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lunes, agosto 17, 2009

El país que se va cayendo: ¿qué sigue? -Jorge Gómez Naredo-

Foto: César Huerta/Extensión Medios

Jorge Gómez Naredo

La Jornada Jalisco

¿Qué se aproxima?, ¿qué se espera?, ¿hacia dónde irá la economía mexicana?, ¿hacia dónde la política económica seguida por Felipe Calderón?, ¿seremos mañana más pobres de lo que ahora somos?, ¿se multiplicarán las lágrimas derramadas por la ausencia de dinero para comer, para vestir, para educación?, ¿cuántas historias sombrías, tristes e inaceptables surgirán de esta “crisis” económica, de esta, como dijo Felipe Calderón (con cinismo supino), “tormenta perfecta”?, ¿continuará creciendo, a raudos pasos, el desempleo?, ¿persistirán los fracasos en la administración federal?, ¿aumentarán las medidas erráticas, las acciones tomadas sin sustento ni previsión por parte del “gobierno” calderonista? ¿Qué vendrá?, ¿el país seguirá cayéndose a pedacitos?, ¿la nación, los mexicanos, se callarán?, ¿se mantendrán en mutismo, esperando lo peor, acostumbrándose al sufrimiento, al dolor, a eso que es la pobreza y la desigualdad? ¿Qué se aproxima?

Abajo, por todas partes hay miedo, por todas partes hay falta de seguridad: no se sabe a ciencia cierta qué sucederá. Pero arriba la situación parece otra: se habla de crisis que han sido derrotadas, de efectos nocivos internacionales nulificados, de grandes acciones del gobierno para mantener todo bajo control, con pocos costes para la sociedad, con pocos costes para los que menos tienen. Felipe Calderón argumenta todos los días que su administración hace lo posible y lo imposible para que todo lo malo se vaya y venga todo lo bueno. Casi se inmola. Dijo el viernes pasado en Uruguay: “Y le debe quedar claro al pueblo de México que el primer sacrificio lo hará mi propio gobierno […] la meta que tiene mi gobierno es enfrentar esta enorme restricción presupuestaria que tenemos para el próximo año con la menor afectación posible para los ciudadanos, para los contribuyentes y, particularmente, para los mexicanos que menos tienen”. Arriba, en el avión que traslada de un país a otro a Felipe Calderón, la nación va bien: deslumbra. Abajo, desgraciadamente, las percepciones son distintas. Y las vivencias diametralmente opuestas.

El país se cae en pedacitos: gente recorriendo empresas, fábricas, buscando un espacio para desenvolverse, hojeando un periódico con la esperanza de encontrar un lugar para ganar unos cuantos pesos y vivir dignamente. Y nada: no hay fuentes de trabajo. Según datos oficiales, 2 millones 400 mil mexicanos no tienen empleo (5.2 por ciento de la población económicamente activa); 12 millones 200 mil sobreviven en la economía informal, cifra que iguala, por primera vez, a las personas afiliadas al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), es decir, a las que tienen un empleo formal. Estos datos oficiales que llaman a la alarma no le impiden a Felipe Calderón decir en su reciente visita a Uruguay: “hemos protegido a 440 mil familias más cuyos jefes hubieran sido despedidos en esta crisis económica”. ¿Qué pensará de esta visión el obrero desesperado que va, fábrica tras fábrica, buscando un empleo digno?

Los ayuntamientos son, sin duda, la base del gobierno en el país, pues es ahí, en esa institución, donde se da la mayor cercanía con los gobernados. En el México de hoy, el México de Felipe Calderón, el 70 por ciento de los ayuntamientos está al borde de la quiebra. Y esto porque las asignaciones federales se han reducido (dizque no hay dinero en las arcas públicas). Cuauhtémoc Calderón Galván, presidente municipal de Zacatecas y quien dirige la Asociación Nacional de Alcaldes de Acción Nacional, mencionó que los ayuntamientos del país están prontos a desmoronarse, pues en menos de un mes no habrá recursos para pagar salarios, patrullar calles, recoger basura, etcétera. Sentenció el panista: “Si no hay una pronta solución entraremos en un estado de ingobernabilidad”. ¿Qué se aproxima?

Felipe Calderón y su gabinete aceptan que no hay dinero, que faltan 300 mil millones de pesos para completar el presupuesto del próximo año, que habrá que hacer recortes: menos recursos a obras de infraestructura, menos capital para la Comisión Federal de Electricidad (el futuro energético en la humanidad es la energía eléctrica), más impuestos para los contribuyentes cautivos y mayor endeudamiento “moderado” (según palabras de Agustín Carstens, secretario de Hacienda y Crédito Púbico). ¿Hacia dónde vamos?, ¿hacia dónde nos dirigen?

Pobreza y desempleo, desigualdad indignante: cientos de miles transitando por todas partes en busca de un empleo, de dinero. Delincuencia. Narcotráfico. Migración cada vez más complicada, más peligrosa, menos beneficiosa económicamente. Lágrimas por todas partes. Carencias en educación, en salud, en servicios básicos. Endeudamiento. Crisis, crisis y más crisis. Es el México de Felipe Calderón, el México de quien, en campaña (y antes del fraude electoral de 2006), dijo sería el presidente del empleo, de la estabilidad económica y de la seguridad. No cabe duda: sus palabras fueron y son tan pequeñas como él. ¿Qué se aproxima? ¿Qué sigue?


