Páginas

::::

Mostrando las entradas con la etiqueta Jaime Avilés. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jaime Avilés. Mostrar todas las entradas

viernes, diciembre 03, 2010

Jaime Avilés presenta 25 años en imágenes de La Jornada FIL Feria Internacional del Libro



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2010::

jueves, diciembre 02, 2010

Jaime Avilés presenta: 25 años en imágenes de La Jornada [FIL Feria Internacional del Libro]


Extensión Medios/FIL

Este miércoles 01 de Diciembre, a cuatro años de la toma de protesta de Felipe Calderón y en el marco de la Feria Internacional del Libro el periodista Jaime Avilés presentó un libro que logró recabar por medio del fotoperiodista Fabricio León Diez decenas de miradas, impresas en el diario La Jornada, en casi 26 años de existencia. 

Además de un recorrido por 393 fotografías, el lector puede encontrar una perspectiva distinta, pues el periódico La Jornada nació por la necesidad de conocer otra realidad, esa misma que según Jaime Avilés, los demás periódicos niegan y siguen negando.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2010::

sábado, octubre 17, 2009

SME: Calderón tiene un pie en el abismo


Desfiladero
Jaime Avilés

La Jornada

Según versiones oficialistas, en octubre de 2006, Felipe Calderón trazó el plan para acabar con Luz y Fuerza del Centro (LFC) y, a la vez, con el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), un gremio aguerrido, que tiene vínculos fuertes con organizaciones sociales radicales y con el PRD, de acuerdo con un supuesto estudio encargado en aquel entonces por la oficina del político michoacano.

¿Es verdad que el golpe al SME se debió a su cercanía con (Andrés Manuel) López Obrador?, preguntó el pasado lunes, en su show matutino, un levantacejas de Televisa al secretario del Trabajo. De ninguna manera, la decisión fue técnica, no política, y apegada a la ley, respondió Javier Lozano, impertérrito.

LFC no es la empresa pública más antigua del país –como irreflexivamente escribió el autor de estas líneas en una apresurada crónica nocturna publicada ayer–, sino quizá la más joven: Salinas la creó por decreto en febrero de 1994. En cambio, el SME es sin duda el sindicato más longevo de México: dentro de dos meses cumplirá 95 años y, por como pintan las cosas, los celebrará en medio de la más difícil de sus batallas o al calor de la más gloriosa de sus victorias.

En la mesa de supuestas negociaciones –que se instaló ayer en Bucareli– los representantes del gobierno insistieron en liquidar a los 44 mil electricistas echados a la calle. Hasta el cierre de esta columna, el gremio no había planteado la demanda que reunió la tarde-noche del jueves a cientos de miles de personas en el corazón de la ciudad de México: la abolición del decreto extinguidor o, en su defecto, la renuncia de Calderón.

Como es obvio, el gobierno fingirá que negocia, garrote en mano, para ganar tiempo y ver si surte efecto su campaña de dividir al sindicato comprando a buena parte de sus afiliados con cheques de 300 y 400 mil pesos. Ese cálculo es erróneo: los del SME son trabajadores altamente especializados y no se venderán por unas migajas. El sentimiento de frustración y rabia que comparten lo sintetizaba el jueves un hombre que iba por Reforma con un chaleco sobre el que había escrito: De ingeniero a taquero. ¿Tantos años de estudio y de esfuerzo ya no le van a servir de nada? ¿Ahora venderá tacos de canasta? No: lo más probable es que, al disponer de tanto tiempo libre, se dedique intensamente a hacer política en contra de quien, de un plumazo, destruyó su vida y las expectativas de sus hijos para poner en manos de los mismos ricachones de siempre un negocio de miles de millones de dólares: el de la fibra óptica.

El golpe militar –con soldados disfrazados de policías– que Calderón asestó la noche del sábado pasado es un eslabón más de una larga cadena de acciones ilícitas cometidas por los últimos gobiernos para privatizar la industria eléctrica nacional. Todo comenzó en 1998, cuando los dueños de México descubrieron que en LFC había una red de fibra óptica de mil 100 kilómetros de longitud que, además de transmitir energía eléctrica, podía ser usada para mandar imágenes de televisión, señales telefónicas y dar servicio de Internet, exactamente lo que hoy en día ofrece Cablevisión y desea ardientemente hacer Carlos Slim.

Esa red fue instalada hace 30 años, la última vez que LFC fue modernizada por el gobierno federal, antes que Salinas la fusionara con las empresas distribuidoras de electricidad en los estados de México, Morelos, Hidalgo y Puebla. Desde que Zedillo supo que esa maraña de fibra óptica servía para otras cosas, la compañía dejó de recibir mantenimiento. Las máquinas compradas por el gobierno de López Portillo se quedaron sin refacciones, pero siguieron funcionando gracias a la sabiduría y la constancia de los trabajadores del SME.

El hundimiento de Luz y Fuerza, y de la industria eléctrica en general, se agudizó durante el sexenio de Fox: éste permitió, violando la Constitución, que empresas privadas generaran 30 por ciento de la energía que consume actualmente el país, lo que obligó a que las plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) redujeran en la misma proporción sus actividades, hecho que en 2007 ocasionó la inundación de Villahermosa debido a la sobrecarga de la presa Peñitas, que fue desfogada a toda prisa cuando estaba a punto de reventar.

La segunda jugada sucia de Fox consistió en imponernos, a todos los mexicanos, la tarifa Doméstica de Alto Consumo (DAC), gracias a la cual nuestros recibos de luz subieron escandalosamente. A una familia que pagaba 180 pesos al bimestre de pronto le empezaron a cobrar 3 mil. Iba uno a reclamar a LFC y luego de horas de espera en oficinas atestadas, antiguas e incómodas, se enteraba de que le habían aplicado la tarifa DAC. De este modo, la cartera vencida de la empresa creció a niveles inmanejables, y los medios hicieron el resto.

Desde que empezó este sexenio, los levantacejas emprendieron una campaña contra LFC y contra el SME, culpando a ambos de todo: los injustos cobros, el mal servicio, la corrupción y demás calamidades. Todo para alcanzar la meta que Calderón se habría fijado en octubre de 2006, dos meses antes de colocarse la banda tricolor.

¿Por qué los técnicos de la CFE que ahora operan las instalaciones de Luz y Fuerza no pueden arreglar los apagones? Porque no saben cómo funcionan las carcachas en que Zedillo, Fox y Calderón convirtieron las instalaciones de la empresa para adueñarse del negocio de la fibra óptica. Hasta ayer, las fallas eléctricas en toda la ciudad habían ocasionado pérdidas de al menos 3 mil millones de pesos.

Durante el mitin del pasado lunes en San Lázaro, el senador Ricardo Monreal dijo que la solución de este conflicto será política. Quizá sea verdad que la bancada del PRI está dividida y que algunos de sus integrantes formarán el grupo de 125 legisladores que se requiere para solicitar que la Suprema Corte derogue el decreto extinguidor. Pero todos sabemos que la Corte es un despacho de abogados al servicio de Los Pinos. Así que por ese camino las cosas no llegarán a ningún lado.

La única estrategia que puede tener éxito es la que plantearon los líderes sindicales el jueves en el Zócalo: una huelga general que obligue al gobierno a anular el decreto. Hay óptimas condiciones para ello. El golpe contra el SME sacó a la calle a obreros, campesinos, amas de casa, jubilados, desempleados, artistas y jóvenes, miles y miles de jóvenes, estudiantes o no. El nuevo movimiento social que nació antier contra Calderón puede extenderse por todo el país, si en los estados de la República las movilizaciones en apoyo al SME agregan otras demandas: abolición de la tarifa DAC y rechazo al proyecto económico que pretende aumentar los impuestos y reducir aun más el consumo de la población.

Calderón tiene un pie en el abismo: si su audacia provoca un apagón generalizado en la ciudad de México, si su tozudez conduce al pueblo a la huelga general, si los nuevos impuestos se traducen en saqueos de supermercados y farmacias, 2010 será el último año de su ilegítimo, destructivo y corrupto gobierno.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

sábado, agosto 15, 2009

El mayor asesino de Acteal se llama Ernesto Zedillo

Foto
Algunos de los liberados del caso Acteal permanecen en un hotel de CintalapaFoto Moysés Zúñiga Santiago

Desfiladero

Jaime Avilés

La Jornada

Ernesto Zedillo Ponce de León, Emilio Chuayffet Chemor y Julio César Ruiz Ferro son los principales beneficiarios de la abominable decisión de la Suprema Corte, que el miércoles liberó a 20 paramilitares responsables de la matanza de Acteal y pronto soltará a 30 más.

No lo olvidemos: la noche del 22 de diciembre de 1997, cuando varios grupos de gatilleros a sueldo salieron de las comunidades de Los Chorros y Pechiquil, en el municipio de Chenalhó, para dirigirse a la ermita de Acteal donde oraban Las Abejas, Zedillo era presidente de la República y comandante supremo de las fuerzas armadas; Chuayffet era secretario de Gobernación y Ruiz Ferro gobernador de Chiapas, y ninguno de los tres desconocía el terrible clima de violencia, inducida, deliberadamente por ellos mismos, contra las bases de apoyo del EZLN en los Altos.

Era una política de Estado, planeada y aprobada en el más alto nivel del Poder Ejecutivo federal, y había sido puesta en marcha, en su fase crítica, hacía varios meses. Los paramilitares, armados y adiestrados por el Ejército, atacaban las casas y las cosechas de los zapatistas, las saqueaban, las incendiaban y obligaban a hombres, mujeres y niños a refugiarse en las montañas, tiritando bajo la lluvia y el frío.

Mientras esto ocurría –y La Jornada lo documentaba con las crónicas de Hermann Bellinghausen, antes que el tema fuera retomado en televisión por Ricardo Rocha–, Chuayffet se cambió de peinado, y posó para los medios, protagonizando una nota frívola, acerca de su nueva imagen. Zedillo entre tanto guardaba silencio y Ruiz Ferro coordinaba las operaciones locales.

El 4 de noviembre de 1997, mes y medio antes de la matanza, los obispos de San Cristóbal de Las Casas, Samuel Ruiz y Raúl Vera, fueron tiroteados a su paso por una comunidad paramilitar del norte de Chiapas. Pero ni Zedillo, ni Chuayffet ni Ruiz Ferro intervinieron para frenar la escalada violenta creada, insisto, por ellos mismos.

La primera semana de diciembre, en el Zócalo, Andrés Manuel López Obrador, entonces presidente nacional del PRD, encabezó un mitin, no muy concurrido por cierto, para exigirle a Zedillo que frenara a los paramilitares. Pero los preparativos de la carnicería continuaron. Todo está documentado en las hemerotecas. En los centros defensores de los derechos humanos abundan los testimonios y las pruebas. Sobran evidencias para demostrar que se trató de un crimen de Estado, con una finalidad militar estratégica.

