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domingo, septiembre 06, 2009

"Calentura catarrales" e influenza. 
Una perspectiva de epidemias en Guadalajara.

Foto: César Huerta/Extensión Medios

LILIA OLIVER*

Para el Doctor Jorge Torres

La Jornada Jalisco

Lo que parece ser un común denominador en los trabajos más importantes que intentan definir el concepto de enfermedad tanto endémica como epidémica, es que éstas debe entenderse como fenómenos complejos y que más allá del sustrato biológico de un padecimiento, las enfermedades son “construcciones histórico-sociales” que –como dice Diego Armus- existen después que se ha llegado a una serie de acuerdos que revelan que se la ha percibido como tal, denominado de un cierto modo y respondido con acciones más o menos específicas. En otras palabras, la enfermedad además de su dimensión biológica, tiene connotaciones sociales, culturales, políticas y económicas. Los estudios comparativos sobre las epidemias son muy ilustrativos de las continuidades y las rupturas en el manejo que se han dado en momentos de epidemias históricamente en los diferentes continentes y culturas.

Como sabemos, desde la antigüedad más remota, posiblemente desde los primeros asentamientos agrícolas en la prehistoria y hasta la segunda década del siglo pasado, la presencia periódica de mortíferas enfermedades epidémicas ha formado parte de la cotidianeidad de los seres humanos. Lo que significa decir que, las sociedades del pasado estaban moldeadas por el miedo, el sufrimiento, y las periódicas embestidas de la muerte masiva. Quiero ejemplificar lo anterior con el caso de la ciudad de Guadalajara, que entre los años de 1814 y 1851 fue asolada –como muchos otros asentamientos- por 6 mortíferas epidemias, a saber: 1814 una epidemia de tifo, 1825 una epidemia de sarampión, 1830 de viruela, en 1833 de cólera morbos, 1848 de viruela, y en 1850, una epidemia más de cólera morbos. A lo largo de esos 36 años, en promedio cada seis años se presento una epidemia, aun cuando en realidad podían presentarse cada tres años.

En el pasado como en el presente las epidemias actúan como mecanismos que obligan a las sociedades a buscar paliativos a los horrores y los sufrimientos que estas enfermedades causan. En términos individuales, sociales, políticos y culturales, las epidemias suelen poner al descubierto lo mejor y lo peor de la condición humana, como por ejemplo, el miedo y el repudio a los lugares o personas infectados, pero también ponen al descubierto los compromisos y las solidaridades.

A propósito de la actual pandemia de influenza AH1N1 quiero traer a colación algunos datos sobre la historia de las epidemias que en el siglo XVIII diezmaron a la población de Guadalajara y las carencias puestas en evidencia por dichas epidemias, particularmente por una epidemia de -como dicen los documento de la época- “calenturas catarrales” del año de 1786. En general las epidemias que asolaron la población de Guadalajara durante el siglo XVIII, pusieron al desnudo que una de las mayores carencias de la ciudad era la falta de espacios en los dos pequeños hospitales – El hospital Real de San Miguel de Belén y el Hospital de San Juan de Dios- que tenía la entonces capital de la Nueva Galicia para recluir al gran número de enfermos que solían presentarse durante las epidemias, al margen de que en ese tiempo la médica tuviese muy poco que ofrecer en la explicación y curación de las enfermedades.

La construcción de un edificio para el Hospital Real de San Miguel de Belén –actual Hospital Civil fray Antonio Alcalde- llevada a cabo entre 1787 y 1794 esta directamente relacionada con las mortíferas epidemias que diezmaron la población de Guadalajara a lo largo del siglo XVIII. En uno de los planos diseñados para construirle un nuevo edificio a este hospital y aprobado por el rey Carlos 111 en 1760, se especifica claramente en la leyenda del mismo, al referirse a las enfermerías para hombres y mujeres que “Compónese ambas del número de 28 salas con separación de personas y accidentes. Caben de 500 a 600 camas y en epidemias muchas”. Si el diseño del plano para el hospital llevó a su autor a concebirlo teniendo en mente la necesidad que tenía la ciudad de amplias salas para enfermos especialmente durante las epidemias, también la construcción del mismo -un monumental edificio- esta relacionada con ese hecho, y no puede explicarse sin tener en cuenta los estragos causados por las enfermedades epidémicas. Justamente el inicio de dicha construcción esta precedida por tres años de epidemias especialmente cruentas en Guadalajara.

De acuerdo con el historiador Donald Cooper en la primavera de 1784, la neumonía en forma de epidemias habían brotado en las ciudades de México, Pachuca, Puebla y en otras ciudades de la zona centro y meridional de la Nueva España. Guadalajara no escapó a la enfermedad y para el 20 de de abril de ese año, las “fiebres con afecto a el costado se habían extendido en la ciudad”. Al siguiente año, es decir en 1785 una epidemia más asoló a la población de Guadalajara, el año se inició con un incremento de la mortalidad, en el mes de abril el número de defunciones registradas alcanzó su punto más elevado, poco antes el 16 de marzo en un documento del Cabildo de la ciudad se describía la enfermedad de la siguiente manera “las malignas fiebres y dolores de costado…que quitan la vida dentro del termino de cinco o seis días sin distinción de edades ni sexo…”, por si fuera poco, unas granizadas que se presentaron durante el mes de agosto de dicho año, ocasionaron la pérdida de las cosechas causando una crisis de subsistencia. El siguiente año en Guadalajara 1786, se incubo una epidemias más llamada en los documentos de la época como “calenturas catarrales y dolores de costado.”

En un escrito de la Gaceta de México, las enfermedades que durante 1786 se presentaron en Guadalajara, fueron descritas de la siguiente manera: “el mal presentaba síntomas de constipación o catarro con poca fiebre por la mañana y fiebre altas por las noches, fuerte dolor de cabeza, sudor copioso y sangrado por la nariz;…se encojen los pulmones y el paciente fallece entre el undécimo y vigésimo primer día. En otros casos los síntomas ordinarios se complicaron con dolores en varias partes del cuerpo, principalmente en el pecho”. En ese año, 1786, la mortalidad por lo que sin duda eran enfermedades de las vías respiratoria, ¿influenza tal vez?, se incrementó en el mes de abril como había pasado en el año anterior de 1785, sin embargo en 1786 la epidemia de “calenturas catarrales” cobró fuerza nuevamente, como se puede apreciar en la grafica a partir del mes de julio la mortalidad fue ascendiendo durante agosto y septiembre, para alcanzar su punto mas alto en el mes de octubre. El historiador S.F. Cook dice que probablemente no hubiese habido una clara epidemia, que no se trataba propiamente de una sola enfermedad, si no que se juntaron una seria de enfermedades gastrointestinales y respiratorias que seguramente incluían tifoidea, disentería, pulmonía e influenza.

Una de las consecuencias de las mortíferas epidemias del siglo XVIII y especialmente de la epidemia de las “calenturas catarrales” de 1786 en Guadalajara, fue que al siguiente año, en 1787, se abrían los cimientos del nuevo Hospital, y parecería que la magnificencia con que fue construido –capacidad para mil camas- estuvo directamente relacionada con la catástrofe vivida, con el número de enfermos que a un mismo tiempo estuvieron hospitalizados, además de los que a la hora de la muerte tuvieron por lecho el suelo de las plazas y calles de la ciudad.

