchos de los hijos ausentes como llaman a los migrantes están ahora en los Estados Unidos, principalmente en California.

En voz de su cronista Miguel Angel Casillas nos enteramos que Temaca cuenta con una larga historia, ya que tuvo un primer poblamiento allá por el siglo XI y que sus antiguos habitantes los pueblos cazcanes y tecuexes lograron en 1541 derrotar al sanguinario capitán español Pedro de Alvarado. Con orgullo nos platico en una pequeña fonda y acompañados de una cerveza que estos pueblos mantuvieron durante muchos años una férrea resistencia en contra de los invasores europeos y nutrieron las huestes de Tenamaxtli en la llamada guerra del Mixtón. Que los abuelos de sus abuelos fueron derrotados por los españoles y una vez sometidos muchos de ellos fueron enviados en calidad de esclavos a las minas de plata de Zacatecas y Guanajuato, donde fueron exterminados. Por ello todavía entre los pueblos alteños, se llama a los nativos de Temaca como “los indios”.

Al paso de los años y ya en la época colonial Temaca fue declarado como Republica indiana y tiempo después sus gentes participaron activamente en la guerra de Independencia, esta tradicional liberal la mantuvieron y a diferencia de otros pueblos alteños, los pobladores de Temaca no se sumaron a la llamada Cristiada.

Ahora en los periódicos aparece cada vez más el nombre de este pequeño y casi desconocido poblado, gracias ya no sólo a su Cristo de la Peñita y a sus numerosos manantiales y balnearios. Ahora es cada vez más conocido por la tenaz resistencia de sus gentes quienes se oponen a la desaparición de su pueblo bajo las aguas de la represa El Zapotillo. Esta gigantesca obra hidráulica la pretenden construir el Gobierno de Jalisco y la Comisión Nacional del Agua (CNA) en contubernio con grandes empresas constructoras para beneficiar principalmente a industriales y fraccionadores de León.

Según el proyecto elaborado por la CNA esta represa contará con una cortina de 105 metros de altura y almacenará 911 millones de metros cúbicos de agua provenientes del río Verde y su embalse inundará casi 4,000 hectáreas, borrando del mapa a tres poblaciones: Acasico, Palmarejo y Temacapulín. La resistencia pacífica de sus habitantes se ha expresado desde el año 2005 y ha venido creciendo en la medida de que los atropellos gubernamentales se han incrementado. Los opositores a la presa han denunciado que el gobernador panista del estado Emilio González sólo los ha engañado, ya que se comprometió a organizar una consulta en torno a la obra y nunca la convocó, negándose además a recibirlos; de Luege Tamargo titular de la CNA sólo han recibido amenazas, ya que en tono autoritario les dijo que la “presa va porque ya lo dijo así el Presidente Calderón”

Sabemos que desde hace años, los pobladores de Temaca, han vivido en la angustia, la zozobra y han sido sometidos a numerosas presiones y maniobras por parte de los funcionarios de los Gobiernos estatal y federal. Recientemente el titular del Consejo Estatal del Agua de Jalisco, César Coll Carabías trato infructuosamente de criminalizarlos, argumentando que los opositores a la presa estaban agrediendo a las personas que estaban a favor de la misma. Con el fin de debilitar al movimiento el sacerdote Gabriel Espinoza, quién se había destacado en las acciones de resistencia pacífica fue removido y trasladado por órdenes de la jerarquía católica a una parroquia distante.

Una noche del pasado mes de Junio en que caminaba por las solitarias calles de Temaca, me encontré con una anciana sentada a la puerta de su casa, ella me dijo con voz entrecortada que estaba vieja y cansada, muy triste y atemorizada, pues tenía miedo de que la sacaran de su casa y la llevaran a un lugar desconocido lejos de sus recuerdos y de sus muertos, me despedí sin siquiera saber que decirle. Al retirarme alcance oír como un susurro que me decía, “no dejare que me lleven, aquí nací y aquí me voy a morir”.

La resistencia de las gentes de Temaca en contra de este megaproyecto ha venido siendo acompañada principalmente por algunas pequeñas organizaciones ciudadanas y ambientalistas de Jalisco y algunas más del país que han constituido el Comité Salvemos a Temacapulín, Acasico y Palmarejo. También en diferentes partes del mundo se empiezan a levantar voces demandando la cancelación de esta obra que agravia a la población local, destruye un invaluable patrimonio cultural y trae consigo graves impactos ambientales.

Sin embargo sabemos bien que es necesaria una gran movilización ciudadana para frenar la locura que significa el desaparecer estos viejos pueblos, para detener la imbecilidad que representa el ahogar lugares cargados de historia y de belleza. Bien sabemos lo que sufre la gente cuando le inundan su pueblo, me pregunto ¿que hace falta para que los jaliscienses y los mexicanos despertemos y detengamos este acto de barbarie?

Este atropello en contra de las gentes de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, este gran negocio de los señores del poder sólo podrá ser detenido a través de acciones amplias de protesta que le hagan entender a los funcionarios panistas que no son los dueños de México. Disculpen mi palabra, pero aunque algunos no les guste, les digo: Temaca no debe morir. Temaca merece ser salvado.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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