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jueves, agosto 07, 2008

El Lobby -MAURICIO FERRER -

El Lobby

MAURICIO FERRER

Indiferencia y silencio=pecados sociales

“No seas cómplice de los pecados sociales con tu indiferencia y tu silencio”, es la advertencia que lanzan los pobladores de Temacapulín a través de la Internet, ante la amenaza de que el pueblo desaparecería del mapa de Jalisco debido a la construcción de la presa El Zapotillo.

El Movimiento en Defensa de Temacapulín ha traspasado el entorno local. Más allá de los famosos macheteros de “San Mateo Atenco” que dice el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, ya tiene detectados en la zona, la lucha social de los de Temaca ha cruzado fronteras gracias al ciberespacio.

El sitio es la fiel reproducción del boletín impreso “Temacapulín de los Remedios”. Es el “informativo electrónico” hecho por el presbítero Gabriel Espinoza Iñiguez, el señor cura del poblado, quien nada tiene que ver con el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, aun cuando el apellido sea el mismo.

“Antes que la destrucción nos alcance”, inicia en letras rojas la portada del sitio www.temacapulin.com.mx. Y antes de que una acción apocalíptica llegue a Temaca –no de la mano de Dios, sino de la del PAN–, el presbítero ironiza sobre la construcción de El Zapotillo que, “paradójicamente, quiere, ahogando nuestro patrimonio, mejorar nuestras tradiciones”.

“Paradójico, porque en sentido contrario al del poeta debemos estar ciegos, pues no vemos lo que tan gran proyecto nos beneficia”, prosigue.

“Paradójico que haya que perjudicar al pueblo para beneficiar al pueblo. Entonces se cumple aquello de que: si antes había guerras, era por el egoísmo de algunos, y si ahora ya no las hay, ¿es por el egoísmo y vanidad de las mayorías?”, cuestiona el religioso.

Para el párroco local, los culpables de la desaparición de Temacapulín tienen nombre: gobiernos federal y estatal, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la Comisión Estatal de Agua (CEA).

“Están traicionando a Temaca haciéndole grandes promesas, como el Gran Hermano de tiempos no tan lejanos del comunismo, que repartía la riqueza, pretexto de la justicia social, pero en realidad pocos eran los beneficiados y lo que a todos y todas seguro les tocaba era la miseria”, asegura.

En esto último no concuerdo con el religioso al asegurar que, el “satánico” comunismo tenga que ver con las políticas actuales. Si bien el comunismo tendrá sus errores, no ha sido un sistema implementado en el país como para achacarle los males nacionales.

Al contrario, la instauración de las políticas emanadas del neoliberalismo son las que han producido un sinfín de situaciones: medio ambiente destruido, desarrollo urbano caótico, desigualdad social, pobreza extrema, violación flagrante a las garantías individuales, etcétera, etcétera.

El neoliberalismo es como la Matrix. Sí, como la película. Se vive en una especie de software donde todo es desarrollo: computadoras, ropa de marca, celulares, iPhone, Blackberrys, etcétera. Un estado donde la familia –sobre todo la proveniente de la clase media– es el núcleo donde la manipulación neoliberal ha encontrado suelo fértil: vivienda a pagos, auto en abonos, ropa y electrónicos a 18 meses sin intereses, crédito en universidad privada a pagar a 10 años posteriores a la graduación; espejismos que, aunque ciertamente otorgan más comodidad, alejan de las verdaderas tradiciones nacionales, deshumanizan al consumidor de la suerte del otro que no tiene para un plato de frijoles y nos esclavizan al pago mínimo de tarjetas bancarias que bien, como mínimo, nos hacen tenerlas unos cinco años para alcanzar a pagarlas.

Cuando uno despierta del sueño Matrix, ve que todo está jodido: que aun cuando tenga algo de dinerito, sigue uno debiendo y debiendo y debiendo. Que por más carro que uno traiga, la ciudad es un relajo y avanza uno más rápido en camión. Así, cientos de situaciones que nos dejan ver un futuro que nunca llegará.

