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miércoles, abril 22, 2009

Reivindicar el 22 de abril de 1992


*JORGE GÓMEZ NAREDO


En memoria de los fallecidos en las explosiones del 22 de abril de 1992 Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ

Articulista

22 de abril de 1992 en la ciudad de Guadalajara. Justo después de las diez de la mañana: explosiones, caos, abundante escombro en una amplia zona del sector Reforma, casas completamente derruidas, llantos, sufrimiento. Muerte. Muerte que duele, muerte que pudo ser evitada. Autoridades incompetentes, gente que acude sin llamado “oficial” a las labores de rescate: solidaridad, sensibilidad, unión. Un gobernador que no sabe qué hacer, que pierde el control. Un presidente de la República que pronto busca utilizar la catástrofe para fines personales (mover piezas, colocar alfiles, sacar al rey-cacique y poner al rey-obediente). Imágenes aterradoras: Guadalajara parece una ciudad bombardeada. La tristeza y la desesperación enseñan sus rostros, y con sonrisas frías, saludan.

¿Qué queda de la catástrofe?, ¿qué nos queda del 22 de abril? Seguramente hoy se celebrarán varios actos pequeños para recordar a quienes murieron ese día. En escuetos discursos se dirá que las enseñanzas del desastre han sido muchas, que ha habido un cambio desde ese abril, que las personas que perdieron la vida ese día no murieron en vano. Pero, ¿qué ha cambiado hoy?, ¿cómo ha influido el 22 de abril en la sociedad tapatía, en la jalisciense?

En medios periodísticos y académicos se dice que el 22 de abril de 1992 influyó de manera determinante en el desarrollo político del estado: ahora, se argumenta, ya no gobierna el PRI. Lo hace el PAN. Y ese cambio fue posible gracias al desastre. Le gente, en 1995 salió a votar en contra de PRI y, Alberto Cárdenas, candidato a gobernador por el partido blanquiazul, logró triunfar en la contienda electoral. Pero, ¿qué realmente se transformó?

Un desastre es un hecho traumático. Y sus consecuencias pueden ser muchas. En Guadalajara, después del 22 de abril de 1992, algo se modificó. Pocos días después del siniestro, el entonces gobernador Guillermo Cosío Vidaurri pidió licencia y se fue del país mientras “las aguas se calmaban”. En su lugar, el Congreso local (de mayoría priísta) eligió a Carlos Rivera Aceves, ex presidente del Comité Ejecutivo Estatal del partido tricolor. Los damnificados buscaron organizarse, pero la organización siempre suele ser difícil y fueron presionados, amenazados y divididos por las autoridades. Al final, muchos lograron la restitución de sus bienes, pero el dolor continúa hoy en día: no se va, no se erradica.

¿Y el castigo para los responsables de la catástrofe? Eso quedó en el olvido. Hoy, Cosío Vidaurri vive sin haber pisado la cárcel. Enrique Dau Flores, entonces presidente de Guadalajara, sí estuvo tras las rejas, pero pronto salió, e incluso, en las administraciones panistas, logró ser el titular de la Comisión Estatal del Agua (CEA). ¿Qué verdaderamente se transformó?

¿Acaso el 22 de abril significó un hito en la historia de Jalisco? ¿Vivimos aún hoy sus consecuencias? El PAN logró hacerse de la gubernatura del estado en 1995. No la ha dejado. Durante tres administraciones no muchas cosas han variado: una elite sigue gobernando, el alejamiento entre quienes mandan y quienes obedecen continúa ensanchándose, la corrupción no ha desaparecido ni tampoco se han desterrado la insensibilidad, el desdén de los funcionarios públicos por el pueblo y la falta de democracia. Parecería que todo continúa igual: sólo el color del partido en el gobierno se ha modificado.

¿Fueron las explosiones del 22 de abril el hecho que posibilitó la alternancia (mas no la democracia) en Jalisco? Una pregunta difícil de responder. Sin duda influyeron, sin duda sembraron descontento en la población, sin duda la catástrofe coadyuvó a que el PAN lograra hacerse de la gubernatura. Pero no se puede pensar el 22 de abril como el único hecho que permitió romper la hegemonía priísta en el estado. Hay que mirar a otras partes, buscar otros factores.