Sin duda existe una ruptura entre las epidemias de épocas pasadas y las actuales epidemias. Entre la epidemia de “calenturas catarrales” y la actual pandemia de influenza AH1N1, la ciencia médica en general, y especialidades como la virología, la epidemiología, etc., ha avanzado significativamente y la humanidad al parecer esta menos desprotegida con relación a las epidemias históricas, cuando estas podían acabar en un solo año o en unos meses con el 7 o hasta el 20 por ciento de las población de una ciudad como sucedió en Guadalajara, durante las epidemias de cólera de 1833 y de calenturas catarrales de 1786 respectivamente. Actualmente contamos con vacunas, antibióticos, antivirales, cercos sanitario, medidas higiénicas etc. Sin embargo, como parte de la injusticia social, el acceso a esos recursos no es el mismo para todos los países y habitantes del planeta.

Para finalizar y sin el animo de alarmar a nadie, me parece interesante observar, de acuerdo con la información histórica existente sobre la epidemia de 1786 en Guadalajara, en la cual, como mencioné, posiblemente la influenza, además de otras enfermedades, estuvo presente; que la mayor incidencia de la epidemia se presentó en el mes de abril de aquel año y a partir del mes julio la enfermedad se incrementó nuevamente para alcanzar su punto mas álgido en octubre de 1786. En este momento estamos presenciando un incremento en los casos de influenza AH1N1 y los expertos temen que en el invierno del presente año, los casos de influenza AH1N1 se incrementen y se junten con la brotes de influenza estacional

*Maestra Investigadora de la UdeG


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

domingo, mayo 31, 2009

A ganar elecciones: los mecanismos del PAN

Foto: César Huerta/Extensión Medios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

Y todo por ganar una elección. Sí, el PAN ha hecho lo posible y lo imposible para, en la próxima Legislatura federal, tener mayoría. Nada está prohibido. La derecha (representada por Acción Nacional), no quiere dejar el poder. Busca más y más y más. Aunque el país esté siendo conducido a un despeñadero, ¡no importa!: lo que vale es el triunfo. Y para ello ha maquinado varios mecanismos. La intención: ganar votos, ganar votos y seguir ganando votos. Pero, ¿cómo lograrlo?

Campaña publicitaria-electoral sucia. El PAN, en estos últimos años, ha aprendido bien las artes de desprestigiar al contrincante. Lo hizo en 2006 con Andrés Manuel López Obrador: se dijo del ex jefe de Gobierno del Distrito Federal que era un peligro para México, que habría desvaluación si asumía la presidencia, que el desempleo crecería raudamente si arribaba al poder. Todo esto sucedió, pero no por López Obrador, sino por la ineptitud de Felipe Calderón, el “presidente del empleo” (y recuérdese bien: poseedor de las “manos limpias”). Ahora, en 2009, el enemigo no es López Obrador, sino el PRI. El PAN ha emprendido una campaña sucia, donde las propuestas están ausentes y lo importante es la difamación. Sí, desprestigiar a un partido de por sí desprestigiado pero con posibilidades de hacerse de la mayoría en San Lázaro. El presidente nacional del PAN, Germán Martínez, ha ideado (no él, pues, sino sus publicistas –porque en México a eso se reducen las campañas electorales: a la publicidad–) los mecanismos necesarios para vilipendiar al oponente. Lo ha hecho a través de mercadotecnia, mercadotecnia y más mercadotecnia, de frases agresivas, de falacias y embustes. El Instituto Federal Electoral (el supuesto “árbitro de la democracia”), es simple y llanamente un cero a la izquierda: nada vale.

La amenaza invisible y el gran fracaso convertido en triunfo innegable. Una ineptitud del gobierno encabezado por Felipe Calderón fue transformada en gloria: el pésimo manejo de la epidemia del virus influenza A/H1N1, a través de una fuerte campaña de publicidad, fue convertido en un gran logro de gobierno. Sí, el desmantelamiento de las instituciones de salud nacionales que posibilitó la muerte de decenas de mexicanos contagiados con un virus fácilmente curable, no estuvo en la discusión. Lo que se escucharon fueron frases tan hilarantes como que Calderón era el “salvador” de la humanidad. Todo esto estuvo acompañado de una fuerte campaña en medios de comunicación donde la intención fue convencer a la población del papel heroico del gobierno federal.

El desgobierno transmutado en administración eficaz. Felipe Calderón emprendió una “guerra” contra el narcotráfico que, desde antes, estaba perdida. Y lo estaba porque se inició sin planeación, sin investigación, sin un orden. Se mandó al ejército a las calles a combatir algo que ha logrado infiltrar gobiernos municipales, estatales y al mismo federal. Calderón se lanzó a la lucha contra el narco sin estrategias inteligentes, y, parece ser, defendiendo a uno de los grupos supuestamente combatidos. Lo importante era la legitimación. Hoy, a casi tres años de esa aventura, tenemos un estrepitoso fracaso (en términos reales). Por eso Calderón necesitaba de un gran golpe. Un golpe que le regresara al PAN votos, que influyera en las próximas elecciones. ¿Y cuál fue ese golpe?

Michoacán. Ahí donde comenzó la “guerra contra el narco”, ahí fue dado el golpe. Cumplió dos objetivos: dejar en la población la idea de que se combate a los gobiernos ligados con el narcotráfico y, de pasada, pegarle al PRD en uno de sus bastiones electorales. De repente, sin avisar a las autoridades estatales (que demostraron muy poca autoridad), el gobierno federal capturó a alcaldes y funcionarios estatales. Leonel Godoy, gobernador de Michoacán, quedó absorto ante lo que pasaba. ¿Por qué Calderón le pagaba tan mal a él que se alejó de López Obrador y se acercó institucionalmente al gobierno de Calderón?

Sí, la intención del operativo en Michoacán fue ganar votos. Inocular en la sociedad la idea de un gobierno federal que actúa, que guerrea con el narcotráfico en todo momento, que no importa quién caiga, si alguien tiene ligas con el narco, la administración de Calderón será implacable. Esa es la idea. Pero, surgen muchas dudas: ¿por qué un arraigo de 40 días a los sospechosos (hasta ahora ninguno es culpable) de tener vínculos con el narcotráfico?, ¿cuarenta días que concluirán exactamente después las elecciones?, ¿por qué nada más en Michoacán?, ¿por qué no en Sinaloa o en otros estados?, ¿por qué a una administración estatal y no en una secretaría federal? No cabe duda, la intención no fue atacar los vínculos narco-política, sino ganar votos y legitimidad: pura publicidad.

El PAN conquistó el gobierno federal en 2000. Seis años más tarde robó la Presidencia de la República. Nueve años después ha superado la corrupción, el cinismo y el alejamiento de la sociedad de muchos gobiernos priístas. ¿Hacia dónde va el PAN?, ¿hacia dónde se dirige? No se sabe a ciencia cierta. Pero todo lo hace para ganar elecciones, para anquilosarse en el poder, y claro, para cumplir esos compromisos adquiridos, esos compromisos que significan el desmantelamiento del país: el despeñadero de una nación.

jorge_naredo@yahoo.com

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

domingo, mayo 10, 2009

Sociedad desconfiada en tiempos de virus y elecciones

Foto: César Huerta/Extensión Medios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

¿Miedo?, ¿desconfianza?, ¿incredulidad?, ¿alarma?... ¿Qué pensar? ¿Vuelta a la “anormalidad” –es decir, receso de la “normalidad”–?, ¿más clases suspendidas?, ¿más eventos culturales cancelados?, ¿un novísimo brote de influenza A/H1N1 en Jalisco? Todo produce suspicacias. ¿Por qué unos creen y otros no?, ¿por qué unos se avituallan y se encierran en sus casas para evitar un posible contagio y, otros desesperan y las medidas de alarma no les afectan, no las respetan: son indiferentes?, ¿qué hay detrás de estas actitudes divergentes?

