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martes, enero 05, 2010

Tiro al periodista en México

Protestas. Un grupo de periodistas se manifiestan en la capital mexicana para airear la situación de vulnerabilidad de la profesión, el mes pasado. Foto: EFE / mario guzmán 
Protestas. Un grupo de periodistas se manifiestan en la capital mexicana para airear la situación de vulnerabilidad de la profesión, el mes pasado.
Foto: EFE / mario guzmán

Toni Cano
MÉXICO

Con 14 periodistas asesinados, varios desaparecidos y exiliados, ataques a redacciones con granadas y fusiles de asalto, así como innumerables amenazas, el 2009 ha sido el peor año para el ejercicio del periodismo en este país colapsado por la guerra del narcotráfico. La alarma es tan grande que el gremio trata de formar una piña defensiva y crea estos días un Frente Nacional de Periodistas por la Libertad de Expresión. El presidente de la otra Fundación para la Libertad de Expresión, Armando Prida, resume así el goteo de muertos: «En México a veces cuesta la vida decir la verdad».

Los que siguen tecleando tiemblan cuando en el identificador del teléfono aparece la leyenda llamada privada. «El telefonazo proviene entonces de una u otra banda», dice Juan Cuevas, director de El Debate de los Calenturos, un diario de Ciudad Altamirano, en plena región de Tierra caliente, entre Michoacán y Guerrero. Así le llegan las consignas en medio de insultos y amenazas: «Date por satisfecho con informar. Nada de encuestas, nada de opinión, nada de editorial». Esto es ahora disputado territorio del cártel de La Familia, como antaño de caciques y brotes guerrilleros.

Al menos Cuevas lo puede seguir contando. La situación no es mejor para la prensa en otros lugares, incluso en los de calidez turística. Como lo prueba la última víctima anual del gremio, Alberto Velázquez, reportero del periódico Expresiones de Tulum, asesinado hace 11 días. O Daniel Martínez, muerto en julio en Acapulco. O Daniel Méndez, asesinado en febrero en Veracruz. La lista de 14 se completa con periodistas convertidos en víctimas colaterales de la guerra entre los cárteles de la droga en otros puntos de Guerrero, Michoacán, Durango, Jalisco, Sinaloa y Chihuahua.

Sicarios en las redacciones

Los asesinatos son ejemplares. Disfrazados de policías con pasamontañas, los comandos de sicarios entran en las redacciones y acribillan al ya amenazado. Como a Norberto Miranda, director de Radio Visión, en Casas Grandes, Chihuahua, y autor de la columna El Gallito. Otros periodistas han aparecido estrangulados junto a una nota: «Por bocazas». O con un cartel más largo: «Esto me pasó por informar al Ejército y escribir de más».

La amenaza quedó clara desde que hace casi tres años se encontró en el puerto de Veracruz una testa humana acompañada de un mensaje: «Este es un regalo para los periodistas, van a rodar más cabezas». Ahora, hasta la comisión de derechos humanos oficialista corrobora en su último boletín: «México se ha convertido en un país de alto riesgo para el trabajo periodístico».

Ricardo Chávez, reportero de Radio Cañón, vivía en Chihuahua junto a la frontera pero nunca pensó en cruzar. Ni siquiera tenía pasaporte. Hace 20 días, los sicarios mataron a sus sobrinos Diego y Argenis, de 15 y 17 años, junto a otros dos jóvenes. Chávez exigió justicia y denunció que muchos sicarios circulan armados por Ciudad Juárez pese a la abrumadora presencia militar y «como si estuvieran protegidos». Poco después, recibió una llamada privada en su móvil: «Tú eres el siguiente al que vamos a matar por hablador».

Impunidad total


Ricardo huyó enseguida con su familia, cruzó a pie el puente fronterizo y pidió asilo en el estado de Tejas. «De entrada nos van a detener, pero es mejor estar encerrado que muerto», dijo. Es el cuarto periodista de Ciudad Juárez que pide refugio en el extranjero.

Desde el año 2000 han sido asesinados 59 periodistas y ocho siguen desaparecidos. Ni discursos ni fiscalías especiales han logrado ni siquiera disminuir la total impunidad. Apenas un miembro de Los Zetas detenido y confeso de secuestrar y matar a Eliseo Barrón en Durango para, dijo, «dar un escarmiento a los periodistas». Pero su jefe, conocido como El Lucifer, que torturó y disparó otras cuatro veces a Barrón, sigue matando y escupiendo: «Pinches periodistas».

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2010::

domingo, julio 19, 2009

Eduardo Galeano y el Periodismo



Eduardo Germán Hughes Galeano, nace en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. En él conviven el periodismo, el ensayo y la narrativa, siendo un cronista de su tiempo, certero y valiente, que retrata con agudeza la sociedad contemporánea, penetrando en sus lacras y en sus fantasmas cotidianos. No es posible escindir su labor literaria de su faceta como periodista comprometido.