Hasta ese momento, a casi cuatro años del inicio de la rebelión, las fuerzas armadas no habían ocupado a su entera satisfacción los Altos de Chiapas. Necesitaban un pretexto. Y con la anuencia de Zedillo y de Chuayffet, y la sumisión de Ruiz Ferro, aplicando los manuales de guerra de baja intensidad del Pentágono y utilizando a los paramilitares que habían capacitado en los cuarteles, obligaron a miles de zapatistas a refugiarse en las montañas en calidad de desplazados. Una vez logrado ese objetivo dieron el golpe de gracia en Acteal. Entonces, miles de soldados se aposentaron en los Altos para evitar nuevos brotes de violencia.

Al paso de los años, la maniobra bien puede leerse como una jugada de pizarrón. De parte del gobierno, fue la respuesta más brutal a la declaración de guerra que el EZLN emitió el primero de enero de 1994. Pero, al autorizarla, Zedillo cometió un crimen de lesa humanidad por el que algún día, ojalá no muy remoto, será juzgado y condenado. Su delito, como se sabe, es imprescriptible, y cuando en México se restaure la justicia tendrá que responder, no sólo por Acteal sino también por las matanzas de Aguas Blancas, El Charco y El Bosque, cuyo gobierno instrumentó para alcanzar objetivos de corto plazo, entre otros, por ejemplo, justificar devaluaciones temporales del peso. Sólo una bestia como él –a la que según sus propias declaraciones nunca le ha dolido la cabeza– pudo haberle causado a México tantos daños económicos y sociales y, no obstante, conservar el cinismo que le permite pasearse por el mundo como el padre de la transición democrática mexicana... merced a la cual nos dejó entre las pezuñas de un burro como Vicente Fox.

Pero por lo pronto, seamos objetivos, Zedillo y sus cómplices aplazaron por algún tiempo más el juicio que no podrán eludir indefinidamente. Se anotaron, hay que reconocerlo, una pequeña victoria, junto con los sepultureros de la historiografía, que en 2006 desenterraron los cadáveres de los niños, de las mujeres, de los ancianos y de los hombres asesinados en Acteal, y de los fetos que fueron sacados del vientre materno a machetazos, para acusarlos de delitos nefandos. Que la patria los cubra de laureles y de euros.

Gracias a las momias de la Suprema Corte, el futuro de México está en manos de los paramilitares, esos nuevos actores políticos que, inspirado en la experiencia colombiana, Enrique Peña Nieto planea utilizar, si llega a Los Pinos, como agentes pacificadores en contra del descontento popular y, supuestamente, el narcotráfico. No por nada, las relaciones entre la ultraderecha prianista y el gobierno paramilitar de Álvaro Uribe están más sólidas que nunca.

Anteayer, en Bogotá, Calderón olvidó que preside el Grupo de Río y que debe fomentar las buenas relaciones diplomáticas entre los países de América Latina, y delante de Uribe se manifestó en favor de las siete bases militares que Estados Unidos planea modernizar en territorio colombiano, como parte de una eventual guerra contra Venezuela, Ecuador y Bolivia. Con ese gesto de adhesión a Uribe, Calderón lanzó una bofetada a Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales. Las consecuencias no tardarán en hacerse visibles.

Lo bueno es, sin embargo, que la inmensa mayoría de los mexicanos ni siquiera se enteró de la excarcelación de los asesinos de Acteal, o de las nuevas formas de represión made in Colombia que se fraguan, y de ningún otro asunto, trascendente o no, porque México, sí, ¡México, nuestro querido México!, le ganó 2-1 a Estados Unidos y eso es lo único que cuenta y por lo cual merece la pena vivir borrachos de gloria hasta que termine el campeonato mundial de Sudáfrica.

La victoria de México, ¡de todo México!, sobre el equipo de Estados Unidos es mil veces más importante que el anuncio, hecho el martes por Agustín Carstens, cuando dijo que en 2010 el país dejará de captar 316 mil millones de pesos por concepto de venta de petróleo y, por lo tanto, el gobierno recortará todos los programas sociales, no fomentará las actividades productivas, no construirá la nueva refinería (pero seguirá importando gasolina y cobrando comisiones por ello), despedirá a más burócratas y aplicará IVA a alimentos y medicinas, pero no rebajará los sueldos de ninguno de los altos funcionarios, ni disminuirá sus privilegios, ni pronunciará la palabra austeridad.

Al contrario, subirán todos los precios, se perderán cientos de miles de empleos, se recrudecerá la inseguridad y se multiplicarán las fuerzas represivas, pero sólo pensaremos en una cosa mágica, fascinante y extraordinaria: el futbol. Y cuando México, ¡sí, todo México!, tenga su boleto para irse a Sudáfrica, Televisa se encargará de mantenernos extasiados y anestesiados, incluso cuando no nos quede otro remedio que ir al Monte a empeñar la televisión. ¡Ah, qué maravillosos días se avecinan!

Por lo pronto, hay que ir al cine a ver Corazón del tiempo, la película que durante años y con enormes sacrificios escribieron Hermann Bellinghausen y Alberto Cortés, antes de filmarla en la selva Lacandona, con los miembros de una comunidad zapatista que relatan su propia vida, entretejida con la historia de amor entre una mujer que se quiere casar con un soldado del EZLN, pero tiene en contra la opinión de su familia. Un proyecto cinematográfico admirable, que desde su gestación contó con la simpatía y el apoyo de Robert Redford.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

sábado, agosto 01, 2009

Desfiladero: López Obrador, la gallina muerta y el perrito

Foto
Elementos de la PF ocupan las oficinas de Pemex, en la colonia Anáhuac, como parte de la investigación sobre el robo de combustible en la paraestatal Víctor CamachoFoto

Jaime Avilés

La Jornada

E
stán ocurriendo extrañas cosas en las cloacas del país, es decir, en los más altos niveles del gobierno federal (o lo que sea). Por ejemplo, hace unos días, la casa encuestadora GEA –sí, una de las empresas particulares del director general de Petróleos Mexicanos, Jesús Reyes Heroles González Garza– reveló que en la nueva Cámara de Diputados, recién electa el pasado 5 de julio, Felipe Calderón tendrá bajo su control directo 16 legisladores, mientras Andrés Manuel López Obrador dispondrá de 29 y Enrique Peña Nieto, de 46.

La respuesta de Los Pinos, aparentemente, llegó ayer, menos de una semana después, con la noticia de que la Procuraduría General de la República descubrió una red de 12 bandas delictivas que desde hace 10 años se dedican a robar, adulterar y vender gasolinas y diesel. Sólo en 2008, agrega la PGR, extrajeron casi 5 millones de barriles, causando un perjuicio económico estimado en 9 mil 300 millones de pesos.

¿Hay una relación de causa y efecto entre ambos hechos? ¿Reyes Heroles se distrae de sus ocupaciones petroleras para difundir que ahora Calderón vale políticamente menos que López Obrador y mucho menos que Peña Nieto y, por tanto, la PGR lo amonesta insinuando que debería prestar más atención al negocio que regentea y evitar que sus empleados se lleven a casa la mercancía? Como dijo Descartes, no lo descartes...

Otra. La prensa amiga del régimen realiza un hallazgo escalofriante, inesperado, devastador. Investigaciones independientes llegan a la conclusión de que diversos actores políticos desvían los fondos del Procampo a sus propias cuentas bancarias. Más: las pesquisas ponen de relieve que esta práctica, insólita e insospechada, se realiza desde hace nueve años. ¿Por qué nadie se había dado cuenta? ¿No habrá un error en la información? ¿Estarán hablando en serio?

Todo parece indicar que sí. Es más, según fuentes bien calificadas, los economistas de Los Pinos discuten ya la forma de acabar de una vez por todas con ese foco de corrupción que es Procampo. O dicho de otro modo, como el calendario electoral quedó atrás, el gobierno (o lo que sea) recortará drásticamente los programas sociales en el presupuesto del año próximo.

La columna Dinero, de Enrique Galván Ochoa, informó ayer que la producción industrial de (Japón) la segunda potencia del mundo, dio un salto impresionante en el segundo trimestre del año, creció 8.3 por ciento, el mayor estirón desde 1953. China (...) había bajado el ritmo, pero en el segundo trimestre del año retomó la ruta de desarrollo de dos dígitos. El gobierno aplicó una inyección de 586 mil millones de dólares para reactivar la economía.

Luego de repasar los casos de Brasil y Chile, donde también hubo signos de recuperación en abril, mayo y junio, Galván subraya que es en el mismo segundo trimestre cuando la economía de México registró una de las mayores caídas de los tiempos recientes, de 10 u 11 por ciento.

El año pasado, cuando la crisis económica estalló en toda su magnitud, López Obrador propuso con insistencia un programa de austeridad que, mediante la reducción de salarios en los altos niveles de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, permitiría ahorrar 200 mil millones de pesos, mismos que podrían ser inyectados, como lo hicieron los chinos, a diversos sectores productivos.

Como era de esperarse, Calderón no se dio por enterado. Atado de pies y manos por sus compromisos con todos aquellos a quienes les juró servirlos de rodillas a cambio de que lo dejaran ponerse la banda presidencial, no tuvo más remedio que mantener intactos los sueldos y las faraónicas prestaciones de sus colaboradores y cómplices en el gobierno, en las cámaras y en la Corte. Ahora, como ya pasaron las elecciones, el presupuesto del año entrante, destinado a las actividades agropecuarias, sufrirá una drástica disminución, mientras los ingresos de los altos funcionarios del régimen serán reforzados, vamos a ver cómo, para que no sufran las consecuencias de la Ley de Salarios Máximos, que entrará en vigor en 2010.

En noviembre de 2004, después de la relección de George WC Bush a la presidencia de Estados Unidos, la columnista Amy Goodman relató en este diario una anécdota de su infancia. Contó que en su pueblo natal, cuando un perro mataba una gallina, era castigado con saña didáctica: le amarraban la gallina al pescuezo hasta que se pudriera, y andaba con ella, enfermo de repugnancia, soportando la peste, durante días. Para que nunca más lo volviera a hacer.

El gobierno surgido del fraude electoral de 2006 llegó a su fin el 5 de julio de 2009, hace menos de un mes. Si Calderón, a lo largo de 2007 y 2008, fue incapaz de obtener el respeto de nadie –ni del pueblo, que nunca lo reconoció como presidente, ni de los gobernadores priístas, que lo ayudaron a llegar a Los Pinos a cambio de impunidad absoluta–, hoy, después de la debacle, políticamente, es un fantasma.