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

jueves, marzo 12, 2009

‘Aquí no hay crisis’, presume Fox



Períodico AM

El ex presidente Vicente Fox no sufre por la crisis. “Aquí (en el Centro Fox) no hay crisis, aquí vamos muy bien”, dijo luego de asistir a una conferencia motivacional en la que practicó masajes. “(La charla y los masajes) fue para recrear el espíritu, fortalecer el espíritu y los valores (...) así que todavía la crisis nada”, dijo el ex mandatario.

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

jueves, marzo 05, 2009

LLAMA DI COSTANZO A DEUDORES A NO DEJARSE SORPRENDER POR ARBITRARIEDADES QUE COMETEN LOS BANCOS



Discurso del secretario de la Hacienda Pública del gobierno legítimo de México, Mario Di Costanzo, en el mitin del Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular frente a la sede de la Asociación de Bancos de México el 3 de marzo de 2009

Compañeras y compañeros:

Estoy completamente seguro de que para muchos de nosotros el recuerdo del Fobaproa aún se encuentra fresco en nuestra memoria. Y es que para todos es una realidad que la discrecionalidad, la falta de transparencia, la corrupción y el tráfico de influencias son calificativos que aún ahora no pueden ser descontados al hablar de este tema.

Así, hoy en día resulta imposible negar que en la panza del Fobaproa se encuentran los créditos que no pagaron importantes personajes de la política, así como prominentes industriales con enorme capacidad de pago y que en algún momento decidieron transferir sus deudas a los contribuyentes, al ser rescatados por el Estado, bajo el lema de proteger los ahorros de la gente común y corriente. Parte de lo anterior lo resume el propio auditor del Fobaproa, quien concluye textualmente lo siguiente:

“Entendemos que en México, un número relativamente pequeño de grupos económicos —aproximadamente 10 o 12— son responsables de una parte muy importante de la actividad económica. Estos grupos operan típicamente a través de varias compañías en diversos sectores, incluyendo el financiero y bancario. Estos grupos adeudan cantidades importantes a los bancos que participaron en los programas del Fobaproa”.

Más aún: el 21 de abril del 2003, el ahora ex vocal de la Junta de Gobierno del IPAB, Bernardo González Aréchiga, entregó a la Comisión de Vigilancia del Congreso sus Memorias de labores. Y en la página 13 del citado informe, refiere el siguiente párrafo:

“El terrible dilema que confrontó el Fobaproa, según uno de los responsables más importantes del rescate, se resume en la siguiente frase: ‘a raíz de la crisis bancaria de 1995, nosotros tuvimos que escoger entre cumplir la ley o reducir el costo fiscal. Optamos por violar la ley y reducir el costo fiscal’”.

Esta abierta confesión de la violación a la ley muestra que mientras que a estos grupos conformados por banqueros, prominentes industriales y políticos se les otorgó un trato preferencial, para millones de pequeños y medianos deudores, la situación fue diferente, ya que las autoridades determinaron “aplicar todo el rigor de la ley” y estas personas terminaron perdiendo sus bienes y propiedades.

Señalo lo anterior porque desde hace más de tres meses, el gobierno espurio ha venido instrumentando de manera velada una especie de Fobaproa II, dirigido a rescatar a grandes empresas, pero ahora bajo el lema de “proteger al empleo y a la planta productiva nacional”.

Este rescate consiste en que a través de Nacional Financiera, NAFIN, el gobierno, con recursos públicos, garantiza, es decir, “avala”, la deuda de las empresas que se hacen acreedoras de estos apoyos. De esta manera, y en pocas palabras, el gobierno “compra la deuda de estas empresas”, y les subsidia los dólares que requieren para solventar sus compromisos.

Cabe destacar que, a la fecha, se han gastado en esta ayuda para los grandes y poderosos más de 18 mil millones de dólares provenientes de nuestras reservas internacionales.

Sin embargo, todo esto contrasta dramáticamente con la actitud de “no me importa” que el gobierno espurio y los bancos han manifestado con respecto del problema de la cartera vencida en créditos hipotecarios y en tarjetas de crédito, y que se estima que afecta a más de un millón 800 mil personas, para las cuales no se han diseñado mecanismos de rescate.

Al mes de febrero del presente año, la cartera vencida en tarjetas de crédito ascendió a más de 38 mil millones de pesos, cifra superior en 300 por ciento a la registrada en las épocas del rescate bancario —diciembre de 1997— y 80 por ciento superior a la registrada en diciembre de 2006.

Si bien es cierto que lo anterior se explica, en buena medida, por el deterioro del ambiente económico, también lo es que el alto costo de las comisiones y las elevadas tasas de interés que cobran las instituciones bancarias han tenido mucho que ver en esta situación.

A manera de ejemplo, mientras que BBVA cobra una tasa de interés total de 80 por ciento por una tarjeta de crédito emitida en México, en España el cobro es de sólo 25 por ciento, o el caso de Banamex cuyo costo en México supera 70 por ciento, mientras que en Estados Unidos no es mayor a 10 por ciento.