Además, conceptuar al 22 de abril como el hecho fundacional de la alternancia en el estado le resta su carácter radical y de lucha por el mejoramiento de las condiciones económicas, sociales y culturales de la población jalisciense: le quita la esencia del enojo y del descontento contra la autoridad, cualquier autoridad; contra la injusticia, cualquier injusticia. El PAN inmovilizó, al ganar la gubernatura, la radicalidad del 22 de abril. La lucha por un cambio pareció llegar a buen cabo: un simple espejismo. El PAN se ha convertido en un partido muy parecido al PRI. Quizá ya es difícil distinguirlos: sus prácticas políticas son muy semejantes, la corrupción que los aqueja es casi igual y su interés por el pueblo y los humildes es mínimo.

Hoy más que nunca se necesita recordar el 22 de abril. Pero no como el hecho que posibilitó la “democracia” en Jalisco, sino como una herida que ahí está, que duele, que necesita mirarse. Se precisa mirar el 22 de abril como un referente para la lucha de los de abajo, de los humildes, de los que un día tienen algo y pierden todo, de los que tienen casi nada y les quieren quitar todo. Es imprescindible reivindicar el 22 de abril para los jodidos, para los que día a día luchan por la sobrevivencia, para los que son víctimas de catástrofes, de ineficacias del gobierno y de inefables injusticias. Sí, rescatar al 22 de abril de los de arriba, de los que lo utilizaron para hacerse del poder y después lo olvidaron. El 22 de abril, entre los tapatíos y jaliscienses de a pie, jamás se debe olvidar: debe pervivir en la memoria colectiva con toda su radicalidad.

jorge_naredo@yahoo.com

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

domingo, febrero 08, 2009

JORGE GÓMEZ NAREDO ::Felipe Calderón: entre debilidad y autoritarismo::

Alineación a la derechaFoto: Cesar Huerta/Extensión Medios

JORGE GÓMEZ NAREDO

La Jornada Jalisco

¿Será que lo que vemos es irreal: el dólar a 15 pesos, el desempleo desbordado, el dinero insuficiente para lo necesario, la pobreza, la desesperanza, un modelo económico que no funciona, un país que se viene abajo y un gobierno inepto e ineficaz? ¿Será que mentimos?, ¿que nuestros ojos y nuestros bolsillos nos engañan: son falaces?, ¿será que somos catastrofistas?, ¿que pensamos siempre de manera pesimista?, ¿que sembramos la desilusión y somos agoreros de fatídicos hechos?, ¿será que engañamos y, además, enconamos a la sociedad? ¿Será?

El jueves pasado, en la ciudad de Querétaro, Felipe Calderón condenó a todo aquel que piense que algo falla en el país a ser una especie de traidor a la patria, a la democracia y a las instituciones: “debemos rechazar todos el catastrofismo sin fundamento, particularmente ahora llevado a extremos absurdos, que daña sensiblemente al país, a su imagen internacional, ahuyenta inversiones y destruye los empleos que los mexicanos necesitan. Hagamos a un lado el alarmismo, que ignora los esfuerzos que todos hacemos por superar nuestros desafíos. […] Se puede discrepar, pero no deliberadamente falsear, dividir y enconar. Se puede opinar distinto en el marco de libertad que el propio Estado garantiza, pero no atentar contra el Estado mismo”. Quien critica, quien alza la voz, quien busca salidas a la crisis, quien desespera ante el inmovilismo de un gobierno ineficaz, quien quiere a su patria y la defiende, quien busca la democracia a partir de la participación de todos, ¿es catastrofista? En la visión de Felipe Calderón, sí. Y además, es una amenaza, porque ahuyenta las inversiones y “destruye” empleos: un peligro para México, pues.

Felipe Calderón ha buscado que los efectos nefastos de la crisis sean conceptuados como externos. En Querétaro dijo: “No es ésta la primera vez que México enfrenta una crisis económica, pero aquí, también lo verdaderamente nuevo es que a diferencia de otras, esta crisis ni se origina en México ni en la irresponsabilidad de sus gobernantes”. La intención es clara: convencer a la población que la crisis es externa y que el gobierno (es decir, Felipe Calderón y su séquito de secretarios de estado) nada tiene que ver con ella. Esto es, simple y llanamente, una falacia. Si bien es cierto que la crisis se origina en el exterior –el capitalismo (y especialmente su fase neoliberal) está en decadencia– también es verdad que los diversos Estados del mundo tienen la capacidad de hacerle frente y organizarse para que no afecte tanto. Esto, Calderón, simple y llanamente no lo ha hecho.