En la metáfora de Amy Goodman, Calderón es la gallina muerta y nosotros, los ciudadanos, el perro que la traerá atada al cuello durante los próximos tres años y medio, hasta diciembre de 2012. Pero entonces tomará el poder Peña Nieto para que nada cambie por lo menos hasta diciembre de 2018, y aun después. Así es como tienen planificado el futuro inmediato las 30 familias propietarias de nuestro país, es decir, de nosotros mismos, de nuestros sueños y de nuestro destino.

Este es el significado profundo del manifiesto que López Obrador publicó el jueves, dirigido al pueblo de México. En la época del PRI-gobierno, recordó, al final de cada sexenio el presidente saliente era devorado por el sistema –sus errores, fracasos, abusos y excesos de repente salían a la luz y los repudiaba todo mundo– para que el entrante, con plena comodidad, se adueñara del escenario y renovara las esperanzas de las mayorías. Hoy está ocurriendo lo mismo, sólo que a destiempo. Después del desastre electoral del 5 de julio, afirma el político tabasqueño, una vez más estamos siendo testigos de la recomposición del mismo régimen (...) cuando el gobierno de Calderón ni siquiera ha cumplido tres años.

Esto explica por qué la oligarquía impulsó, o cuando menos permitió que resurgiera el PRI y progresara la intentona de imponer a Enrique Peña Nieto como candidato a la Presidencia de la República en 2012, para seguir manteniendo la misma política de corrupción y de privilegios. El diagnóstico es correcto; el pronóstico, en cambio, parece difuso.

De todos los aspirantes presidenciales del PRI, Peña Nieto es el más joven. Tendrá que resistir, sin desgastarse, de aquí a noviembre de 2011, cuando tal vez lo destapen. Faltan muchos meses y muchos días. Su imposición está muy lejos de ser un designio fatal. Por eso, el manifiesto de López Obrador llama a sus seguidores a seguir sumando a más representantes del gobierno legítimo, esto es, a seguir construyendo una nueva fuerza política en todo el país para ganar las elecciones de 2012, echar a la basura el modelo neoliberal y desatar un proceso de transformaciones profundas a corto y a largo plazos. No es tarea fácil, pero tampoco imposible.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

sábado, julio 25, 2009

¿Comenzó una nueva etapa de golpes de Estado?

Foto: César Huerta/Extensión Medios

Desfiladero
Jaime Avilés
La Jornada

En los momentos en que estas palabras encuentran acomodo definitivo en este espacio, el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya Rosales, deja Nicaragua y se interna apenas unos cuantos metros en el territorio de su país. La televisión transmite, en vivo desde el sitio donde ocurren los hechos, un episodio clásico del siglo XIX. En lugar de un carruaje como el de don Benito Juárez, o de un caballo como el de José Martí, Zelaya viaja en un jeep blanco y, en vez de un sable, empuña un teléfono celular. Más allá de la tecnología y de la parafernalia, la escena pertenece al mismo tiempo al pasado y al futuro.

A los mexicanos la perspectiva de regresar al pasado nos deja indiferentes porque vivimos en el siglo XIX hace ya muchos años: los últimos cuatro gobiernos sexenales destruyeron el pacto social que surgió de la Revolución de 1910 y nos hicieron retroceder a una época anterior al porfiriato, cuando, como ahora, no había ferrocarriles. Así que eso no nos preocupa. Somos la economía latinoamericana que ha registrado el menor crecimiento en 25 años. Intentemos atisbar, por lo mismo, qué nos reserva el futuro, al menos desde la perspectiva que anuncia el golpe de Estado en Honduras.

Zelaya pertenece a una acaudalada familia de latifundistas que, en muchas ocasiones, honró las tradiciones de crueldad e injusticia típicas de la oligarquía de su país. Una oscura leyenda habla de horrendos crímenes en la hacienda de su padre. Eso no está a discusión. Lo que interesa es que al llegar al poder emprendió reformas sociales en beneficio de los más pobres.

Aumentó los salarios mínimos, extendió la cobertura de la seguridad social y trató de reducir el analfabetismo, pero desarrolló una política exterior que molestó a los halcones de Washington y, por tanto, a las fuerzas armadas hondureñas. Específicamente, firmó con el gobierno de Hugo Chávez convenios para recibir petróleo venezolano a precios bajos y a pagar a largo plazo. Aunque los términos del pacto eran más que favorables, la oligarquía lo derrocó cuando propuso modificar la Constitución para que futuros gobernantes –no él– pudieran relegirse.

El golpe del 28 de junio, en realidad, no fue contra Zelaya sino contra Chávez y también contra Obama. Fue la respuesta de Cheney y los republicanos al discurso que el nuevo presidente demócrata leyó en Trinidad y Tobago, el 19 de abril de este año, cuando habló de su intención de establecer otro tipo de relaciones entre la Casa Blanca y América Latina. Sólo dos meses después, la caída de Zelaya lo puso a prueba: si usaba todo su poder para reinstalarlo en el cargo, en Washington lo acusarían de ser un peón a las órdenes de Chávez; si no metía las manos, quedaría en ridículo ante los votantes de habla hispana.

Obama ha reaccionado con extrema tibieza. Podía aplicar sanciones económicas que en menos de tres días habrían estrangulado al golpista Roberto Micheletti, pero prefirió que Hillary Clinton manejara la crisis por debajo del agua, concediendo a sus adversarios todas las ventajas. Estos ya preparan las elecciones de noviembre, de modo que sólo deben resistir algunos meses más para conformar un nuevo gobierno. A Zelaya, por lo contrario, el tiempo se le acaba. Su presencia en la frontera no produjo el efecto que esperaba, es decir, la salida del pueblo a las calles de todo el país para echar del poder a los usurpadores y acompañarlo en su retorno a Tegucigalpa.

Las reformas sociales de Zelaya –todo así parece indicarlo– fueron tan limitadas que el grueso de la población no se jugó la vida para defenderlas. Quienes se han manifestado exigiendo la restauración de la democracia son los sectores más lúcidos, que no confían en Zelaya pero lo ven como una posibilidad de llevar adelante cambios más profundos. En suma, las perspectivas no son lo que se llama optimistas y Felipe Calderón ya no es el único gobernante de facto de América Latina.

Después de robarse la Presidencia de la República en las elecciones de 2006, y de perder en forma patética las de 2009, reprobado por los especialistas en todas las materias, vapuleado por el narcotráfico, Calderón gobierna cada vez más con el apoyo del Ejército y observa los acontecimientos hondureños con sumo interés, tomando nota de los detalles y prendiéndole veladoras a Fujimori, el ex presidente peruano que gracias a un decreto disolvió el poder legislativo y se convirtió en dictador.

Objetivo: el petróleo

Envalentonados por su éxito y por la debilidad de Obama, los halcones de Washington avanzan rumbo al sur. Desde Colombia –que desempeña en Sudamérica el mismo papel que Israel en Medio Oriente– han lanzado una grave acusación contra el presidente de Ecuador, Rafael Correa: afirman tener pruebas de que la guerrilla de las FARC financió su campaña a la presidencia.

Al mismo tiempo, Colombia da su beneplácito para que el Pentágono ponga bases militares cerca de la frontera venezolana. Ya que los halcones no pudieron acabar con Chávez mediante el golpe militar de abril de 2002, ahora hacen pública su intención de declararle la guerra. Entre tanto, continúan saboteando de todas las formas posibles al gobierno de Evo Morales. Les queda muy claro que Ecuador, Venezuela y Bolivia poseen, además de Brasil y México, las mayores reservas de petróleo y gas natural del subcontinente. Y Estados Unidos jamás renunciará a ellas.

México está destrozado; ningún adjetivo describe mejor lo que nos han hecho los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox y Calderón tras el desastroso sexenio de De la Madrid. Sobrevive la mitad de los mexicanos con mil 900 pesos al mes, informó La Jornada, en su nota principal de primera plana, el domingo anterior y, al otro día, en el mismo espacio, desplegó la siguiente noticia: “Medio México, campo de batalla contra el narco”. No debemos extrañarnos: si la mitad de la población carece de lo más indispensable, es lógico que la mitad del territorio haya sucumbido a la violencia.

Pero falta lo peor. La crisis económica seguirá deteriorando las condiciones de vida de todos: aumentará el desempleo, la carestía, la falta de liquidez y la inseguridad, pero ni los dueños del país, ni los políticos a su servicio, ni los intelectuales que supuestamente deberían iluminarlos con sus reflexiones reconocen que este desastre fue causado por un modelo económico que debe ser sustituido. Lo más desesperante es que ni siquiera discuten el tema, no les pasa por la cabeza, no se les ocurre. Lo que más les preocupa, si acaso –en un plano muy secundario, además de sus continuas pérdidas económicas– es quién remplazará a Calderón en 2012.

¿Quién les administrará el rancho, quién mantendrá a raya a 80 millones de pobres? Ya lo verán en su momento. Ya decidirán, cuando llegue la hora, si el país queda en manos de Enrique Peña Nieto, el gobernador mexiquense que no oculta su admiración por Álvaro Uribe, es decir, por los ejércitos paramilitares que éste utiliza para combatir la guerrilla y el narcotráfico.

Por lo pronto, el martes próximo, Andrés Manuel López Obrador comenzará una gira por los más de 400 municipios de usos y costumbres de Oaxaca. Al final del año habrá concluido su visita a todos los ayuntamientos del país y habrá terminado de construir la red de comités del gobierno legítimo, cuyos afiliados suman ya más de 2 millones de personas.

En la ciudad de México y en otras regiones del país, entre tanto, el movimiento que encabeza espera propuestas para reanudar sus actividades. Las señales, en principio, llegarán cuando se defina la agenda legislativa del Congreso. ¿Nos impondrán ahora el IVA a alimentos y medicinas? ¿Lo permitiremos?


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

lunes, mayo 25, 2009

Elecciones: tres lecturas del 5 de julio

Desfiladero
Jaime Avilés
La Jornada

Hay tres maneras de anticiparse a los resultados probables de las elecciones del 5 de julio. La primera, y sin duda la más acariciable y atractiva para los jóvenes, es la que promueve la abstención total. Que nadie vote ese día. O que todos vayamos a las urnas y anulemos nuestra boleta con una consigna política, una mentada de madre o un dibujo no figurativo. Según mediciones que se hacen por aquí y por allá, si esta idea se impone la votación será inferior a 30 por ciento: hay quienes la fijan ya en 27 por ciento y exponen razones que aquí sería tedioso repetir.

Supongamos, pues, que efectivamente votan 27 de cada 100 personas inscritas en el IFE en todo el país. Como el mercado electoral está dividido en tres tercios, PRI, PAN y PRD representarían, en consecuencia, cada uno, a poco más o poco menos de 10 por ciento de los ciudadanos. ¿Qué legitimidad tendría por lo tanto la próxima Cámara de Diputados? Tanta como la que le falta, por su origen fraudulento, al gobierno (o lo que sea) de Felipe Calderón y a las multimillonarias momias de la Tremenda Corta.

