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lunes, diciembre 22, 2008

Desfiladero Jaime Avilés


Desfiladero

Jaime Avilés

La Jornada

■ Adiós, doña Amalia

■ Calderón, pelele desechable

■ ¡Ni un voto al PRD!

No cabe duda: todo en la epopeya cardenista tiene el aura grandiosa de una novela romántica. La sentida desaparición de doña Amalia Solórzano una vez más nos lo recuerda. Era una niña de 15 años cuando se enamoró para siempre de un altivo militar de 33, con el que se casaría a los 21 en contra de la voluntad de sus padres. Y seguía siendo una muy joven señora de 27 cuando su marido se metió a nadar en el cráter del Nevado de Toluca, dos días después de decretar la estatización del petróleo. Con la misma firmeza sutil con que ella se enfrentó a su familia para irse a vivir con el hombre que había elegido, el general Lázaro Cárdenas lidió a las potencias europeas en vísperas de la segunda Guerra Mundial para dotar a nuestro país de una industria que sería clave en su desarrollo hasta nuestros días. ¿Por qué la derecha no tiene figuras femeninas de la estatura de Amalia Solórzano, Rosario Ibarra de Piedra, doña Jesusa Ramírez Gama o la comandanta Ramona de los zapatistas?

La hora del pueblo

No cabe duda: si Felipe Calderón le hubiera declarado la guerra a Estados Unidos, a estas alturas al menos ya habría podido rendirse. Pero en su inagotable torpeza hundió al país en una espiral de violencia que no tiene posibilidades de conjurar, ni por la fuerza ni por el diálogo, y para quienes lo llevaron al poder, esto lo convierte ya en un pelele desechable.

Así lo insinúan los extensos reportajes que desde la semana pasada publican a diario los principales medios estadunidenses. The New York Times, Washington Post, Los Ángeles Times, el Chronicle y el Examiner de San Francisco, CNN y American Network, entre otros, y por su parte la revista Forbes, se muestran escandalizados por la carnicería que en estos dos años ha provocado la muerte de más de 7 mil mexicanos, así como la creciente pérdida de control territorial del “gobierno” panista, particularmente en la frontera norte, donde ahora el narco también constituye una amenaza a la seguridad pública de nuestros vecinos.

A su vez, los empresarios de acá declaran que la industria mexicana ya está en recesión y le exigen al hombrecito de Los Pinos “medidas que protejan los negocios”, aunque una de ellas entrará muy pronto en vigor: los patrones aceptaron un aumento de dos pesos con 32 centavos al salario mínimo, que sólo atizará el malestar social. Pero mientras la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que en 2009 se perderán 20 millones de puestos de trabajo en el mundo, la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), dependiente de la ONU, pronostica que en México desaparecerán 380 mil empleos formales, cantidad equivalente a la quinta parte del millón 800 mil que dejarán de existir entre Tijuana, la Patagonia y las Antillas.

¿Cómo está eso? ¿El México del “presidente del empleo” contribuirá a la numeralia de la crisis mundial mandando a la calle a 21.1 por ciento de los nuevos desocupados de América Latina? A dos años de la imposición del pelele, este es el balance: el narcotráfico controla amplias zonas del país, el peso se devaluó 40 por ciento, el desempleo abierto pasará de 4.9 a 5.7 por ciento (siempre según la Cepal), la inflación es la peor de los últimos siete años, el “gobierno” es sólo una agencia de publicidad que produce espots de radio y televisión y la descomposición del aparato de Estado es profunda pero tiende a agudizarse.

Calderón sabe que es incapaz de hacer y remediar nada, y más de 100 millones de mexicanos están plenamente de acuerdo con él en este aspecto. Si en dos años provocó este desastre y en 2009 todo va a empeorar, ¿por qué no renuncia junto con su equipo de amigos y cómplices? Fernando Gómez Mont no funcionó como “pacificador” en Gobernación. Agustín Carstens carece por completo de imaginación para delinear un plan anticrisis. Genaro García Luna y Eduardo Medina Mora son altamente corresponsables de la crisis de seguridad pública. El resto del gabinete es prescindible.

