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lunes, agosto 24, 2009

Una lectura feminista sobre Acteal



R. Aída Hernández Castillo

La Jornada

El fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en torno al caso Acteal no hizo más que confirmar el desprestigio del Poder Judicial en México, ganado a pulso mediante una larga lista de resoluciones en contra de los movimientos sociales y en complicidad con los sectores del poder: protección a los genocidas del 68, a los gobernadores represores en Puebla y Oaxaca, a los paramilitares de Acteal; paralelamente rechazo a las controversias constitucionales de los pueblos indígenas, a las denuncias de Lydia Cacho, a los sobrevivientes de los movimientos estudiantiles del 68 y del 71.

Como feminista y como antropóloga jurídica, recorro cada uno de estos casos de impunidad y me llama la atención la manera en que la violencia hacia las mujeres sigue siendo legitimada y reproducida por el aparato de justicia, a pesar de todos los acuerdos internacionales firmados por el gobierno mexicano en los recientes diez años y de todas las leyes aprobadas para prevenirla y sancionarla, parecemos estar en el mismo punto que hace casi 12 años cuando se llevó a cabo la masacre de Acteal. En ese entonces, un grupo de feministas que trabajábamos en la zona y que teníamos conocidas y amigas entre las mujeres asesinadas en Acteal, nos dimos a la tarea de recopilar testimonios de las sobrevivientes y de reconstruir desde una perspectiva de género la historia de la paramilitarización de los Altos de Chiapas. Estábamos movidas por una profunda tristeza e indignación ante la violencia con la que fueron masacrados hombres, mujeres y niños, pero también por la convicción de que no era un caso aislado de violencia intracomunitaria, sino parte de una estrategia más amplia de guerra de baja intensidad en la que los cuerpos de las mujeres se estaban utilizando como campo de batalla.

Cuando nos dimos a la tarea de escribir La otra palabra: mujeres y violencia en Chiapas, antes y después de Acteal, reaccionábamos también ante la indiferencia con la que se manejó la violación por parte de militares de las tres hermanas tzeltales Méndez Sántiz, el 4 de junio de 1994; la violación por parte de paramilitares de Silvia, Lorena y Patricia, tres enfermeras que trabajaban en San Andrés Larráinzar, el 4 de octubre de 1995; de la violación y tortura por parte de policías judiciales de Julieta Flores, activista de la Unión Campesina Popular Francisco Villa, el 15 de diciembre de 1995; la violación en la zona de los lagos de Montebello, el 26 de octubre de 1996, de Cecilia Rodríguez, activista chicana pro-zapatista y presidenta de la Comisión Nacional por la Democracia en México. Estos casos, todos denunciados y documentados, cuyos perpetradores nunca fueron castigados, nos llevaron a pensar que no era casualidad que la violación sexual y la violencia contra las mujeres estuvieran siendo utilizadas como arma de represión tanto por grupos paramilitares como por el propio Ejército Federal, ni que hayan sido mayoritariamente mujeres las asesinadas en la masacre de Acteal. La participación política de las mujeres indígenas las había convertido en una amenaza, tanto para las estructuras de poder comunitario, como para los grupos de poder estatal y nacional. Paralelamente, las ideologías patriarcales que ven a las mujeres como depositarias del honor familiar, hacen que en muchos contextos de guerra el ataque y la violación a las mujeres sean vistos como un ataque a los hombres del grupo enemigo. El grito de ¨Hay que acabar con la semilla”, enarbolado por los paramilitares al atacar a las mujeres embarazadas en Acteal, expresa mucho del contenido patriarcal de estas prácticas de guerra. La ideología compartida por un amplio sector de la población de que las mujeres somos por excelencia fuentes de vida nos convierte a la vez en un importante objetivo de guerra.