Y tiene razón el presbítero en hacer ruido ante la indiferencia y el silencio. Una película francesa titulada El odio, realizada en la década de los años 90, presenta esa desesperanza que enfrentan las clases desprotegidas, olvidadas de los gobiernos y vistas por las clases ricas como una amenaza, por lo menos con el simple hecho de rozar su piel.

La cinta refleja tres formas diferentes de ver la vida por tres jóvenes de los suburbios franceses: un árabe, un negro y un judío. Son tres formas de acobijar el odio hacia quienes los fustigan, los juzgan y los niegan, aunque sean parte de la realidad.

Pero en Francia es otro asunto. Lo mismo en Inglaterra, en cualquier país de Europa. Cualquier atentado contra la garantía de uno solo tiene la respuesta de miles, de millones. Lo mismo sucede en países sudamericanos como Argentina, Chile, cuyas dictaduras les han dado las herramientas a sus ciudadanos para luchar por lo que creen que afecta al bienestar común. Pero, ya lo decíamos en este mismo Lobby, ¿qué carajos puede importarnos Temaca?

En lo personal, mucho. Es un hecho que demostraría una vez más el aplastamiento del poderoso sobre el débil; que demostraría una vez más la impunidad; que demostraría una vez más que los políticos hacen lo que creen que “es mejor para Jalisco”; que demostraría una vez más la pasividad que tenemos como sociedad. Pero que podría demostrar también de qué estamos hechos y hasta dónde se puede soportar tanto desagravio.

“Son Judas traidores. A Cristo lo vendieron por 30 monedas de plata. A Temaca lo quieren vender por una presa que Jalisco quiere regalar a Guanajuato, y para justificar dicen que es proyecto federal, cuando sabemos bien que los 25 metros añadidos a la cortina los propuso Jalisco con el argumento de darle agua a Los Altos y a Guadalajara. Por un lado amarran navajas, pero con hábito de San Gestas “...sálvate y sálvanos”; y por el otro reparten la miseria de falta de soluciones que generen buena vecindad y progreso para todos”, concluye en el ciberespacio Espinoza Iñiguez, el párroco que no es nada de Sandoval Iñiguez.



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miércoles, julio 30, 2008

Temacapulín no es “San Mateo Atenco”

Foto: Zorro Tapatio

El Lobby

MAURICIO FERRER

Temacapulín no es “San Mateo Atenco”

“Yo sé que hay gente interesada en que no se haga, sé que hay extranjeros que tienen un interés que no conozco y que están ahí, los he visto pero no tengo los nombres, no sé qué interés tengan; sé que llevaron ya a los macheteros de San Mateo (sic) Atenco, pero sé también, porque estamos hablando con los verdaderos pobladores, que tienen interés en cambiarse, siempre y cuando el gobierno del estado les cumpla”, fueron las declaraciones que el pasado jueves 24 de abril lanzó al aire el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez.

Excelente fue la observación que hizo mi compañero de bancada jornalero, Juan Carlos G. Partida, quien sabiamente le puso el famoso “sic” entre paréntesis al inexistente caso de “San Mateo Atenco” que dijo el mandatario.

Fueron igual o peor las reacciones de algunos camaradas periodistas que, días posteriores le preguntaban a cuanto funcionario se encontraban por los macheteros de “San Mateo Atenco”.

El caso de los de “San Mateo Atenco” pasó a ser criminalizado incluso por la prensa sobre la presencia de éstos en Temacapulín, en el municipio de Cañadas de Obregón, que fueron, no explícitamente, pero casi casi se les ha calificado de “sonsacadores” de los habitantes del lugar, peligrosos “aborígenes” que sólo por la intervención de “extranjeros macheteros” fueron “manipulados” con el argumento de la defensa de su tierra ante el “progreso” que acecha a la región con la construcción de la presa El Zapotillo.