Las declaraciones del michoacano muestran, por un lado, su intolerancia y su vocación autoritaria y, por otro, su debilidad. Desde hace mucho tiempo, Calderón no se refería tan claramente a Andrés Manuel López Obrador. Durante buena parte de su gestión lo había omitido de todo discurso y había pactado con la mayoría de los medios de comunicación (en especial las televisoras) para que no dijeran nada del ex candidato de la coalición Por el Bien de Todos, y cuando lo mencionaran, se hablara mal del tabasqueño. Pero ahora, la situación es distinta: la inestabilidad económica ha llevado al país al borde de una crisis catastrófica (sí, catastrófica, palabra que, según el diccionario de la Real Academia Española, significa: “Suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas”). Y Felipe Calderón no sabe qué hacer. Como no lo saben tampoco sus secretarios y sus asesores. Esto es entendible: Calderón no estaba preparado para ser presidente de México, su inexperiencia era mucha (y muy obvia) y su ineficacia y corrupción (recuérdense sus controvertidas y venales estancias en la Secretaría de Energía y en Banobras) evidentes. ¿Cuál es la salida? Fácil: culpar al exterior y a la oposición del derrumbe del país.

Además del indudable cinismo, en su discurso del pasado jueves Calderón mostró su inclinación autoritaria: quien critica, quien habla en contra de su política económica, quien se atreve a decir que las cosas van mal, está atentando contra el Estado mismo. ¿Acaso ésta no es una actitud autoritaria?, ¿un comentario nacido de la debilidad? Porque hoy, más que nunca, Calderón se muestra débil: débil ante quienes lo impusieron en la Presidencia, débil ante la oposición, débil ante una crisis económica que no sabe cómo manejar y que está llevando al país a un precipicio, débil ante el exterior y débil ante un sector de la sociedad inconforme con su gestión. Sí, Calderón se mira débil, tan débil que exhibe su intolerancia. Como lo mencionó López Obrador en su visita a Temacapulín el jueves pasado: “Calderón es como si no existiera, no tiene capacidad, es muy inepto”. Sí, y además de inepto, autoritario.

jorge_naredo@yahoo.com



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

miércoles, febrero 04, 2009

El hombre de la fuente


El hombre de la fuente

Esta fotografía fue tomada en la Plaza Liberación la noche del viernes 30 de enero. Es un trabajo digno de fotografía. Durante el remozamiento al Centro Histórico de Guadalajara, las fuentes más visitadas de la ciudad necesitaban de una manita de gato; para esto, uno de los trabajadores tuvo que subirse a una de las fuentes y, sin importarle el frío de la noche, se sentó y comenzó el espectáculo ante la mirada de turistas que se acercaban incrédulos. Esto causó la movilización de varios policías que al tratar de averiguar le decían al joven de la fuente, “Bájese de ahí” y el trabajador respondía: “¿Por qué? Estoy haciendo mi trabajo”. César Octavio Huerta González

Correo del lector -Público-

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

lunes, enero 26, 2009

JORGE GÓMEZ NAREDO ::El discurso del Gobierno federal ante la crisis económica::

Foto: Cesar Huerta/Extensión Medios

Opinión

El Occidental
26 de enero de 2009

"¿Y si se nos cae el país?" Esta pregunta se la han hecho muchos mexicanos, cientos de miles: seguramente millones. No se la hacen así, de esa forma, con esas palabras. Todos la plantean desde su perspectiva, desde su manera de ver el mundo. Habrá quien diga: "¿y si me quedo sin trabajo?"; otros, en cambio, la formularán así; "¿y si ya no tengo para comprar los alimentos, los medicamentos, para pagar el alquiler?" Estos cuestionamientos se hacen desde particulares maneras de vivir el mundo y de sufrir las recesiones (constantes) de este país gobernado, ya desde hace tres décadas, por una élite que cree en el neoliberalismo como única vía para que México progrese.