El virus de la influenza se da en un país, digamos lo menos, kafkiano: gobiernos ilegítimos, ilegales y cínicos; empresarios voraces y corruptos; instituciones decadentes, sistemas de salud y de educación desmantelados; una clase política hipócrita, acostumbrada a mentir, a engañar, a decir sí cuando es no, a mencionar un no cuando en realidad es un sí. Vivimos en un país donde la simulación es la ley, un país regido por dos televisoras que acomodan la realidad a su antojo o al antojo de sus anunciantes (muchos de ellos ínclitos miembros de la elite política). Por eso, demasiadas personas se preguntan, ¿el virus es real?, ¿es un invento de las autoridades?, ¿una cuestión política relacionada con las próximas elecciones?, ¿o quizá es un complot mundial para reactivar el capitalismo de capa caída? ¿O puede ser que sea este virus el inicio del Apocalipsis, del fin de la humanidad?, ¿todos vamos a morir?, ¿todos estamos infectados y no nos han dicho? El creer y tener fe en las autoridades no es lo acostumbrado en buena parte de quienes habitan estas tierras. Y no es así porque dichas autoridades ha mentido, han escondidos cifras, han maquillado problemas, han hecho todo lo posible para que la confianza, simple y llanamente, quede enterrada, secuestrada, liquidada.

El caso de Jalisco es emblemático: cuando el gobernador mencionó que a la entidad el virus A/H1N1 no había llegado, muchos se preguntaron: ¿qué esconde?, ¿por qué aquí no hay casos “confirmados” y en muchos otros estados sí?, ¿nos está mintiendo?, ¿qué oculta? Hoy, que se ha hecho el anuncio esperado desde hace varias semanas (en Jalisco sí hay casos de influenza y además hay muertes), se duda. Se duda de la veracidad de las palabras de Emilio González Márquez: algunos piensan que los casos son más y que los decesos superan con mucho a los tres aceptados. Otros, en cambio, piensan que todo es un manejo político y el virus una entelequia. ¿Por qué se duda?, ¿por qué no se tiene confianza en las autoridades?, ¿qué nos ha llevado a este constante estado de incredulidad?

El brote de un virus hasta ahora desconocido se da en un país donde las autoridades son conceptuadas de mentirosas, de ocultar siempre los datos, de borrar las cifras, de maquillar las realidades. La clase política se caracteriza por eso. Y esto no es un descubrimiento ni es encontrar el hilo negro. Basta mirar un poco las actuales campañas políticas. Jorge Salinas promete áreas verdes, transporte digno y tolerancia; Jorge Aristóteles Sandoval firma convenios de transparencia y ofrece una Guadalajara mejor; Carlos Orozco Santillán se obliga a dar más justicia; Guillermo Martínez Mora garantiza pavimentos; Héctor Vielma hace lo mismo, o algo parecido. Muchas promesas, demasiadas promesas. Y buena parte de los jaliscienses saben que todo es mentira: palabras vacías, engaños para ganar votos.

Pierre Rosanvallon, historiador y politólogo francés, ha dicho que hay en el mundo una “sociedad de la desconfianza”. Para potenciar su argumento menciona que la democracia precisa de dos variables importantes: la legitimidad y la confianza. De la primera menciona: “la legitimidad [es] una cualidad jurídica, estrictamente procedimental; es producida de modo perfecto y absoluto por la elección”. La confianza, en cambio, “es mucho más compleja”. En estas tierras hay una legitimidad sospechosa (el caso de las elecciones presidenciales de 2006 es clarísimo) y una total ausencia de confianza. Por eso, los discursos de autoridades, políticos, líderes de partidos e incluso de opinión, son siempre tachados de mentiras, o mentiras a medias. La desconfianza es mucha.

Cuando Emilio González Márquez, el viernes pasado, declaró que a Jalisco ya había llegado el virus A/H1N1, muchos ciudadanos desconfiaron. Y es entendible: la desconfianza es lo de todos los días. ¿Por qué habríamos de creerle a unas autoridades que siempre han mentido, que han engañado constantemente, que han ocultado?, ¿por qué? Además, claro está, la información que se ha dado sobre la epidemia ha sido caótica, tanto a nivel federal como estatal: primero había más de 130 muertos por el virus A/H1N1, después esa cifra se redujo a siete: hoy se admiten alrededor de 40. ¿Quién va a confiar en unas autoridades que se han caracterizado por su venalidad, por el ocultamiento de información y por pintar una situación halagüeña cuando lo que se tiene enfrente es un desfiladero?

Mientras muchos jaliscienses no creen o creen a medias todo lo relativo al virus A/H1N1 (unos niegan su existencia y otros, en cambio, piensan que hay muchos casos del virus en Jalisco y que éstos han sido ocultados por las autoridades), los candidatos a puestos de elección popular continúan sus campañas políticas. Prometen justicia, tolerancia, democracia, participación ciudadana, empleo digno, libertad, abundancia, responsabilidad, bienestar, salud, educación y un largo etcétera. En cada acto de campaña, quizá esté por ahí el virus A/H1N1. Dicho virus mata si quien lo contrae no se atiende de manera rápida. Pero matan más esas palabras huecas llenas de hipocresía y pletóricas, sí, pletóricas de cinismo.



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sábado, mayo 09, 2009

Influenza: los nombres de los muertos (segunda parte)

Desfiladero
Jaime Avilés

Foto
Ciudadanos argentinos, entre ellos artistas, empresarios y restauranteros, protestaron afuera de la embajada de ese país por la actitud de su gobierno ante la emergencia decretada en México por el virus A/H1N1 Alfredo DomínguezFoto Foto

En los más altos círculos de la UNAM hay un malestar creciente en contra del secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, a cuyo equipo responsabilizan de que México haya sido el único país en donde se multiplicaron los decesos por el nuevo virus de influenza. ¿De qué lo acusan? De irresponsable y de ineficiente. Y esa mala fama, que se ha traducido en desconfianza, llegó vertiginosamente a Argentina, Cuba y Ecuador, que suspendieron todos los vuelos desde y hacia México, provocó el confinamiento de turistas mexicanos en China, y el repudio a las Chivas en Chile, pero asimismo hizo que Diego Palacio, ministro de Protección Social de Colombia, declarara que allá les correspondía actuar como si ya hubiera una pandemia, no vaya a ser que nos pase lo que a México, que no tuvo las medidas en el momento adecuado (Iván Restrepo, La Jornada, 4/05/09).

Una prueba palpable del descontento que comparten los más distinguidos científicos de nuestra máxima casa de estudios, la hizo pública el ex rector Juan Ramón de la Fuente durante una reciente entrevista con Carmen Aristegui. El que fuera también secretario de Salud en el sexenio de Ernesto Zedillo puso en evidencia que desde el ascenso de Vicente Fox al poder, los panistas han recortado drásticamente los fondos federales destinados no sólo a la investigación sino a los mecanismos de contención oportuna de brotes epidemiológicos.

