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martes, septiembre 29, 2009

Raúl Alejandro Padilla Orozco y las "mujercitas": una visión machista


Jorge Gómez Naredo
28 de septiembre de 2009

Hablan de equidad de género, de respeto a las mujeres. Se llenan la boca de igualdad de oportunidades. Hacen mesas redondas y destinan cierta cantidad de dinero para echar a andar Institutos de la Mujer. Parece ser que, con el simple hecho de desearlo, de pensarlo, se solucionará la desigualdad existente entre géneros. Quizá lo creen. Quizá están convencidos de ello. Hasta eso: suelen ser políticos, educados; tratan de eliminar de sus discursos públicos alguna alusión despectiva a las mujeres. Ellos van por la equidad de género y hasta siguen los marcos legales que se han impuesto para promover la igualdad. Los respetan, pero los violan después: ahí está el caso de diputadas de la actual Legislatura, que nomás iniciarse las sesiones y tomar posesión de su cargo, pidieron licencia para que, en su lugar, entraran hombres. Pero si a la clase política se le cuestiona, si se le pregunta, si se le inquiere: toda ella está por la equidad de género. Eso atrae votos. Y es políticamente correcto. Al fin y al cabo, son políticos, administradores públicos, "representantes populares".

Pero, de vez en cuando hay uno que otro que se sale de lo correcto, de lo bien visto, alguien que dice lo que piensa, que reproduce con sus palabras lo que desea, que desnuda su personal modo de pensar. Eso le pasó a Raúl Alejandro Padilla Orozco, ex presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servitur), ex diputado panista federal, ex precandidato a la alcaldía de Zapopan, hoy vicepresidente del Club Atlas y siempre, o casi siempre, ramirezacuñista empedernido. Espetó el martes pasado: "Nosotros somos los responsables de administrarlo (al Club Atlas), yo digo que basta de quejarnos como mujercitas lo que debemos defender como hombres".

¿Qué quiso decir Orozco Padilla con esta declaración?, ¿acaso que las mujeres son plañideras y los hombres, jamás derraman una lágrima?, ¿o quizá lo que deseó dar a entender fue que las mujeres son débiles y los hombres fuertes? Sin duda, al empresario y ex diputado federal (que se supondría debería tener mayor delicadeza en las palabras que salen de su boca) de poco le sirvieron las campañas de difusión donde se promueven la equidad de género. Para Orozco Padilla, las mujeres son frágiles, lagrimean constantemente y se quejan de todo, mientras los hombres son fuertes, no gimotean ni se lamentan: afrontan los problemas con destreza y fortaleza. Sí, no cabe duda, las declaraciones de Raúl Alejandro Padilla Orozco parecen las de un personaje de la época colonial mexicana, o las de un inquisidor que quemaba "brujas" en el siglo XVI, o quizá las de un oscuro individuo de la Edad Media. Y eso que Padilla Orozco ya pasó por la Cámara de Diputados...

El respeto a las mujeres y el apoyo a la equidad de género están en los discursos empresariales, políticos y ciudadanos, pero en la práctica, las cosas son distintas. El jueves pasado, Arturo Chávez Chávez fue ratificado por el Senado como Procurador General de la República. Este personaje, hace algunos años, fungió como Procurador de Justicia de Chihuahua. En dicho cargo nada hizo por esclarecer los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y ejerció inmisericorde desdén a los familiares de las víctimas. ¿Acaso Felipe Calderón lo designó por su incompetencia y las bancadas del PAN y del PRI lo ratificaron por sus falta de sensibilidad a los feminicidios que tanto indignan al mundo? El que Chávez Chávez sea hoy titular de la Procuraduría General de la República (PGR) es el vivo ejemplo del poco respeto que buena parte de la clase política le tiene a las mujeres, a la equidad de género y a la memoria de cintos de mujeres victimadas por ser mujeres y, además, por ser pobres.

¿Cuándo los discursos oficiales de equidad de género y de respeto hacia las mujeres pasarán de eso, del discurso?, ¿cuándo tendremos a una gobernadora de Jalisco, a una presidenta del Club Atlas, a una Procuradora de Justicia?, ¿cuándo la política y la vida en México dejarán de ser tan machistas y tan injustas?

jgnaredo@hotmail.com

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

lunes, agosto 24, 2009

Una lectura feminista sobre Acteal



R. Aída Hernández Castillo

La Jornada

El fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en torno al caso Acteal no hizo más que confirmar el desprestigio del Poder Judicial en México, ganado a pulso mediante una larga lista de resoluciones en contra de los movimientos sociales y en complicidad con los sectores del poder: protección a los genocidas del 68, a los gobernadores represores en Puebla y Oaxaca, a los paramilitares de Acteal; paralelamente rechazo a las controversias constitucionales de los pueblos indígenas, a las denuncias de Lydia Cacho, a los sobrevivientes de los movimientos estudiantiles del 68 y del 71.