Esto se debe a la concentración de las actividades bancarias en tres instituciones: Banamex-City, BBVA-Bancomer y HSBC, y a este gobierno espurio, que ha permitido que la banca en México opere como un gran oligopolio, con la absoluta complacencia del Estado mexicano, aun y a pesar de que el artículo 4º de la ley de instituciones de crédito establece que será el propio Estado el rector del sistema bancario del país.

Esto nos hace pensar que en México la banca extranjera privatizó al Estado, y no el Estado a la banca.

Así, de acuerdo con la propia Comisión para la Defensa de los Usuarios de los Servicios Financieros, CONDUSEF, y de la cual su presidente es Luis Pazos, —siempre he dicho que tener a Luis Pazos en la CONDUSEF es como tener a Nazar Haro en derechos humanos—, se estima que en la actualidad existen 24 millones de plásticos y que cada usuario posee en promedio 1.5 tarjetas de crédito, lo que arroja entonces que en promedio en México existen 16 millones de personas con tarjetas de crédito.

Más aún, la propia CONDUSEF estima que cada línea de crédito revolvente que otorga uno de estos plásticos es de 17 mil pesos en promedio; en este punto, conviene preguntarnos: ¿Cómo es posible que la línea de crédito promedio de estos “plásticos” sea de 17 mil pesos, cuando de acuerdo con la encuesta ingreso-gasto de los hogares, 80 por ciento de las familias del país vive con un ingreso inferior a 9 mil 500 pesos mensuales?

Esto refleja una gran irresponsabilidad de los bancos, al haber otorgado un crédito superior en 70 por ciento al ingreso máximo de millones de familias.

Así, los bancos deben reconocer que el problema se ha potenciado por la falta de una adecuada cultura financiera, por su estrategia de utilizar el llamado “crédito al consumo” como una herramienta de penetración de mercado, por las agresivas campañas que implementaron para la colocación de plásticos y por la ampliación de líneas de crédito sin previa opinión del cliente, y careciendo de los análisis de su capacidad crediticia.

Pero más graves aún resultan los ilegales mecanismos que utilizan los bancos —y los despachos jurídicos que éstos contratan— para recuperar los adeudos de las personas que han caído en cartera vencida.

Estos mecanismos incluyen desde el acoso permanente a los deudores y a sus familias hasta el cobro “a lo chino” de las cuentas de ahorro o de nómina que los deudores poseen en las instituciones bancarias.

Cabe señalar que para que el banco pueda hacer esto, debe estar claramente estipulado en el contrato que celebró con el usuario de la tarjeta de crédito y del cual debió entregar una copia al tarjetahabiente. Por ello, si el banco no entregó dicho contrato en tiempo y forma, está imposibilitado para cobrarse “a lo chino”.

Por tanto, es conveniente que los deudores tengan muy presentes los siguientes consejos para que no se dejen sorprender por las arbitrariedades que cometen las instituciones de “agiotismo” llamadas bancos:

• No te dejes acosar por los bancos o las compañías administradoras de cartera o despachos jurídicos de cobranza.

• No firmes ninguna reestructura crediticia a menos que hayas tenido la asesoría jurídica de alguna asociación de deudores, con autoridad moral, honradez y honestidad probada.

• Los bancos no pueden congelar tus cuentas de ahorro, de nómina o de pensionado, aun cuando tengas adeudos con las instituciones bancarias si no está claramente estipulado en el contrato que firmaste cuando te otorgaron tu tarjeta de crédito.

• Existen mecanismos jurídicos para defendernos de las arbitrariedades que se cometen en contra de los deudores. Sin embargo, la atención de estos casos requiere de asesoría técnica y jurídica.

• No es un delito haber caído en cartera vencida y con más razón si perdiste tu empleo.

• Más bien, somos víctimas de la negligente política económica, implantada por el gobierno de la “estabilidad y el empleo”.

• No puedes ser embargado: una tarjeta de crédito es un “préstamo dado sin ninguna garantía”.

Finalmente, quiero señalar que hace dos semanas se presentó, por diputados del Grupo Patria —PRD, PT y Convergencia— una iniciativa para implementar un programa de apoyo y rescate a pequeños deudores, en el cual el gobierno absorbería 20 por ciento de la cartera vencida de las tarjetas de crédito; los bancos tendrían que absorber 25 por ciento; y los deudores pagarían el restante 55 por ciento de su cuenta actual en mensualidades fijas.

Compañeras y compañeros:

Es tiempo de que los mexicanos recobremos y democraticemos nuestro sistema bancario.

No permitamos, como actualmente sucede, que gobiernos extranjeros, como es el caso de Estados Unidos con Banamex, decidan sobre el sistema bancario en nuestro país.

No paguemos al agio y a la usura con la que se ha protegido a un grupo de banqueros que ni siquiera son mexicanos.

El día de hoy demandamos la atención urgente por parte de bancos y gobierno a los deudores de la banca.

Debo, no niego; pago lo justo.

Muchas gracias.



servicio de noticias ISA en línea

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

domingo, marzo 01, 2009

Desfiladero Jaime Avilés

Desfiladero

Estado fallido: ¿en México hay un monopolio o un duopolio de la violencia?