En Jalisco, bastión panista por excelencia, es difícil creer que los pobladores de un pequeño sitio del estado piensen y actúen de manera independiente a través de los machetes. No, si lo hacen, es porque vienen o macheteros de “San Mateo Atenco” o “chilangos”, ya lo dijo alguna vez el ex mandatario estatal Francisco Ramírez Acuña aquel memorable 28 de mayo.

Jalisco, progresista, no puede presentar a unos cuantos rijosos, es la manera en que las autoridades se hacen de la vista gorda y no quieren ver lo que ahí está: movimientos sociales en lucha ante la depredación de las políticas neoliberales.

Temacapulín no es San Mateo Atenco, definitivamente. Pero sus habitantes ya tienen listos los machetes al puro estilo de San Salvador Atenco, lo hemos repetido desde este Lobby según los testimonios que nos han hecho llegar quienes han ido a documentar el enojo de la gente ante la magnánima obra El Zapotillo.

Y tal cual San Salvador Atenco, aquel memorable hecho de la administración foxista, en el que campesinos defendieron sus tierras ante la expropiación de las mismas para la construcción de un aeropuerto, en Temacapulín están dispuestos a todo, incluso al derramamiento de sangre.

¿Cómo lo sabe el gobernador? El aparato de “inteligencia” ya se puso a rodar. Es lógica la infiltración de personal del gobierno estatal en los grupos locales. Se puede esperar la expropiación y, ante la reacción del poblado, la represión.

Pero Temacapulín es bravo. Barrio Bravo. Ahí, aunque la presencia de la Iglesia es notoria, pues cuenta con un templo de más de 250 años, Dios no es como lo pinta el cardenal Juan Sandoval Iñiguez.

Años atrás hubo un caso de un párroco que, debajo de la sotana otorgaba el indulto a un menor que padecía síndrome de Down. Se llamaba Rafael Córdoba y al parecer se lo tragaron las puertas del mismo infierno luego de que los hechos del ataque sexual que provocó al menor de 14 años salieran a la luz en 2004.

La gente en ese entonces estaba enfurecida. Igual que ahora. Ya para entonces se habían dado otros dos incidentes con religiosos. Cuando la Iglesia quiso calmarlos con la presencia nada más y nada menos que de Norberto Rivera, con una misa en el templo, aparecieron algunos grafitis en autobuses que iban con acarreados desde Lagos de Moreno: “No quieran tapar el sol con un dedo”, se podía leer en los vehículos. Cuatro años más tarde, los de Temaca piden lo mismo: “que no les tapen el sol con un dedo”. Ahora es, “que no les ahoguen su hogar con una presa”.

Con El Zapotillo quedará bajo el agua uno de los poblados más antiguos de Jalisco, un templo de casi un cuarto de milenio y cientos de historias que han pasado de boca en boca por los cronistas del lugar. Pero eso no importa, ¡qué más da que se pierda la historia si con el progreso estaremos a la altura de las grandes regiones del mundo!

Al gobernador le ha importado un bledo la situación que viven los lugareños. El pasado 27 de junio tenía una reunión con ellos, según él mismo se comprometió. De eso hay cintas que demuestran su acuerdo.

Nada. Nadie salió de Casa Jalisco. Ni siquiera Herbert Taylor. Ahí en la casa que no paga renta cada mandatario por 6 años, que la pagan los impuestos de los jaliscienses, nadie sale cada que alguien va a dejar una queja o una invitación para que lo escuchen sobre su problema: los de Temaca, los de El Salto, los del Parlamento de Colonias. Las puertas de Casa Jalisco sólo se abren a los políticos, los empresarios, los hombres de mundo y negocios.

La gente común no tiene acceso al espacio donde el mandatario cabildea y negocia las políticas que afectan a todos. En Casa Jalisco no entra la chusma, menos los de “San Mateo Atenco”.

• lobby.lajornadajalisco@gmail.com



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