Como feminista y como antropóloga jurídica, recorro cada uno de estos casos de impunidad y me llama la atención la manera en que la violencia hacia las mujeres sigue siendo legitimada y reproducida por el aparato de justicia, a pesar de todos los acuerdos internacionales firmados por el gobierno mexicano en los recientes diez años y de todas las leyes aprobadas para prevenirla y sancionarla, parecemos estar en el mismo punto que hace casi 12 años cuando se llevó a cabo la masacre de Acteal. En ese entonces, un grupo de feministas que trabajábamos en la zona y que teníamos conocidas y amigas entre las mujeres asesinadas en Acteal, nos dimos a la tarea de recopilar testimonios de las sobrevivientes y de reconstruir desde una perspectiva de género la historia de la paramilitarización de los Altos de Chiapas. Estábamos movidas por una profunda tristeza e indignación ante la violencia con la que fueron masacrados hombres, mujeres y niños, pero también por la convicción de que no era un caso aislado de violencia intracomunitaria, sino parte de una estrategia más amplia de guerra de baja intensidad en la que los cuerpos de las mujeres se estaban utilizando como campo de batalla.

Cuando nos dimos a la tarea de escribir La otra palabra: mujeres y violencia en Chiapas, antes y después de Acteal, reaccionábamos también ante la indiferencia con la que se manejó la violación por parte de militares de las tres hermanas tzeltales Méndez Sántiz, el 4 de junio de 1994; la violación por parte de paramilitares de Silvia, Lorena y Patricia, tres enfermeras que trabajaban en San Andrés Larráinzar, el 4 de octubre de 1995; de la violación y tortura por parte de policías judiciales de Julieta Flores, activista de la Unión Campesina Popular Francisco Villa, el 15 de diciembre de 1995; la violación en la zona de los lagos de Montebello, el 26 de octubre de 1996, de Cecilia Rodríguez, activista chicana pro-zapatista y presidenta de la Comisión Nacional por la Democracia en México. Estos casos, todos denunciados y documentados, cuyos perpetradores nunca fueron castigados, nos llevaron a pensar que no era casualidad que la violación sexual y la violencia contra las mujeres estuvieran siendo utilizadas como arma de represión tanto por grupos paramilitares como por el propio Ejército Federal, ni que hayan sido mayoritariamente mujeres las asesinadas en la masacre de Acteal. La participación política de las mujeres indígenas las había convertido en una amenaza, tanto para las estructuras de poder comunitario, como para los grupos de poder estatal y nacional. Paralelamente, las ideologías patriarcales que ven a las mujeres como depositarias del honor familiar, hacen que en muchos contextos de guerra el ataque y la violación a las mujeres sean vistos como un ataque a los hombres del grupo enemigo. El grito de ¨Hay que acabar con la semilla”, enarbolado por los paramilitares al atacar a las mujeres embarazadas en Acteal, expresa mucho del contenido patriarcal de estas prácticas de guerra. La ideología compartida por un amplio sector de la población de que las mujeres somos por excelencia fuentes de vida nos convierte a la vez en un importante objetivo de guerra.

En los 11 años que han pasado desde la masacre de Acteal, el gobierno mexicano ha firmado los protocolos facultativos de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (2002), y de la Convención Contra la Tortura (2005). así como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belem do Pará 1998). Estos compromisos internacionales han sido letra muerta y no han limitado ni frenado a las fuerzas represivas del Estado. En estos 11 años nos ha tocado documentar la violación sexual de las mujeres de Atenco por parte de efectivos policiacos; la violación y asesinato de Ernestina Ascención Rosario, por parte de cuatro efectivos del Ejército en la Sierra de Zongolica, en el estado de Veracruz; la violación y tortura de Inés Fernández Ortega, en Ayutla de los Libres, Guerrero, por parte de militares, por mencionar dos de los casos más denunciados. Pero no se trata de casos aislados pues, según reportes de Amnistía Internacional, desde 1994 a la fecha se han documentado 60 agresiones sexuales contra mujeres indígenas y campesinas por parte de integrantes de las fuerzas armadas, sobre todo en los estados de Guerrero, Chiapas y Oaxaca (precisamente estados en donde hay una gran efervescencia organizativa).