Si el Poder Legislativo se deslegitima o, para decirlo de otro modo, se envilece como el Ejecutivo y como el Judicial, en medio de una crisis económica tan profunda y con un Estado evidentemente fallido, cuyos operadores son el colmo de la ineptitud, el país podría caer en una situación de ingobernabilidad muy peligrosa, en opinión de Porfirio Muñoz Ledo, el ideólogo más radicalizado del movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador. ¿Muy peligrosa? Desde luego, pero también muy interesante porque podría conducirnos a la búsqueda de soluciones democráticas inéditas –el plebiscito revocatorio de mandato– o al caos.

Una segunda anticipación probable a los resultados del 5 de julio se basa en la hipótesis de que triunfe la estrategia impulsada por López Obrador. ¿En qué consiste? En dar la batalla por la vía pacífica, a través del proceso electoral, en contra de tres adversarios claramente identificados: el PRI, el PAN y la corriente interna del PRD aliada a esos dos partidos y a los poderes fácticos (los medios electrónicos y otros). ¿Cómo plantea López Obrador contender en esos tres frentes de lucha? Votando por los candidatos del movimiento en defensa del petróleo, la soberanía y la economía popular, que se encuentran repartidos en las listas del PRD, el PT y Convergencia.

Por ejemplo, en la ciudad de México, los simpatizantes de López Obrador tendrían que votar así: para jefes delegacionales, por los candidatos del PRD; para integrantes de la Asamblea Legislativa, también por los candidatos del PRD; para diputados federales de mayoría simple, también por los candidatos del PRD, pero ojo, mucho ojo, para diputados federales de la lista plurinominal, por los candidatos del PT. Y lo mismo en el resto del país: que en las cinco circunscripciones plurinominales el movimiento vote por los candidatos del PT.

Esa es la jugada y las fuerzas tenebrosas del espuriato ya se dieron cuenta. De allí los ataques de Amalia García, gobernadora perredista de Zacatecas, y Germán Martínez, presidente del PAN, en contra de Ricardo Monreal, senador del PT (con licencia de tres semanas). De allí también la rabieta de Jesús Ortega, presidente del PRD, que se negó a difundir un espot en que López Obrador llama a votar por los candidatos del sol azteca en el Distrito Federal, en represalia porque en el resto del país el tabasqueño invita a votar por el PT y por Convergencia.

¿Qué pretende con este gambito el ex peje de Gobierno, siempre fecundo en ardides como Ulises? Varios objetivos: apuntalar, una vez más, al PRD capitalino como la fuerza más grande e importante de la resistencia civil pacífica; mantener, y de ser posible aumentar, la mayoría que Marcelo Ebrard tiene en la Asamblea Legislativa, con la ventaja adicional de que en ésta ya no habrá aliados perredistas de la fuerzas tenebrosas del espuriato, porque no ganaron candidaturas en las elecciones internas (que, para variar, fueron un asco).

De acuerdo con las reglas del sistema electoral mexicano, partido que obtiene más votos recibe del Estado más dinero. En este sentido, la gambeta de López Obrador también es nítida: de lo que se trata es de aumentar los recursos oficiales del PRD capitalino y del PT en todo el país y, en la misma proporción, recortárselos al PRD nacional, es decir, a quienes valiéndose del prestigio del tabasqueño llegaron al poder con los votos del movimiento popular y, una vez allá arriba, pactaron con la derecha, hicieron la política de Calderón y se apoderaron de la estructura del partido para tratar de vencer por hambre a los seguidores de López Obrador. ¿Quién olvidará el caso de José Zamarripa, que murió en la más franciscana pobreza debido a esta trama canallesca?

La estrategia de López Obrador apunta a profundizar la lucha pacífica por la vía electoral y navegar las tempestades de los tres años venideros a bordo de un barco más resistente que la cáscara de nuez podrida en que se ha convertido el PRD nacional. ¿Saldrá la resistencia civil pacífica, más allá del Distrito Federal, a fortalecer al PT? ¿Si el movimiento decide a última hora participar masivamente en las elecciones, el abstencionismo será inferior a 70 por ciento? ¿En lugar de 27 de cada 100 votarán 35 de cada 100? Detrás de estas dudas se oculta la tercera lectura anticipada de los resultados del 5 de julio: la del fraude.

Antes de la contingencia sanitaria nos quedamos en que Elba Esther Gordillo y Calderón fraguaban acuerdos secretos para que los nuevos magistrados del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje fueran nombrados por la líder vitalicia del magisterio, a cambio de que la profesora acarreara a sus huestes y a sus gobernadores a las urnas para fabricarle una victoria tan aplastante como artificiosa al PAN. Esa posibilidad no ha perdido su vigencia. La mala noticia, para todos, es que si el gobierno (o lo que sea) opta por el fraude, el fracaso de las elecciones (que para una mayoría escéptica es ya carambola cantada) nos remitirá automáticamente al escenario dibujado en la primera columna de esta página.

Dicho de otro modo, si por obra y gracia de un fraude el Poder Legislativo se deslegitima como ya lo están el Ejecutivo y el Judicial, los sectores sociales que luchan por la transformación de la vida pública, de la economía y por un mejor sistema de justicia, tendrán que olvidarse de la vía electoral y organizarse para imponerle al gobierno un plebiscito revocatorio de mandato (que a la mejor Calderón también gana mediante un tercer fraude, pues como dijo Descartes, no lo descartes).

A seis domingos de las elecciones, ¿habrá un abstencionismo de 73 por ciento? ¿Funcionará la compleja estrategia de López Obrador? ¿Los medios lincharán a Monreal para aplastar al PT? ¿El IFE le dará tratamiento especial? ¿El PRI le regalará votos a los candidatos de Jesús Ortega para que el PRD nacional no se hunda... más? ¿Alcanzará un fraude para fabricarle a Calderón su mayoría? ¿Aprenderá Elba Esther a leer la palabra e-pi-de-mio-ló-gi-co? No es una encuesta. No publiquen sus verdaderas opiniones. Recuerden que las paredes no sólo oyen, también se roban la voluntad ciudadana.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

sábado, mayo 16, 2009

Calderón es un peligro para las relaciones México-China

Foto: César Huerta/Extensión Medios


Desfiladero

Jaime Avilés

La Jornada

Se esperaba en cualquier momento. Algo extraordinario iba a ocurrir. Un santo de palo iba a llorar lágrimas de sangre. O cualquier cosa por el estilo. Y dicho y hecho: Miguel de la Madrid acusó de ladrones y narcos a los hermanos Salinas de Gortari, el ex presidente incómodo afirmó que su antecesor padece demencia senil, éste aceptó el diagnóstico, se desdijo y tantán... Entre tanto, el pésimo manejo gubernamental de la influenza y las fricciones diplomáticas provocadas por el defensor de la humanidad con Cuba, Haití y especialmente China, se desvanecieron en el aire.

No obstante, al margen del cotidiano baño de sangre, de la inflación que no cesa, de las 120 empresas que cierran al día, de los 6 mil empleos que se pierden cada 24 horas, de la recesión, del golpazo que significó el paro de actividades comerciales durante la contingencia sanitaria y de los millones de euros que no vendrán por la falta de turistas, Felipe Calderón se dio tiempo y maña para crearse un lío de pronóstico reservado con el segundo socio de México en el mundo: China.

La situación se agrava de tal modo que, anteayer, la vicepresidenta de la Cámara de Comercio y Tecnología México-China, Amapola Grijalva, afirmó en una conferencia de prensa que las relaciones comerciales y de negocios entre ambos países no pueden romperse por un conflicto con unos turistas (en alusión a los mexicanos que fueron aislados en hoteles de Shanghai y Hong Kong como sospechosos de tener influenza). China es nuestro segundo socio comercial mientras nosotros para ellos no somos nada, abundó.

En octubre del año pasado, durante una visita a Pekín todavía como presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco), el empresario Luis Antonio Mahbub Sarquís explicó que China le compra a México productos cuyo valor asciende a 27 mil millones de dólares anuales, en tanto México, en el mismo lapso, importa de allá apenas 3 mil millones de dólares en mercancías (el resto llega de contrabando por las aduanas panistas).

Hace dos semanas, cuando estalló la contingencia sanitaria, en medio del pánico inducido por la Secretaría de Salud y el aparato de manipulación televisiva del gobierno, China envió a México un avión de carga con ayuda valuada en 5 millones de dólares. Por consejo de su secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, Calderón apareció en el aeropuerto, a las cinco de la mañana, y posó demacrado junto al jet del que salían cajas y cajas.

En esos mismos momentos, en China, un grupo de mexicanos era aislado en un hotel de Shanghai y algunos de sus integrantes, al darse cuenta de que afuera del edificio había periodistas, mostraron por las ventanas carteles para pedir comida y cigarros a cambio de información. Al enterarse de esto, Calderón enfureció y acusó a su canciller de mandarlo a hacer el ridículo. Acto seguido, ordenó que en respuesta al avión de ayuda, otro avión, cargado de resentimiento, volara a Shanghai y evacuara –es decir, rescatara o, lo que es lo mismo, salvara– a los mexicanos aislados allá. Días después, de China canceló la participación de México en una feria mundial de productos agroalimentarios y prohibió la importación de cerdos mexicanos. Entonces, a guisa de represalia, se produjo el disparatado discurso en el que sin mencionar a ninguno por su nombre, Calderón la emprendió contra aquellos países que discriminan a los mexicanos y, sin más, se autoproclamó defensor de la humanidad.

Pero las cuerdas se tensaron más cuando México puso en duda su asistencia a la Exposición Universal de Shanghai 2010, que en teoría será tan glamorosa como la de 1889 en París, que contempló el nacimiento de la Torre Eiffel. Y apenas el martes pasado, cuando la Organización Mundial de la Salud comprobó científicamente que la carne de puerco no contiene el virus A/H1N1, China reanudó la compra de cerdos mexicanos, entre otras cosas porque los necesita con urgencia para el chop suey.

Como bien señalaron los honorables directivos de la Cámara de Comercio México-China, por un conflicto con unos turistas, Calderón y su canciller han puesto en riesgo un negocio que le representa a México ingresos anuales por 27 mil millones de dólares. Y todavía no resuelven el problema.

Oportunidad única

Si el sainete De la Madrid-Salinas fue una nueva cortina de humo para quitarle reflectores al exhausto y desesperado Calderón, nosotros como ciudadanos podemos tender nuestras propias cortinas, no de humo sino de sueños, gracias a un milagro de otra naturaleza.