Hay que volver a decirlo: es urgente cambiar de política y de políticos. Ya no nos pueden volver a decir, como Zedillo en 1995: rásquenle como quieran, este es el único modelo que hay en el mundo y no existen alternativas. ¡Basta de falacias! Se pueden y se deben tomar desde hoy medidas de emergencia en beneficio de todos, empezando por los de abajo. El Movimiento en Defensa de la Economía Popular y la Soberanía Nacional está mostrando que se puede caminar en otro sentido. La hora del pueblo se acerca.

2008: los zapatazos morales

No cabe duda: la hazaña cívica de Muntazer al Zaidi el sábado pasado en Bagdad trajo a la memoria el no menos histórico zapatazo que Nikita Kruschev dio en la ONU en 1960, pero también los actos de rebeldía de Andrés Gómez ante Felipe Calderón en Palacio Nacional, y de Alma Maldonado ante Salinas de Gortari en Inglaterra. O la audaz lucha de los ecologistas de Monterrey para evitar la destrucción del Cerro de la Silla, promovida por un gánster insaciable llamado Abel Guerra, que aspira a ser el próximo gobernador de Nuevo León. O las manifestaciones de multitudes indignadas que repudian los abusos policiacos en Grecia.

No, no cabe duda: en el mundo que nos lega WC Bush, la hora del pueblo se acerca. Así lo corroboran las cartas de los lectores de esta columna, aún disponibles en el blog de El Patín del Diablo, que semana a semana han expresado su rechazo a la imposición de los chuchos en la dirección espuria del Partido de la Revolución Democrática. Ahora el consenso es claro y rotundo: en las elecciones de 2009, pase lo que pase, bajo ninguna circunstancia, ¡ni un voto al PRD! Podríamos decirlo cantando con un verso de Gabriel Celaya: “¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!”

Sáquenla al tercio

No cabe duda: 2008 se va como un tren cargado de cadáveres, entre los cuales se alejan amigos y compañeros entrañables. A quienes tuvimos la fortuna de quedarnos todavía por aquí nos llega el momento de bajar la cortina, echarle llave a la tienda y colgar el cartel de “cerrado por vacaciones hasta enero”. Pero antes, Desfiladero quiere decirles a sus amigos Diego Luna y Daniel Giménez Cacho: Irene Azuela merece un aplauso para ella sola, porque su esfuerzo enorme sostiene la trama de El buen canario, la pieza que vino a montar John Malkovich y que no vale nada, salvo por las deleitosas actuaciones de los mencionados, y de Bruno Bichir y de Jorge Zárate, así como por los efectos especiales de la escenografía, tan primermundista. ¡Felices fiestas!

jamastu@gmail.com y http://patindeldia.blogspot.com.




::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2008::

lunes, agosto 18, 2008

Opinión -Bernardo Bátiz-

Bernardo Bátiz V.
jusbbv@hotmail.com

Seguridad y descomposición social

Una muestra muy lamentable de la descomposición social que estamos viviendo en México es la forma torpe y superficial con la cual las autoridades y algunos sectores de la sociedad afrontan la turbulencia mediática provocada por la lamentable tragedia de un menor, víctima de secuestro y homicidio. Sobre este tema ¿qué vemos, qué oímos? Declaraciones ampulosas, convocatorias a grandes frentes que de tan grandes se convierten en mastodontes paralíticos, histeria de conductores y comentaristas de radio y televisión, cambios cosméticos y formaciones apresuradas de nuevos grupos policiacos de elite, como los 300 elementos que la Policía Federal Preventiva pretende dedicar en todo el país al combate del secuestro. Este último es precisamente un ejemplo de las propuestas ingenuas o al menos inexplicables, pero sin duda apresuradas de las autoridades; nueve o diez elementos por estado que, divididos en dos turnos, serán unos cuatro o cinco policías antisecuestros, actuando en contra de las, según los medios, poderosas e imbatibles bandas de secuestradores.

Los problemas son de más fondo; los delitos en singular tienen causas subjetivas, tanto de la víctima como del victimario; cualquiera, dada la naturaleza humana, puede cometer un ilícito, y cualquiera, sea cual sea su edad o su situación social, puede en un momento ser víctima de un delito. Individualmente, víctimas y victimarios poseen características personales que los inclinan o los hacen propensos a contar en las estadísticas de los que cometen los actos antisociales o de los que son sujetos pasivos de los mismos.