La resolución de la Suprema Corte de Justicia en torno a Acteal nos confirma que el gobierno mexicano no sólo ha fallado en prevenir y sancionar el feminicidio, entendido en un sentido amplio cómo una categoría que incluye toda aquella muerte prematura de mujeres ocasionada por una inequidad de género caracterizada por la violación histórica, reiterada y sistémica de sus derechos humanos y civiles, como nos lo ha demostrado la investigación promovida por la 59 Legislatura sobre violencia feminicida en México, sino que ha sido indirecta y directamente responsable de la utilización de la violencia física y sexual como estrategias represivas contra los movimientos sociales. Para el caso Acteal y para todos los otros casos de violencia de género documentados, exigimos que el gobierno mexicano cumpla con los compromisos internacionales adquiridos y haga justicia castigando a los culpables.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

jueves, marzo 19, 2009

Las feministas debemos ser más radicales: Sabina Berman

  • La diversidad sexual debe ser parte del movimiento de mujeres, sostienen activistas
    Rocío Sánchez

    México DF, marzo 18 de 2009.
    “Las feministas estamos siendo muy conservadoras, no somos tan radicales como deberíamos ser”, afirmó Sabina Berman, dramaturga mexicana, en el segundo día de labores del XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se lleva a cabo en esta ciudad.
    “Tenemos que asumir que ya ganamos la batalla cultural, que los valores del movimiento feminista ya están en las agendas políticas”, expuso la también psicóloga, como estrategia para enfrentar a los fundamentalismos actuales. Como segundo paso, opinó, es necesaria “la laxitud, es decir, dar por hecho que estamos en una democracia y sentarnos a hablar con los fundamentalistas, hacerles ver sus contradicciones”.
    Esto, dijo, porque la democracia que se vive en la actualidad no es real. “Democracia significa que 50 por ciento del poder esté en manos de las mujeres; lo demás son componendas intelectualizadas”.
    Las feministas de hoy están siendo “demasiado amables” con los fundamentalismos, por lo que es necesario asuman al feminismo como un movimiento incluyente de la diversidad sexual, al ser una lucha para desarmar el género como motivo de opresión.
    En el mismo sentido, Ana Lucía Ramírez Mateus, cineasta y defensora de los derechos de las mujeres lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales (LBTI), señaló que uno de los fundamentalismos más fuertes es la creencia de que hay una única forma de ser mujer. Esto ha propiciado la exclusión de aquéllas que no entran en el estereotipo, quienes pareciera que “estamos condenadas a nunca poder ser mujeres”, dijo la activista colombiana, quien se asume como bisexual.
    Los fundamentalismos también están “dentro de las cabezas y los corazones”, aseveró, por lo que es necesario primero reconocerlo para que después deje de ser así. Respecto a la participación de mujeres transexuales en el movimiento feminista, Ramírez Mateus se pronunció a favor y dijo que “señalar a mujeres que nacieron sin vagina y decir que por eso no son mujeres es fundamentalismo”.
    En ese sentido, Morena Soledad Herrera, activista de El Salvador, rechazó que las feministas puedan ser fundamentalistas porque el fundamentalismo implica formar parte del aparato de dominio.
    Propuestas feministas
    Morena Soledad Herrera conminó a las participantes a replantear las propuestas feministas frente a los fundamentalismos y a ser propositivas frente a los ataques del conservadurismo. “No ofrecemos alternativas de disfrute y cotidianidad placentera que los fundamentalismos sí ofrecen”, observó la ex diputada, puesto que instituciones como las iglesias brindan espacios para mejorar el día a día de las mujeres (como el bienestar familiar) que resultan más atractivos para ellas.
    También es necesario revisar lo que se ha propuesto, por ejemplo, en materia de violencia contra las mujeres, ya que, paradójicamente, como castigo “hemos exigido un aumento de la violencia legitimada que ejerce el Estado”, es decir, penas más altas y sanciones más severas para los agresores.
    Es importante, concluyó Herrera, contextualizar las propuestas feministas, pues se ha visto que los fenómenos sociales, económicos y culturales no afectan de la misma manera a todas las mujeres.
    Pronunciamiento de Nicaragua
    Al inicio de la jornada, mujeres nicaragüenses (“de nacimiento y de corazón”) ocuparon el estrado para agradecer el apoyo que han recibido de mujeres de todos los continentes desde que el gobierno de Daniel Ortega las ha perseguido políticamente, tanto por la oposición a la prohibición del aborto como por la defensa de su hijastra, quien lo acusó de violación.
    Con una manta en la que se leía “Nos persiguen porque somos defensoras de los derechos humanos de las mujeres”, las activistas denunciaron la represión que inició con nueve de ellas y que se ha extendido mediante una alianza entre la Iglesia católica y el partido en el poder en Nicaragua.
    A pesar de que en ese país está prohibido todo tipo de aborto desde noviembre de 2006, las feministas proclamaron: “No desmayaremos, aquí estaremos porque la revolución popular sandinista con justicia hacia las mujeres todavía está pendiente”.
    Cerraron su participación al grito de “¡No tenemos miedo!”, mientras la audiencia repetía a coro “¡No están solas!”.
  • lunes, diciembre 31, 2007