La opinión de De la Fuente ha sido corroborada, en distintos medios, por especialistas del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica, de las nueve unidades de Investigación Biomédica de la Secretaría de Salud, del Hospital de Infectología del Centro Médico Nacional La Raza y de la Unidad de Investigación Médica en Enfermedades Infecciosas y Parasitarias del Centro Médico Siglo XXI. En todos estos lugares hay laboratorios y personal calificado para detectar y combatir una pandemia, pero carecen de recursos económicos e insumos para efectuar su trabajo.

Peor: de acuerdo con un informe oficial de la Secretaría de Hacienda, el gobierno federal dejó de gastar, en el primer trimestre de este año, recursos aprobados para ser ejercidos en el sector salud por 575 millones de pesos, que afectaron a centros de vigilancia epidemiológica, de prevención de riesgos sanitarios (y) a hospitales que ofrecen atención principalmente a familias de escasos recursos (La Jornada, nota de Israel Rodríguez, 3/5/09).

Agustín Carstens, titular de Hacienda, y el propio Calderón afirmaron a principios de enero que el ejercicio puntual del gasto público sería una de las herramientas de las que echaría mano el gobierno para contrarrestar los efectos de la crisis económica. Pero mientras Córdova retenía, durante enero, febrero y marzo, 575 millones de pesos que urgían en las unidades de investigación biomédica y en los centros hospitalarios para pobres, el virus A/H1N1 comenzó a causar estragos que terminaron afectando, física o sicológicamente a todo el planeta.

Entre los académicos más cercanos al rector de la UNAM, José Narro Robles, cuya especialidad precisamente es la epidemiología, se estima que Córdova incumplió las normas de la Organización Mundial de la Salud, porque no le reportó a ésta, entre marzo y abril, los primeros casos de gripe atípica. Eso impidió que se detectara a tiempo la mutación del virus A/H1N1 y originó la absurda alteración de cifras que el secretario de Salud declamó en sus conferencias de prensa, durante los días más histéricos de la crisis.

Por si todo lo anterior no fuese de suyo muy grave, médicos consultados por esta columna aseguran que en la etapa más temprana de la contingencia sanitaria, la Secretaría de Salud carecía del antiviral Tamiflu en cantidades suficientes para atender a los primeros infectados. Por eso México fue el único país donde la gente empezó a morirse de A/H1N1, cosa que no ocurrió en ningún otro lugar de la Tierra.

Cuatro casos reportados

En su entrega de la semana pasada, esta columna exigió que el gobierno (o lo que sea) de Calderón diera a conocer los nombres y el perfil socioeconómico de las víctimas fatales del brote. Dos médicos escribieron al buzón de Desfiladero –y algunos lectores al portal electrónico de La Jornada– para condenar tal petición. Una doctora explica que para quienes pronunciaron el juramento de Hipócrates ocultar la identidad de los pacientes es tan sagrado como para ustedes, los periodistas, negarse a revelar sus fuentes. De lo que se trata, coincidieron muchas opiniones, es de no estigmatizar a las familias de los difuntos. Nunca –me parece innecesario aclararlo– este espacio alentó la intención de culpar o perseguir a alguien por haber enfermado de gripe.

Al margen de esta falsa polémica, varios lectores reportaron los nombres de cuatro personas fallecidas por A/H1N1. Para no herir susceptibilidades, me limitaré a precisar que eran tres hombres –un empresario próspero y exitoso, de 55 años, que daba clases de geofísica en la UNAM; un campesino de Zacatecas, de 42 años, que vivía con 12 familiares en una casita, así como un profesor de música, de 35 años, que enseñaba en un kínder de San Luis Potosí–, y una inspectora de Hacienda, de la ciudad de Oaxaca, de 39 años, madre de tres hijos.

Claro que ésta no es una muestra representativa de nada, pero es la información que aportaron los lectores de La Jornada, y que aún puede ampliarse con el apoyo de quienes tengan y deseen compartir más datos, a fin de contrastarlos con la estadística oficial, que ahora fluye desde el domingo pasado. Según Salud, de 19 víctimas fatales de A/H1N1, confirmadas hasta el 2 de mayo, 70 por ciento tenían entre 20 y 55 años de edad, 74 por ciento eran mujeres, 55 por ciento realizaban actividades laborales, 21 por ciento eran estudiantes, 21 por ciento amas de casa y 4 por ciento, desempleados.

Estas cifras carecen de coherencia, suenan a puro maquillaje, a vil propaganda panista. La exigencia de datos concretos y verificables sigue en pie, porque el gobierno (o lo que sea) ha manejado el tema de la salud pública en lo general, y de este brote de gripe en lo particular, con probada negligencia, torpeza y demagogia, ocasionándole, hay que repetirlo, daños físicos y sicológicos al conjunto de la humanidad. De allí la desesperada arenga televisiva del pasado lunes, cuando Calderón sostuvo que está defendiendo no sólo a los mexicanos sino a todos los seres humanos que en el mundo puedan contagiarse de esta enfermedad (más allá del mundo ya no responde).

De allí, también, el sintomático insulto a Haití, un país con mejor crecimiento económico que México, pero donde, según Calderón, se mueren de hambre, no del virus. Otro dato ilustrativo que deben conocer los amigos de México en el exterior: mientras la Secretaría de Salud dejó de ejercer 575 millones de pesos en investigación de epidemias y atención a los pobres, las secretarías de Marina y Defensa gastaron hasta el último centavo y de Los Pinos salió, y llegó al Congreso, una iniciativa de ley que pretende extender al máximo la militarización del país, violando las garantías individuales consagradas por la Constitución.

Como corolario, en Ocotepec, Morelos, el pasado martes aparecieron los cadáveres de cuatro jóvenes que habían sido secuestrados por la policía de aquella entidad el 18 de abril. Pronto habrá, por todas partes, estatuas ecuestres del defensor de la humanidad, y médicos tocando a la puerta de los hogares a las cuatro de la mañana en busca de enfermos de gripe...



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domingo, mayo 03, 2009

Pánico y virus: algunos culpables

Foto:César Huerta/Extensión Medios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

Voy en mi bicicleta por una avenida con poco tráfico. El semáforo indica un alto. Freno. A mi lado, una camioneta grande, lujosa y casi nueva, se coloca a mi lado. Adentro de ese armatoste de tecnología automotriz estadunidense, dos chicas, rubias ambas, de ojos claros y con pulseras multicolores, portan tapabocas blancos. Los cristales de la camioneta están herméticamente cerrados. Seguro ahí, adentro, hay aire acondicionado y música. Nada más ponerse la luz verde en el semáforo, el auto arranca y acelera rápidamente. Yo no traigo tapabocas. Llego a un café, estaciono antes mi bicicleta y la amarro con una cadena a un árbol. Entro al establecimiento: de 15 personas, 12 llevan tapabocas. Pido un americano: la señorita que me atiende lleva tapabocas. Me siento en una mesa y ojeo un libro: el muchacho musculoso enfrente, con su tapabocas, me mira como diciéndome “irresponsable”. Termino el café y salgo. Tomo mi bicicleta y pedaleo por esta ciudad que parece vacía, que parece desierta. Me detengo en un local donde se alquilan DVD. Nuevamente estaciono mi bicicleta y ahora la amarro a un poste de luz. Entro al videoclub. Hay siete personas: todas con tapabocas. Observo qué películas podré alquilar. De repente, tengo la necesidad de estornudar. Pasa por mi mente una retahíla de anuncios televisivos y radiofónicos que indican cómo uno debe estornudar en esta época de virus de influenza. Pongo mi antebrazo en mi nariz y estornudo fuerte. Se hace un silencio sepulcral. Todos me miran. Me ven como enfermo, o quizá como leproso, o puede ser que como un poseedor de un arma de destrucción masiva. Una pareja sale del local inmediatamente después de mi estornudo. Yo sigo observando las películas y, al final, alquilo una. Me subo nuevamente a mi bicicleta y en las calles que recorro, la mayoría de personas que observo llevan tapabocas. Yo no. ¿Debo comprarme uno y usarlo todo el día?, ¿es el miedo fundado o ha sido provocado por unas autoridades incompetentes e ineficaces?