En los 11 años que han pasado desde la masacre de Acteal, el gobierno mexicano ha firmado los protocolos facultativos de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (2002), y de la Convención Contra la Tortura (2005). así como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belem do Pará 1998). Estos compromisos internacionales han sido letra muerta y no han limitado ni frenado a las fuerzas represivas del Estado. En estos 11 años nos ha tocado documentar la violación sexual de las mujeres de Atenco por parte de efectivos policiacos; la violación y asesinato de Ernestina Ascención Rosario, por parte de cuatro efectivos del Ejército en la Sierra de Zongolica, en el estado de Veracruz; la violación y tortura de Inés Fernández Ortega, en Ayutla de los Libres, Guerrero, por parte de militares, por mencionar dos de los casos más denunciados. Pero no se trata de casos aislados pues, según reportes de Amnistía Internacional, desde 1994 a la fecha se han documentado 60 agresiones sexuales contra mujeres indígenas y campesinas por parte de integrantes de las fuerzas armadas, sobre todo en los estados de Guerrero, Chiapas y Oaxaca (precisamente estados en donde hay una gran efervescencia organizativa).

La resolución de la Suprema Corte de Justicia en torno a Acteal nos confirma que el gobierno mexicano no sólo ha fallado en prevenir y sancionar el feminicidio, entendido en un sentido amplio cómo una categoría que incluye toda aquella muerte prematura de mujeres ocasionada por una inequidad de género caracterizada por la violación histórica, reiterada y sistémica de sus derechos humanos y civiles, como nos lo ha demostrado la investigación promovida por la 59 Legislatura sobre violencia feminicida en México, sino que ha sido indirecta y directamente responsable de la utilización de la violencia física y sexual como estrategias represivas contra los movimientos sociales. Para el caso Acteal y para todos los otros casos de violencia de género documentados, exigimos que el gobierno mexicano cumpla con los compromisos internacionales adquiridos y haga justicia castigando a los culpables.


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viernes, abril 03, 2009

Galeano invocó las luchas de Atenco, de Oaxaca y por la "sagrada tierra"

Foto
Al tomar el micrófono, en la Sala Nezahualcóyotl comenzó el hechizo de un cuentacuentos

Ericka Montaño Garfias

La Jornada

La Sala Nezahualcóyotl fue insuficiente, pues no obstante los más de 2 mil 200 asientos, cientos de personas debieron conformarse con escuchar a Eduardo Galeano en las bocinas instaladas afuera del recinto. Imposible verlo en la pantalla que colocaron: el sol daba de lleno.

El escritor uruguayo se acercó al público y a las luchas en México: por Atenco, por Oaxaca, por la tierra. Por segundo día consecutivo contó sus historias, ésas que poco se conocen.

Lo recibieron de nuevo de pie, llenos de aplausos contenidos desde las 11 horas, cuando comenzaron a formarse dos filas a cada lado de la entrada principal de la sala. A las cuatro de la tarde una llegaba más allá del Museo Universitario de Arte Contemporáneo. La otra amenazaba con dar vuelta a la Nezahualcóyotl.

La entrada al recinto comenzó a las cinco de la tarde con cinco minutos. Todos trataban de llegar a las primeras filas. No vale la acústica de la sala. No valen las bocinas que bien se escuchan. Hay que estar lo más cerca posible, como si viéndolo directo a los ojos pudieran ser capaces de escucharlo.

¿Y los que se sientan en la parte de atrás de la sala y no le ven los ojos sino la nuca? Ellos también escuchan, aunque quizá las palabras se oigan al revés.

Lo primero que Galeano escucha, tras de los aplausos, son gritos: Zapata vive, la lucha sigue, Viva la lucha de Atenco, de Oaxaca, del pueblo mexicano, viva la lucha del pueblo latinoamericano.

Asiente y después, solito, sentado en el presídium, toma el micrófono y comienza el hechizo.

En la sala el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro, escucha las historias de este pariente de Sherezada, a quien llamó la primera cuentacuentos. También están Lucía Moret y Trinidad Ramírez, esposa del dirigente de Atenco, preso, Ignacio del Valle. Ambas lograron acercarse a Galeano y le entregaron unos documentos. Doña Trini le colgó en el cuello el paliacate rojo que representa la lucha campesina por la tierra.