    En 2008 se celebrará un siglo del natalicio de Simone de Beauvoir


    Ericka Montaño Garfias

    El segundo sexo, su obra más reconocida, no era la favorita de la escritora francesa

    Considerada estandarte del movimiento feminista, sus postulados de igualdad aún no son alcanzados

    Su relación con Jean-Paul Sartre marcó su vida y yacen en la misma tumba

    El 9 de enero marca el arranque de las celebraciones por el centenario del natalicio de la escritora francesa Simone de Beauvoir, cuya presencia ensayística fue el parteaguas del pensamiento feminista de mediados del siglo XX con su libro El segundo sexo, en el que sostuvo que las diferencias entre hombres y mujeres no son naturales sino culturales, y si bien fue su obra de mayor repercusión en el mundo, no era la que ella elegía como su favorita.

    “El libro que prefiero es Los mandarines, porque lo escribí en un momento en el que estaba verdaderamente en el fuego de la vida, yo sentía el problema del tiempo y escribí esta novela con mucha pasión”, dijo en una entrevista publicada por Le Monde en 1978.

    En esa charla con Pierre Viansson-Ponté, De Beauvoir ratificó la frase que la hizo el icono del movimiento feminista: “On ne naît pas femme: on le devient”, escrita en El segundo sexo, ensayo en el que hace un análisis científico, histórico y literario sobre la situación de la mujer en occidente. Esa frase ha sido traducida de diferentes maneras: “una no nace mujer, se hace”; “una no nace mujer, sino que deviene mujer” o “una mujer no nace, se construye”. Todas ellas válidas, todas ellas ciertas, y marcaron el afianzamiento de la teoría de género.

    En el momento en que ella la escribió se habían logrado algunas cosas: el derecho al aborto legal (al menos en Francia) y la emancipación sexual, aunque ella advertía que la verdadera independencia e igualdad no serían posibles sin la independencia económica, si la mujer no obtenía los mismos trabajos que el hombre, mejor aún, los mismos salarios que el hombre.

    El libro se publicó en 1949, y a punto de cumplir seis décadas, aún no se logra esa prerrogativa en la mayoría de los países. De acuerdo con el Índice de Equidad de Género de 2007, elaborado por la organización Social Watch, “la brecha entre mujeres y varones sigue existiendo en todas las naciones”, y “en ningún país (de los 154 sometidos a estudio) las mujeres disfrutan de las mismas oportunidades que los varones”. Se toman en cuenta aspectos como la actividad económica, el acceso al poder y la educación.

    En el índice cero indica menor equidad, cien mayor equidad. Los países que encabezan la lista son Suecia, Finlandia y Ruanda, aunque con menos de cien puntos; mientras que Francia tiene 64 puntos y México 61.

    Simone Lucie-Ernestine-Marie Bertrand de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 en París. Su familia, de origen burgués, vino a menos por los malos manejos económicos de su padre, Georges de Beauvoir, mientras que por parte de su madre, Françoise de Brasseur, recibió una férrea educación moral cristiana de la que se desmarcó en cuanto pudo.

    Estudio en La Sorbona, donde conoció al filósofo Jean-Paul Sartre, con quien compartió no sólo una relación amorosa que duró toda su vida sino también la filosofía existencialista. Ambos de izquierda, realizaron viajes a varios países como Estados Unidos, Cuba y China.

    De Beauvoir formó parte de la Resistencia Francesa, colaboró con Sartre en la revista Les temps moderns. En su obra se encuentran los ensayos Para qué la acción, Para una moral de la ambigüedad, El existencialismo y la sabiduría popular, El segundo sexo, El pensamiento político de la derecha y La larga marcha.

    Sus novelas son siete: La invitada, La sangre de los otros, Todos los hombres son mortales, Los mandarines (con la que obtuvo el Premio Goncourt, el más importante en Francia), Las bellas imágenes, La mujer rota y Cuando predomina lo espiritual; además de ocho libros de memorias, entre los que sobresalen Memorias de una joven formal, La fuerza de las cosas, La vejez, y La ceremonia del adiós, publicado en 1981, un año después de la muerte de Sartre, en la que hace un homenaje a su compañero. También escribió una obra de teatro: Las bocas inútiles.

    A los estudiosos les apasiona no sólo la obra de la filósofa, sino también sus relaciones amorosas: Sartre, primero y siempre, a quien nunca pudo dejar aun cuando tuvo otras relaciones importantes con Nelson Algren, quien la dejó al comprender que nunca abandonaría a Sartre, y Claude Lanzmann, quien entendió que para estar con ella tenía que aceptar su relación con el padre del existencialismo, fallecido el 15 de abril de 1980.

    Simone de Beauvoir murió el 14 de abril de 1986 en París. Sus restos descansan en la misma tumba que Jean Paul Sartre.


    ::Apoyando al Peje en 2008::

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