Jaime Avilés

La Jornada

Foto
Patrullaje del Ejército en Ciudad Juárez, luego del asesinato de tres policías, incluido el director de operaciones de Seguridad Pública local, el pasado día 17Foto Ap

Salgamos de una vez por todas de la duda. ¿Vivimos en un Estado fallido –como aseguran los expertos del Pentágono– y estamos en peligro de que nuestro sistema político se colapse de repente? A discutir la primera parte de esta pregunta invité la otra noche a un joven artista plástico y a dos intelectualas que lo acompañaban. Una de ellas dijo: el concepto de Estado fallido se deriva de la conocida afirmación de Max Weber en cuanto a que el Estado posee el monopolio de la violencia.

No hace mucho, anotó el artista plástico, Felipe Calderón dijo que él tenía el monopolio de la violencia. Pobre, ni siquiera distingue entre gobierno y Estado, se condolió la otra intelectuala. En la Libre de Derecho nadie le enseñó que el Estado posee tres componentes: territorio, población y gobierno. Sí, pero el Estado, insistió la intelectuala que llevaba la voz cantante, tiene el monopolio de la violencia y, en el caso de México, ese monopolio se convirtió en duopolio.

Permíteme, discrepó su colega, pero Weber habló del monopolio legítimo de la violencia. Le-gí-ti-mo. ¿Y cuál es ese monopolio legítimo?, abundó. Pues el que permite al Estado disponer de las fuerzas armadas. ¡Ahí está el detalle!, salté, evocando a Cantinflas. El Estado tiene el monopolio legítimo de la violencia, pero Calderón no es legítimo, medio México lo considera espurio. Y dos, el monopolio legítimo de la violencia, o sea, las fuerzas armadas, cívicas y militares, han perdido el control de franjas territoriales en la frontera norte y en otros estados donde el narcotráfico es el que manda. Por eso en Texas ya están las tropas del Tío Sam

Parodiando a Weber, el Estado mexicano ha perdido asimismo el monopolio legítimo de la justicia, pues ahora el narco juzga a criminales, sospechosos e inocentes con el mismo rasero, y los castiga mediante la aplicación mecánica de la pena de muerte. Y por si lo anterior fuera poco, el Estado mexicano también ha perdido el monopolio legítimo de la recaudación fiscal, porque de manera creciente el narco está cobrando impuestos en casi todo el país, tanto a los hombres de negocios como a los pequeños vendedores de productos piratas.

De acuerdo con lo anterior, ¿vivimos en un Estado fallido o no? Manden sus puntos de vista al buzón de esta columna y el próximo sábado véanlos publicados en el blog de El Patín del Diablo. Ahora bien, ¿estamos en riesgo de que el sistema político se colapse en forma repentina?

Castidad de lujo

Nos quedan 80 mil millones de dólares en las reservas internacionales, casi mil millones menos que la semana pasada y, no obstante, el peso continúa hundiéndose. A este ritmo, dentro de 80 semanas, o menos, las arcas del Estado podrían estar vacías y el país en riesgo de quedarse, como la Argentina de Fernando de la Rúa (diciembre de 2001), sin circulante, es decir, en el corralito.

Cada 24 horas pierden su empleo 890 personas (según el Inegi, por tanto, la cifra debe ser mucho mayor). En lo que va del año, las exportaciones se redujeron en más de 30 por ciento, cayendo a su nivel histórico más bajo. Y la inflación sigue creciendo porque el diesel se mantiene a la alza, mientras las gasolinas, la luz y el gas conservan precios de escándalo. Pero el descontento popular no traza siquiera una arruga en la frente de Carstens.

Pese a la urgencia de cambiar inmediatamente de política económica, el presupuesto de egresos de 2009 contempla que más de la mitad del dinero que será ejercido servirá para pagar los sueldos de la burocracia, entre ellos las insultantes percepciones de los magistrados de la Tremenda Corte, sus bonos extras, sus vales de comida y combustible, sus viáticos en otras ciudades y países, sus gastos médicos, sus vacaciones y aguinaldos, que en suma les reditúan cerca de 10 millones de pesos por toga al año, o, en grupo, 110 millones, o 660 millones al sexenio (sin contar los salarios de magistrados y jueces de menor rango, secretarios, tinterillos y demás) que el pueblo dilapida, mediante sus impuestos o de la renta de Pemex, con la ilusa pretensión de garantizar que sus máximos jueces no se corrompan. ¿No sería más barato asignarles 11 cinturones de castidad de oro, con incrustaciones de diamantes y esmeraldas? O quizá, simplemente, dejar que se corrompan. Total, para las sentencias que dictan, en beneficio invariable de los ricos…

Carecemos de un Poder Judicial que actúe como factor de equilibrio, en un país marcado por la desigualdad extrema; el gobierno federal parece una fiesta infantil en la que todos los niños andan con los ojos vendados dándose palos unos a otros. Y el Poder Legislativo, que por su pluralidad podría abrir una salida de emergencia con el consenso de todos los partidos, está a punto de ser despojado de cualquier legitimidad por el IFE, cuyos consejeros, encabezados por Vazurita, ya echaron a perder cuatro veces la elección de julio (y eso que la gente todavía no vota): una, al castigar enérgicamente al PRD por su campaña contra el PAN, y sólo amonestar al PAN por su campaña contra el PRD; dos, al arrodillarse ante las televisoras y perdonarles las multas; tres, al arrodillarse de nuevo ante ellas, y ahora sí multarlas, debido a las burlas que provocaron con su actitud inicial y, cuatro, al subirse y de inmediato bajarse los sueldos, con una celeridad que anticipa lo que seguirán haciendo, tantas veces como sea necesario, con sus propios calzones.