¿Cuándo pasamos de la preocupación al pánico?, ¿cuándo de la intranquilidad al paroxismo? El gobierno (ilegítimo, no hay que olvidarlo) de Felipe Calderón no ha sabido cómo detener la propagación del virus, y, en cambio, sí ha utilizado el miedo entre la población, lo ha provocado y lo ha azuzado. ¿Por qué aquí, en México, el virus A/H1N1 (antes denominado influenza porcina) ha matado a 16 (solamente los “confirmados”) personas y en otras partes del mundo no (en Estados Unidos mató a un niño, pero un niño mexicano que vivía en la frontera)?, ¿por qué en España, en Inglaterra, en Alemania o en Estados Unidos, los pacientes contagiados con dicho virus salen rápidamente del hospital sin ninguna afectación y aquí, muchos de quienes se contagian fenecen? ¿No es acaso el sistema de salud mexicano, que ha sido desmantelado durante 20 años, el que provoca estas muertes?, ¿no es acaso culpa del poco presupuesto público que se le da a la investigación, a la salud y a la educación?, ¿por qué México no acató la recomendación en 1999 de la Organización Mundial de la Salud y estableció laboratorios para detectar nuevos virus y hacer vacunas?

Felipe Calderón utilizó el pánico para crear más pánico. Se han observado hechos verdaderamente inauditos: un presidente en cadena nacional pidiendo a la gente que no salga de sus casas; diciendo, además, que aquí, en el país, no hay laboratorios para saber de qué muere la gente, y que por eso los análisis se hacen en otras partes del mundo. ¿Por qué los mexicanos somos capaces de admitir a un tipo tan inepto y tan cínico en la Presidencia?

Las medidas tomadas para combatir al virus de la influenza humana han provocado pánico. Pero, ¿es acaso dicho virus tan mortal?, ¿o lo mortal es el sistema de salud mexicano que se ha ido deteriorando conforme el neoliberalismo se ha instaurado en México?, ¿por qué ya, en el extranjero, se dice que el virus A/H1N1 no causará muertes y que sus efectos serán “leves”? ¿Por qué muchos científicos aún no se explican por qué en México la gente se muere por el virus y en otras partes del orbe no? La explicación puede comenzar así: el sistema de salud en México es deficiente y ha sido desmantelado, estrangulado, casi asesinado. Y de ello hay culpables. Además, claro está, el virus entró en un país que tiene uno de los gobiernos más ineptos, cínicos, hipócritas y mentirosos del mundo.

Miles de personas caminan con sus tapabocas por las calles: se sienten seguras (aunque el tapabocas no sirva de nada, según lo declaró el director general de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud, el doctor Miguel Angel Lezana). Pero el problema principal del país no es el virus A/H1N1, sino la venalidad, la ineptitud y la ineficacia de las autoridades mexicanas. Ellas son las culpables. Y tienen nombres: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. Ellos son los asesinos del sistema de salud en México. Mientras no exista una conciencia de esto entre la población, seguirán los saqueos, los virus incontrolables, las deficiencias, los “desastres naturales” y un largo etcétera. Y un tapabocas no es suficiente para esta plaga... una plaga tan venenosa, tan nociva, tan letal.

jorge_naredo@yahoo.com



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jueves, abril 30, 2009

Nadie lleva mascarillas en la secretaría mexicana de Salud


El Gobierno admite que los cubrebocas se repartieron para tranquilizar a la gente

El País.com

PABLO ORDAZ - México - 30/04/2009

La cita promete. El hombre que, en teoría, más sabe en México del virus de la gripe porcina está dispuesto a contarlo todo. Se llama Miguel Ángel Lezana y es el director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades. Su despacho está en el paseo de la Reforma. El taxista, con la mascarilla azul cubriéndole la nariz y la boca, se abre paso entre un tráfico que, aunque más liviano porque no hay colegios y los restaurantes están cerrados, sigue requiriendo muchas dosis de pericia y paciencia. El pasajero también lleva mascarilla. Y los agentes de tráfico, y los demás conductores, y la mayoría de los transeúntes. También las llevan los soldados de un retén del Ejército dedicado, precisamente, a repartir mascarillas. La sorpresa llega cuando el periodista entra en la secretaría de Salud...

"No tenemos ni idea de lo que pasa", dice un responsable de Epidemiología

Nadie lleva mascarillas. Ni la recepcionista, ni nadie del servicio de limpieza, ni las secretarias, ni el jefe de Prensa ni, por supuesto, el doctor Lezana. Así que la primera pregunta no puede ser otra. ¿Por qué no llevan ustedes mascarillas? "Porque la porosidad que tienen permiten fácilmente el paso de las partículas, y porque además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie". Y entonces -la siguiente pregunta también es obvia-, ¿por qué han repartido millones de mascarillas? "Bueno, es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño". La declaración del funcionario no deja de ser sorprendente, sobre todo porque, durante los primeros días del brote, la población asistió angustiada a la escasez de mascarillas, y los políticos en tropel -en vez de hacer el discurso de Lezana- se lanzaron a prometer mascarillas como si en ellas estuviera la salvación.

Lezana explica entonces que el virus sólo es capaz de vivir en el aire cuestión de segundos, pero que donde sí se hace fuerte es sobre los objetos. "Si yo tengo el virus y estornudo sobre la grabadora, el virus puede permanecer ahí 24 e incluso 48 horas. Si usted luego la toca y se lleva las manos a la boca, a la nariz o a los ojos, se puede contagiar. Por eso lo importante es lavarse mucho las manos, limpiar mucho los objetos que otras personas han tocado".

Miguel Ángel Lezana explica la historia del brote. O, mejor dicho, de los tres brotes de los que tuvieron noticia. Dice que uno de ellos se localizó en el Estado de Veracruz, en una localidad llamada La Gloria. Se inició el día 9 de marzo y concluyó el día 10 de abril. Un 30% de la población resultó afectada, pero -en contra de lo que sostienen algunos moradores del lugar- no se produjeron defunciones. La noticia de otro brote llegó el día 12 de abril. Una mujer de 39 años de edad, encuestadora de profesión, fue ingresada en un hospital y falleció al día siguiente. La paciente llevaba varios días de médico en médico. De forma simultánea, al Gobierno empezaban a llegar noticias alarmantes del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias. Estaban ingresando un alto número de adultos jóvenes, previamente sanos, con una neumonía que evolucionaba rápidamente. Al menos cuatro habían fallecido a las pocas horas... Por si fuera poco, el día 21 tuvieron noticias de que dos niños en California -un crío en San Diego y una niña en el condado de Imperial Camping- habían desarrollado un cuadro de gripe.