Por ayudar a nacer otros mundos

Galeano comenzó con la misma dedicatoria del miércoles al zapatista de Irak, a Manu Chao y Adolfo Gilly. Y a todos los que defienden la justa causa de los presos de Atenco, porque al fin y al cabo creo que la tradición más entrañable es también la más antigua de México: es la que nos enseña que la tierra es sagrada y si la ésta es sagrada, sagrados son también quienes la defienden.

Leyó relatos que tienen que ver con el oficio de cuentacuentos. Siento que eso soy: un cuentacuentos.

Al final, las preguntas anotadas en papelitos: habla del sueño que lo llevó a escribir Espejos: una historia casi universal, su nuevo libro; del significado del zapatismo: “zapatistas somos muchos, aunque no sepamos que lo somos y los que agradecemos al subcomandante Marcos que haya inyectado sentido del humor a la izquierda”; de la situación de América Latina a 200 años de la lucha por la emancipación: opino que la independencia es todavía una tarea por hacer.

Su reflexión del fin del pensamiento único marcó el término del encuentro: “La caída de Wall Street ha puesto en evidencia lo insostenible del sistema del poder que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias (…) Vamos a demostrar que este mundo que padecemos y que parece que rueda hacia la catástrofe total contiene otros mundos en la barriga, vamos a ayudarlos a nacer.”

Hoy, Galeano firmará libros a partir de las 16 horas en la sede de Siglo XXI Editores (Cerro del Agua 248, Romero de Terreros).



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domingo, marzo 22, 2009

Se suma Manu Chao a las voces que piden la libertad de 12 presos políticos en Atenco

A su regreso a Europa, el cantante recaudará fondos para la causa

RAUL TORRES

La Jornada Jalisco

El músico se solidarizó con los activistas sociales
El músico se solidarizó con los activistas sociales Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ

En su carácter de miembro de la Campaña Nacional e Internacional Libertad y Justicia para Atenco, el artista franco-español Manu Chao expresó su solidaridad con las acciones que se llevan a cabo para conseguir la liberación de las 12 personas de Atenco que aún continúan presas.

“ En este sentido nuestro compañero Manu Chau, quien junto con 22 personajes como Samuel Ruiz, Diego Luna, Julieta Egurrola, Rubén Albarran, Rocco, Ofelia Medina, entre otros, encabeza el comité y está emitiendo comunicados de apoyo a nuestra causa, impulsando acciones como la visita al penal de máxima seguridad del Altiplano el día 16 de marzo pasado, así como manifestaciones públicas y otros actos tendientes a desarrollar la primera etapa para el impulso de la campaña” , señaló Damián Camacho Guzmán, miembro del comité que organiza la campaña.

La finalidad de estas movilizaciones es exigir al gobierno mexicano el respeto a los derechos humanos y a las condiciones carcelarias de Ignacio del Valle, Felipe Alvarez y Héctor Galindo, para que sean trasladados del penal de Almoloya al de Molino de Flores, en Texcoco.

“ Pero en particular, estamos demandando la libertad absolutoria de los 12 presos políticos de Atenco, debido a que su encarcelamiento se debe a razones políticas y no jurídicas, ya que ellos no cometieron ningún delito, sino que son víctimas de la acción representativa del gobernador del estado de México Enrique Peña Nieto” , indicó Camacho Guzmán, flanqueado por Trinidad Ramírez “ esposa de Ignacio del Valle” , Manu Chao y otros miembros del comité y organizaciones solidarias con la gente de Atenco.

Manu Chao impulsará esta campaña a nivel internacional en Europa, donde a su regreso comenzará con la organización de movilizaciones y conciertos en los que se recauden fondos para el movimiento en Atenco.