Estado fallido, pérdida de control territorial, duopolio de la violencia, tropas estadunidenses en la frontera de Texas, evaporación paulatina de las reservas federales, desempleo galopante, inflación a tope, desplome histórico de exportaciones, parálisis mental en el gabinete económico, y pronto, muy pronto, crisis política después de las elecciones que se combinará, según todos los pronósticos, con una espectacular reducción del dinero circulante debido a la desaceleración prevista para el segundo semestre de 2009.

¿Colapso repentino del sistema político cualquier día de estos? Lorenzo Meyer lo dijo la otra noche en la televisión cultural con palabras más claras: no estamos en proceso de transición hacia una forma de gobierno más democrática, ni retrocediendo hacia los antiguos métodos de control priísta; no vamos a ninguna parte, nos estamos hundiendo.

El brasier de Emma

Por fortuna, por segunda semana consecutiva sigue en cartelera la nueva creación de Maryse Sistach y José Buil, El brasier de Emma, una comedia de alta calidad, ubicada en el México de 1962, cuando vino a visitarnos Marilyn Monroe con sus legendarios pechos desnudos bajo la ropa, lo que en esta cinta da pie a una reflexión feminista, sumamente humorística, sobre las glándulas mamarias, en torno de una niña (Sofía Espinosa) y su madre (Arcelia Ramírez), que sufren problemas pectorales de distinta índole, en un DF en que por las calles, con bandera de taxi, circulaban enormes cocodrilos.



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domingo, febrero 22, 2009

JORGE GÓMEZ NAREDO Felipe Calderón: entre debilidad y autoritarismo

La Jornada Jalisco

Felipe Calderón llamó a rechazar el catastrofismo sin fundamentos
Felipe Calderón llamó a rechazar el catastrofismo sin fundamentos Foto: AP

¿Será que lo que vemos es irreal: el dólar a 15 pesos, el desempleo desbordado, el dinero insuficiente para lo necesario, la pobreza, la desesperanza, un modelo económico que no funciona, un país que se viene abajo y un gobierno inepto e ineficaz? ¿Será que mentimos?, ¿que nuestros ojos y nuestros bolsillos nos engañan: son falaces?, ¿será que somos catastrofistas?, ¿que pensamos siempre de manera pesimista?, ¿que sembramos la desilusión y somos agoreros de fatídicos hechos?, ¿será que engañamos y, además, enconamos a la sociedad? ¿Será?

El jueves pasado, en la ciudad de Querétaro, Felipe Calderón condenó a todo aquel que piense que algo falla en el país a ser una especie de traidor a la patria, a la democracia y a las instituciones: “debemos rechazar todos el catastrofismo sin fundamento, particularmente ahora llevado a extremos absurdos, que daña sensiblemente al país, a su imagen internacional, ahuyenta inversiones y destruye los empleos que los mexicanos necesitan. Hagamos a un lado el alarmismo, que ignora los esfuerzos que todos hacemos por superar nuestros desafíos. […] Se puede discrepar, pero no deliberadamente falsear, dividir y enconar. Se puede opinar distinto en el marco de libertad que el propio Estado garantiza, pero no atentar contra el Estado mismo”. Quien critica, quien alza la voz, quien busca salidas a la crisis, quien desespera ante el inmovilismo de un gobierno ineficaz, quien quiere a su patria y la defiende, quien busca la democracia a partir de la participación de todos, ¿es catastrofista? En la visión de Felipe Calderón, sí. Y además, es una amenaza, porque ahuyenta las inversiones y “destruye” empleos: un peligro para México, pues.

Felipe Calderón ha buscado que los efectos nefastos de la crisis sean conceptuados como externos. En Querétaro dijo: “No es ésta la primera vez que México enfrenta una crisis económica, pero aquí, también lo verdaderamente nuevo, es que a diferencia de otras, esta crisis ni se origina en México ni en la irresponsabilidad de sus gobernantes”. La intención es clara: convencer a la población que la crisis es externa y que el gobierno (es decir, Felipe Calderón y su séquito de secretarios de Estado), nada tienen que ver con ella. Esto es, simple y llanamente, una falacia. Si bien es cierto la crisis se origina en el exterior –el capitalismo (y especialmente su fase neoliberal) está en decadencia– también es verdad que los diversos estados del mundo tienen la capacidad de hacerle frente y organizarse para que no afecte tanto. Esto, Calderón, simple y llanamente no lo ha hecho.