El día 23, el Gobierno dio la alerta sobre un brote de influenza. ¿Es posible que no existieran vínculos entre los brotes? ¿Que se desarrollaran de forma independiente y simultánea? "Es imposible" ¿Tiene que haber vínculos humanos? "Exactamente. Los virus requieren de la maquinaria genética para poder reproducirse. Tuvo que haber contacto". Dado que La Gloria, en Veracruz, es el único lugar donde hay una explotación de cerdos, ¿es posible que todo esto empezara allí? "La granja está a 80 kilómetros. No está en el pueblo". ¿Por qué están muriendo los jóvenes? No tenemos idea de lo que está pasando. Tenemos una hipótesis: están resistiendo mejor niños y ancianos porque fueron vacunados contra la gripe". ¿Cuántos casos hay confirmados? "Plenamente, siete". Pero el Gobierno ha venido repitiendo que había 20 confirmados y 170 sospechosos... "Tenemos un problema de comunicación".



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miércoles, abril 29, 2009

Que siempre son siete muertos ¿Les creémos?

uego de un ajuste, dice que son 159 los fallecimientos por influenza
Se enreda Córdova: sólo 7 muertos por virus porcino

El total de casos asciende a 2 mil 498; mil 311 siguen hospitalizados

Foto
José Ángel Córdova y Javier Lozano, anocheFoto Carlos Cisneros

Ángeles Cruz Martínez

La Jornada

La epidemia de influenza, no necesariamente porcina, ha ocasionado la muerte de 159 personas, de un total de 2 mil 498 casos, de los que mil 311 pacientes están hospitalizados con cuadros de neumonía e insuficiencia respiratoria graves, informó anoche el secretario de Salud, José Angel Córdova Villalobos.

En medio del caos generado por la falta de claridad, el funcionario trató de explicar –sin éxito– lo que llamó ajuste y actualización sobre las cifras del virus que afecta al país. Contra lo que había estado informando desde el pasado viernes, de que en 20 de los casos se había confirmado la presencia de influenza de origen porcino, ayer señaló que sólo son siete y nunca explicó qué pasó con el resto.

Sin embargo, horas antes, en una conferencia convocada con puntualidad para los corresponsales extranjeros, con calma y precisión Miguel Angel Lezana, director del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades (Cenavece), explicó que los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta, Estados Unidos, corroboraron la presencia del virus de origen porcino en sólo siete de las 26 muestras mexicanas analizadas, y que en el resto se realizará el análisis nuevamente, como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El funcionario también comentó que por este motivo las cifras se seguirán moviendo. En cambio, durante la conferencia para los medios nacionales, que fue postergada en dos ocasiones a lo largo de la tarde y que finalmente se inició pasadas las 21 horas, Córdova no pudo explicar las cifras e incluso dijo que los decesos de las víctimas de la influenza porcina ocurrieron en el Distrito Federal: seis en la delegación Tlalpan y uno en Magdalena Contreras, sin aclarar que en la primera está la zona de hospitales donde se encuentran los institutos nacionales de salud y particularmente el de Enfermedades Respiratorias, donde se han concentrado los casos graves de la epidemia, así como un elevado número de muertes.

En su exposición inicial, el titular de la Ssa dijo que luego de la depuración y precisión de la información y expedientes clínicos, hasta ayer se reportaron 159 muertes derivadas de casos sospechosos de neumonía atípica e insuficiencia respiratoria graves por influenza.

Mencionó un total de 2 mil 498 personas enfermas, de las que mil 311 están hospitalizadas, y tuvo que reconocer que a cinco días de haberse declarado la emergencia sanitaria, la información de los servicios de salud de los estados es deficiente, a tal grado que ayer sólo pudo dar cifras puntuales sobre el comportamiento de la epidemia en el IMSS y el ISSSTE. En ambas instituciones se concentra, hasta ahora, el mayor número de los enfermos detectados: 861 en primero y 102 en el segundo. Respecto de las muertes, 52 se han registrado en el Seguro Social y 12 en el ISSSTE.

De esa misma información se desprende que del 20 al 22 de abril, y del 24 al 26, ocurrieron los aumentos más significativos en la demanda de servicios médicos en ambas instituciones.

La confusión generada por Córdova Villalobos en su exposición se hizo evidente en la sesión de preguntas y respuestas, donde se le llegó a preguntar si, a partir de lo que había dicho, el número de muertos era de 311. En otro momento, donde se le solicitó puntualizar algunos datos, de plano argumentó que no llevaba las cifras consigo.

La falta de claridad en la información y las restricciones que desde el viernes se ha pretendido imponer a la prensa, permitiendo sólo cinco preguntas, contribuyó para que anoche la conferencia se saliera de control con preguntas que se hicieron fuera de micrófono y en contra de la voluntad del director de comunicación social de la Ssa. Una de las dudas que quedó sin respuesta es sobre el hecho de que desde el viernes, el número de muertos había subido de manera consistente, mientras que la cifra de ayer (159) representaba apenas siete decesos más de los reportados el día anterior. Córdova se limitó a decir que los datos proporcionados respondían al ajuste y cotejo de expedientes.

Al responder una pregunta, detalló que hasta ahora se han examinado 2 mil 762 muestras de exudado faríngeo de enfermos, de las que 2 mil 369 salieron negativas al virus A de influenza. De las que salieron positivas (253) se están analizando para determinar si existe el componente de la infección de origen porcino.

Más adelante, también reconoció las deficiencias que enfrenta el sistema nacional de salud, debido a que sólo 10 estados tienen la capacidad de determinar en sus laboratorios si se trata de un virus A de influenza. El resto tiene que solicitar los estudios al Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológica (Indre).



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Lo que México no responde (Influenza Porcina)

Foto: César Huerta/Extensión Medios

REPORTAJE: Alerta sanitaria

¿Por qué sigue muriendo gente?.-Los fallecimientos y los contagios decrecen en la capital.-El Gobierno dice ahora que sólo atribuye siete muertos a la gripe porcina

PABLO ORDAZ - México - 29/04/2009

Las muertes decaen y las dudas crecen. Lo primero calma, pero lo segundo, inquieta. El jefe del Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, dijo ayer que en las últimas horas el número de fallecimientos y de contagios en el Distrito Federal —principal foco del virus de la gripe— está cayendo de forma lenta, pero sostenida. Sin embargo, hay una pregunta que ninguna autoridad ha respondido aún con solvencia: ¿por qué sigue muriendo gente en México?

Hasta el momento sólo se sabe que los fallecidos tenían entre 20 y 50 años

Según los expertos, el virus no es mortal si el enfermo acude al hospital nada más sentir los síntomas —fiebre alta, dolor de cabeza, congestión nasal, cansancio general—. Los médicos disponen entonces de un plazo de 24 a 48 horas para diagnosticar la enfermedad y para tratar al paciente con un fármaco antiviral llamado Tamiflu. El Gobierno de México asegura que tiene las dosis suficientes para atender todos los casos. Si esto es así, y si la población sabe desde el pasado jueves por la noche de la existencia del virus, ¿por qué entonces en México sigue muriendo gente y en el resto de los países donde se han detectado casos aún no se ha confirmado ningún fallecimiento?

La pregunta se la hizo un periodista al secretario de Salud, José Ángel Córdova, durante su última comparecencia pública. Y su única respuesta fue: "Porque aquí siguen llegando tarde". Lo único que se sabe es que los fallecidos tenían entre 20 y 50 años, que no hay niños ni ancianos entre las víctimas mortales —aunque sí entre los contagiados— y que eso parece indicar que las poblaciones vacunadas contra el virus de la gripe común están resistiendo el embate de la influenza porcina. Pero se supone. Porque —por ahora— tampoco eso se ha explicado con claridad.