“ Anunciamos que en el mes de mayo se cumplen tres años de la represión en Atenco, por ello, estamos convocando a acciones nacionales e internacionales, como son la visita de los miembros del comité al penal de Molino de Flores, el 18 de abril; una nueva visita de don Samuel Ruiz, Raúl Vera, y el padre Miguel Concha al penal de máxima seguridad del altiplano el 21 de abril; un acto político el 3 de mayo en Atenco y una movilización el 4 de mayo, que partirá del Angel de la Independencia a Gobernación, en la ciudad de México” .



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martes, marzo 17, 2009

San Salvador Atenco



Atenco es una muestra de la impunidad existente en este país. Este breve documental muestra una mirada a lo que verdaderamente sucedío aquel día, aquellos momentos en los que como hoy no existe, no hace presencia la Justicia.



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jueves, marzo 12, 2009

Yo soy Atenco


Ricardo Rocha
Detrás de la Noticia
12 de marzo de 2009
El Universal

Es un crimen de Estado. Y no hablo sólo de la muerte de los jóvenes Javier Cortés Santiago y Ollin Alexis Benhumea a manos de los policías en mayo de 2006. Ni siquiera de los allanamientos ilegales, las persecuciones perrunas hasta las azoteas, las golpizas profesionales y luego las vejaciones a los hombres y las violaciones a las mujeres. Me refiero, sobre todo, a los 13 presos políticos de Atenco que están sufriendo penas de 32, 67 y hasta 112 años de prisión.

Ni los más repugnantes asesinos, ni los despiadados secuestradores mochaorejas, ni los narcotraficantes envenenadores de cuerpos y almas, ni los más voraces estafadores de cuello blanco. Nadie en este país ha recibido condenas más brutales, más inhumanas: Ignacio del Valle Medina, Felipe Álvarez Hernández, Héctor Galindo Gochicoa, Jorge Alberto y Román Adán Ordóñez Romero, Pedro Reyes Flores, Alejandro Pilón Zacate, Juan Carlos Estrada Cruces, Julio César Espinoza Ramos, Inés Rodolfo Cuéllar Rivera, Édgar Eduardo Morales, Óscar Hernández Pacheco y Narciso Arellano Hernández no son una estadística o un número: se trata de seres humanos sometidos a un castigo peor que la muerte; aun el más joven de ellos habrá de pasar 30 o 60 años encerrado el resto de su existencia; a otros no les alcanzará la vida para pagar una pena no sólo cruel, sino absolutamente injusta. Impuesta, desde el poder, para pagar por tres pecados imperdonables para los regímenes represores: ser pobre, ser indígena y alzar la voz frente a las injusticias.

Por eso Atenco es un punto de quiebre para el país. Si permitimos esta infamia, renunciaremos a las libertades que tanta sangre nos han costado en el pasado. Y viviremos de rodillas en el futuro.

Porque, hay que decirlo con todas sus letras, los de Atenco han sido condenados no por haber cometido delito alguno sino por haberse opuesto a la construcción del nuevo aeropuerto en 2001. Se negaron a entregar su territorio y a desaparecer como comunidad con siglos de historia. El problema es que les tumbaron el gran negocio a los corruptos de Fox y Montiel, que respondieron como mercachifles afectados, con un rencor que todavía no se acaba.

Así que el Estado se equivocó al optar por la violencia ante una problemática eminentemente social que gestó el Frente de Pueblos Unidos en Defensa de la Tierra. Una vez más los gobiernos federal y estatal se decidieron por la misma y cavernaria respuesta de quienes tienen la fuerza, mas no la razón: la criminalización de la protesta social. Como si este no fuera un derecho constitucional a la vez que instrumento fundamental para oponerse pacífica, pero decididamente, a los abusos de los poderes temporales que intentan aplastar los valores universales.