Desde las altas esferas del poder se nos han dicho muchas palabras que pretenden "paliar" este sentimiento de indefensión y fatalismo económicos. En los comienzos de una crisis mundial que, se sabía, afectaría de una u otra manera a la mayoría de las naciones del orbe, el gobierno que encabeza Felipe Calderón dijo que nada, absolutamente nada pasaría en México, que era un "catarrito", que pronto se solucionarían los conflictos económicos y que íbamos por el camino correcto, que no había que cambiar ni un ápice la política económica. Tiempo después, este discursó varió: se aceptó que la economía mexicana no iba tan bien, que la crisis mundial sí estaba afectando al país, pero que no nos preocupáramos, porque Calderón gustaba de los grandes retos: que se crecía ante ellos.

Este discurso de triunfalismo y de pequeñeces (es decir, Calderón) que se crecen ante las adversidades, nuevamente cambió hace algunas semanas: se dijo que la crisis, pues era en realidad una crisis, y que era ilógico (en planea contradicción con lo que se venía sosteniendo) pensar que no afectaría a México. Es decir, se aceptó que íbamos mal. Ante esto, el gobierno federal implantó medidas paliativas para enfrentar la recesión; medidas, por cierto, que no cambiaron la política económica.

Ahora que los signos de una catástrofe económica se comienzan a vislumbrar, nuevamente el discurso del Gobierno federal se ha transformado: se llama a la unidad, a que los mexicanos estemos juntos en este vendaval económico. La semana pasada, Calderón mencionó: "Sí tenemos problemas graves, que vienen algunos de mucho tiempo atrás, como es el de la seguridad pública u otros que vienen incluso de afuera, como es el problema económico que hoy se está viviendo. Pero aunque cueste trabajo, aunque tome tiempo resolverlos, tengan la seguridad de que mientras estemos unidos, los mexicanos vamos a resolver nuestros problemas y México va a salir adelante con el apoyo de todos".

¿Acaso la crisis económica se solucionará con "unidad"?, ¿la delincuencia y el narcotráfico se terminarán con "unidad"? No. Por supuesto que no. Lo que sucede con estos discursos que ha comenzado a dar Felipe Calderón y que llaman a la "unidad" y a la "concordia", es que se transfiere las incapacidades de su gobierno a la sociedad. Es simple: si México no progresa, si las crisis económicas afectan al país, es porque no hay unidad, porque no hay concordia, porque la sociedad mexicana es incapaz de ponerse de acuerdo. Ésta es la visión de Calderón y quienes, junto a él, dirigen los destinos de la nación.

¿Qué se esconde detrás de estos discursos de unidad y concordia entre los mexicanos? Simple, la incapacidad del gobierno de Felipe Calderón para solucionar los problemas económicos y de seguridad en el país. Por supuesto que la crisis es un factor externo, pero la afectación en un país depende de las políticas económicas que se han seguido. No se puede decir: "es algo del exterior, no podemos hacer nada". Si se asume esta postura, pues lo mejor sería que renunciara Felipe Calderón junto con todo su gabinete, pues, ¿de qué sirve tener a un mandatario que simple y llanamente no puede solucionar conflictos?, ¿para qué queremos a un gobierno que trasfiere la responsabilidad de su incapacidad a la sociedad misma?

No cabe duda, por el camino que estamos siguiendo vamos directo a una crisis, esas mismas crisis que Felipe Calderón decía iban a sucederse si llegaba a la presidencia Andrés Manuel López Obrador. No cabe duda, más pronto cae un hablar que un cojo. Y ojalá Calderón caiga pronto. Es lo mejor que le puede pasar al país.


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

jueves, enero 15, 2009

Mensaje a redes ciudadanas de un ciudadano sobre el transporte público

Foto: Cesar Huerta/Extensión Medios


Amables camioneros

Nada menos el dia de ayer un amable camionero no me permitio el pase acelerando a fondo y dejando a 4 personas pidiendo parada en una terminal y frenando en seco 100 metros mas adelante para evitar que me metiera por detras de el. para que da parada a los ciudadanos de cualquier manera tendran un pago fijo que yo tambien pago!!!

MOys

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

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