Y esa opacidad aumenta los rumores en un país —no hay que olvidarlo— cuya clase política no puede presumir precisamente de transparencia. Conscientes de ello, los responsables de Salud pidieron ayer que el máximo experto gubernamental en la materia, Miguel Ángel Lezana, director general de vigilancia epidemiológica y control de enfermedades, explicara a un grupo de corresponsales extranjeros la realidad de la situación. Y su versión de la realidad es que, en contra de lo que se había dicho hasta ahora —incluso por el presidente Felipe Calderón—, de los 152 casos de muertes sospechosas de haber sido causadas por el virus de la influenza sólo existe la confirmación plena de siete, ni siquiera de 20, como también se había asegurado oficialmente. ¿Y el resto? "El resto sólo huelen a influenza", reconoció Lezana. ¿Podría pasar que, de las 159 muertes anunciadas, finalmente sólo fuesen atribuibles a la influenza 10 ó 20? "Podría ser posible". Entonces, le preguntaron los periodistas, toda esta alarma mundial... "Era la única manera de actuar, si no lo hubiésemos hecho así, en vez de 30 muertes podríamos haber tenido 3.000..."

A la espera de más respuestas, lo único cierto es que la ciudad de México sigue luchando a brazo partido contra la amenaza invisible. Mientras las autoridades federales aparecen de vez en cuando y casi por sorpresa, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, tiene una presencia constante ante la población. Cuando, el lunes por la noche, se percató de que sus conciudadanos se habían volcado sobre los supermercados para hacer acopio de los alimentos fundamentales como si de una guerra se tratase, salió en las emisoras de radio para llamar a la tranquilidad y garantizar el abastecimiento. En situaciones así, y en ausencia del medicamento mágico que los libere de la pesadilla, los ciudadanos agradecen de sus políticos verdad y cercanía. En dosis suficientes.


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«La epidemia es grave, pero no es para tanto» Asturianos que viven en México, entre ellos Paco Ignacio Taibo, y viajeros que vuelven al Principado rel

Asturianos que viven en México, entre ellos Paco Ignacio Taibo, y viajeros que vuelven al Principado relativizan la importancia de la enfermedad

29.04.09 -
Paco Ignacio Taibo./ P. UCHA
Hay más tranquilidad en México D. F. que en España. «La epidemia es grave, pero no es para tanto», dice el escritor Paco Ignacio Taibo, quien explica que en una ciudad de veinte millones de habitantes son 2.000 los afectados. Eso sí, él, como todos, sale a calle «con tapabocas», pero no tiene ningún miedo: «Ha habido una situación de pánico, porque se informó de manera caótica y está suspendida buena parte de la vida, no hay actividades, públicas, escuela...», señala el escritor gijonés.

La vida está suspendida. Sí. Tanto que el Centro Asturiano de México ha cerrado sus puertas estos días para evitar que la epidemia se extienda. «Hay más que nada un susto general, el centro está cerrado por la contigencia, pero aquí estamos todos bien sanitos, por lo que sabemos nadie está enfermo», decían desde la casa regional de la capital mexicana.

Lejos de D.F. la situación se parece más a la que se vive en Asturias: «En Monterrey tan sólo hay una chica fallecida, pero era porque había estado en la capital», cuenta Lina Restrepo, mujer de un emigrante avilesino que reside en México desde hace 4 años. «Nosotros lo que hacemos es lavar la ropa cada vez que venimos de la calle y estar continuamente lavándonos las manos». Cuenta que su marido, Roberto Maseda, pensó en volver con la familia a España, pero ella le convenció de que «los aeropuertos son más peligrosos».

Al menos son más liosos, o eso es lo que piensa ahora Alberto Lombardía, director comercial de la empresa asturiana Espiral MS. El pasado domingo regresó de la capital de México tras realizar una presentación para clientes locales. «Para subir al avión en D.F. rellenamos unos papeles que nos preguntaban si teníamos síntomas. Al llegar a Barajas el avión fue retenido y subió a bordo gente de Sanidad, nos hicieron más preguntas y nos pidieron datos de contacto por si acaso. Pero nadie nos puso un termómetro», relata.

Lo peor para él, que no teme a coger la enfermedad: -«es una gripe y en España hay medicamentos para curarla»- es el miedo que ha generado entre quienes le rodean: «Aun no le he dado un beso a mi hijo de 4 años. Mi mujer, que tampoco se acerca a mi, es la que está más preocupada. Ella y las de mis amigos. No les dejan acercarse» y ríe.


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martes, abril 28, 2009

Influenza: nos jodieron la primavera

Fiebre del pánico en Guadalajara Foto: César Huerta/Extensión Medios


Marco Rascón
La Jornada

Ahora, un estornudo es una agonía; un beso, un terror. Poco duró aquí el gusto del récord Guinness de gente besándose. Es probable que el pasado 14 de fébrero en el Zócalo sea considerado por las autoridades como el responsable de este brote de influenza. La derecha universal, asentada en todos los gobiernos y partidos, estará feliz en lo que seguramente desde los púlpitos de la manipulación ideológica, política y religiosa será considerado castigo divino. Toda la fiebre amorosa de la primavera ha sido reprimida y convertida en un gran ambulatorio hospitalario de peste y tapabocas.

En pocas palabras, la ley antibesos de Guanajuato se metió al Distrito Federal por la Secretaría de Salud y presagia grandes conflictos tras los ejercicios de manipulación, aislamiento, miedo y desconfianza hacia el vecino. Las declaraciones de las autoridades de salud son cartas patrióticas ante el terror viral.

Sabiendo cómo actúan los gobiernos en estos tiempos y la debilidad de la ciudadanía, las comunidades y los intelectuales frente a los grandes fenómenos de comunicación y manipulación informática, es necesario traer comparativos que nos podrían ayudar a no quedarnos con la información oficial a secas y a buscar otros referentes, pues hoy el solo hecho de estornudar, según lo visto en las noticias, es razón suficiente para entrar en estado de pánico.

Recordemos lo sucedido en Nueva York durante la era del alcalde derechista Rudolph Giuliani, antes del 11 de septiembre: se dijo en forma igualmente alarmista que había llegado un mosco asesino de África, por lo que Giuliani mandó fumigar la ciudad con gran espectacularidad, haciendo uso de helicópteros y anunciando que todos se iban a morir si comían pollos.

Aquí son los cerdos mutantes y la influenza se pasa del Poder Ejecutivo al Legislativo y al Judicial; en México esta vieja epidemia se llama influyentismo y no hay vacuna que nos cure de ella.

Los neoyorquinos aún recuerdan lo tiempos de histeria previos a la caída de las Torres Gemelas, e igual, todos portaban tapabocas, desconfiando de todo, sospechando contagio y dejando a las autoridades no sólo la última, sino la única palabra.

El programa cero tolerancia de Giuliani que se aplica en el Distrito Federal es todo un programa y lleva incluida la histeria colectiva, el odio, la desconfianza. Este tipo de fenómenos epidemiológicos del siglo XIX que acontecen en el XXI por lo general llevan en la panza un conflicto político grave, una manipulación, y es la manera en que hoy se gobierna sin credibilidad. De un día para otro, el mal desaparecerá.