Un dato importante es que uno de los perseguidos y exiliados de Atenco, Bernardino Cruz Cardona, acaba de ganar un amparo que le ha permitido regresar a su pueblo sin la amenaza de ser aprehendido. Sin duda un referente legal que lo exonera del delito de “secuestro equiparado”, el mismo por el que están acusados los presos de Atenco. El caso es que se ha formado el Comité Libertad y Justicia para Atenco que reúne a un connotado grupo de intelectuales, artistas, activistas y organismos civiles que pugnan por la libertad de los 13 presos políticos de Atenco. Los gobiernos volverán a equivocarse si menosprecian este indignado esfuerzo.

Por cierto, a riesgo de ser ingenuo, si Calderón y Peña Nieto aspiran de verdad a la grandeza debían decidir a conciencia y retirar los cargos. Sería una luz en medio de la tormenta. Sí, sí, ya dije que soy ingenuo.

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miércoles, marzo 04, 2009

Diego Luna apoya causa social de liberación de los presos de Atenco

Luna se ha caracterizado por su constante compromiso con causas sociales. A. CAMACHO

  • Personalidades al pie de guerra

Aunque su pasión son los foros y el escenario, el actor no duda en sumarse a movimientos contestatarios

ESTADO DE MÉXICO.- El actor Diego Luna es una de las personalidades que se han unido a la campaña a favor de la liberación de los presos de San Salvador Atenco, Estado de México, quienes purgan condenas que alcanzan los 112 años de prisión.

En la entrada formal a la campaña nacional e internacional “Justicia y Libertad para Atenco” -el mes de marzo-, en la página de internet de la campaña se aprecian las adhesiones de varias personalidades del espectáculo a la causa atequense.

Tal es el caso del músico Manu Chao, quien siempre ha mostrado su apoyo a movimientos como el zapatista. Roco, vocalista de la Maldita Vecindad, Rubén Albarrán, cantante de Café Tacuba, y la banda de ska Los de Abajo también se unieron al llamado.

Del mismo modo, las actrices Ofelia Medina, Ana Francis Mor y Julieta Egurrola son participantes en la iniciativa. Del lado de los actores se encuentra Demián y Bruno Bichir, así como Jorge Zárate y Daniel Giménez Cacho, quien estuvo en la presentación oficial de la iniciativa.

De varios campos
Los periodistas Miguel Ángel Granados Chapa, Luis Hernández Navarro, Paco Ignacio Taibo II, así como los escritores Carlos Montemayor, Adolfo Gilly y Luis Villoro firmaron la declaratoria para exigir la libertad de los presos.

Del lado religioso, el obispo emérito de la Diócesis de San Cristobal, Samuel Ruiz; Raúl Vera, de la diócesis de Saltillo, y Fray Miguel Concha Malo, director el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria se unen a la iniciativa.

El pintor oaxaqueño Francisco Toledo completa la lista de personalidades que están a favor de la liberación de los presos atequenses.

Para saber
Ésta no es la primera ocasión en la que Luna forma parte de una iniciativa de apoyo social. Años atrás Diego apoyó la campaña de la Oxfam que promovía el comercio justo, en el que al igual que Gael García, Timbiriche y Miguel Bosé, por sólo citar algunos de ellos, se hicieron fotografiar con los productos de la tierra que se han visto en problemas para ser comercializados.


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martes, febrero 17, 2009

Ignacio del Valle: el tamaño del miedo

Luis Hernández Navarro

Lleva dos años y nueve meses en la cárcel. Habita una celda de tres metros por dos, en el módulo 3 del penal de alta seguridad del Altiplano. Purga una condena de 112 años y seis meses de prisión. Se llama Ignacio del Valle.

En su morada no hay noche ni día. La luz está encendida siempre. A veces disfruta de 35 minutos de sol diarios. Le revisan la correspondencia y los mensajes que le llegan. Lo someten a revisiones humillantes. Por su crujía se pasean 10 o 15 vigilantes encapuchados con perros. Le quitan sus escritos y los rompen. No sabe lo que sucede afuera. Puede hablar por teléfono 10 minutos a tarifas altísimas. A menudo, los guardias reducen ese tiempo a sólo siete u ocho minutos. Cuando sus parientes lo visitan, los custodios se prodigan en los malos tratos. Su padre y su hermano murieron estando él en prisión.