Varios factores –la huelga de guionistas de Hollywood, que achicó la producción industrial de basura cinematográfica; lo cotización del dólar que redujo la importación de cintas extranjeras, la falta de liquidez que padecen las cadenas exhibidoras de nuestro país– han hecho posible que, al menos en el Distrito Federal, haya en cartelera tres películas mexicanas de estreno (sí, por increíble que suene, tres): Purgatorio, Trazando Aleida y Sin nombre.

La primera y la segunda, además de sus méritos narrativos, deberían ser acreedoras a un reconocimiento especial por la tenacidad de sus creadores. Acerca de Purgatorio, del realizador sinaloense Roberto Rochín, cuenta el crítico especializado Nelson Carro: Basado en tres relatos de Juan Rulfo, adaptados por el director con Elías Nahmías y Tomás Pérez Turrent, este largometraje tuvo una larga y compleja producción. Cada uno de los relatos fue filmado de manera independiente, a lo largo de 12 años: Un pedazo de noche, en 1995; Paso del Norte, en 2001; Cleotilde, en 2007. Finalmente fueron reagrupados en un solo filme de acuerdo con el guión original.

Autor también de Ulama, el juego de la vida y la muerte (1986), Rochín compite en tesón y empeño con Christiane Kukhard, cineasta mexicoalemana que en 2001 leyó un reportaje en una revista acerca de una mujer de 28 años, Aleida Gallangos, hija de dos guerrilleros de la Liga Comunista 23 de Septiembre, que en 1975 fueron desaparecidos y asesinados por el gobierno de Luis Echeverría. La niña, que entonces tenía dos años, fue escondida por otro guerrillero, Carlos Gorostiola, que se la entregó a su propia familia para que la criara, poco antes de morir, él también, pero en combate.

Cuando Christiane Kukhard leyó el caso en 2001, se puso en contacto con Aleida y ambas se dedicaron a buscar a Lucio Antonio, el hermano mayor de ésta, a quién la policía, después de separarlo de su madre, depositó en una casa hogar para permitirle que viviera. Si Purgatorio es una cinta fielmente rulfiana, aunque dispareja, que contiene una auténtica joya (Un pedazo de noche) ambientada en el centro de esta ciudad en 1950 con una Dolores Heredia guapísima, Trazando Aleida es un documento que conmueve de principio a fin. Cada uno de estos trabajos bien vale los 55 pesos que Cinemex (en su quinto aumento de precios del año) cobra por proyectarlos, en pocas salas.

Apoyada entre otros por Gael García Bernal, Diego Luna y Arturo Sampson, que también son responsables de Cochochi, una hermosa fábula acerca de dos niños tarahumaras, que ya se fue de la cartelera, Sin nombre aborda la aventura, muchas veces trágica, de los migrantes centroamericanos que recorren el país a bordo del tren de la muerte con la idea de pasar a Estados Unidos. Dirigida por un cineasta de California, Cary Fukunaga, recibió un prestigioso premio en el Sundance Festival. Rebelémonos también hacia adentro. Veámonos en el espejo de nuestro cine. Basta de porquerías gringas.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

sábado, mayo 09, 2009

Influenza: los nombres de los muertos (segunda parte)

Desfiladero
Jaime Avilés

Foto
Ciudadanos argentinos, entre ellos artistas, empresarios y restauranteros, protestaron afuera de la embajada de ese país por la actitud de su gobierno ante la emergencia decretada en México por el virus A/H1N1 Alfredo DomínguezFoto Foto

En los más altos círculos de la UNAM hay un malestar creciente en contra del secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, a cuyo equipo responsabilizan de que México haya sido el único país en donde se multiplicaron los decesos por el nuevo virus de influenza. ¿De qué lo acusan? De irresponsable y de ineficiente. Y esa mala fama, que se ha traducido en desconfianza, llegó vertiginosamente a Argentina, Cuba y Ecuador, que suspendieron todos los vuelos desde y hacia México, provocó el confinamiento de turistas mexicanos en China, y el repudio a las Chivas en Chile, pero asimismo hizo que Diego Palacio, ministro de Protección Social de Colombia, declarara que allá les correspondía actuar como si ya hubiera una pandemia, no vaya a ser que nos pase lo que a México, que no tuvo las medidas en el momento adecuado (Iván Restrepo, La Jornada, 4/05/09).

Una prueba palpable del descontento que comparten los más distinguidos científicos de nuestra máxima casa de estudios, la hizo pública el ex rector Juan Ramón de la Fuente durante una reciente entrevista con Carmen Aristegui. El que fuera también secretario de Salud en el sexenio de Ernesto Zedillo puso en evidencia que desde el ascenso de Vicente Fox al poder, los panistas han recortado drásticamente los fondos federales destinados no sólo a la investigación sino a los mecanismos de contención oportuna de brotes epidemiológicos.

La opinión de De la Fuente ha sido corroborada, en distintos medios, por especialistas del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica, de las nueve unidades de Investigación Biomédica de la Secretaría de Salud, del Hospital de Infectología del Centro Médico Nacional La Raza y de la Unidad de Investigación Médica en Enfermedades Infecciosas y Parasitarias del Centro Médico Siglo XXI. En todos estos lugares hay laboratorios y personal calificado para detectar y combatir una pandemia, pero carecen de recursos económicos e insumos para efectuar su trabajo.

Peor: de acuerdo con un informe oficial de la Secretaría de Hacienda, el gobierno federal dejó de gastar, en el primer trimestre de este año, recursos aprobados para ser ejercidos en el sector salud por 575 millones de pesos, que afectaron a centros de vigilancia epidemiológica, de prevención de riesgos sanitarios (y) a hospitales que ofrecen atención principalmente a familias de escasos recursos (La Jornada, nota de Israel Rodríguez, 3/5/09).

Agustín Carstens, titular de Hacienda, y el propio Calderón afirmaron a principios de enero que el ejercicio puntual del gasto público sería una de las herramientas de las que echaría mano el gobierno para contrarrestar los efectos de la crisis económica. Pero mientras Córdova retenía, durante enero, febrero y marzo, 575 millones de pesos que urgían en las unidades de investigación biomédica y en los centros hospitalarios para pobres, el virus A/H1N1 comenzó a causar estragos que terminaron afectando, física o sicológicamente a todo el planeta.

Entre los académicos más cercanos al rector de la UNAM, José Narro Robles, cuya especialidad precisamente es la epidemiología, se estima que Córdova incumplió las normas de la Organización Mundial de la Salud, porque no le reportó a ésta, entre marzo y abril, los primeros casos de gripe atípica. Eso impidió que se detectara a tiempo la mutación del virus A/H1N1 y originó la absurda alteración de cifras que el secretario de Salud declamó en sus conferencias de prensa, durante los días más histéricos de la crisis.

Por si todo lo anterior no fuese de suyo muy grave, médicos consultados por esta columna aseguran que en la etapa más temprana de la contingencia sanitaria, la Secretaría de Salud carecía del antiviral Tamiflu en cantidades suficientes para atender a los primeros infectados. Por eso México fue el único país donde la gente empezó a morirse de A/H1N1, cosa que no ocurrió en ningún otro lugar de la Tierra.

Cuatro casos reportados

En su entrega de la semana pasada, esta columna exigió que el gobierno (o lo que sea) de Calderón diera a conocer los nombres y el perfil socioeconómico de las víctimas fatales del brote. Dos médicos escribieron al buzón de Desfiladero –y algunos lectores al portal electrónico de La Jornada– para condenar tal petición. Una doctora explica que para quienes pronunciaron el juramento de Hipócrates ocultar la identidad de los pacientes es tan sagrado como para ustedes, los periodistas, negarse a revelar sus fuentes. De lo que se trata, coincidieron muchas opiniones, es de no estigmatizar a las familias de los difuntos. Nunca –me parece innecesario aclararlo– este espacio alentó la intención de culpar o perseguir a alguien por haber enfermado de gripe.

Al margen de esta falsa polémica, varios lectores reportaron los nombres de cuatro personas fallecidas por A/H1N1. Para no herir susceptibilidades, me limitaré a precisar que eran tres hombres –un empresario próspero y exitoso, de 55 años, que daba clases de geofísica en la UNAM; un campesino de Zacatecas, de 42 años, que vivía con 12 familiares en una casita, así como un profesor de música, de 35 años, que enseñaba en un kínder de San Luis Potosí–, y una inspectora de Hacienda, de la ciudad de Oaxaca, de 39 años, madre de tres hijos.

Claro que ésta no es una muestra representativa de nada, pero es la información que aportaron los lectores de La Jornada, y que aún puede ampliarse con el apoyo de quienes tengan y deseen compartir más datos, a fin de contrastarlos con la estadística oficial, que ahora fluye desde el domingo pasado. Según Salud, de 19 víctimas fatales de A/H1N1, confirmadas hasta el 2 de mayo, 70 por ciento tenían entre 20 y 55 años de edad, 74 por ciento eran mujeres, 55 por ciento realizaban actividades laborales, 21 por ciento eran estudiantes, 21 por ciento amas de casa y 4 por ciento, desempleados.

Estas cifras carecen de coherencia, suenan a puro maquillaje, a vil propaganda panista. La exigencia de datos concretos y verificables sigue en pie, porque el gobierno (o lo que sea) ha manejado el tema de la salud pública en lo general, y de este brote de gripe en lo particular, con probada negligencia, torpeza y demagogia, ocasionándole, hay que repetirlo, daños físicos y sicológicos al conjunto de la humanidad. De allí la desesperada arenga televisiva del pasado lunes, cuando Calderón sostuvo que está defendiendo no sólo a los mexicanos sino a todos los seres humanos que en el mundo puedan contagiarse de esta enfermedad (más allá del mundo ya no responde).

De allí, también, el sintomático insulto a Haití, un país con mejor crecimiento económico que México, pero donde, según Calderón, se mueren de hambre, no del virus. Otro dato ilustrativo que deben conocer los amigos de México en el exterior: mientras la Secretaría de Salud dejó de ejercer 575 millones de pesos en investigación de epidemias y atención a los pobres, las secretarías de Marina y Defensa gastaron hasta el último centavo y de Los Pinos salió, y llegó al Congreso, una iniciativa de ley que pretende extender al máximo la militarización del país, violando las garantías individuales consagradas por la Constitución.

Como corolario, en Ocotepec, Morelos, el pasado martes aparecieron los cadáveres de cuatro jóvenes que habían sido secuestrados por la policía de aquella entidad el 18 de abril. Pronto habrá, por todas partes, estatuas ecuestres del defensor de la humanidad, y médicos tocando a la puerta de los hogares a las cuatro de la mañana en busca de enfermos de gripe...