A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba "Gius", por la dificultosa pronunciación castellana de su primer apellido. Algún tiempo después empezó a publicar artículos, que firmó ya como Galeano. Desempeñó todo tipo de oficios: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América.

En sus inicios fue redactor jefe de la prestigiosa revista Marcha (1960-64), que durante décadas cobijó a las voces más interesantes de las letras uruguayas, siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En el año 1964 Galeano era director del diario Época. En 1973 tuvo que exiliarse a Argentina en donde funda y dirige la revista literaria Crisis, en la que también destaca la labor del poeta Juan Gelman. En 1975 se instala en España, país que estaba a punto recuperar la democracia. Publica en revistas españolas y colabora con una radio alemana y un canal de televisión mexicano.

Sus primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias. Tanto el reportaje titulado "China" (1964) como "Crónica de un desafío", del mismo año, o "Guatemala, un país ocupado" (1967) reflejan una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata unos tiempos difíciles situado siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente. Con "Las venas abiertas de América latina" (1971), logró su obra más popular y citada, a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de América Latina, obra traducida a dieciocho idiomas y con encendidos elogios. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura en 1972 y autor de "Opiniones de un payaso", obra clave de la literatura contemporánea, llegó a decir de Galeano que pocas obras en los últimos tiempos le habían conmovido tanto.

Junto al Galeano periodista empieza a aparecer el Galeano narrador que prolonga en sus obras su visión de América Latina. De la novela corta "Los días siguientes" (1963) a los relatos contenidos en "Vagamundo" (1973) pasan diez años pero se mantiene una misma percepción de las cosas, continuada en "La canción de nosotros" que merecío el premio Casa de las Américas de 1975. En Galeano el contexto político y social es el marco central en el que transitan sus historias. "Días y noches de amor y de guerra" (1978)en los difíciles días de la dictadura en Argentina y Uruguay.

Con la "Memoria del fuego" hay una recuperación del pasado indigenista, narrando la odisea de las dos Américas, centrándose en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo. De aquella trilogía histórica formaban parte "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986).

"La memoria del fuego" está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano. La intrahistoria es el universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano, historias pequeñas, pero no minimalistas.

Un año antes de la publicación de "El siglo del viento" y una vez terminada la dictadura uruguaya regresa a Montevideo. Tres años después firma "El libro de los abrazos", de contenido más sutil y poético. El propio Galeano definiría de este modo la raíz de esta obra: "Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de "muchos"... Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza".

Precisamente en "El libro de los abrazos", uno de los libros más exitosos y logrados de Galeano, está contenido un pequeño relato titulado "La noche".


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

lunes, marzo 16, 2009

Nuevo atentado contra la libertad de expresión en Puebla, por el Gober Precioso

Recibo está carta de Alvaro Solís y de Federico Vite con rabia y frustración, les pido la hagan circular esta carta, y si desean anexar su firma escriban al correo de Alvaro Solís el_oleaje@hotmail.com de antemano gracias por su apoyo.

I.Trejo

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A la presidenta constitucional de Puebla capital
A la comunidad artística en general
A la población en general

El día 14 de marzo, aproximadamente a las 3:30 horas, los escritores Federico Vite, Miguel Ángel Andrade y Álvaro Solís fueron víctimas de una brutal agresión policiaca en pleno centro histórico de la ciudad de Puebla capital, en México.

Lo que comenzó como una revisión rutinaria derivó en una serie de atrocidades que pusieron en peligro la vida de Vite, Andrade y Solís. Los escritores se dirigían a sus respectivos domicilios cuando fueron interceptados por cuatro policías armados, quienes descendieron de una patrulla (camioneta Dodge, cuyo número se omite para no entorpecer las averiguaciones) y de inmediato los amagaron con armas largas. Golpearon a Vite, Andrade y Solís; los esposaron, los atacaron en el piso y los aventaron a la batea de la camioneta.

Los insultos, intimidaciones y vejaciones duraron aproximadamente cuarenta minutos; el comando dedicado a salvaguardar la seguridad de los habitantes de esta ciudad abandonó a los escritores en un solitario paraje a las orillas de Puebla.

La golpiza incluyó amenazas de muerte, burlas y encañonamientos con armas largas, además de una constante humillación y vejación a los escritores. La ira y violencia de los policías se desató cuando Federico Vite se identificó como reportero del periódico Intolerancia. Algunos de los insultos y amenazas que profirieron los policías durante el trayecto en la camioneta fueron: “¿Crees que por ser de la prensa no te podemos partir la madre?”, “la prensa se ha encargado de humillarnos ante la sociedad, a ver si a golpes aprenden a callarse”, “¿te crees muy cabrón sólo porque eres periodista, ahora vas a aprender a callar?”.