Nunca ha robado ni matado a nadie. No consume drogas ni las vende. No extorsionó a ninguna persona. Es un hombre honesto. Es un luchador social que defiende las tierras de su pueblo. No es delincuente. Sin embargo, comparte prisión con los más peligrosos criminales del país: asesinos, narcotraficantes y secuestradores.

Está acusado de los delitos de secuestro, ataques a las vías generales de comunicación y secuestro equiparado. Fue detenido sin orden de aprehensión en una casa de la ciudad de Texcoco, estado de México, a varios kilómetros de distancia de su hogar, en San Salvador Atenco. Su verdadero delito fue protestar para defender a su pueblo; no rendirse.

Ignacio del Valle es campesino, serigrafista, carnicero y padre de familia. Durante años fue obrero en la zona industrial de Ecatepec. Laboró en empresas como Guanos y Fertilizantes. El trabajo era rudo y la paga escasa. En 1981 fue promotor de educación física en la zona de Ixtapaluca.

Hasta su detención, sembró una pequeña parcela de una hectárea de riego en su pueblo natal, San Salvador Atenco. De ella sacaba maíz, frijol, calabaza y hortalizas. A pedido, cocinaba barbacoa de borrego, res, puerco y pollo. Montó en su pueblo un taller de serigrafía, donde estampaba bermudas. Le iba bien cuando no había competencia, pero en cuanto comenzó a entrar el bordado el trabajo escaseó.

Ignacio nació el 31 de julio de 1953 en el seno de una familia como la que él formó después. Su padre era campesino y carnicero. Tuvo seis hermanas y un hermano. Con muchos sacrificios, sus padres lograron dar educación a todos: una es normalista, otra doctora; una, modista; la otra, secretaria. Él estudió sociología en la UNAM, pero no pudo terminar la carrera.

Convencido de la importancia de la educación, de joven, en su pueblo, junto a otros tres o cuatro amigos, se dedicó a alfabetizar a la gente de más edad que no sabía leer ni escribir. Se trataba de que salieran adelante. Abrieron primarias, secundarias y una preparatoria abierta. Querían llevar la cultura al pueblo. Formaron una biblioteca popular promoviendo el kilómetro de libros. Su gran sueño, establecer una universidad en su región, está pendiente.

Él y sus compañeros fundaron un grupo de apoyo comunitario. Ayudaban al pueblo y a su gente. Cuando algún vecino estaba muy grave y no tenía dinero lo metían al hospital. Para pagar la cuenta, juntaban 10 o 15 hombres y mujeres y donaban sangre. Ayudaban a gente que no conocían.

San Salvador Atenco era, a finales de la década de los 60, una comunidad rural ubicada a escasos 35 kilómetros de la ciudad de México que sufría los embates de la urbanización salvaje. Era un municipio desprovisto de servicios, cercado por la especulación urbana. Pero era, también, una localidad en la que sus habitantes, a decir de María Trinidad Ramírez, esposa de Ignacio, se sentían seguros. “Uno nació allí –asegura ella–. Puede caminar por donde sea sin causar problemas o que nos los causen. Somos libres. Es nuestro territorio. Sabemos lo que nos corresponde. Lo queremos y lo conocemos.”

En Atenco había unidad y respeto. Sobrevivían muchas costumbres de sus antepasados. Estaba vivo el amor a la tierra, la que "les da vida", y a la que se ve como un legado que hay que cuidar y traspasar a hijos y nietos. Aunque formalmente la presidencia municipal estaba en manos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la comisaría de bienes ejidales y la junta de agua potable eran controladas por los ejidatarios y el pueblo.