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

sábado, mayo 02, 2009

Desfiladero. Influenza: los nombres de los muertos

Jaime Avilés

Ante todo, el brote de influenza que ha cambiado la vida (y la muerte) del país, es una denuncia mundial del saqueo y la devastación que millones de mexicanos hemos sufrido despiadada y sistemáticamente a lo largo de los recientes 27 años y que hoy nos ha convertido en un foco de infección para la humanidad. Era lógico que ocurriera esto. No podía tener sino consecuencias catastróficas el ejercicio de una política irresponsable que empobreció a 100 millones de personas, día tras día, hasta no dejarle a las grandes mayorías hambrientas otra salida que la emigración o el narcotráfico.

Durante el sexenio de Vicente Fox, México recibió las más abundantes ganancias de su historia por la venta de petróleo en el exterior, pero no quedó absolutamente nada de eso: el grueso del dinero fue utilizado para devolver a los más ricos de los ricos los impuestos que habían pagado; el resto, la propina, está en las trancas y el estiércol de un rancho en Guanajuato, en las empresas de los hijos de Marta Sahagún y en las cuentas bancarias de los hombres y mujeres del régimen.

En cambio, aquí, no existe un solo laboratorio, ni siquiera en la UNAM, capaz de detectar la mutación de un virus como el de la influenza porcina, que tras el exterminio de cerdos ordenado por el fanatismo del gobierno de Egipto, ahora se llama A/H1N1, para que nadie culpe a nadie. Como bien lo han documentado Enrique Galván Ochoa y Luis Linares Zapata en las páginas de este diario a lo largo de esta semana insólita, en México existía una empresa paraestatal denominada Birmex (Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México), que según su portal electrónico surtía las vacunas, sueros, inmunoglobulinas y reactivos de diagnóstico que requieren los organismos públicos descentralizados de salud de los estados que integran la República Mexicana, y que en los hechos fue desmantelada por Fox.

Antes de éste, Zedillo acabó con el Instituto Nacional de Higiene y con el Instituto Nacional de Virología, que se dedicaban a la investigación científica de las cepas virales y al diseño de vacunas para combatirlas. Hoy no tenemos nada de eso. Los primeros casos de influenza en la ciudad de México no fueron detectados, entre otras cosas, porque la Secretaría de Salud no contaba con herramientas para identificarlos. Y no fue sino hasta días después cuando la multiplicación de los contagios y los primeros decesos movieron al médico del régimen –el siempre limitado y titubeante José Ángel Córdova Villalobos– a enviar muestras clínicas a laboratorios de Canadá, para que desde allá nos hicieran el favor de avisar qué era lo que estaba provocando esta gripe desconocida.

El planeta entero está asombrado porque, 10 días después del terrorista mensaje de Córdova Villalobos el jueves de la semana pasada a las 11 de la noche, el gobierno (o lo que que sea) de Felipe Calderón todavía no ha revelado cómo se llamaba ni siquiera una de las víctimas fatales del virus de la gripe mexicana, como tarde o temprano esta plaga será recordada por la historia. Después de un accidente aéreo, de un camionazo, de un terremoto, de una inundación, de un incendio, las autoridades suelen dar a conocer los nombres de los muertos. Pero en esta ocasión no lo han hecho y nadie sabe explicarse por qué.

No hace falta ser muy suspicaz para entender que si Calderón y su doctor se niegan a entregar esta lista de difuntos es porque ocultan datos claves que echarían por tierra su manejo del fenómeno mediante el pánico social. Por ello es fundamental que sepamos: cómo se llamaban los muertos, qué edad tenían, dónde vivían, cuál era su condición socioeconómica, a qué se dedicaban. En otras palabras, ¿en su casa contaban con agua corriente, excusado, regadera, piso de cemento y electricidad? ¿De cuántos miembros constaba la familia, cuántos dormían en un mismo cuarto, cada cuánto se bañaban? ¿Eran obesos, estaban desnutridos, cuántas veces comían al día, cuáles eras sus hábitos alimenticios? Al transitar por su barrio o pueblo, ¿pasaban cerca de criaderos de puercos, flotaba en el ambiente de su vida cotidiana excremento de aves o cerdos, trabajaban en contacto con vísceras de animales?

Una sospecha muy extendida en la sociedad mexicana –y que tarde o temprano se esclarecerá– es que los muertos de este brote epidémico pertenecen a las capas más desprotegidas de la población, es decir, que estamos ante una nueva enfermedad de la miseria, y como en México hay más de 50 millones de personas en situación de pobreza extrema, las medidas que se han aplicado hasta ahora –cierre total de escuelas, de restaurantes y bares, de oficinas públicas, de cines y teatros, de gimnasios y albercas, etcétera–, lo que en realidad pretenden es aislar a los más pobres de los que no lo somos tanto y, por supuesto, de los ricos.

En un acto más de autoritarismo, Calderón ha instaurado por sus pistolas el secreto funerario, violando el derecho a la información no sólo de los mexicanos sino de toda la humanidad. Mientras oculte datos elementales como los nombres de los muertos, el aparato del terror electrónico podrá seguir manipulándonos a sus anchas. ¿No será la hora de solicitar a nuestros amigos en todas partes una ola de solidaridad internacional en contra de esta forma de la censura? Exijamos la autopsia de esa franja de la sociedad mexicana que murió a consecuencia de esta gripe. ¿Tendremos que hacer plantones en el Zócalo, huelgas de hambre, bloqueos de carreteras o qué para que nos digan al fin cómo se llamaban los muertos?

En el continente americano, México es uno de los países más grandes y ricos en recursos naturales, pero una peste más voraz, destructiva y mortífera que la influenza de los puercos –la de los políticos neoliberales del PRI y del PAN, la plaga de los Salinas y los Zedillo, de los De la Madrid y los Fox, al servicio de un puñado insaciable de millonarios–, nos ha convertido en un país más débil, indefenso y hambriento que Haití, que apenas ocupa la mitad de una isla en el Caribe, o que la pobre Honduras, bananera sin bananas. ¿Por qué lo hemos permitido, por qué hemos tolerado que nos hicieran caer tan bajo? ¿Acaso nos equivocamos cuando salimos a las calles con banderas blancas a frenar la rebelión de los indios de Chiapas?

¿Por qué se alivian los que viven en mejores condiciones sanitarias? ¿Por qué han desatado la sicosis de que A/H1NI prefiere a los jóvenes entre 20 y 45? ¿Por qué nos hemos dejado convencer de ello si tampoco sabemos las edades de los muertos? Después de la campaña López Obrador es un peligro para México, después del fraude haiga sido como haiga sido, después de la violación de todas sus promesas empezando por la del empleo, después de la artificiosa guerra contra el narco para militarizar el país y tratar de afianzarse en el poder, a costa de la seguridad nacional junto con la de Estados Unidos, los mexicanos tenemos la claridad y la madurez necesarias para saber que Calderón es capaz de cualquier cosa: si un día se vistió de sargento para lanzar a las fuerzas armadas a una aventura trágica, ahora se pone la bata blanca de doctor para mantenernos en arresto domiciliario, sudando de pánico.

A raíz de esta gripe, dos nuevos objetivos aparecen en nuestra agenda ciudadana: exigir con todos los recursos a nuestro alcance que el gobierno (o lo que sea) entregue los nombres de los muertos, y movilizarnos por un cambio radical en materia de inversión para la investigación científica. Así como obligamos al espurio a construir una nueva refinería, ahora debemos luchar por nuevos laboratorios, y por la conservación de la filosofía, de la ética y de la estética entre las materias del bachillerato. ¡Basta, basta ya de una vez por todas, no soportemos un día más la tiranía de la ignorancia panista!



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

lunes, abril 20, 2009

El infinito Galeano


Jaime Avilés

La Jornada Semanal

No todos sus lectores saben que Eduardo Galeano en realidad se llama Eduardo Hugues Galeano, o que nació un 2 de septiembre, o que a los catorce años trabajaba como mensajero de un banco donde preparaba café y después lo hervía para provocarle diarrea al director. Tampoco todos sus lectores saben que en aquellos tiempos de 1954, mientras se ganaba el pan como aprendiz de banquero, Galeano comenzó a dibujar cartones políticos que publicaba en El Sol, un periódico socialista de Montevideo, o que los firmaba como Gius , debido a las dificultades fonéticas del apellido galés Hugues, o que de alguna manera creía que su destino era ser artista plástico.

No todos sus lectores saben que en 1959, a los diecinueve años, ante la imposibilidad de ser Eduardo Hugues y expresarse dibujando, y agobiado por la incapacidad de escribir, pues nada deseaba más ardientemente que tejer ideas e historias con palabras, Galeano se encerró en un hotel de la calle Río Branco de Montevideo y se tragó puños de veneno “como para matar un caballo”, o que despertó varios días más tarde en la sala de presos del hospital Maciel, con la piel quemada, él mismo lo confiesa, “por el ácido de las meadas y la mierda que el cuerpo había seguido echando por su cuenta, mientras yo dormía mi muerte en el hotel”.

No todos sus lectores saben estas cosas porque forman parte de Días y noches de amor y de guerra, de todos sus libros mi favorito, aunque sea también el menos conocido en México, a juzgar por su corto número de reimpresiones en Ediciones Era (iban once en 2005), que no son nada comparadas con las que han acumulado a la fecha su temprano clásico, Las venas abiertas de América Latina, los tres tomos de Memoria del fuego, El libro de los abrazos y El futbol a sol y sombra.

Por todo lo anteriormente expuesto y actuado, muchos de sus lectores mexicanos ignoran que, al volver a la vida en aquel hospital, Galeano pensó que estaba en un mercado de Calcuta. “Veía tipos medio desnudos con turbantes, vendiendo baratijas. Se les salían los huesos, de tan flacos. Estaban sentados en cuclillas. Otros hacían danzar a las serpientes con una flauta.”

Pero no fue sino a raíz de aquella experiencia, aquel terrible rito de paso, del que salió “con los ojos lavados” para volver a mirar el mundo por primera vez, cuando descubrió algo fundamental para él como artista y para nosotros sus lectores, que nos beneficiamos de su trabajo: dejó atrás al dibujante Gius y al adolescente Hugues, para convertirse en Galeano. En Días y noches de amor y de guerra lo relata así: “Entonces pude escribir y empecé a firmar con mi segundo apellido, Galeano, los artículos y los libros.” Aunque sólo dieciocho años después, desterrado en Cataluña con su Helena propia, agrega, “me di cuenta de que llamarme Eduardo Galeano fue, desde fines de 1959, una manera de decir: soy otro, soy un recién nacido, he nacido de nuevo”.