El evidente desprecio y rencor de los policías refleja la impunidad que desde hace tiempo rige este país. Recordemos, por ejemplo, que en el estado de Puebla se ordenó la persecución de Lydia Cacho Ribeiro; además, Puebla, de acuerdo con el Centro de Periodismo y Ética Pública (CEPET), es el cuarto lugar nacional en agresiones contra periodistas.

¿Qué confianza hay en los grupos policiacos, cuando en lugar de salvaguardar la seguridad de los habitantes son los encargados de asaltar, golpear, humillar y amenazar a los civiles? ¿Cómo es posible que el Ayuntamiento de Puebla se haya gastado — millones de pesos de publicidad e imagen y en un año de gobierno no haya invertido el mismo capital en sanear los cuerpos policiacos?

El combate a la delincuencia no exime, por ningún motivo, el respeto a los derechos humanos. La inseguridad es otra forma de evitar la libre expresión de ideas. Exigimos el irrestricto respeto a las garantías individuales de los escritores, hacemos público nuestro apoyo a los compañeros y manifestamos nuestro repudio en contra de estos hechos. Exigimos que se castigue a los responsables y se garantice la seguridad de Álvaro, Federico y Miguel Ángel.
El ultraje que sufrieron estos jóvenes representa también un agravio directo contra toda la comunidad literaria de Latinoamérica, por este medio nos solidarizamos con ellos.

Puebla de Zaragoza, México
14 de marzo de 2009
Gerardo Oviedo, escritor, México
Bernardo Ruiz, escritor, México
Mario Martell, periodista, Puebla
Jeremías Marquines, poeta, Guerrero
Citlali Guerrero, poeta y promotora cultural, Guerrero
Waldo Leyva, poeta, Cuba
Omar Lara, poeta, Chile
Óscar López, periodista, Puebla
Yussel Dardón, escritor, Puebla
Jesús Bartolo Bello, poeta, Guerrero
Beatriz Meyer, Escritora, Puebla
Guillermo Carrera, poeta, Puebla
Gabriela Puente, poeta, Puebla
Enrique de Jesús Pimentel, poeta, Puebla
José Prats Sariol, escritor, Cuba
Ramón Cote, poeta, Colombia
Milton Medellín, poeta, Tlaxcala
Mario Alberto Mejía, periodista, Puebla
Brenda Ríos, ensayista, Acapulco
José Antonio Mateos, filósofo, Tlaxcala
Dinora Cruz Toral, profesora, Puebla
Brahim Zamora, promotor cultural, Puebla
Rafael Toriz, escritor, Xalapa
Iván Trejo, poeta, Monterrey
Miguel Ángel Rodríguez, ensayista, Puebla
Luis Felipe Lomelí, escritor, Monterrey
Iris García, dramaturga, Guerrero
Gerardo Arturo Zepeda Ordorica, escritor, Puebla
Rodrigo Cruz, fotógrafo, Puebla
Carlos ríos, poeta, Argentina
Gregorio Cervantes, escritor, Puebla
Fernando Nieto Cadena, poeta, Ecuador
Luis Paniagua, poeta, México
Balam Rodrigo, poeta, Chiapas
Jorge A. Sánchez, poeta, Distrito Federal
Elvia Navarro, ensayista, Distrito Federal
Sigifredo E. Marín, filósofo, Zacatecas
Maritza Buendía, escritora, Zacatecas
Obet Zamora, cronista, Tuxpam, Veracuz
Jaime Ruiz, poeta, Tabasco
Daniel Peralta Guzmán, escritor, Tabasco
Benjamín González Sumhoano,
Celina Peña Guzmán, profesora, Puebla
Luis Zapata, escritor, Guerrero
Úrsula García de Gante, académica, Puebla
Marco Antonio Puente, poeta, Puebla
Araceli Torres González, profesora, Puebla
Harald Rumpler, escritor, Puebla
Ramón Rivera, profesor, Puebla
Alma Rosa Ortega, profesora, Puebla
Víctor Manuel Montiel, profesor, Puebla
Selene Ríos, reportero, Puebla.
Mara Morales, profesora, Puebla.
Mario Bojórquez, poeta, Los Mochis, Sinaloa.
Edmundo Velázquez, reportero, Puebla.
Elena Santillán, Socióloga, Argentina.
Gerado Horacio Porcayo, escritor, Puebla.
Gina Velázquez, periodista, Querétaro.
Malena Steiner, actriz, Guerrero.
José Luis Prado, escritor, Puebla.
José Luis Mejía, Poeta y periodista, Perú.
José Vicente Anaya, Poeta y periodista, México.
Donaji Tejeda, profesora, Puebla.


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