Como ha explicado Damián G. Camacho Guzmán, antes de que, en 2001, los pobladores de ese municipio se movilizaran para defender sus tierras del decreto expropiatorio para construir el aeropuerto y formaran el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, habían vivido un largo proceso previo de luchas comunitarias, municipales y regionales. En ellas fundaron organizaciones como la Unión Social Cultural de Atenco, Habitantes Unidos de San Salvador Atenco, Frente Popular Región Texcoco y el Frente Popular del Valle de México.

La movilización social permitió arrancar a los distintos gobiernos la solución a sus demandas más sentidas: pavimentación, canchas deportivas, hospitales, biblioteca, auditorio, agua potable. Simultáneamente, se convirtió en la vía para enfrentar, con éxito desigual, aumentos en los impuestos prediales, expropiación de terrenos, construcción de carreteras sobre tierras ejidales y el trasvase de sus acuíferos a la ciudad de México.

Ignacio del Valle estuvo al frente de estas luchas. Ejerció un liderazgo genuino y desinteresado. Lejos de corromperse, se mantuvo fiel a su comunidad. Defendió las tierras de su municipio cuando unos cuantos poderosos quisieron hacer grandes negocios con ellas.

Ignacio es un artista nato. En el penal dibuja sobre papel con bolígrafo y, cuando puede, colorea sus obras. Escribe también largas cartas. En una de ellas, enviada a sus compañeros el 22 de octubre de 2008, escribió: "¡Del tamaño de nuestra sentencia, de este mismo es el miedo que nos tienen!" No le falta razón: la monstruosidad de su condena es una advertencia a todos aquellos que se atreven a decir al poder: ¡no!



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jueves, febrero 12, 2009

ATENCO, Expediente Abierto






A juicio del ministro José de Jesús Gudiño Pelayo, funcionarios de los tres niveles de gobierno —municipal, estatal y federal— pudieron incurrir en responsabilidad al permitir la violación de garantías constitucionales, no sólo por ordenar la actuación indiscriminada de los cuerpos policiacos contra la población de San Salvador Atenco, sino también por no evitar que las cosas se salieran de control.

Además, esos funcionarios públicos, federales y estatales, de los cuales no da sus nombres, cometieron graves omisiones en su función pública por no haber atendido a tiempo los problemas sociales que derivaron en un conflicto mayor, como fueron los brutales acontecimientos de San Salvador Atenco y Texcoco en mayo de 2006.

Lo anterior se desprende de la "versión pública" —de 940 fojas— del resultado de la investigación que encabezó el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo sobre estos acontecimientos, y que fue subida a la página de Internet por la Suprema Corte de Justicia de la Nación; el caso será revisado por los propios ministros a partir del lunes.

En esta versión pública del dictamen del ministro Gudiño se omitió intencionalmente dar a conocer una lista de exfuncionarios y funcionarios federales y estatales responsables de estos violentos hechos, y tampoco aparece alguna recomendación para la aplicación de sanciones, entre otras razones porque las reglas establecidas por la propia Corte para hacer este tipo de pesquisas no lo permiten.

No obstante, la Comisión Investigadora que ordenó la propia Suprema Corte y que fue integrada por los magistrados Jorge Mario Pardo Rebolledo y Sergio Alejandro González Bernabé y 14 empleados judiciales más, en su informe final que consta de cinco mil 428 fojas, se mencionó entre los "entrevistados" a Enrique Peña Nieto, gobernador mexiquense, y al exsecretario de Seguridad Pública federal y ahora titular de la PGR, Eduardo Medina Mora.

Asimismo, a Humberto Benítez Treviño, secretario de Gobierno; a Abel Villicaña Estrada, exprocurador de Justicia estatal, y a varios mandos policiales estatales y federales que participaron en estos acontecimientos, entre ellos Wilfrido Robledo.

Además, entrevistó a 45 integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, a varios extranjeros que fueron expulsados del país por las autoridades migratorias, así como a 31 mujeres detenidas que denunciaron haber sido objeto de agresiones sexuales por parte de elementos policiacos.

En la versión pública, si bien se omiten nombres y datos personales de las víctimas, de los funcionarios y policías involucrados, se reproducen los testimonios de las mujeres que denunciaron haber sido agredidas sexualmente.