Pero hay también factores de carácter estructural que propician y facilitan la comisión de los delitos; los criminólogos saben que hay zonas en las ciudades que son propicias a las actividades antisociales; se les denomina zonas criminógenas: son barrios enteros, calles, plazuelas, antros y tugurios, recovecos de las grandes urbes, donde son más frecuentes los delitos y sus detonantes.

Hay otros factores de un ámbito más amplio que facilitan los delitos, que dan el clima social favorable, son problemas más profundos y difíciles de modificar o corregir. Son carencias en materia económica, fallas en la educación, o en los ámbitos de la recreación o de la vida familiar; en buena medida, quienes cometen un delito son moldeados y formados por su medio ambiente, familiar, escolar y social en general.

Muchachos que salen de la adolescencia mal preparados, rodeados de ejemplos negativos y con mínimas oportunidades de empleo, serán candidatos inmejorables para ser reclutados por las bandas formales o informales de la delincuencia.

Otro factor que propicia que se incrementen los índices delictivos es la convicción compartida de que para triunfar socialmente y ser apreciado y reconocido por la colectividad se necesita tener dinero y “disfrutar de la vida” a como dé lugar; ésa es la pauta conceptual que los medios masivos de comunicación, en especial la televisión, nos presentan todos los días, a todo momento y con un bombardeo de mensajes e imágenes que dificulta que otros modelos, mejores que ésos, puedan permear en las mentes de los niños y los jóvenes que se inician en la socialización .

Si las más altas autoridades de la sociedad sobreviven en el poder a partir de mentiras repetidas en insultantes campañas de publicidad, si todo mundo se percata de cómo se hacen grandes negocios al amparo del poder y de qué manera los magnates están dispuestos a romper todas las reglas empezando por la fundamental en un estado de derecho, como es la Constitución, ¿cómo podemos exigir a los jóvenes que cumplan con la normatividad social, si sus paradigmas, que ven todos los días en imágenes reiteradas en los medios de comunicación, demuestran una gran superficialidad, insensibilidad social y aun cinismo; si triunfan personajes de la picaresca política por decir lo menos, y se llevan a cabo alianzas que en otros momentos de nuestra historia serían vergonzosas? ¿Cómo podemos pedir a los menos favorecidos que respeten y cumplan con toda la pesada cauda de responsabilidades y reglas difíciles de cumplir?

Para exigir seguridad, tenemos primero que componer y arreglar nuestros maltrechos lazos que hacen de un conglomerado informe una verdadera sociedad coherente, con fines compartidos y con espíritu solidario. Para combatir el delito –no sólo los casos más publicitados de delitos aislados, sino el delito como fenómeno social–, es necesario atacar las causas de fondo, las que lo generan; es necesario modificar estructuras sociales dañinas y dañadas, pero estos cambios ciertamente no pasan ni por penas más elevadas y absurdas, ni por la pena de muerte, ni por garrotes más pesados a los gendarmes, armas de fuego de mayor calibre, más policías y más persecución. Se necesita un gobierno en el que el pueblo confíe, una mejor distribución de la riqueza, más oportunidades de educación y de empleo, y mejor dirección social; sólo frenando con organización y capacitación, con solidaridad y participación popular, podremos remontar el avance de la delincuencia y detener la galopante descomposición social.

Otro sí digo: Me enteré por casualidad de un caso indignante de injusticia: un pobre trabajador, padre de familia de más de 60 años, encargado en una empresa editorial de compaginar las hojas de los periódicos para que puedan ser repartidos en la mañana, al salir de su trabajo, llevándose tres ejemplares del diario que compaginaba, uno de los cuales se le obsequiaba y los otros dos los tomó de los que diariamente se desperdician, fue detenido por policías y abogados de la empresa por el terrible delito. Este “peligroso criminal” hace ya varias semanas que padece en el Reclusorio Norte, procesado por un juez implacable e impoluto como reo de delincuencia organizada, porque cuando se llevó los periódicos, que valdrían a lo sumo 20 pesos, se encontraba con otros compañeros.



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