LOS DÍAS Y LAS NOCHES

Días y noches de amor y de guerra apareció en 1978, bajo el sello de la editorial Laia, que en catalán significa eulalia, que en griego se traduce como “la bien hablada” o la que tiene “buena lengua”. Eduardo y Helena habían escapado de Argentina a finales de 1976 o muy al principio de '77, eso no lo tengo claro, pero no me cabe duda alguna de que si se hubieran quedado un poquitito más habrían corrido la suerte de Haroldo Conti y de Rodolfo Walsh, y de las 30 mil personas que la dictadura de Videla desapareció y asesinó, mientras la dictadura de Pinochet borraba del aire y de la luz a 5 mil chilenos, y la dictadura uruguaya hacía lo propio, en menor escala, toda proporción guardada, con sus mejores ciudadanos.

Fotos: José Carlo González/ archivo La Jornada

En la España de 1977, reconvertida apenas en reino de Juan Carlos i, tras la lenta y dolorosa y vengadora agonía del monstruo de Franco, apaleado por los golpes de tantas muertes, de tantas pérdidas, de tantos años de convivencia cotidiana con el terror, Galeano se refugió con Helena en Calella de la Costa , un puertito de Cataluña, y en un acto de catarsis para aliviarse de la asfixia, escribió de prisa, con visible urgencia, Días y noches de amor y de guerra, su libro de llegada al exilio, en el que recupera su fallida vocación de artista plástico, para construirlo pintando cuadros verbales de hondo aliento poético, cuadros independientes entre sí pero vinculados con el tema general de la nostalgia, de la derrota, del desgarramiento, pero nunca de la desesperanza.

Esos cuadros, que terminan colgados en las páginas del libro como si estuvieran en los muros de una galería, evocan muchas cosas importantes en la vida de ese joven escritor de treinta y siete años, pero no organizan, ni pretenden, los datos de su breve pero intensa hoja de vida marcada por la precocidad. Me explico: si a los catorce ya es mensajero de banco, caricaturista político y militante socialista, a los veinte, don Carlos Quijano, uno de los intelectuales más sólidos y respetados de Uruguay, que por cierto murió exiliado aquí en México, lo nombra jefe de redacción de la prestigiosa revista Marcha, en la que Juan Carlos Onetti escribía la columna de Periquito el Aguador. Allí Galeano se hizo amigo, confidente y, a veces, arcángel guardián de Onetti, que vivía deprimido. En Días y noches de amor y de guerra lo pinta de cuerpo entero en tres páginas que resumo en el siguiente párrafo:

Lo encontré tumbado en la cama. Pasaba largas épocas así. Creo que todavía tenía junto a la cama el alambique de cristal que le evitaba el esfuerzo de servirse vino. Le bastaba con mover apenitas la mano: el vaso presionaba una válvula y se llenaba de vino. Tomaba vino ordinario, de esos que te hacen mear violeta, y engullía pastillas para estar siempre dormido. Pero a veces estaba despierto y a eso él lo llamaba insomnio... Aquella vez le abrí la ventana y las persianas, y el golpe de la luz del día casi lo mata. Nos puteamos un buen rato. Le ofrecí murciélagos. Le conté chistes y chismes... Sabía, sé, porque lo conozco y lo leo, que el Viejo tiene su cuerpo huesudo lleno de demonios que lo acosan y le revuelven las tripas y le hunden puñales y es para ver si consigue marearlos que él se llena el cuerpo de vino y de humo, con los ojos clavados en las manchas de humedad del techo. Dormir, tal vez soñar, es una tregua. Las novelitas policiales que lee son una tregua. Escribir es también una tregua y, quizás, el único triunfo que le está permitido. Entonces, cuando escribe, él se alza y convierte en oro su mugre y su ruina, y es rey.

Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo son los dos más grandes narradores de habla hispana que dio el siglo XX, digan lo que digan al otro lado del charco, donde inventaron esta lengua que nos comunica pero que no fueron capaces de escribir, ni de lejos, como nuestros inmensos y atormentados Juanes. Galeano lo sabe y no por nada, en Días y noches de amor y de guerra colgó juntos los cuadros en que los pintó separados, cada cual en su respectivo infierno. Acerca de Rulfo son estas líneas:

Juan Rulfo dijo lo que tenía que decir en pocas páginas, puro hueso y carne sin grasa, y después guardó silencio. En 1974, en Buenos Aires, Rulfo me dijo que no tenía tiempo de escribir como quería, por el mucho trabajo que le daba su empleo en la administración pública. Para tener tiempo necesitaba una licencia y la licencia había que pedírsela a los médicos. Y uno no puede, me explicó Rulfo, ir al médico y decirle: “Me siento muy triste, porque por esas cosas no dan licencia los médicos.”

CON LAS VENAS ABIERTAS

En 1962, Galeano publica su única novela, Los días siguientes, que nunca he visto y de la que nada sé. En 1963 conoce a Salvador Allende y lo acompaña en un largo viaje por los fríos del sur de Chile. En 1964 renuncia a Marcha para asumir, teniendo sólo veinticuatro años, la dirección del periódico Época, y con ese cargo viaja a La Habana para entrevistar al Che Guevara, a quien encuentra vestido de beisbolista y, en nombre de la pasión congénita de los oriundos del Río de la Plata por el futbol, lo llama, en broma, “traidor”. Guevara le confiesa: “Cuando era presidente del Banco Central de Cuba firmé los billetes con la palabra Che, para burlarme, porque el dinero, fetiche de mierda, debe ser feo.”

En 1966, al salir de la dirección de Época , Galeano sigue haciendo periodismo, viaja a todas partes, se casa con Graciela, tiene tres hijos, que actualmente, según dice, “ya son más viejos que él”, y en 1971 publica Las venas abiertas de América Latina, que de inmediato se vuelve un clásico. Ese libro, que todos los lectores de Galeano conocemos bien, es el producto de una vasta investigación en los archivos de la dominación colonial española en este continente, pero también es una denuncia de la explotación y el saqueo que sufrieron nuestros pueblos, y del derroche absurdo que el trono de España cometió para financiar sus guerras y, sobre todo, sus pachangas, que acabaron hundiéndonos en la miseria, el atraso y la ignorancia, mientras ellos, en las cortes de Cádiz y en los palacios de Madrid, se miraban en los espejos y veían sus rostros deformados por el embrutecimiento, autoexcluidos de Europa y del futuro.

Con toda razón, cuando un amigo mío en Buenos Aires leyó Las venas abiertas ..., me dijo: “Si en lugar de España nos hubiera conquistado Inglaterra seríamos Australia.” Hoy, ese libro traducido a más de veinte lenguas, reactualiza su vigencia, porque las causas de la crisis económica del hoy por hoy son, otra vez, la concentración demencial de la riqueza en unas cuantas manos, el despilfarro ilimitado en cosas de lujo inútiles, el financiamiento de guerras perdidas de antemano y, antes y después de todo, el desprecio por los demás, empezando por los pobres, por los indios, por los negros y por todos los que no son blancos; es decir, el desprecio por la inmensa mayoría de la humanidad. Y vaya que de esto sabemos en México, donde más del ochenta por ciento del dinero depositado en los bancos se aglutina en menos del dos por ciento de las cuentas de ahorros.

LA MEMORIA Y EL FUEGO

Perseguido por la dictadura militar uruguaya, que quema y prohíbe sus libros, Galeano funda en 1973, en Buenos Aires, la revista Crisis , que exhala un aire de renovación en el periodismo latinoamericano y nos enseña a ver la realidad con otros ojos. Crisis no sólo publica los ensayos más deslumbrantes de los intelectuales del Cono Sur, sino que recoge los mensajes de las pintas callejeras, la voz de las bardas urbanas, y hace reportajes sobre temas que a nadie se le habían ocurrido. No creo que alguien pueda negar que la inteligencia, la elegancia, el humor irónico, la ruptura de Crisis con el punto de vista “objetivo” impuesto como falso dogma por el periodismo gringo, influyeron en la transformación que el periodismo mexicano empezó a experimentar a partir de 1977 con el nacimiento del unomásuno de Manuel Becerra Acosta, antecesor de La Jornada.

Crisis duró tres años. En 1976, tras la desaparición del escritor Haroldo Conti, Galeano y sus amigos cerraron la revista y tiraron la llave al Río de la Plata. En Calella de la Costa , alentado por la adquisición y el dominio de la nueva arquitectura literaria que descubrió en Días y noches de amor y de guerra, emprende la tarea de escribir una obra monumental: Memoria del fuego. Ésta, para no tardarse diez años en llegar a la imprenta, se divide en tres tomos. El primero, que aparece en 1982, es Los nacimientos, y constituye un esfuerzo de recopilación mitográfica sobre los orígenes de los animales, las plantas, los dioses, las lenguas, las distintas formas de la felicidad y las desgracias de América, apoyado en abundantes referencias bibliotecarias.


Foto: José Carlo González/ archivo La Jornada

El segundo tomo, que sale a la calle en 1984, se titula Las caras y las máscaras, y con la misma técnica, el mismo rigor documental y la misma ambición de abarcarlo todo, cubre los siglos XVIII y XIX. Pero entonces, en el tiempo real que separa al día de la noche, suceden dos cosas o tres: se derrumban las dictaduras de Uruguay y de Argentina, de repente se acaba el exilio y, en los preparativos del regreso, a Galeano le da un infarto. Por fortuna, el menos literario y el más literal de los ataques al corazón que ha sufrido, no le impide seguir viviendo, cumplir sus propósitos, volar sobre África para aterrizar en el Cono Sur, instalarse con Helena en una casa del barrio Malvín, que hoy la gente que pasa por ahí la distingue con el hermoso nombre de “casa de los pájaros”, y no porque Eduardo y Helena pertenezcan al reino de las aves, sino por lo que voy a decir a renglón seguido.

En ese lugar, de una sola planta, cerca de la playa, Galeano escribe El siglo del viento, tercer tomo de Memoria del fuego que abre con una estampa de San José de Gracia, Michoacán, México, el 1 de enero de 1900, cuando ante la inminencia del fin del mundo “nadie quiso acabar sin confesión” y el cura del pueblo “pasó tres días y tres noches clavado en el confesionario, hasta que se desmayó por indigestión de pecados”.

El volumen y la trilogía llegan a su fin dos veces, con una estampa de Bluefields, Nicaragua, en 1984, durante el acoso de Reagan a la débil y efímera revolución sandinista, y con una carta de Galeano a Reynaldo Orfila, director de la editorial Siglo xxi , en 1986, en la que el autor le declara a su editor que se siente “más orgulloso que nunca de haber nacido en esta América, en esta mierda, en esta maravilla, durante el siglo del viento”.