Necesitan reglamento

En su reporte, el ministro Gudiño Pelayo destaca la inexistencia a nivel federal y estatal de una legislación y de reglamentos protocolarios que regulen el uso de la fuerza pública por parte del Estado, así como la impreparación, las carencias y deficiencias con que operan los cuerpos policiacos.

Esos elementos, sostiene, son parte de las causas que provocaron violaciones graves a las garantías constitucionales en contra de ciudadanos, en los hechos violentos Atenco.

Un ejemplo de lo anterior es la confirmación de que en los días 6 y 7 de mayo, en San Salvador Atenco y Texcoco, dos mil 500 policías federales y estatales actuaron sin control, y muchos de ellos cometieron violaciones graves a las garantías individuales, como se puede apreciar en testimonios, fotografías y videos recabados.

De los 207 detenidos, sólo nueve "resultaron ilesos". En la numeralia, el ministro Gudiño señala que de los 207 detenidos, al menos 27 requirieron de atención hospitalaria y cinco de ellos tuvieron fracturas; dos personas fallecieron —una por disparo de arma de fuego y la otra por una lesión en la cabeza—, y hay 31 testimonios de mujeres agredidas sexualmente .


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Graves abusos se cometieron en Atenco, acepta la mayoría de ministros en la Corte



Jesús Aranda

En San Salvador Atenco, estado de México, se cometieron violaciones graves a las garantías individuales en el uso excesivo de la fuerza pública, establecieron los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), con la única opinión en contra de Sergio Aguirre Anguiano. Sin embargo, para la mayoría del pleno, el Estado no es el responsable de los hechos ocurridos en 2006.

Al concluir ayer por la tarde una parte del debate sobre la investigación de la Corte en torno al caso Atenco, cada ministro se pronunció sobre el proyecto que elaboró José de Jesús Gudiño Pelayo sobre si fue justificado el uso de la fuerza pública los días 3 y 4 de mayo, y si ésta derivó en el abuso de las garantías individuales.

En dos sesiones una matutina y otra vespertina, sólo Genaro David Góngora Pimentel inculpó directamente al Estado al señalar que lo ocurrido fue un acto de venganza en que intervinieron mandos superiores que aplicaron técnicas de control de masas utilizadas en las guerras sucias, como las instauradas en los años 70 en Sudáfrica, Argentina, Uruguay, Chile, Vietnam, Guatemala y en México mismo.

El resto de sus compañeros señaló que sí hubo violaciones a los derechos humanos y que la muerte de dos jóvenes, las lesiones y las afrentas sexuales contra 31 detenidas, son ciertas. Pero cada uno precisó su opinión.

El ministro presidente Guillermo I. Ortiz Mayagoitia y Juan N. Silva Meza respaldaron en sus términos el proyecto de Gudiño Pelayo, donde se señala de manera general la responsabilidad de autoridades estatales y federales en las violaciones a las garantías individuales, pero sin que responsabilizara a algún funcionario en particular.

Silva Meza añadió que el uso excesivo de la fuerza pública debe considerarse un delito y perseguirse como tal, y asentó que el Estado mexicano tiene la obligación moral de hacer valer que los funcionarios protejan el derecho a la vida, la libertad y la seguridad.

Olga Sánchez Cordero, José Ramón Cossío, Sergio Valls, Margarita Luna Ramos, Mariano Azuela y Fernando Franco coincidieron, en términos generales, en que no se podía atribuir a altos funcionarios la responsabilidad de los abusos policiacos, que en todo caso, la Corte debe continuar el análisis para señalar a los funcionarios directamente responsables de los abusos y omisiones ocurridos. Es decir, se estaría hablando del personal operativo y de mandos bajos o medios.

Góngora apuntó la brutalidad excesiva de los policías federales, estatales y municipales, así como la falta de seguimiento de las autoridades competentes para sancionar las violaciones de los derechos humanos.


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