Las declaraciones del michoacano muestran, por un lado, su intolerancia y su vocación autoritaria y, por otro, su debilidad. Desde hace mucho tiempo Calderón no se refería tan claramente a Andrés Manuel López Obrador. Durante buena parte de su gestión lo había omitido de todo discurso y había pactado con la mayoría de los medios de comunicación (en especial las televisoras) para que no dijeran nada del ex candidato por la Coalición por el Bien de Todos, y cuando lo mencionaran, se hablara mal del tabasqueño. Pero ahora, la situación es distinta: la inestabilidad económica ha llevado al país al borde de una crisis catastrófica (sí, catastrófica, palabra que, según el diccionario de la Real Academia Española, significa: “Suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas”). Y Felipe Calderón no sabe qué hacer. Como no lo saben tampoco sus secretarios y sus asesores. Esto es entendible: Calderón no estaba preparado para ser presidente de México, su inexperiencia era mucha (y muy obvia) y su ineficacia y corrupción (recuérdense sus controvertidas y venales estancias en la Secretaría de Energía y en Banobras) evidentes. ¿Cuál es la salida? Fácil: culpar al exterior y a la oposición del derrumbe del país.

Además del indudable cinismo, en su discurso del pasado jueves Calderón mostró su inclinación autoritaria: quien critica, quien habla en contra de su política económica, quien se atreve a decir que las cosas van mal, está atentando contra el Estado mismo. ¿Acaso ésta no es una actitud autoritaria?, ¿un comentario nacido de la debilidad? Porque hoy, más que nunca, Calderón se muestra débil: débil ante quienes lo impusieron en la Presidencia, débil ante la oposición, débil ante una crisis económica que no sabe cómo manejar y que está llevando al país a un precipicio, débil ante el exterior y débil ante un sector de la sociedad inconforme con su gestión. Sí, Calderón se mira débil, tan débil que exhibe su intolerancia. Como lo mencionó López Obrador en su visita a Temacapulín el jueves pasado: “Calderón es como si no existiera, no tiene capacidad, es muy inepto”. Sí, y además de inepto, autoritario.

jorge_naredo@yahoo.com



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viernes, febrero 13, 2009

Apoya AMLO pronóstico de Slim sobre crisis económica



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Andrés Manuel López Obrador se preguntó: ''¿porqué hacen tanto escándalo, por qué se incomodan con las declaraciones de Carlos Slim, si lo que él dijo es lo que está sucediendo realmente?'' (Foto. Presidencia Legítima de México)

LA JORNADA


OPODEPE, SON., 12 DE FEBRERO /Apenas aterrizando en Sonora donde realiza una de las últimas giras por las cabeceras municipales de todo el país, Andrés Manuel López Obrador se preguntó: ''¿porqué hacen tanto escándalo, por qué se incomodan con las declaraciones de Carlos Slim, si lo que él dijo es lo que está sucediendo realmente?''. Y apuntaló al empresario: ''que no hay crecimiento de la economía no es una mentira; ya lo habíamos dicho nosotros antes''.

Y en esa misma línea, a la pregunta de si frente a la crisis económica y ''la incapacidad'' del gobierno federal para encararla, Felipe Calderón Hinojosa tendría que dimitir a la Presidencia de la República, el tabasqueño respondió: ''Pues es como si ya hubiese renunciado, porque no manda, no gobierna''.

Con un acusado retraso en la agenda por la demora que sufrió el vuelo que lo traía de la capital del país debido al banco de niebla que se presentó esta mañana, López Obrador declaró en Hermosillo y se sumó a quienes han reivindicado la validez del pronóstico económico que realizó el lunes de esta semana el empresario Carlos Slim durante el foro ''Qué hacer para crecer'', organizado por el Congreso de la Unión.

''¿Qué acaso es una mentira decir que hay desempleo en el país? ¿qué acaso es una mentira decir que se ha devaluado el peso en 40 por ciento''. Todo eso es la realidad; lo que hay que hacer es enfrentarlo y no se ve a (Felipe) Calderón por ninguna parte. No se sabe qué se hizo, no existe, no hay conducción en el país''.

Sería apenas la primera de las constantes alusiones al titular del Poder Ejecutivo que lanzaría López Obrador a lo largo de esta jornada. ''Calderón es un inpepto, por decir lo menos; no tiene capacidad para resolver los grandes y graves problemas nacionales''. Insistió entonces en la necesidad que tiene el país de un plan para apoyar a los productores, para apuntalar la actividad productiva para que no quiebren los pequeños y medianos empresarios, los comercios, y no se despida a los trabajadores.

''¡Hay que proteger al pueblo ante la crisis y eso es lo que ya debería estar haciendo el pelele de (Felipe) Calderón!'', insistió el tabasqueño en cada una de las plazas del norte sonorense que recorrió hoy.

Enterado de la nueva depreciación que sufrió el peso frente al dólar este jueves y al fustigar también a la clase política en el poder a la que define como ''ladrona, sinvergüenza, corrupta, hipócrita'' entre otros epíteros, el ''presidente legítimo'' dijo que los partidos que integran el Frente Amplio Progresista (FAP) tienen esperanza de obtener buenos resultados siempre y de manera inmediara en julio próximo, ''porque los ciudadanos ya están hartos del PRI y del PAN, (partidos) que a final de cuentas son lo mismo...la gente no va a seguir votando por quienes la han llevado a la pobreza, a esta grave crisis económica y de bienestar social''.

Como muestra de la falta de ''autoridad moral e incapacidad'' de Calderón Hinojosa señaló que en momentos como los actuales, ''cuando se requiere un plan anticrisis para que haya empleo, y se necesita también darle ánimos a la gente, él se ha dedicado a confundirla''.