EL REGRESO A CASA

En 1989 aparece El libro de los abrazos, que es también el del regreso a casa, el de la nostalgia por el exilio y la prolongación de una obra que se multiplica extendiéndose en todas direcciones, con la feracidad de la selva, mientras el éxito de Memoria del fuego, y de Las venas abiertas..., las traducciones, las reimpresiones, los premios, el éxito se reflejan en las alas y las plumas y los colores de la fachada de la casa de los pájaros y en la belleza del jardín que Helena va moldeando, esculpiendo para fortuna de todas y todos los que hemos pasado por allí a comer fainá y colita de cuadril con una copa de vino.

Pero Galeano de ningún modo parece satisfecho. En 1993 publica Las palabras andantes; en 1995, El futbol a sol y a sombra, que lo convierte en un escritor leído asiduamente por los nuevos jóvenes. Y no contento con todo lo logrado, en 2004, tras casi una década de silencio en la que sin embargo viaja, investiga y hace periodismo sin cesar, proclama la noticia más asombrosa de su inagotable imaginación poética: su nuevo libro, Bocas del tiempo, que durante años fue naciendo domingo a domingo en La Jornada con el título provisional de Ventanas; da a conocer la existencia de personas que escucharon el eco del Big Bang, fundador del universo, que sigue resonando a su paso por las galaxias infinitas.

Hoy en día, Galeano disfruta las repercusiones de Espejos, donde expone los cuadros que anduvo pintando en estos años sobre la historia y las cosas del resto del mundo, sin apartarse de América ni olvidarse de México, al que menciona en no pocos retablos, retratos, paisajes y viñetas. Podría extenderme hasta pasado mañana hablando de este inminente doctor honoris causa de la Universidad Veracruzana , referirme a su trabajo periodístico, a su costumbre de jugarse la vida en nombre de la solidaridad, acudiendo a países donde la presencia de un artista de su tamaño representa un escudo humano, un apoyo a los que tienen razón, una condena a quienes ejercen la injusticia. Podría referirme a su mirada crítica sobre la izquierda que a veces, como un día me dijo, “comete pecados contra la esperanza”. Podría hablar acerca de su entrañable paisito, donde una vez, en el mercado del puerto, un mesero al que le pedí sal me respondió: “para poner sal hay tiempo, para quitarla no”. Podría redondear la idea central de este discurso abundando con que las diversas exposiciones de cuadros que son los libros de Eduardo Galeano han formado a la vuelta del tiempo un museo con numerosos pabellones que permanece abierto las veinticuatro horas de los 365 días de todos los años. Podría, en fin, ejecutar múltiples variaciones adicionales sobre el tema Eduardo Galeano, pero quiero terminar compartiendo con ustedes una anécdota acerca de Onetti, que Galeano, hasta donde sé, no ha publicado todavía en ningún libro.

Resulta que dos estudiantes uruguayos fueron a Madrid, en donde el viejo también estaba exiliado. Le tocaron varias veces el timbre, pero él no quería recibirlos. Abrumado por la insistencia de los muchachos, les pasó un papelito por debajo de la puerta que decía: “Onetti no está.” Y cuando los jóvenes le contestaron que venían de parte de Galeano, ya no tuvo más remedio que abrirles. Era un día de mucho calor. Onetti llevaba puesto sólo el pantalón de la pijama, atado a la barriga con un mecate. La casa estaba hecha un desastre, platos sucios por doquier, ceniceros con montañas de colillas, y cuando Onetti habló para invitarlos a sentarse, los muchachos advirtieron que le quedaban apenas dos o tres dientes. Entonces Onetti les dijo: perdonen que los reciba con tan pocos dientes, pero los demás se los presté al Vargas Llosa.

Muchas gracias, Eduardo, por tu obra y por tu vida.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

domingo, abril 19, 2009

Desfiladero Jaime Avilés

Desfiladero
Tula: una refinería de atole con el dedo
El Senado oyó a Sarkozy

Sariñana: el asesinato del Canal 11

Jaime Avilés

Durante su sesión fotográfica con Barack Obama en un cuarto de Los Pinos, Felipe Calderón se sentó en un sillón cuyo cojín era dos veces más alto que el del mandatario estadunidense. Fue el menor de los detalles patéticos y ridículos de estos días que acabamos de vivir y que tal vez se anclarán en la memoria como la semana de la vergüenza, cuando millones de mexicanos sentimos la profunda vergüenza de estar sometidos, que no gobernados, por una clase política tan rastrera y deleznable. Examinemos cuatro de sus actos más significativos.

Maniobras conjuntas

Barack Obama vino a México a retratarse y sonreír sin decir nada, porque los acuerdos sustanciales de su gobierno con los policías y los militares del gabinete de Calderón ya los había amarrado, en su visita previa, Hillary Clinton. Estados Unidos aportará 83 mil millones de dólares más a la defensa de su frontera sur, para atenuar la violencia de las empresas mexicanas exportadoras de drogas ilícitas, pero no aplicará medidas extras para disminuir la venta de armas made in USA a los cárteles de este lado del río, porque eso acentuaría el desempleo por allá. A cambio de esto, que no abre ninguna “nueva era” en nuestras relaciones con nadie, la Armada de México participará en maniobras conjuntas con los marines.

El que esponjará las plumas e inflará el buche como pavorreal por esta medida absurda y contraria a las leyes de acá, será el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, quien apenas en marzo, desde la tribuna del Senado mexicano, dijo que nuestro país debía pagar, “con la sangre de sus soldados”, el precio de su participación en el nuevo contexto internacional. El martes, los propios senadores que entonces lo escucharon sin refutarlo, aprobaron la petición calderónica de enviar a nuestros marinos militares a hacer ejercicios de guerra bajo las órdenes de la flota más poderosa del orbe (salvo la mejor opinión de los piratas de Somalia). Y por esta aberración jurídica votaron los chuchos, el ala más abyecta del PRD.

Los sénateurs de Sarkozy en México –Beltrones, Madero, Graco– violaron la Ley Federal de Neutralidad, que prohíbe la participación de nuestras fuerzas armadas en simulacros bélicos con ejércitos extranjeros. En su carta a Obama, Andrés Manuel López Obrador afirmó que el movimiento que encabeza se opondrá a tales ejercicios. A la mejor esta es la vía legal para impugnarlos. La otra, la de la movilización popular, debe sumar a los familiares de los marinos mexicanos, antes que éstos sean enviados a Irak, Afganistán o, por qué no, a Corea del Norte, condenados a pagar con su sangre de pobres el préstamo de 47 mil millones de dólares que Calderón firmó hace días en Londres y cuyos réditos recaerán sobre los nietos de nuestros nietos.

Nueva refinería

Ha quedado bien claro que Calderón, su director de Petróleos Mexicanos, el traficante de influencias Jesús Reyes Heroles; la invisible secretaria de Energía, Georgina Kessel, y la banda de jóvenes contratistas que Juan Camilo Mouriño dejó incrustada en la administración pública, deben estar haciendo fabulosos negocios con la importación de gasolinas que México debería producir aquí para ahorrar, al menos, 10 mil millones de dólares anuales. Pruebas que detallen el modus operandi de estos funcionarios disfuncionales todavía no las hay, pero las sospechas de que lucran sin recato con esta carencia se multiplicaron tras el grotesco anuncio que Reyes Heroles hizo el martes, en el sentido de que Pemex construirá una nueva refinería en Tula, si el gobierno del estado de Hidalgo aporta un terreno de 700 hectáreas “antes de 100 días”. Y si no cumple este requisito, el proyecto se mudará a Salamanca, Guanajuato, donde si luego de otros 100 días tampoco hay un lote disponible...

¿Qué broma es ésta? La construcción de tres nuevas refinerías es una prioridad nacional. Un gobierno mínimamente responsable localizaría y expropiaría los terrenos adecuados y pondría manos a la obra. En cambio, el de Calderón (que es apenas una caricatura y ya desperdició dos años y medio) perderá tres meses más, y luego acaso tres más, para volver al punto de partida en octubre. Eso, más que a ineptitud, suena a plan con maña para seguir cobrando comisiones por debajo del agua.

Todos sabemos que las refinerías debieron haberse comenzado a levantar en Tuxpan, Veracruz, al norte del Golfo de México, y en Salina Cruz, Oaxaca; en Tuxpan, porque ahí desembarca toda la gasolina importada que llega a México y desde ahí se envía al resto del país mediante una red de ductos instalada para tal propósito. Y en Salina Cruz porque abastecería a toda la costa mexicana del Pacífico y supondría un ahorro extra en gastos de transporte. Además, aunque Reyes Heroles no lo dijo, en Minatitlán, Veracruz, se está reconfigurando, desde hace cinco años, una refinería obsoleta, a la que podría añadirse un segundo tren de refinación, a bajo costo. Pero no, la única planta petroquímica que en teoría edificará Calderón entrará en servicio en 2015 y costará más de 12 mil millones de dólares. Hay quienes apuestan a que en realidad será una fábrica de atole con el dedo...

Cananea y los bulldogs

Antes de ser secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont fue abogado de Germán Larrea, el magnate de los caballos de carreras que posee el consorcio minero más poderoso del país. Hoy, aunque funge como jefe de la política interior, Gómez Mont sigue siendo empleado de Larrea. Así lo confirmó a la mitad de esta semana de la vergüenza cuando, acatando instrucciones del empresario, ordenó a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) dar por terminadas las relaciones laborales de Grupo Minero México con los mil 200 trabajadores de la mina de cobre de Cananea.

Con una mano en la cintura, después de reconocer cuatro veces como “legítima y válida” la huelga que sindicalizados sostienen contra el despotismo de Larrea desde 2007, la JFCA condenó al desempleo a los barreteros, olvidando que hace un siglo, los tatarabuelos de éstos contribuyeron, también por la vía de la huelga, al estallido del proceso revolucionario que depuso a la dictadura de entonces, tan parecida a la de hoy. La historia, en todos los ámbitos de la política nacional, encuentra motivos, día a día, para repetirse.

Pero la vergüenza tiende a mezclarse con el asco, si observamos el virtual asesinato de Canal 11 que ha perpetrado el cineasta Fernando Sariñana, al transformar un espacio de reflexión y buen gusto en una mala copia de lo peor de Televisa, que incluye la censura. Hace dos años, en plena represión contra la APPO, Sariñana apareció en público junto a Ulises Ruiz, lo elogió y, haciendo gala de ignominia, se coló en el círculo de Calderón para ganar el puesto que ahora detenta. Lo que no sabe esta columna es por qué los espectadores de Canal 11 no emprenden una campaña para exigir la renuncia de este lambiscón incompetente y el restablecimiento de programas, como los de Cristina Pacheco, en su horario original. Luis Morales Campos, lector de este espacio, se opone a que Desfiladero llame bulldog a Germán Martínez, porque ese perro está “orientado a la competición en exposiciones de belleza. Es inteligente, limpio, manso y un excelente animal de compañía”, cualidades, agrega, que no posee el líder nacional del PAN.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

radioamloTV