En estas horas y próximos días el rumor sobre miles de muertos, sin cuerpos ni funerales, se extiende con la misma técnica que se usó en la versión de que El Chapo está en todas partes, come pacíficamente en restaurantes y quita celulares a los comensales. Esto tiene un tufo y cierto vínculo con los rumores y los chistes que venían de Chile en 1975, antes del golpe militar contra Allende; son el rumor de la rata gigante y del Chupacabras, un paso más en la militarización y sólo por una razón: no hay información precisa y confiable. Por alguna razón, la influenza nos acerca al discurso de Bush contra el terrorismo y hace del virus un protagonista más de la descomposición política que vivimos.

Entre la confrontación entre el gobierno federal, el del Distrio Federal y el del estado de México –confrontados hace unos días por el tema del agua–, y entre PAN, PRD y PRI en la lógica de la contienda electoral, el brote de influenza ha sido convertido en una escalada para ver quién tiene el discurso y la posición más catastrofista, y así, en unas cuantas horas del viernes pasaron de la minimización y trivialización del tema al extremo del alarmismo.

El protocolo de salud, basado en los datos precisos sobre el carácter exponencial de la epidemia, que debería determinar las medidas a seguir, no existe, y las que se manejan son confusas. Asimismo, la frontera entre fallecimientos previstos y por la influenza se oculta deliberadamente. ¿Cómo deslindar en este momento los síntomas de una gripa normal de los de la influenza? ¿Quién ante una gripa no ha sentido dolor de cabeza, de garganta, cansancio y dolor de huesos? Si el virus es nuevo, ¿por qué ya tienen la medicina y dicen que no nos preocupemos?

La influenza y el terror que causa se parecen mucho a los síntomas de nuestras enfermedades conocidas, estacionarias, pero ahora tiene el carácter del sida o del cáncer mortal y, por tanto, un estornudo es una agonía.

Noam Klein, en su libro La doctrina del shock, sostiene que la teoría del shock en los individuos (como cuando los pacientes con problemas mentales eran tratados con electrochoques) funciona de la misma manera con sociedades enteras. El shock puede ser un desastre natural, un ataque terrorista, una guerra (o una epidemia), lo que nos convierte a todos en niños desorientados en búsqueda de líderes que nos protejan. Se convierte en terrorista el que no crea en ellos. Contra el mal, una recomendación: mejor morir que dejar de besar.



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Puso la OMS en evidencia al gobierno panista



Foto: César Huerta/Extensión Medios

Por Víctor Hernández
28 de Abril, 2009 - 00:00
SDP

Ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS) soltó una auténtica bomba que dejó muy en evidencia al gobierno panista de Felipe Calderón.

No fue la alerta de nivel 4 sobre la influenza porcina. Esa alerta lo que significa es que la influenza porcina es muy contagiosa, pero no letal.

No; la verdadera bomba fueron las declaraciones del experto en seguridad sanitaria de la OMS, Keiji Fukuda, quien aseguró que el virus de la influenza porcina es "suave" y que las personas que murieron en México presuntamente por influenza porcina tenían "otras patologías", es decir, otras enfermedades.

Fukuda hizo estas declaraciones para explicar por qué no le parecía recomendable que se emitieran restricciones de viajes o de comercio. De acuerdo con Fukuda, la medida no será de mucha utilidad ya que "el virus ya está muy extendido geograficamente."

De hecho, la OMS de plano dijo que en vez de enfocarse en tratar de contener el virus, los paises deberían enfocarse en tratar a la influenza con antivirales.

Es decir, la OMS virtualmente estaba diciendo que el virus de la influenza porcina no sólo no es grave, sino que las personas que supuestamente murieron por este virus en realidad tenían otros padecimientos que, se infiere, se agravaron con la influenza.

O en otras palabras, la alarma por la influenza en México está a muy poca distancia de resultar ser una tomada de pelo.

Ahora bien; para que la OMS pudiera determinar que los muertos por influenza porcina en México tenían otras enfermedades, forzosamente tuvieron que haber visto la información de los cuadros médicos de esas personas que estaban en poder de las autoridades de salud.

¿Por qué la secretaría de salud a cargo de José Ángel Córdova Villalobos nunca reveló al público mexicano esta información? ¿Por qué se quedó callado? Si de verdad es un médico competente, Córdova Villalobos debió haber sabido lo que la OMS dio a conocer desde antes de que llegaran a esa conclusión. Pero no lo hizo ¿Por qué?

Tal vez porque si hubiera dicho que la influenza porcina no era causa de alarma, hubiera quedado en evidencia que el gobierno federal panista no provee de los suficientes servicios médicos a una población mayoritariamente pobre y vulnerable a enfermedades no-letales como la influenza. Y que no los provee porque PAN y el PRI no han querido que los haya.

Tal vez porque si más gente se hubiera enfermado hubiera sido también muy notorio que el Seguro Popular no cubre a millones de mexicanos ya que no tienen dinero para pagar la cuota que el gobierno panista les exige para que se los puedan dar.

Tal vez porque hubiera sido más notorio que ante un cuadro de enfermedades causadas por la desnutrición o la falta de atención médica, lo que le urge a México no son cubrebocas, sino un gobierno que de verdad saque a la gente de la pobreza y le de cobertura médica gratuita tal y como se hace en paises como Inglaterra.

Tal vez porque sin una alarma por la influenza, Felipe Calderón no hubiera podido emitir un decreto para permitir los allanamientos a casas habitación disque para combatir la influenza sin que nadie le reclamara.

Tal vez porque sin esa misma alarma, el gobernador panista de Jalisco, Emilio González Márquez no hubiera podido ordenar cerrar los antros de Puerto Vallarta sin cerrar las escuelas.

Tal vez porque sin esa alarma no hubiera sido amedrentar a la población a tal grado que los hizo esconderse en sus casas y obedecer lo que les dijeran sin chistar.

Tal vez porque hubiera quedado claro que en un estado fallido la gente se muere por enfermedades que en otros paises no matan a nadie.

Ahora tanto el gobierno panista como los medios pretenden lavarse la cara por la crisis de pánico que causaron sin motivo real dando las cifras de recuperación de los pacientes que debieron haber dado desde hace tres días.

Sí; tanto Córdova Villalobos como los medios ahora se están enfocado ahora en decir que ya está bajando el número de enfermos de influenza. Lástima que no dijeron eso ayer en la mañana cuando se les ocurrió alarmar a todo el país suspendiendo clases en toda la república.

José Ángel Córdova Villalobos debe renunciar a la Secretaría de Salud por inepto. Y Calderón debe reunciar a ser el titular del ejecutivo por haberse colgado del pretexto la influenza para violar la constitución mediante un decreto que autoriza los allanamientos de morada sin un motivo real.

Dudo que vayan a renunciar por esto--a pesar de que causaron una de las crisis de miedo más fuertes en tiempos recientes a nivel nacional e internacional--por lo cual solamente hay un camino para evitar que gente como ellos vuelvan a estar en el poder: no votando nunca más por los partidos que los llevaron al poder: el PAN y el PRI.

PD: el mensaje para celular de hoy:
La gente de lo que se muere es de pobreza, no de influenza. No votaré por el PAN ni por el PRI. Reenvía.

PD2: Pierde DF 728 millones de pesos a diario por el miedo que causó el gobierno por la influenza. Malo que fuera por un plantón en Reforma. Entonces sí se quejarían los panistas.

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