Y de si mismo, dijo a la gente que se congregó a oírlo en la plaza de Carbó: ''no somos como otros; no hacemos política sin principios, sin ideales. No queremos llegar a toda costa, no queremos llegar a la Presidencia dejando trozos de dignidad en el camino. Si llegamos es porque tendremos intactos nuestra dignidad y principios para no ser rehén de nadie.

Hoy más que nunca se necesita un cambio, insistió también ante todos los auditorios y cuando lo haya y el gobierno sea del pueblo, entonces las cosas van a mejorar . Y de nuevo le pidió a la gente ''ya no le estén dando el voto al PRI ni al PAN. La misma gata y sin revolcar. El PAN apoyó a Carlos Salinas de Gortari en el fraude de 1988 contra Cuauhtémoc Cárdenas, así como el PRI respaldó a Calderón en el 2006. Y entre ellos, el gobernador Eduardo Bours, que es un lladrón, los ayudó aquí en Sonora''.



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domingo, febrero 08, 2009

JORGE GÓMEZ NAREDO ::Felipe Calderón: entre debilidad y autoritarismo::

Alineación a la derechaFoto: Cesar Huerta/Extensión Medios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

¿Será que lo que vemos es irreal: el dólar a 15 pesos, el desempleo desbordado, el dinero insuficiente para lo necesario, la pobreza, la desesperanza, un modelo económico que no funciona, un país que se viene abajo y un gobierno inepto e ineficaz? ¿Será que mentimos?, ¿que nuestros ojos y nuestros bolsillos nos engañan: son falaces?, ¿será que somos catastrofistas?, ¿que pensamos siempre de manera pesimista?, ¿que sembramos la desilusión y somos agoreros de fatídicos hechos?, ¿será que engañamos y, además, enconamos a la sociedad? ¿Será?

El jueves pasado, en la ciudad de Querétaro, Felipe Calderón condenó a todo aquel que piense que algo falla en el país a ser una especie de traidor a la patria, a la democracia y a las instituciones: “debemos rechazar todos el catastrofismo sin fundamento, particularmente ahora llevado a extremos absurdos, que daña sensiblemente al país, a su imagen internacional, ahuyenta inversiones y destruye los empleos que los mexicanos necesitan. Hagamos a un lado el alarmismo, que ignora los esfuerzos que todos hacemos por superar nuestros desafíos. […] Se puede discrepar, pero no deliberadamente falsear, dividir y enconar. Se puede opinar distinto en el marco de libertad que el propio Estado garantiza, pero no atentar contra el Estado mismo”. Quien critica, quien alza la voz, quien busca salidas a la crisis, quien desespera ante el inmovilismo de un gobierno ineficaz, quien quiere a su patria y la defiende, quien busca la democracia a partir de la participación de todos, ¿es catastrofista? En la visión de Felipe Calderón, sí. Y además, es una amenaza, porque ahuyenta las inversiones y “destruye” empleos: un peligro para México, pues.

Felipe Calderón ha buscado que los efectos nefastos de la crisis sean conceptuados como externos. En Querétaro dijo: “No es ésta la primera vez que México enfrenta una crisis económica, pero aquí, también lo verdaderamente nuevo es que a diferencia de otras, esta crisis ni se origina en México ni en la irresponsabilidad de sus gobernantes”. La intención es clara: convencer a la población que la crisis es externa y que el gobierno (es decir, Felipe Calderón y su séquito de secretarios de estado) nada tiene que ver con ella. Esto es, simple y llanamente, una falacia. Si bien es cierto que la crisis se origina en el exterior –el capitalismo (y especialmente su fase neoliberal) está en decadencia– también es verdad que los diversos Estados del mundo tienen la capacidad de hacerle frente y organizarse para que no afecte tanto. Esto, Calderón, simple y llanamente no lo ha hecho.

Las declaraciones del michoacano muestran, por un lado, su intolerancia y su vocación autoritaria y, por otro, su debilidad. Desde hace mucho tiempo, Calderón no se refería tan claramente a Andrés Manuel López Obrador. Durante buena parte de su gestión lo había omitido de todo discurso y había pactado con la mayoría de los medios de comunicación (en especial las televisoras) para que no dijeran nada del ex candidato de la coalición Por el Bien de Todos, y cuando lo mencionaran, se hablara mal del tabasqueño. Pero ahora, la situación es distinta: la inestabilidad económica ha llevado al país al borde de una crisis catastrófica (sí, catastrófica, palabra que, según el diccionario de la Real Academia Española, significa: “Suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas”). Y Felipe Calderón no sabe qué hacer. Como no lo saben tampoco sus secretarios y sus asesores. Esto es entendible: Calderón no estaba preparado para ser presidente de México, su inexperiencia era mucha (y muy obvia) y su ineficacia y corrupción (recuérdense sus controvertidas y venales estancias en la Secretaría de Energía y en Banobras) evidentes. ¿Cuál es la salida? Fácil: culpar al exterior y a la oposición del derrumbe del país.

Además del indudable cinismo, en su discurso del pasado jueves Calderón mostró su inclinación autoritaria: quien critica, quien habla en contra de su política económica, quien se atreve a decir que las cosas van mal, está atentando contra el Estado mismo. ¿Acaso ésta no es una actitud autoritaria?, ¿un comentario nacido de la debilidad? Porque hoy, más que nunca, Calderón se muestra débil: débil ante quienes lo impusieron en la Presidencia, débil ante la oposición, débil ante una crisis económica que no sabe cómo manejar y que está llevando al país a un precipicio, débil ante el exterior y débil ante un sector de la sociedad inconforme con su gestión. Sí, Calderón se mira débil, tan débil que exhibe su intolerancia. Como lo mencionó López Obrador en su visita a Temacapulín el jueves pasado: “Calderón es como si no existiera, no tiene capacidad, es muy inepto”. Sí, y además de inepto, autoritario.

jorge_naredo@yahoo.com



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

lunes, enero 12, 2009

JORGE GÓMEZ NAREDO ::Plan anticrisis de Calderón llegó tarde e incompleto::

Foto: Cesar Huerta/Extensión Medios



El Occidental
12 de enero de 2009

"Si López Obrador hubiera llegado a la presidencia, y hubiera cumplido aunque sea el 30 por ciento de sus propuestas (Calderón jamás las tuvo), la situación económica sería hoy mucho mejor".

Nos dicen que con el plan presentado la semana pasada por Felipe Calderón, la crisis económica se va a terminar pronto. Después de haber experimentado varios meses de recesión en Estados Unidos, de cierre de empresas, devaluación e inflación en México, el Gobierno federal por fin lanzó un plan (en su forma de pacto, al viejo estilo priísta) para "paliar" los efectos de la crisis económica. Dicho plan llega tarde, y además es insuficiente.

Las autoridades panistas que llegaron al poder ilegítimamente en 2006 han actuado de manera fallida y negligente. Primero buscaron negar los efectos de la crisis del neoliberalismo. Dijeron que México era una economía sana, que aquí no pasaría nada, que un catarro a lo mucho. Poco a poco se observó que esas palabras eran falaces, y que la crisis sí llegaría a México porque simple y llanamente era lógico: desde hace ya tres décadas el país se ha insertado en una política económica donde se privilegia al mercado exterior y no al interior. Y lo ha hecho de una manera torpe: la mayoría de la producción nacional va a dar a los Estados Unidos. Cuando este país entra en recesión, es lógico que afecte, pues lo que antes se vendía al vecino país del norte ahora no se exportará. Digamos que eso lo entiende cualquier niño de primaria. Las autoridades blanquiazules, parece ser, no lo entendieron.

Después de haberse percatado que la recesión en Estados Unidos sí afectaría a México y lo haría de una manera amplia, el gobierno encabezado por Felipe Calderón no hizo nada. No hubo variación en el modelo económico. Nada, absolutamente nada. Pasaron meses importantes donde se pudieron hacer varias reformas y donde se pudo potenciar el mercado interno. Pero nada. Ahora las autoridades nos dicen que la crisis de la economía mexicana es culpa del exterior y no de las políticas que se siguen al interior del país. ¡Vaya falacia!

La inflación, lo acepta hasta el Banco de México, está desbordada. El Poder Interno Bruto (PIB), lo ha dicho el secretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens, no crecerá en 2009. Esto, señores, se parece mucho a una crisis. Las pequeñas y medianas empresas comienzan a cerrar, el desempleo es mucho y los patrones (que siempre quieren beneficios y jamás perder sus ganancias), en conjunto con los líderes sindicales charros y el Poder Ejecutivo, pactaron a finales de 2008 un aumento irrisorio al salario mínimo. Esto provoca que, en lugar de potenciarse el mercado interno, se desaliente. Así pues, habrá menos producción, se cerrarán empresas y todo marchará peor.

El plan de Felipe Calderón se debió haber aplicado desde hace mucho tiempo. Pero no se hizo. En realidad las propuestas presentadas la semana pasada por el Ejecutivo federal se parecen mucho a las que propugna Andrés Manuel López Obrador, a quienes las élites económicas y el PAN tildaron (y siguen tildando: ¡vaya cinismo!) de un peligro para México.

Resulta bastante triste que quienes fueron engañados por las campañas del miedo elaboradas por empresarios y por Acción Nacional en 2006 sean hoy los que están sufriendo los estragos de la crisis. Quienes votaron por Calderón pensaron que lo hacían por la estabilidad, el crecimiento económico y el empleo. Pero, ¡oh sorpresa!, en realidad lo hicieron por el desempleo, el estancamiento económico (o recesión) y la inestabilidad. Ya nadie se acuerda que Calderón se presentaba como "el presidente del empleo". Daría risa, de no ser tan triste la situación.

Si López Obrador hubiera llegado a la presidencia, y hubiera cumplido aunque sea el 30 por ciento de sus propuestas (Calderón jamás las tuvo), la situación económica sería hoy mucho mejor. El mercado interno se hubiera fortalecido, habría más empleo y la recesión económica en Estados Unidos no hubiera calado tan hondo en México. Pero hubo gente que votó en contra de AMLO, y además, claro está, hubo un fraude electoral. Lástima que muchos, en su momento, no defendieron el voto, y ahora, estamos viviendo las consecuencias de eso que no se hizo en 2006: hacer efectiva la democracia en el país.

jgnaredo@hotmail.com


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